Nadal encuentra su límite: Wimbledon y los Juegos Olímpicos, en el aire
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Necesita "respirar, descansar y tranquilidad"

Nadal encuentra su límite: Wimbledon y los Juegos Olímpicos, en el aire

La dura derrota ante Djokovic, que le persigue ahora peligrosamente en la clasificación de ‘grandes’, confirma la necesidad expresada por él mismo de orientar su preparación sin atender a algunas citas estelares

placeholder Foto: Nadal, durante su semifinal en París contra Novak Djokovic (EFE)
Nadal, durante su semifinal en París contra Novak Djokovic (EFE)

Es bastante probable que si la semifinal memorable entre Novak Djokovic y Rafa Nadal se hubiese disputado el viernes a la una de la tarde –y no entre las siete y las once–, estas líneas serían diferentes; el hecho irreversible, sin embargo, es que el coloso español de la tierra batida mundial no pudo esta vez contra el juego y la energía del tenista serbio en la noche parisina (cuyas condiciones de humedad, como es sabido, perjudican el distintivo ‘liftado’ de su bola y restan poder decisorio a sus derechas).

En la resaca de una derrota muy dura, que le arrebata la posibilidad de un récord mundial absoluto, sobresalen las palabras que dejó Nadal sobre su futuro esta temporada: “Estoy triste porque he perdido en el partido más importante del año para mí, pero la vida sigue [...] No voy a jugar el torneo de Mallorca sobre hierba, aunque me hubiera encantado, pero en este caso es imposible ya que es la semana previa a Wimbledon y no tengo tiempo para prepararlo. No sé qué torneos tendré en mi agenda, han sido unos meses muy intensos y tendré que decidir si juego o no en Londres”.

placeholder Nadal atiende a los medios tras la derrota. (EFE)
Nadal atiende a los medios tras la derrota. (EFE)

“Este sábado estaré en casa con la familia y amigos”, continuó Rafa. “Intentaré descansar un poquito, tanto física como mentalmente, después de dos meses intensos, en una temporada de tierra positiva aunque sin haber logrado el objetivo final. El cuerpo, después de luchar cada semana durante dos meses por objetivos claros, te da un bajón. Wimbledon llega en dos semanas. Es diferente a cuando tenía 25, 26 o 27 años. Ahora tengo 35. Hay que ver cómo me recupero antes de tomar la decisión. Ahora mismo no estoy capacitado para tomar una decisión, porque no tengo ni el físico ni la claridad mental para pensar a dos semanas vista. Necesito darme unos días de vacaciones y de tranquilidad”.

Sus referencias a la edad y a la necesidad de administrar esfuerzos son lógicamente más frecuentes en los últimos años. El mes pasado ya avisó sobre otra posible ausencia estelar: los Juegos Olímpicos (“probablemente la mayor fiesta del deporte”, dijo): “No sé todavía, no puedo dar una respuesta clara, porque no lo sé. En un mundo normal nunca pensaría en perderme los Juegos, claro, todos sabemos lo importantes que son para mí. En estas situaciones, no sé, veremos en un par de meses. Tengo que organizar mi calendario. En un año normal siempre tengo claro mi calendario desde el 1 de enero, pero este año es distinto. Hay que ser flexible”.

Servicio alicaído

Sus palabras resuenan de otra manera tras las semifinales de París, en las que ni el apoyo de 5.000 personas le permitieron alcanzar el quinto ‘set’ tras más de cuatro horas de raquetazos. Hay un dato particularmente significativo, que se suma a los apuros que ya había experimentado en una fase importante del duelo contra Schwartzmann: los puntos ganados con su primer saque. Si bien las estadísticas durante los cinco primeros partidos eran más que aceptables (alrededor de un 80%, bastante consistente), contra Djokovic el manacorí bajó a un pobre 59%.

