ya ha conversado con los entrenadores angelinos

Pau Gasol se cruza con sus Lakers, que ahora pertenecen (aún más) a Magic Johnson

Esta semana ha sido nombrado vicepresidente deportivo el mayor mito de la franquicia. Ha sustituido al hijo del histórico dueño en su labor ¿Estará lo suficientemente modernizado para su nuevo puesto?

Foto: Earvin 'Magic' Johnson
Earvin 'Magic' Johnson

Magic Johnson es uno de los tipos más carismáticos del deporte. Su leyenda le precede, es el jugador que despertó la imaginación de cientos de miles de niños que, en los ochenta, se acostumbraron a ver a un tipo demasiado alto para su posición ingeniar un baloncesto único, casi imposible. Lo hizo, siempre, con una muy amplia sonrisa adornándole. La NBA también lleva su impronta.

Su voz ha sido siempre una constante en Los Ángeles Lakers, la franquicia de su vida. Era una especie de pepito grillo para una institución de leyenda ganadora y brillos de Hollywood en el parquet de su cancha. En el pasado ejerció diversos cargos de asesoría, remunerados pero sin influencia real en la franquicia. Su voz, de todos modos, se escuchaba sin necesidad de un contrato. Era Magic Johnson, qué esperaban.

Esta semana, sin embargo, las cosas cambiaron repentinamente. Magic, que en los últimos años ha participado en diversos programas de televisión, era nombrado vicepresidente deportivo de la franquicia. Gran sorpresa, pues los Lakers siempre han destacado por su estabilidad. Más aún si se piensa que el despedido para que entrase en su lugar era Jim Buss. No porque el saliente sea un gestor premiado, un gurú del deporte, sino porque es hermano de Jeanie, la presidenta, e hijo del fallecido Jerry, la figura ejecutiva más importante de la historia de los angelinos y, también, una de las más célebres en la NBA.

La relación entre Jerry y Magic da para un libro. El magnate compró la franquicia angelina en 1979, el mismo año en el que Johnson era campeón de la NCAA con Michigan State. Tenían la primera elección en el draft de ese año y los Lakers no dudaron ni un segundo: Earvin Johnson. Pocas veces una elección fue más sencilla, hablamos, como se demostró posteriormente, de un jugador que trasciende a su tiempo.

"Jerry Buss me trató como un hijo, nos hizo crecer a Jeanie y a mi juntos, yo vi cómo Jeanie se convirtió en la persona que es hoy, la persona que manda en los Lakers", explicaba esta semana Magic que, añadía, que Jerry hubiese tomado una decisión similar. "Lo hago por mí, por la organización y por los fans, pero también por Jerry porque estoy seguro de que, si estuviese aquí, estaría decepcionado con lo que pasa".

La relación entre ellos era muy profunda, tanto que, cuando Buss agonizaba en el hospital Monte Sinaí, pidió que llamasen a Magic. Necesitaba, según dijo, un poco de positividad a su alrededor. Cinco horas pasaron juntos, con las manos entrelazadas, recordando los muchos momentos que tuvieron en común. En un instante de la conversación Buss llamó a las enfermeras. Johnson cuenta, años después, que tuvo miedo de que ese fuese el final, pero el propietario solo quería hacerse una foto con su ídolo.

Claro que, cuando Johnson quiso volver a las canchas después de anunciar que era seropositivo, uno de los momentos más impactantes de la historia del deporte, Buss le ofreció un contrato de 14 millones de dólares por un año para hacerle el jugador mejor pagado de la liga. No llegó a disputar la temporada, entre otras cosas por el pánico que tenían los demás jugadores de convivir con él -eran otros tiempos- así que rescindió el contrato. Buss, de todos modos, quiso pagar lo prometido.

Jeanie Buss, en un acto del equipo (Reuters)
Jeanie Buss, en un acto del equipo (Reuters)

Una franquicia en picado

Magic siempre tuvo una relación muy cercana con Jeanie, una proximidad que se acrecentó estas semanas más después de que ella dejase de salir con el mítico entrenado Phil Jackson. Como decía Johnson, prácticamente habían crecido juntos. Ella, además, necesitaba un cambio de mano en la franquicia, que lleva unos años sin levantar cabeza. La temporada pasada se retiró Kobe Bryant, el último gran laker, y ahora mismo solo hay un grupo de jovencitos con cierto talento no siempre bien avenidos. Mitch Kupchak, el director deportivo, se fue junto a Jim Buss. Tocan nuevos tiempos par la púrpura y el oro.

