mide 2.18 y se mueve con facilidad

Bol Bol, el hijo de la leyenda de la que nadie sabía la edad quiere su hueco en la NBA

Uno de los descubridores de Manute dice que tenía 10 o 15 años más de lo que se suponía, por lo que en teoría jugó en la liga bien pasados los cuarenta. Su hijo jugará en Oregón y tiene madera de crack

Foto: Bol Bol. (Universidad de Oregón)
Bol Bol. (Universidad de Oregón)

Manute Bol es uno de los seres más fascinantes que se ha visto en una cancha de baloncesto. No era un gran jugador, si acaso uno servicial que solo tenía una muy notable virtud, poner más tapones que nadie. Medía 2.31 y es el segundo jugador más alto que jamás haya disputado un partido de la NBA, solo superado por Muresan, un rumano que, hoy en día, es el ciudadano más alto de la Unión Europea. Pero más allá de los tapones, Bol tenía carisma. Era uno de esos jugadores que te obligan a mantener la vista en la pantalla, por su tamaño, por descontado, pero también por su extrema delgadez que le hacía ser absolutamente único, casi hipnótico. Bol tuvo contratos publicitarios por encima de su caché baloncestístico y dejó imágenes míticas, como aquella en la que está con Muggsy Bogues, todavía hoy el jugador más bajo de la historia de la NBA y con quien compartió equipo una temporada.

La historia cuenta que Manute Bol murió en junio de 2010 a los 47 años como consecuencia de una complicación en la enfermedad cutánea que padecía, el síndrome de Stevens-Johnson. El problema es que, en el caso de Bol, el tiempo es relativo. ¿Realmente murió con 47 años? Es improbable. El pívot nació en Sudán del Sur y nadie se molestó en inscribirle en ningún registro. Kevin Mackey, entrenador de la universidad de Cleveland State, fue uno de los primeros en poner su mirada en el gigante. Él hizo todo por llevarle a la universidad estadounidense y "todo" se incluye inventarse una fecha de nacimiento, la que le acompañó el resto de su vida, el 16 de octubre de 1962.

Ni siquiera él se creía demasiado que esa pudiese ser una fecha aproximada. Los últimos días ha contado que lo más probable es que Bol tuviese entre 10 y 15 años más de los que se suponía. Lo cual hace de su historia algo más rocambolesca, pues ese tallo enorme que pobló la NBA en los 80 y los 90 era en realidad un cuarentón manejándose en una liga de veinteañeros. Incluso podía pasar los 50. El motivo de ponerle una edad tan escasa es obvio, en el deporte tener 19 años y no 30 es un valor en sí mismo.

Es el hombre más cercano a Bol en poner en duda su edad, pero no es en absoluto el primero. Su excompañero Jayson Williams cuenta una anécdota al respecto de la edad del gigante casi tan clarificadora como la experiencia del exentrenador. "Él decía que tenía 35 años cuando estaba listado en 28, pero un día estábamos en el banquillo y me di cuenta de una serie de cicatrices alrededor de su cabeza. Le pregunté y me dijo que los hombres blanco habían perdido su partida de nacimiento en la selva, así que cada cinco años se hacía una nueva marca en la piel. Empecé a mirar y pensé 'oh, dios, tiene 55 años'".

Manute Bol, que es un héroe en Sudán del Sur y fue enterrado en lo que fue casi un funeral de estado por sus obras humanitarias, genera noticias incluso cuando ha pasado el tiempo. Nadie se olvida de aquel hombre largo y ligero como una chimenea humeante. Bol, además, volverá a estar de actualidad dentro de no mucho tiempo. Uno de sus diez hijos, Bol Bol, apunta a ser la próxima gran sensación del baloncesto mundial.

