Aspavientos y negaciones con la cabeza

Incendio total en Movistar el día que Nairo Quintana se viste de líder en la Vuelta

El colombiano se vistió de rojo, pero Movistar no está para celebraciones. Marc Soler renunció a la victoria de etapa para ayudar a su compañero y no lo entendió. Su enfado, monumental

Foto: Nairo Quintana, al término de la etapa de Andorra. (EFE)
Nairo Quintana, al término de la etapa de Andorra. (EFE)

En el temporal de lluvia y granizo en Andorra se desató una tormenta total, la de Movistar. La señal de televisión, intermitente, impidió ver con claridad las posiciones de los corredores durante los últimos diez kilómetros de la etapa. Radio Vuelta echó el resto para tenernos informados a todos: ahora ataca Valverde, ahora Nairo Quintana; los dos principales espadas del conjunto telefónico lo daban todo para distanciar a Roglic e intentar alcanzar a Miguel Ángel López, que había atacado minutos antes y marchaba en solitario. Al colombiano del Astana le pasó factura una caída que no se vio y entró en crisis. Los dos gallos de Movistar lo vieron y le alcanzaron.

Hasta ahí todo perfecto para los intereses españoles, la cosa pintaba bien. Pero de repente, el caos. Marc Soler marchaba en cabeza de carrera. Había demarrado con fuerza y aspiraba claramente al triunfo de etapa, pues a su altura no supo sumarse ninguno de sus compañeros de fuga. Con Roglic, el 'líder virtual' para muchos debido a sus grandes dotes contra el crono, rezagado- bregando contra viento y marea por detrás para alcanzar a los favoritos- a los corredores telefónicos se les abrió un serio dilema: ¿atacar para la general o levantar el pie para que Marc Soler gane la etapa?. El equipo prefirió, con toda lógica, lo primero. "Lo importante era distanciar a Roglic por la contrarreloj que viene en dos días", aclaró Quintana, empapado y exhausto, en meta.

Así las cosas, Nairo subió un nivel la intesidad con el fin de hacerse con el liderato, movimiento que tuvo la aceptación de Valverde. No estaba la cosa como para perdonar un solo segundo a Roglic. Sin embargo, aquello provocó un berrinche tremenendo en Soler, que se vio obligado a renunciar a sus intereses personales para ayudar al 'escarabajo'. Sus gestos delante de las cámaras, que le enfocaron justo en el momento que se enteró por el pinganillo de su nuevo cometido, hablan por sí solos: aspavientos con los brazos y negaciones continuas con la cabeza. El catalán se dirigía hacia su primer triunfo en una grande, algo que todo ciclista desea, y no se lo podía creer. En Movistar el ambiente es un auténtico polvorín y, por mucho que sus directores nieguen la mayor, este hecho ya no genera ningún tipo de duda. Cuando Nairo llegó a la rueda de Soler, con Pogacar de testigo, le mató con la mirada.

Anarquía en Movistar

Lejos de quedarse ahí la cosa, la tensión aumentó un punto cuando el joven del UAE arrancó para poner pies en polvorosa y, con tan solo 20 años, sumar un triunfo de entidad en la Vuelta. He aquí la nueva generación de superdotados. Sea como fuere, Quintana y Valverde hicieron lo correcto. "Hemos intentado darlo todo, atacar para ganar esos márgenes que buscábamos, sobre todo frente a Roglic. El resultado es bueno", comentó Alejandro. El calentón de Soler, entre el desgaste y la tremenda granizada, es entendible, pero al de Movistar no se le debe olvidar que en este deporte el interés colectivo siempre está por delante del personal. Quizá que el equipo haya sido complaciente una y otra vez con otros compañeros cuando no han cumplido con las órdenes dictadas fue lo que acabó de enfadar a Soler, siempre disciplinado y al que no se le recuerdan declaraciones controvertidas o confusas.

Soler tiró de Quintana contra su voluntad un kilómetro con el fin de mantener las diferencias con los perseguidores. Por detrás, Roglic había alcanzado a todos y cada uno de los que le dejaron atrás tras morder el suelo, en un ejercicio de orgullo y potencia sobre la bicicleta incuestionable. No se conformó el de Jumbo, que impuso un fuerte ritmo y se fue con Valverde, agazapado en los últimos cuatro killómetros, no se sabe si ajeno al cisma entre sus dos compañeros. El murciano no se movió y dejó que el esloveno asumiera la responsabilidad de la caza. Cuando Soler no pudo más, se apartó con desgana, maldiciendo con los brazos su amarga situación. Nairo no daba crédito y aceleró. Entró en meta segundo y el esfuerzo le valió para vestirse de rojo antes de la jornada de descanso del lunes por seis segundos de diferencia. Roglic y el campeón del mundo entraron poco tiempo después y López, el gran damnificado del día, se dejó 38 preciados segundos. "Estoy muy agradecido a Marc Soler por los metrso que me ha hecho", dijo el de Boyacá intentando quitarle hierro al asunto.

Al de Movistar, no obstante, le durará el maillot lo que tarde en terminar la crono del próximo martes, pues se espera que el de Jumbo-Visma se imponga con autoridad y dé un paso importantísimo de cara al primer cajón del podio de Cibeles. Mientras tanto, a los telefónicos les espera una noche y un lunes durísimos de gestionar, con uno de sus principales ciclistas cabreadísimo con sus líderes. Los de Unzué, lejos de celebrar, no ganan para disgustos.

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