¿Nuevos? De aquella manera. Nadie le va a robar a Johnson el carisma, ni su capacidad para atraer a jugadores a su lado como buena leyenda que es. Ahora, sin embargo, se va a encargar de la marcha deportiva de una franquicia. Y en eso hay más dudas. Especialmente porque el calendario marca, desde hace dos meses, el año 2017.

El baloncesto ha cambiado mucho en los últimos tiempos. Nadie hubiese dudado de la capacidad de Magic en los 80 o los 90. La transición de la cancha a la oficina era lo habitual, el juego era más sencillo que en estos tiempos, de jugar se pasaba a la corbata sin solución de continuidad. Eran los tiempos en los que se confiaba en el olfato y en los contactos. Hasta que llegaron los estadísticos.

No ha sido hace mucho. La cosa empezó en el béisbol, pero no tardó en contagiarse la cosa al baloncesto. Empezaron a crearse nuevas estadísticas avanzadas que ayudaban a entender mejor el juego y a valorar con más propiedad que las sensaciones a cada jugador. Se medían los tiros, el acierto, la dificultad de los mismos, la capacidad defensiva, el valor concreto de cada jugador con respecto a la media de la liga en cada posición... Cosas que no se enseñan en una pista jugando sino, más bien, en las universidades tecnológicas más importantes del mundo.

John Hollinger, Daryl Morey, Sam Hinkie... nombres de 'nerds' que fueron poco a poco dejando su impronta en el deporte que amaban y que, años antes, solo podría haber sido para ellos una afición. Su mirada diferente, de hecho, ha transformado la fisionomía del deporte ¿por qué creen que se tiran ahora muchos más tiros de tres que antes? Porque los datos dicen que es postivo.

Johnson no es, ni mucho menos, uno de ellos. Él era un jugador, es más, era una estrella. No pasó por complejos másters de ingeniería que luego podían, con mucha imaginación, aplicarse al deporte. Magic era y es más un relaciones públicas que un estudioso. Y el baloncesto, según sus tuits, tampoco es que lo vea más allá de la obviedad. Ahora se tendrá que poner las pilas, aunque no le faltarán ayudantes que le puedan guiar en el proceso.

La parte que mejor controla, la de su encanto, ya la ha empezado a desplegar esta semana. "Hay un motivo que explica su éxito, y es su manera de tratar a la gente", decía esta semana Luke Walton, entrenador novato de los angelinos e hijo de uno de los más poderosos rivales de Magic en sus días de jugador: Bill Walton. Después del primer partido en su puesto, que se jugó en Oklahoma, se llevó a parte del equipo técnico a cenar a uno de los mejores restaurantes de la ciudad. "Ha sido impresionante, hemos empezado un diálogo muy saludable", reseñaba el técnico.

Kobe y Magic (EFE)
Kobe y Magic (EFE)

Toca perder

Ahora tiene que ir conociendo a la gente, algo que se le da especialmente bien. Ya le ha dicho a la plantilla que la puerta de su despacho estará abierta para ellos, lo que en sí mismo es una virtud porque detrás de la mesa está Magic Johnson, algo que de lo que el resto del universo no puede presumir. La labor de reconstruir los Lakers es titánica. Ya no vale, como en otros tiempos, pensar que los agentes libres acudirán a la llamada por el sol de la ciudad y el carisma de la franquicia. Ahora son un equipo perdedor, de los peores del último lustro. Y así debe continuar, al menos este año.

Los Lakers solo elegirán en el draft si les toca entre las primeras tres elecciones, si no es así, si son un poco mejores, la elección irá a parar a los Sixers de Filadelfia. Lo cual es especialmente grave en un año que se esperan dos proyectos de jugador magníficos como son Lorenzo Ball y Markelle Fultz. Esta semana, de hecho, han traspasado a Lou Williams a cambio de casi nada. Para dar más minutos a los jóvenes y también para asegurarse que no se salen del camino de la derrota.

Y en esta tormenta invernal, Pau Gasol vuelve a casa. Primero, al baloncesto, después de 17 partidos en los que no jugó por una operación en la mano. Disputó su partido contra los Clippers y brilló, anotó 17 puntos y se mostró infalibles desde la línea de tres. También vuelve a casa. Este domingo juega contra los Lakers, el lugar que ahora mismo vive en proceso de cambio. Fue su casa, allí se proclamó campeón en dos ocasiones y encontró su franquicia perfecta.

También allí conoció a Magic Johnson. No en vano, es omnipresente en la franquicia, lo era antes incluso de mandar. Al mito no le gustó que Pau, a quien considera un amigo, se marchase de allí al ver el cariz que había tomado el club. Le molestó aquella decisión, como tantas otras después. Ahora las tomará él.

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