El doblete de Yamaha en Assen no esconde que el equipo es un polvorín
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Una victoria amarga

El doblete de Yamaha en Assen no esconde que el equipo es un polvorín

La victoria de Fabio Quartararo y el segundo puesto de Maverick Viñales no rebajan el malestar en el garaje del equipo oficial de Yamaha

placeholder Foto: Maverick Viñales se lamenta durante una rueda de prensa. (EFE)
Maverick Viñales se lamenta durante una rueda de prensa. (EFE)

Ni en los tiempos más rudos de la relación entre Valentino Rossi y Jorge Lorenzo se percibía un ambiente tan irrespirable como el del garaje del equipo oficial Yamaha. La relación entre Maverick Viñales y el equipo es ya un cadáver de cuerpo presente desde que el piloto estallara tras el Gran Premio de Alemania, donde acabó último y sin puntuar, realizando una serie de declaraciones críticas contra el equipo. El malestar prosiguió en la jornada previa del Gran Premio de Holanda. Sorprendentemente, la amargura de Sachsenring dio paso a una situación idílica en la tabla de tiempos en Assen, aunque no dentro de los boxes. Contra todo pronóstico, Viñales dejó aparcada la rabia y se aupó a lo alto de la tabla en prácticamente todas las sesiones de entrenamientos. Solo se le escapó el mejor tiempo en la cuarta tanda libre, luego se hizo con la 'pole' y fue el más rápido en el entrenamiento del domingo por la mañana.

placeholder Maverick Viñales, en acción. (Reuters)
Maverick Viñales, en acción. (Reuters)

Para entonces los rumores sobre la ruptura de su contrato con Yamaha ya corrían de boca en boca en los mentideros del paddock, y se publicaban ya como noticia contrastada en diferentes medios que anunciaban un próximo acuerdo con Aprilia de cara a 2022. El último en hablar sobre el tema sería Viñales, cuyas palabras tras la carrera se esperaban con ansiedad. Antes, Massimo Rivola, el máximo responsable de la marca italiana, aseguraba en televisión que todavía no se había sentado a hablar del tema con el piloto, y Lin Jarvis, su homónimo en Yamaha, daba la callada por respuesta. Una posición que, lejos de cortar de raíz con los rumores, alimenta las especulaciones.

Cuando por fin le llegó el turno a Viñales, tras la carrera en la que firmó un positivo segundo puesto. Fue decepcionante para él desde el momento de la arrancada, porque se lamentó de que el embrague de su moto no funcionó correctamente y se vio sobrepasado en la salida por cuatro pilotos, lastrando su progresión en la primera mitad de carrera. Después de eso, ante el micrófono de DAZN, del que no podía eludir responder, Viñales negó su intención de ir a Aprilia, pero sí confirmó que dejar Yamaha “es una de las opciones que están en mi cabeza desde principio de año”, aseguró.

Es una vuelta de tuerca más que convierte esa parte del garaje en una olla a presión. Tampoco es necesario preguntar mucho para darse cuenta del mal ambiente reinante entre Viñales y la dirección del equipo. El piloto no celebró la entrega del trofeo al representante de la escudería, Massimo Meregalli, y tampoco agitó el mágnum de Proseco como habitualmente se hace en el podio, dando la espalda continuamente a Meregelli cuando este se deshacía por juntarse con Viñales y Quartararo para la oportuna foto del doblete. El lenguaje corporal lo dice todo.

Amor roto

Yamaha no se manifiesta y los silencios de Jarvis dicen más que cualquier declaración. De todos modos, ¿en qué momento se rompió la relación entre Yamaha y Viñales, quien llegó al equipo como recambio para Jorge Lorenzo en 2017? Puede que fuera un vínculo fallido desde el primer momento. El piloto español, antes de renovar por Yamaha hasta 2022 hace año y medio, tuvo en su mano un jugoso contrato para ser piloto oficial de Ducati esta temporada. Estuvo muy cerca de firmar, pero antes de hacerlo, saltándose el organigrama de Yamaha –Jarvis estaba de vacaciones de Navidad y no quiso interrumpirlas para atender a Viñales–, contactó directamente con los responsables de la marca en Japón. Espantados ante la posibilidad de que Viñales se fuera a Ducati, urgieron a Jarvis para que este amarrara al de Roses, y antes de que arrancara el campeonato 2020 se selló su oportunidad hasta 2022, incluido.

placeholder Viñales celebra un triunfo. (EFE)
Viñales celebra un triunfo. (EFE)

Los altibajos de Viñales en lo deportivo y su lenguaje confuso han jugado en su contra a la hora de entender la situación. No se le puede negar su talante conciliador, a pesar de pasar las de Caín en más de una ocasión. Con frecuencia, a Viñales le gustaba ver la botella medio llena –o eso se desprendía de sus comentarios– por más que los demás apenas viéramos unas gotas en el fondo del envase, lo que hacía que el mensaje resultara contradictorio y difícil de entender. Semanas atrás, se mató al mensajero con otras de sus declaraciones, cuando en una entrevista televisiva dijo: “Hay veces que no tomas las mejores decisiones en la vida. Hace unos años creo que no tomé la mejor decisión, entonces espero no volverme a equivocar”, un comentario que dio pie a muchas interpretaciones que obligaron a una aclaración posterior del piloto, en la que aseguraba que se refería a un momento polémico que protagonizó en 2012 cuando corría en Moto3.

A tenor de lo que dice hoy, el desencuentro con Yamaha viene de largo, aunque quizás la gota que colmó el vaso fuera la sustitución de su jefe técnico, Esteban García, que es del círculo íntimo de Viñales, por el veterano técnico Silvano Galbusera. Una imposición por parte del equipo desde la carrera de Sachsenring, donde Viñales detonó definitivamente. No es tan fácil romper un contrato sin consecuencias, y más cuando eres el segundo piloto mejor pagado de la parrilla. Todo tiene un coste. Pero Yamaha tampoco se puede permitir estar a la greña con uno de sus pilotos. Eso sí: o cambian la forma de relacionarse entre ellos, o este Mundial se va a hacer muy largo para todos.

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