rechaza HABLAR DE POLÍTICA

El nulo del legendario saltador Bob Beamon para opinar sobre Donald Trump

El mito del atletismo, que protagonizó el 'salto del siglo' en los reivindicativos Juegos de México 68, justifica su silencio sobre Trump porque "un atleta inteligente debe mantenerse en su pista"

Foto: Bob Beamon muestra un libro con imágenes de su salto en México'68 en compañía de su mujer en las horas previas a recibir el Premio Leyenda del Festival de Cine de Atletismo de San Sebastián. (EFE)
Bob Beamon muestra un libro con imágenes de su salto en México'68 en compañía de su mujer en las horas previas a recibir el Premio Leyenda del Festival de Cine de Atletismo de San Sebastián. (EFE)

Quienes mantienen relación con él aseguran que está para saltar a sus 72 años. El estado físico de Bob Beamon sigue causando sorpresa en su entorno medio siglo después de que un espigado joven de 22 años y 1,91 metros de estatura asombrara al mundo en los Juegos Olímpicos de México con sus míticas 19 zancadas que precedieron a un vuelo sin motor de 8,90 metros sobre el foso del salto de longitud que pulverizó la anterior plusmarca de 8,35 metros. Pero cuando uno está frente a frente con 'el mito' constata que entra en competición la cuestión de la fe. Es cierto que está en muy buenas condiciones, que su cuerpo sigue imponiendo, pero lo de saltar… eso ya es otra cosa.

Aunque, para ser sinceros, es cierto que Bob Beamon no ha dejado de saltar en estos últimos 50 años. Sobre todo fuera de la pista. La trascendencia del denominado ‘salto del siglo’ –su marca, considerada una de las grandes hazañas del atletismo de todos los tiempos, se mantiene todavía como récord olímpico– sigue traspasando a día de hoy los límites de la pista. De hecho, en Beamon siempre ha sido mucho más que atletismo. Incluso antes de que asombrara al mundo con su estratosférico primer salto de la final de salto de longitud. Sus famosos seis segundos –cinco de zancadas y uno de vuelo- se produjeron dos días después de que los atletas afroamericanos Tommie Smith y John Carlos, oro y bronce respectivamente en 200 metros, alzaran su puño envuelto en un guante negro en el podio mientras sonaba el himno estadounidense para reivindicar los derechos civiles de las personas negras en el país.

Beamon recibe esta noche el Premio Leyenda del primer Festival de Cine de Atletismo de Donostia

Los de México 68 fueron los Juegos que cambiaron la historia, no solo del Olimpismo, por sus logros a todos los niveles. En plena competición social por los derechos humanos, los éxitos no sólo alcanzaron a unos pocos y significados atletas, sino que llegaron a la sociedad al completo. Smith y Carlos, con quienes Beamon mantiene una gran amistad, iniciaron una carrera a la que a día de hoy se han sumado numerosos deportistas de élite de color de Estados Unidos, que han alzado su voz contra el racismo que impera en el país y las políticas del presidente Donald Trump. Los puños en alto dejaron paso a las rodillas en el suelo en los campos de fútbol americano durante el himno en señal de protesta tras el gesto inicial de Colin Kaepernick.

Los derechos humanos y Trump

En el actual estadio del deporte americano, Beamon (Nueva York, 1946) tiene nuevamente pista preparada para saltar lejos del foso. Pero ahora su salto es nulo. El mito rechaza opinar sobre Trump y sus políticas que atentan contra los derechos humanos. “Soy un atleta y, como bien se dice, creo que un atleta inteligente debe mantenerse en su pista. No quiero salir de mi pista”, se escuda. Y zanja: “He disfrutado mucho en el ámbito del deporte, y en su progresión, pero no quiero hacer comentarios sobre él. Sé que es una persona que llama la atención, pero yo debo atenderme a mi ámbito, el deporte”.

"Sé que Trump es una persona que llama la atención, pero yo debo atenderme a mi ámbito, el deporte. No quiero salir de mi pista", argumenta

A escasos metros, su mujer, Milana Walter Beamon, asiente con la cabeza. Lo mismo ocurre cuando su marido aborda el tema del racismo en el deporte. Beamon despacha la cuestión sin obtener medalla, con genéricas alusiones, caso de que el racismo es un problema que "afecta a todo el mundo", no solo a su país, o que el deporte funciona como “gancho” para unir a las personas al margen de raza, ideologías o religión. En todo caso, deja constancia de sus saltos para combatir el racismo en la defensa de los derechos humanos. “He tenido la suerte de tener compañeros de otros países desde 1968 y, en este sentido, he ido unos pasos más adelante en juntar a las personas”, señala.