Manute Bol. (Imago)
Manute Bol. (Imago)

El hijo del gigante

Nunca será tan alto como su padre, aunque un vistazo a cualquier vídeo de Bol Bol es como un regreso al pasado. Mide 2.18, pero con sus 17 años aún está a tiempo de sumarle algún centímetro más a su ficha baloncestística. La envergadura es de 2.31, lo que le hace aún más grande y temible. Y, lo fundamental, es bueno, muy bueno. Hace unos días escribió una carta en The Players Tribune que se comprometía a jugar un año con la universidad de Oregón antes de dar el salto a la NBA. Su elección es, cuanto menos, curiosa, porque él vivió su infancia en Kansas, donde está uno de los templos universitarios del baloncesto, y siempre fue aficionado a Kentucky, equipo estelar al que ha rechazado.

Le querían todos porque es un proyecto de cinco estrellas. En el método de medición tradicional de los jugadores de instituto siempre salía con las puntuaciones máximas y él, en todo caso, siempre tendrá la baza del tamaño. Las prospecciones del draft 2019, aún tempraneras pero ya sólidas, dicen que estará entre el número 2 y el 4 entre los elegidos. Es enorme, como su padre, pero no juega como su padre.

"Elegí Oregón porque los entrenadores, todos, sabían de mi juego. Mi estilo de juego es diferente al de otros hombres altos. Soy alto, obviamente, pero no soy mi padre. Él era un verdadero hombre alto, el chico que juega en la pintura y tapona balones. A mí me gusta trabajar en el perímetro, poner el balón en el suelo. Me satisface pasar a alguien que esté en mejor posición que yo", explica cuando tiene que diseccionar su juego.

Igual decir que es algo es quedarse algo corto, sobre todo con el nivel de competencia que se está encontrando actualmente en el instituto. Observen este vídeo.

Efectivamente, Bol Bol es esa enormidad que se mueve entre chicos a los que saca fácilmente una cabeza. Y el caso es que se mueve bien, que en muchas ocasiones es lo que cuenta. Mejor que su padre, por descontado, que empezó a jugar tardísimo al baloncesto y, a pesar de eso, tuvo una fructífera carrera en el deporte. Todo eso ya lo han vistoo los reclutadores de la universidad y no suena a nuevo para los ojeadores de la NBA. Los grandes proyectos siempre son mirados con lupa.

A Bol Bol le encandiló de Oregón. Por su filosofía, por sus entrenadores, por aquello que le ofrecían... y por las zapatillas. Bol está obsesionado por las zapatillas y el campus de la universidad se encuentra en Eugene, el lugar donde se fundó Nike. "Mi padre murió cuando yo tenía 10 años, y uno de los recuerdos que tengo más presentes es un día que fuimos a comprar zapatillas al Foot Locker. Vi unas Lebron3 y las quise, pero solo quedaba un par en toda la tienda. Me las probé y claramente me quedaban pequeñas, él me preguntó si de verdad las quería y yo le mentí, le dije que sí, porque realmente quería esas zapatillas. Me las puse y salí con ellas de la tienda, me hacían daño pero yo iba sonriendo y mi padre también", cuenta para explica que su relación con el calzado -un 49, por cierto- es bastante inusual.

Y los rectores de la universidad, que no son nuevos en la materia, le dieron una vuelta por el campus y le metieron en la sala Phil Knight, llena a rebosar de zapatillas, de modelos raros, de nuevas adquisiciones, de propuesta de Nike que aún no han salido al mercado... "Para un chico obsesionado con las zapatillas deportivas eso era el paraíso", confiesa Bol Bol.

La vida entera por delante para un jugador que sí tiene la edad que dicen sus documentos. Bol Bol es diferente a su padre, aunque hay cosas que la genética no puede regatear. "He intentado subir de peso, pero no puedo". Habla de 25 kilos más de músculo, pero no ocurrirá, lo suyo es una cuestión de constitución y aunque pueda evolucionar es complicado que llegue a tener un físico diferente. Al fin y al cabo es hijo de un mito que más parecía un alambre que un pívot de la NBA.

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