la trastienda

Lo que no se vio en los Oscar: de los nervios de Brad Pitt a los tacos de Bong Joon-ho

En un evento cuidadosamente coreografiado y celosamente protegido, la sala de prensa es el único sitio donde uno puede salirse, un poco, del guión

Foto: Brad Pitt espera que le grabenh su Oscar a Mejor Actor de reparto tras la gala. (Reuters)
Brad Pitt espera que le grabenh su Oscar a Mejor Actor de reparto tras la gala. (Reuters)

Para los ganadores que el domingo salieron del teatro Dolby con un Oscar en la mano, la noche no fue tan fácil como pudiera parecer, ni siquiera después de saber que habían ganado. Porque tras el discurso de aceptación del premio, y antes del caviar, el Moët Chandon, y el banquete del Gobernador, había un pequeño via crucis que pasar: una sala de prensa con más de 300 periodistas de todo el mundo. En esas sesiones de fotos y de preguntas que son parada obligatoria para todos ellos, es posible discernir quienes dominan el arte de hablar en público y quienes, incluso siendo grandes estrellas de Hollywood, no.

Curiosamente, Laura Dern y Brad Pitt eran los menos relajados. Otros, como Taiki Waititi, el actor y director neozelandés que ganó por el guión adaptado de Jojo Rabbit, podían hasta cantar y hacer bromas. Una veterana como Renée Zellweger se permitía el detalle de desearnos suerte con nuestro artículos, mientras Joaquin Phoenix lo que se permitía era no aparecer. El último, un eufórico Bong Joon Ho, con cuatro estatuillas, hasta soltaba palabrotas. “This is fucking crazy” dijo, demostrando un dominio del inglés que hacía dudar de la necesidad de intérprete.

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De los tres focos de esta gran operación mediática que son los premios anuales de la Academia del Cine de Hollywood (la alfombra roja, escaparate anual de bellezas y talentos del cine; la gala televisiva, seguida por millones de personas en todo el mundo) el menos conocido, pero no menos importante, es el tercero: el centro de medios, las salas de prensa y fotografía que, en un hotel adyacente al centro comercial donde se ubica el teatro Dolby, alojan durante este día a los 1.678 periodistas de todo el mundo que vienen cada año a cubrir el evento (y es solo una tercera parte de los que solicitan hacerlo). Este año, el más internacional de la historia de los premios, 122 medios extranjeros (de un total de 309) forman parte de esta cobertura, entre ellos un puñado de televisiones, periódicos y revistas de Corea del Sur que nunca antes habían sido acreditados. Su largo viaje hasta Los Ángeles se vio ampliamente recompensado.

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Un viaje que tiene su tramo final, para todos los miembros de la prensa, en un aparcamiento nada glamuroso unos kilómetros al este del teatro Dolby. Allí nos recogen las lanzaderas en las que, de tiros largos y cargados de mochilas, somos transportados al hotel, cual invitados trasnochadores de una boda. Las normas de indumentaria son estrictas, incluso para los medios que no salen en cámara ni en televisión. Hay que ir de noche y formal. Eso sí, no es obligatoria la falda ni los tacones. Los maquillajes, peinados, y vestidos que se ven en esta zona de los Oscar nada tienen que envidiar a las celebrities. Con más mérito, si cabe, puesto que ha habido que estar listos desde la mañana y los 300 puestos de la sala, en mesas alargadas como en un banquete de boda, apenas dejan espacio para estirar un poco las piernas o los codos.

(Reuters)
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Las estrechuras no son solo físicas; cada uno de nuestros movimientos está amable pero estrictamente supervisado. Hay pasillos en los que está prohibido estar. Puertas por las que no se puede pasar. Periodistas obligadas a cambiarse de vestido o de zapatos porque no cumplen los estrictos requisitos de formalidad. Uno está aquí como testigo de este momento estelar en la carrera de actores, directores, músicos y diseñadores, pero las líneas que dividen ambos mundos, aunque invisibles, son claras e infranqueables.

Es, además, una cobertura un tanto anticlimática para el periodista moderno, porque no está permitido tomar fotos ni vídeo. Excepto en la sala previa, donde un puñado de fotógrafos previamente aprobados hace las fotos oficiales a los galardonados, no se puede hacer ni una foto, ni con el móvil, ni siquiera de recuerdo del puesto asignado o del menú de la comida, menos aún de los galardonados que, comenzada la ceremonia, comienzan a pasar en procesión por las diferentes salas. Alerta para periodistas mitómanos: es posible que le hagas una pregunta al hombre del momento, Bong Joon Ho, o que tengas a Laura Dern o Renée Zellweger a dos metros de distancia, pero no quedará constancia en foto o vídeo de nada de lo que aquí suceda. Entre tanta tecnología e imagen, aquí quedamos reducidos a la pura palabra.