Los Juegos de México no sólo fueron “inspiradores para mucha gente”, sino que abrieron el camino a un movimiento en defensa de los derechos civiles que “sigue vigente a día de hoy”, con el relevo en manos de otros deportistas. “Los derechos humanos son vitales. Cuando hablamos del movimiento olímpico hablamos al mismo tiempo de los derechos humanos”, señala el exatleta.

Beamon y su espectacular salto de México 68. (Reuters)
Beamon y su espectacular salto de México 68. (Reuters)

Beamon recibe esta noche en San Sebastián el Premio Leyenda de la primera edición del Festival Internacional de Cine de Atletismo (FICA), que se celebra a las puertas de que este domingo más de 30.000 corredores participen en la popular Behobia-San Sebastián. Los 20 kilómetros de esta cita deportiva y social van a estar marcados por la presencia de Kathrine Switzer, cuya gesta trascendió el umbral deportivo. Ella fue la primera mujer en correr y terminar oficialmente un maratón con dorsal, el de Boston en 1967, un año antes de los Juegos Olímpicos de México. Lo hizo sorteando numerosos obstáculos –ocultó su género al formalizar la inscripción con iniciales y durante la prueba un comisario intentó echarle del recorrido– con el dorsal 261. Beamon realizó su gesta con el 254.

La Behobia del domingo contará con la presencia de Kathrine Switzer, la primera mujer en correr y acabar un maratón con dorsal, el de Boston en 1967

En la salida de esta carrera no estará Beamon. Y no será por falta de experiencia. Pero es cuestión de sacrificio. El mito del deporte ha “intentado” correr un maratón y asegura que “nunca he afrontado algo tan duro como terminar o incluso llegar a la mitad” de la distancia. Es más, considera que los 42 kilómetros y 195 metros “puede ser la prueba más dura del atletismo”. “Hay que estar en una forma increíble para poder recorrer ya la mitad de la distancia”, enfatiza.

El maratón acaba de conocer una gesta con el récord del mundo establecido por el keniata Kipchoge, quien, con su marca cercana a la frontera de las dos horas, ha abierto la puerta al debate sobre los límites del cuerpo humano. ¿Se puede comparar su gesta con la de Kipchoge?. “No”, responde de forma categórica. “Sinceramente pienso que cualquiera que pueda terminar un maratón es un campeón. Terminar un maratón es una hazaña mayor que saltar 8.90 metros. A mí me llevó seis segundos y a ellos más de dos horas”, sostiene.

"Terminar un maratón es una hazaña mayor que saltar 8.90 metros. A mí me llevó seis segundos y a ellos más de dos horas", asegura Bob Beamon

En el caso del salto de longitud, el límite lo marcan los 8,95 metros que dejó sobre la arena de los Campeonatos del Mundo de Tokio de 1991 el estadounidense Mike Powell, que acabó con el récord de Beamon casi 23 años después. Powell es el único que ha sido capaz de saltar más lejos –Carl Lewis llegó a los 8,91 en los mismos campeonatos, pero su registro no fue homologado–. De momento, porque Beamon ve factible que se supere la barrera de los nueve metros. Al acecho están unos "jóvenes atletas” que están aproximándose a su marca. Pero hay un nombre por encima de todos: el del cubano Juan Miguel Echevarría, que el pasado mes de junio, a sus 19 años, se distanció hasta los 8,83 metros, si bien el registro no ha podido ser homologado al contar con un viento favorable ligeramente superior al límite legal. “Quizás pueda llegar a los nueve metros”, señala.

Los 8,90 siguen siendo medio siglo después el mejor registro en unos Juegos Olímpicos. Esta cita es el escenario “más especial” para batir récords, pero Beamon considera que los Juegos Olímpicos “no son para batir récords, sino par obtener medallas de oro”. El escenario ahora es diferente al que conoció Beamon. Entonces –al menos él no se acuerda– no había dopaje y hoy aquellos que no recurren a sustancias prohibidas están en “desventaja”. Se muestra muy crítico con que “se use a los atletas como ratas de laboratorio para intentar mejorar las marcas en el deporte”. Y ante el que es el gran problema del atletismo moderno, el exatleta estadounidense advierte de que “no se han realizado estudios sobre los efectos secundarios del doping”.

Beamon se enfrenta a las preguntas pero también a la proyección del vídeo de su hazaña por millonésima vez. Y, claro, le toca volver a rememorar por otra millonésima ocasión aquel 18 de octubre de 1968 en el Estadio Olímpico. Entre sus recuerdos, reitera que al golpear con los pies en el foso de la arena no era consciente de lo que había hecho. “Pensaba que había saltado unos ocho metros”. La espera duró unos interminables 15 minutos, ya que los jueces tuvieron que medir el salto de forma manual. Cuando el videomarcador anunció los 8,90 metros, Beamon no podía imaginar ni por asomo que había protagonizado una gesta que trascendía el deporte. “Ese día cambiaron muchas cosas con un solo salto”, admite.

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