Fabio Aru se disfrazó de Hinault y Dumoulin 'murió' como Gorospe
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DOS ETAPAS HISTÓRICAS DE LA VUELTA

Fabio Aru se disfrazó de Hinault y Dumoulin 'murió' como Gorospe

La Vuelta de 1983 supuso el gran descubrimiento de Julián Gorospe como la de este año lo ha sido para el holandés Tom Dumoulin, ambos rozaron la victoria pero un 'tiburón' se la llevó finalmente

Foto: Aru y Dumoulin, protagonistas del duelo final de la Vuelta.
Aru y Dumoulin, protagonistas del duelo final de la Vuelta.

“¡Empujadle, que no puede!”, gritó José Luis Laguía a los espectadores que veían como su compañero y líder de la Vuelta de 1983, Julián Gorospe, yacía sobre su bicicleta mientras le merodeaban pensamientos de poner pie a tierra cuando el campeón Bernard Hinault asestó un golpe en la antepenúltima etapa para tratar de arrebatar el maillot amarillo al vizcaíno. Aquella etapa entre Salamanca y Ávila, el francés no sólo lograría su objetivo con su ataque en Serranillos, sino que borró del mapa a un Gorospe que no terminó ni entre los diez primeros de la general. Fabio Aru, con su ataque de este sábado en la Morcuera, consiguió el maillot rojo y provocó la caída del podio del hasta ahora líder: Tom Dumoulin llegó a Cercedilla peor que ninguna otra etapa de la presente edición y terminará finalmente en (meritoria) sexta posición en la general.

El día anterior, frente a la muralla de Ávila, un ataque de Dumoulin con pendiente ascendente logró añadir tres segundos a los tres que ya tenía de ventaja sobre el italiano de 25 años. Más que por el tiempo, significaba una advertencia sobre el estado de forma de sus piernas. Dio la impresión de que iba a vender caro su liderato… como Gorospe hace 32 años: “Parece que nadie está preocupado por la etapa de mañana, pero es muy dura e Hinault va a darlo todo”, señaló antes de la etapa tal y como recoge el libro Nuestro Ciclismo, por un Equipo. Ni mucho menos se podía imaginar lo que le esperaba.

Este sábado, en La Morcuera, un solitario Dumoulin comenzó a descolgarse de un Aru rodeado de unos cuantos maillots de color turquesa. Con un descenso y ante otro puerto por delante, el grupo de Astana coronó La Morcuera con 15 segundos de ventaja. Había vida, pero Cotos sentenció a Dumoulin. En esa montaña perdió 3:40 minutos -su peor ascensión en esta 70 edición de la Vuelta- y Aru no sólo provocó que se quedara sin el liderato, también que se bajara del podio. Se derrumbó como nunca antes.

20 minutos en 60 kilómetros

Estos casi 4 minutos perdidos en Cotos son pocos comparados con los 20 que asestó Hinault a Gorospe, aunque ambas diferencias han tenido el mismo efecto. Los 216 kilómetros en los que se surcaron las montañas de Ávila mostraron la cara más cruda de este deporte, aquella que es capaz de convertir en débil al más fuerte y hacer vulnerable al más rocoso. Si Aru se apoyó en un ejercito entre los que estaban Luis León Sánchez y Andrey Zeits, a Hinault le bastó con la decisión del joven Laurent Fignon para, con un ritmo fortísimo, para descolgar en Serranillos y a falta de 60 kilómetros de meta al joven Gorospe. Ni si quiera se había puesto a 'pelear' Hinault y Gorospe ya estaba noqueado.

Dos minutos cuando corona separan a Hinault de Gorospe… cuando se termina el descenso, la ventaja se había duplicado. Comienza la ascensión a La Paramera para que Hinault haga más sangre sobre el rival a quien unos días antes le había dicho: “Esto te lo voy a quitar”, agarrándole del amarillo. Y en esa subida remató a su víctima para cruzar la línea de meta con más de 20 minutos de diferencia… El carroñero no dejó nada a los demás y también ganó la etapa.

“Estoy desmoralizado, pero no hundido. Sabíamos que Hinault lo intentaría, no he podido seguirle y luego me he quedado sin fuerzas. A veces de las derrotas también se aprende y creo que hoy ha sido una lección para saber sufrir y pasar los malos tragos”, indicó un Gorospe rendido a su llegada a meta, situada en el velódromo de Ávila.

La Vuelta, caldo de cultivo

Dumoulin, el gran descubrimiento de esta Vuelta, también llegó a la meta de Cercedilla “vacío, sin piernas” y como Gorospe en aquel 6 de mayo, el holandés ha tratado de ver la parte positiva de su derrota: “Por el momento se trata solo de una decepción, pero creo que mañana voy a estar orgulloso de lo que he hecho en la Vuelta”. Este domingo, las calles de Madrid pondrán el punto y final a su gran aventura.

La Vuelta de 1983 supuso la primera gran aparición para un Julián Gorospe que tenía 23 años. La de 2015 ha hecho lo propio con un Tom Dumoulin de 24 primaveras.

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