críticas de cine

'Climax': baile, sangría, LSD... y bajón

En su película más alucinante hasta la fecha, Gaspar Noé nos invita a una fiesta con bailes increíbles y sangría adulterada antes de sumergirnos en el mal viaje mejor filmado de la historia

Foto: Fotograma del filme.
Fotograma del filme.

En los primeros minutos de 'Climax' tiene lugar una de las escenas de baile más poderosas de la historia del cine. La nueva película de Gaspar Noé se inspira, dicen, en un suceso real que tuvo lugar en los años noventa. La acción se desarrolla en una sala de ensayo aislada en medio de la nieve donde un grupo de jóvenes se ha reunido para ultimar un espectáculo. Tras un prólogo que nos anuncia un terror venidero y nos presenta a los personajes a través de una serie de entrevistas a cámara donde desgranan algunos de sus anhelos, miedos y pasiones, la película arranca con su número de danza alucinante, una conjunción de coreografías de estilos diversos, del vogue al krump, al ritmo del 'Supernatural' de Cerrone. La secuencia electrifica la pantalla y supone una brutal descarga de energía para la audiencia, un subidón en toda regla que marca el resto del metraje.

Rodada en 15 días en un único escenario, con un reparto de intérpretes desconocidos (a excepción de la protagonista, la argelina Sofia Boutella) y con una historia mínima que se desarrolla a lo largo de una noche, 'Climax' condensa la mayoría de constantes del director de 'Irreversible' y 'Enter the Void': los personajes encerrados en una situación extrema que deriva hacia la pesadilla, el tono provocador (el menú incluye incesto, racismo, machismo, otros prejuicios varios, bromas macabras con un niño, violencia hacia una embarazada...), la cámara flotante (Gaspar Noé se encarga en persona de moverla), la fotografía antinaturalista y psicodélica (que firma el habitual Benoît Debie), el estallido de violencia y una visión sobre la sociedad más bien pesimista... La depuración de elementos le sienta muy bien a un filme que se mueve más en el plano sensorial que en el narrativo.

Partiendo de unas formas de expresión artística propias de unas subculturas urbanas poco frecuentadas en el cine, 'Climax' ofrece un retrato colectivo de la diversidad cultural y sexual de la juventud francesa que no vive precisamente en el centro de París. Tras el número de danza, la película vuelve a detenerse en los diferentes personajes, a los que retrata a través de sus conversaciones. Noé transmite la naturalidad de las charlas entre estos chicos y chicas, que incluyen diálogos muy brutos sobre las mujeres y el sexo.

Pero alguien añade LSD al barreño de sangría... y la fiesta empieza a degenerar. Tras el éxtasis del baile en que todos los cuerpos se unían y convergían en perfecta armonía, empieza el bajón. Un mal viaje colectivo en que se entrecruzan paranoias varias, deseos prohibidos y arrebatos de violencia. Noé continúa filmando como si nos encontráramos en un momento musical. La banda sonora encadena grandes éxitos de la música disco y electrónica de la época (además de recuperar el pegadizo tema de Cerrone, suenan entre otros Daft Punk, Soft Cell, Patrick Hernandez y 'Angie', de los Rolling Stones, para rematar la bajona). La cámara asume el estado alterado de conciencia de los protagonistas y resigue el proceso de disgregación del grupo en un torbellino de energías negativas que se dispersan por el lugar. El mal rollo exacerbado también se transmite a través del movimiento de los cuerpos, ahora convulsionados, agresivos y al borde del colapso.

'Climax' ofrece un retrato colectivo de la diversidad cultural y sexual de la juventud francesa que no vive precisamente en el centro de París

En el prólogo de la película, Gaspar Noé enmarca las entrevistas a los bailarines en un viejo televisor colocado entre libros y cintas de vídeo. Los títulos que vemos en la estantería son toda una declaración de intenciones. 'Suspiria', de Dario Argento, 'La posesión', de Andrzej Zulawski, 'Un perro andaluz', de Luis Buñuel, 'Saló o los 120 días de Sodoma', de Pier Paolo Pasolini… Películas extremas y alucinadas con las que consigue sintonizar 'Climax'. Pero esta es también la obra más divertida del cineasta francés de origen argentino. El mal viaje colectivo que experimentan los personajes está salpicado de pequeños toques de humor negro cuya principal víctima es el único menor presente en la escena, que acaba encerrado en el cuarto de los contadores eléctricos...


Aunque uno de los méritos del filme es su naturaleza casi experimental, muy ligada a la tradición de la videodanza, 'Climax' también puede leerse como un retrato encapsulado del colapso de la convivencia multicultural en la Francia contemporánea. La sala de baile donde todo se desmorona está presidida por una enorme bandera francesa y Noé intercala un par de intertítulos que expresan de forma altisonante su visión nihilista del mundo. El anuncio en el plano final de quién es la persona responsable de adulterar la sangría subraya la posible interpretación política y la expande a nivel europeo. Convenza o no esta visión metafórica, el subtexto discursivo y la moralina que encierra el filme sobre el uso de las drogas no erosionan la experiencia única que resulta 'Climax', un vibrante trance cinematográfico entre el éxtasis y el horror, en la cartelera actual.

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