El cansancio, como dejó entrever Nadal en su rueda de prensa, tiene probablemente más influjo en esta crisis que el horario del encuentro, toda vez que el vigente campeón del torneo ya había jugado en la sesión ‘golfa’ de París (arrasando a Gasquet: 6-0, 7-5 y 6-2). Nadal no estaba de acuerdo con el serbio en que había jugado el mejor partido de su vida en Roland Garros: “He jugado con uno de los mejores de la historia y a mí me ha faltado un extra”, afirmó, pero ni mucho menos ha sido un desastre mi partido. No creo que este haya sido el mejor Djokovic de nunca, aunque haya hecho un gran partido… A mí me han faltado cosas”.

placeholder Vista general de la pista Phillipe Chatrier durante el encuentro. (REUTERS)
Vista general de la pista Phillipe Chatrier durante el encuentro. (REUTERS)

“Si gano el tercer ‘set’ quizá todo hubiese cambiado”, apuntó el coloso caído, “pero no me gusta mucho hablar de los partidos en términos de un punto. La realidad es que, salvo el comienzo, todo ha sido muy igualado y no he sido capaz de marcar diferencias. Mi bola no hacía el daño que necesitaba y Novak ha jugado muy largo, apenas cometió errores y hay que darle todo el mérito. Yo sé que puedo jugar mejor en esta pista; lo he dado todo a nivel físico y mental, pero no ha sido suficiente. Fallé una volea sencilla en el ‘tie break’, pero son errores que pueden ocurrir”.

El horario influye sin duda sobre esta superficie arcillosa, pero no se puede achacar a este factor el resultado, dejó claro el español: “No pretendo que sea una excusa, ni mucho menos. En estos niveles, el que se adapta mejor es el que gana, pero es cierto que la pista se pone lenta y la pelota menos viva, lo cual le favorece a él porque mis tiros dejan de tener ese efecto extra. En todo caso, no fui capaz de jugar todo lo largo que necesitaba para sacarle de posición. Esto es un deporte, se puede ganar y perder, hoy no pude vencer y esa es la única realidad. Hay que felicitar a Novak”.

Nadal saldrá del top-3 del ranking mundial si Tsitsipas gana Roland Garros este domingo. Las implicaciones de este resbalón en su temporada son inevitables. “Es cierto que los años pasan y nada es eterno”, dijo también Nadal. “Soy consciente de que cada edición voy a tener menos posibilidades; este año tenía una opción importante. Yo no soy una persona que dramatice mucho las derrotas ni que me exalte cuando gana [...] Por momentos he jugado bien en el torneo, pero hoy me ha faltado un pelín”.

Si Nadal renunciase a participar en Wimbledon, sería el segundo año consecutivo que no juega en Londres (el torneo fue suspendido el año pasado por el coronavirus). En el caso de que Novak Djokovic venciese en la final de Roland Garros, se colocaría con 19 ‘grandes’, a uno solo de Nadal y Roger Federer. Un escenario peligroso para el español, dado que el serbio (un año más joven) ha ganado cinco veces en las pistas del All England Lawn Tennis & Croquet Club, incluyendo las dos últimas ediciones disputadas. Desde esta óptica, la victoria de ‘Nole’ en su Philippe Chatrier es un golpe psicológico contundente.

Ya renunció el año pasado el balear al Open de Estados Unidos, con objeto de asegurar un estado óptimo de forma en el otoñal Roland Garros de la pandemia. Le salió bien: conquistó su campeonato número 13 y trituró a Djokovic sin compasión en la final.

Foto: Nadal celebra la victoria. (Reuters)

La revancha llega sólo ocho meses después. Algunos medios tuiteros especializados destacaron este viernes otro dato preocupante en la evolución reciente de Nadal, como el hecho de que en las tres últimas temporadas no ha ganado ninguno de los siete ‘tie breaks’ disputados en un Grand Slam ante jugadores del ‘top 10’ mundial. (Con el agravante de que perdió después todos los partidos). La última ‘muerte súbita’ victoriosa de estas características data del US Open de 2018, ante Dominic Thiem.

Djokovic “destrona” al rey Nadal, titulaba la prensa francesa el viernes a medianoche, muy orgullosa del momento de exaltación patriótica en la central del torneo (canto de ‘La Marsellesa’ y vítores a Macron incluidos) cuando se supo la extensión excepcional del toque de queda pandémico decretada por el presidente de la República. El prestigioso diario L’Equipe, asombrado por la primera derrota del campeón en seis años (en 2015 también fue Djokovic), describió el duelo como “el más hermoso de la historia del torneo”. Veinticuatro horas después, esas palabras parecen sin duda una exageración, fruto quizá de la hora avanzada a la que terminó la batalla. De lo que no cabe duda es de que supone un acontecimiento suficientemente preocupante en la carrera de Nadal como para repensar el futuro inmediato y preguntarse si tiene sentido acudir al césped británico con pocas (o muy pocas) oportunidades de llevarse un torneo que no gana desde 2010.

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