Bong Joon Ho y Pedro Almodóvar durante la gala. (Reuters)
Bong Joon Ho y Pedro Almodóvar durante la gala. (Reuters)

Hay que reconocer que Brad Pitt, el primero en pisar el podio ante los medios, fue recibido con una pregunta un tanto sorprendente. ¿Escribía él sus propios discursos de agradecimiento? Aseguró que sí, aunque tiene amigos muy graciosos que le echan una mano. También se vio obligado a declinar contestar a no una, sino tres preguntas sobre sus hijos (a la tercera sobre si les dejaría dedicarse al cine fue a la única que contestó). Aunque consiguió en general dejarnos claro a todos que es un tipo sencillo. “¿Estás pasándolo mejor que nunca?” le preguntó alguien. “Uf, tío, espero que esto no sea lo mejor de mi vida. Espero que haya otras cosas pasando aparte”, respondió. Y se marchó visiblemente aliviado de haber terminado con el periplo.

Lo que no se vio en los Oscar: de los nervios de Brad Pitt a los tacos de Bong Joon-ho

En parte, se entiende. No es sólo que después de una noche de nervios uno tiene que encontrar la concentración para responder sobre una pregunta super profunda de una periodista búlgara. Es que, además, los entrevistados compiten por la atención de los periodistas con la propia ceremonia, transmitida en directo en grandes pantallas y cuyo audio se puede seguir con unos auriculares portátiles. O sea, una oreja escucha las respuestas en directo de, por ejemplo, el ganador a mejor fotografía, Roger Deakins, y con la otra la actuación de Eminem en el escenario del teatro Dolby.

Para algunos, esta competencia no era problema. Elton John entró en la sala de prensa al mismo tiempo que Joaquin Phoenix daba su discurso tras recibir el Oscar a mejor actor, y casi nadie se preocupó de seguir escuchando el discurso del actor. Otros tuvieron menos suerte. Cuando Bong Joon-ho se hizo con su tercer premio de la noche, el de mejor director, en la sala de prensa estaba el equipo ganador en la categoría de efectos especiales por 1917. Los periodistas no disimularon la sorpresa y los tres especialistas visuales no tuvieron más remedio que esperar un rato, oscar en mano y sonrisa congelada, a que pasara el clamor y se retomaran las preguntas.

Joaquin Phoenix con Jane Fonda después de recibir su Oscar al Mejor Actor. (Reuters)
Joaquin Phoenix con Jane Fonda después de recibir su Oscar al Mejor Actor. (Reuters)

Hay algunos detalles de agradecer. Por ejemplo, las entrevistas, y los discursos de agradecimiento, son transcritos e impresos para quien los necesite. Y cuando surgen dudas graves (¿era Hildur Guanadóttir, oscarizada compositora de la música de 'Joker', la primera mujer ganadora en solitario en esta categoría?) están las bibliotecarias de la academia: nueve mujeres y un hombre que ocupan una esquina de la sala y que, cual Tacañonas del 1,2,3, resuelven cualquier cuestión que pueda surgir sobre la historia de estos premios. (No, Guanodottir no era la primera mujer en ganar en esta categoría, pero sí la primera en hacerlo desde que las categorías separadas en musical o comedia y drama quedaron unificadas).

Las bibliotecarias de la academia son nueve mujeres y un hombre que ocupan una esquina y resuelven cualquier cuestión

Pero al margen de récords y estadísticas, el paso por la sala de prensa es ese eslabón que une la sofisticada ceremonia, el guión calculado al milímetro y los looks pulidos, con el origen de todo: las películas. Aquí es donde se habla de ellas, y de todos sus aspectos, desde las perspectivas de los diferentes oficios. Y en un año en que prácticamente todas las nominadas se llevaron algún premio, las entrevistas daban una buena idea de conjunto del estado de la industria, y de muchas otras cosas. Desde las relaciones entre China y EEUU (con los productores de 'American Factory', el documental ganador), hasta la necesidad de preservar mejor los lugares históricos de Hollywood (que compartían de las ganadoras por diseño de producción de 'Erase una vez... en Hollywood'), pasando por la ley californiana que obliga a no discriminar por el tipo de pelo (que explicaron los ganadores a mejor corto de animación, “Hair Love”) o la dificultad de trasladar el atronador ambiente de una carrera de coches al cine (según los ganadores a mejor edición de sonido de “Le Mans 66”). De los únicos de los que no pudimos saber nada fue del equipo de 'El irlandés', la única de las grandes nominadas que se fue de vacío.

Lo que no se vio en los Oscar: de los nervios de Brad Pitt a los tacos de Bong Joon-ho

Uno de sus actores, Harvey Keitel, bajaba las escaleras mecánicas del Dolby, a la salida, acompañado de la eterna nominada Diane Warren (nominada 17 veces a canción original, volvió a perder este año frente a Elton John). Charlaban tranquilos, entre otros invitados y algunos periodistas. Ellos iban a la fiesta, nosotros a la lanzadera. Para ellos, la parte divertida de la noche empezaba ahora. Para nosotros, se acaba una jornada maratoniana en el mismo aparcamiento de hormigón donde empezó.

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