algunos se enfrentan a 80 años de cárCel

Un escándalo de sobornos universitarios se lleva por delante a un ejecutivo de Adidas

Diez detenidos, entre ellos cuatro técnicos asistentes de prestigiosos centros, por aceptar dinero de marcas deportivas para convencer a los estudiantes-atletas. Cae Rick Pitino, leyenda de los banquillos

Foto: Rick Pitino, en el último torneo universitario. (Reuters)
Rick Pitino, en el último torneo universitario. (Reuters)

El deporte universitario estadounidense es difícil de entender desde la mirada europea. En realidad, en el contexto de Estados Unidos es una enorme paradoja. Un mundo industrializado, fuertemente capitalista y en el que fluye el dinero protege, por decirlo de alguna manera, el contexto de las universidades para que sus deportistas, y solo sus deportistas, pasen un tiempo de aprendizaje sin cobrar un centavo de dólar pero generando cientos de miles con su actividad. Un negocio redondo para todos menos para ellos que, por descontado, provoca una serie de anomalías que desembocan en no pocos casos en anomalías y, a veces, en delitos.

El director de márketing global de Adidas, Jim Gatto, y otro ejecutivo de la empresa alemana han sido detenidos en una investigación federal conducida por la corte del distrito sur de Manhattan. Cuatro entrenadores asistentes de prestigiosas universidades también están presos por ello y ha perdido su trabajo (y no se descarta que sea también procesad) Rick Pittino, uno de los más grandes entrenadores del baloncesto en la NCAA y una absoluta leyenda en el deporte estadounidense. Todo por una serie de sobornos y por saltarse a la torera todas las normas referidas al deporte amateur.

¿Dónde está el delito? En una estructura corrupta, pensada para captar deportistas para las marcas deportivas que, por supuesto, se pelean y se pelearán por lograr que las mayores estrellas terminen vistiendo sus productos. Una pequeña mafia. Los deportistas universitarios no pueden cobrar nada de dinero, está absolutamente prohibido que obtengan más emolumento que el de las becas que reciben por su talento deportivo -la historia, por supuesto, está llena de casos de gente que se saltan las reglas- así que durante un tiempo son ídolos que no cobran nada. O, dicho de otra manera, potenciales millonarios sin acceso al dinero.

Ese momento en el que no cobran nada es, también, un momento de grandes decisiones. Y los entrenadores, tanto los principales como los asistentes, se convierten en figuras claves para la vida de chavales que, por lógica, aún no tienen la madurez necesaria para entender todas las cosas que se les vienen encima. Se supone, la idea del deporte universitario al menos es esa, que los técnicos son tan importantes por su conocimiento deportivo como por su labor formativa. Ellos eran sobornados por las empresas para empujar a los chavales hacia determinadas elecciones. Y eso es un delito federal.

Los técnicos procesados. (Reuters)
Los técnicos procesados. (Reuters)

80 años de cárcel

Los cuatro entrenadores asistentes procesados -uno de ellos Chuck Person, ex NBA- se enfrentan a once cargos distintos como soborno o conspiración para sobornar, petición de mordidas, fraude... y eso puede suponer una petición de condena de 80 años de prisión para cada uno de ellos. A Gatto se le señala por pagos de más de 100.000 dólares para que tres jugadores se enrolasen en universidades vestidas por la marca Adidas para así tenerlos más controlados. Porque la paradoja es grande, los jugadores no ven un duro, pero las universidades se hacen inmensamente ricas con todo este proceso.

Uno de los puntos más importantes de la investigación está en Louisville, universidad de enorme prestigio en baloncesto y que ha prescindido de los servicios de su director deportivo y, sobre todo, de su entrenador principal Rick Pitino. Por el momento el técnico no figura entre los procesados por el tema, pero la universidad ha confirmado que están en el punto de mira por este tipo de prácticas y, por ello, ha prescindido de él.

Pitino está en el Salón de la fama desde 2013, ha entrenado a los Knicks y a los Celtics pero, por encima de todo eso, es considerado uno de los más ilustres entrenadores de siempre. Desde 2001 entrena en Louisville después de haber pasado por Kentucky o Boston College, tres programas punteros. Es dos veces campeón y ha entrado en siete finales a cuatro. Cobraba casi ocho millones de dólares anuales.

"Si es cierto estoy de acuerdo con los fiscales estadounidenses en que estos esquemas, iniciados por algunos malos actores, operan para cometer un fraude que impacta a las universidades y sus programas", expresaba el técnico en un comunicado antes de conocer que su centro, público, prescindía de sus servicios. No es este tampoco el primer lío en el que mete Pitino a Lousville.

La investigación ha comenzado gracias a un arrepentido al que procesaban por un caso diferente llamado Louis Martin Blazer. Este testigo del FBI es un asesor financiero que ejercía también de inversor deportivo y ha hablado gracias a un acuerdo con la fiscalía estadounidense. La NCAA, que organiza los torneos universitarios, ha sido taxativa en un comunicado sobre lo ocurrido. "La naturaleza de los cargos que se están investigando es perturbadora. No tenemos ningún tipo de tolerancia de los comportamientos supuestos. Los entrenadores tienen una posición única de credibilidad con los estudiantes-atletas [la jerga del mundillo que no llama deportistas a quienes lo son] y sus familias y si esas acusaciones de soborno son ciertas sugieren una despreciable brecha de esa confianza. Hemos sabido de los cargos esta mañana y por supuesto apoyaremos la investigación federal en curso", explicaban en un texto firmado por Mark Emmeret, presidente de la organización.

La trama es compleja y tardará meses en resolverse. Por el camino habrá más detenciones, pues la propia Fiscalía ha puesto un teléfono a disposición para que ciudadanos anónimos aporten datos a la investigación. Será, por descontado, un palo más en la rueda del deporte universitario, un modelo que siempre está en cuestión por su limpieza y su justicia pero del que es difícil ver cambios, aunque solo sea por su potentísimo arraigo en la cultura norteamericana.

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