el confidencial entrevista al cineasta

David Trueba y sus 'Casi 40': una película generacional, melancólica y bella

El cineasta filma una 'road movie' de bajo presopuesto con Lucía Jiménez y Fernando Ramallo los mismos protagonistas que 'La buena vida', su 'Opera prima' de 1996

Foto: David Trueba junto a Fernando Ramallo y Lucía Jiménez (Efe).
David Trueba junto a Fernando Ramallo y Lucía Jiménez (Efe).

Aquí también, como en su novela ‘Cuatro amigos’, David Trueba no ha sincronizado los relojes afectivos de los protagonistas. Lucía y Fernando fueron novios apenas unos meses, en otro siglo incluso. Siguen siendo treintañeros, la vida les ha llevado a un territorio inesperado y viajan juntos a vueltas con el pasado. ‘Casi 40’ en el epílogo del Festival de Cine de Málaga.

Diálogos naturales conducidos en medio de una inevitable melancolía. Hay química entre Lucía Jiménez y Fernando Ramallo, alejados desde hace una década del cine. Ambos, que comparten su nombre con el de los protagonistas, actuaron en ‘La buena vida’, la ‘opera prima’ de Trueba y se juntaron sin saber muy bien de qué iba la historia, sin saber ni si se iba a estrenar. El asunto era pasárselo bien en el rodaje y buscar la complicidad con la cámara.

Lucía triunfó como cantante y él le organiza a ella una serie de conciertos por centros culturales y librerías. Dejó la música, pero su amiga/enemiga guitarra le espera por esa vieja Castila. La ‘Tierra de Campos’ (Anagrama, 2017) que retrata Trueba en la novela del mismo título, con guiños a Japón, como en esta cinta, aparecen como ‘no lugares’.

“Hay España fuera de las capitales. Cuando uno se asoma en la ventana del tren ve qué bonita es España en primavera. Existe otra España", subraya Trueba, quien observa "una especie de competición por ver quien tiene más. Se genera una enorme sensación de insatisfacción. Se trata de apelar a las cosas pequeñas y debemos ser fieles a eso, es un desafío a las puertas que se te cierran", reflexiona el director en la rueda de prensa tras la presentación de la película.

Unas horas más tarde, El Confidencial dialoga con el cineasta.

PREGUNTA. ¿Es ‘Casi 40’ la película que quería hacer? Barajaba otros proyectos más ambiciosos.

RESPUESTA. Hay proyectos que se han quedado un poco parados por exigencias de la industria, pero sí es la película que quería hacer. Al principio me acomplejaba un poco lo que iba a pensar la gente después de “Vivir es fácil” con una película tan pequeña. Hubo un momento en el que me quité el complejo y supe que era la película que era. Me quité el complejo y tenía que ser así. Las que haya también por medio que hayan quedado abortadas forman parte del propio proceso profesional.

"Al contrario de lo que la gente cree [en el cine] no regalan nada y, sobre todo, si eres una persona que quiere hacer lo que sale dentro, pues menos"

Este es un oficio que, al contrario de lo que la gente cree, no regalan nada y, sobre todo, si eres una persona que quiere hacer lo que sale dentro, pues todavía menos. Si estás dispuesto a ponerte a sueldo, a rodar, y a vivir como una especie de profesionalismo, como si viviéramos todavía en el Hollywood de los años 30 y fuéramos John Ford, cosa que dudo mucho de que seamos, pues bien, pero si no es más complejo la pelea entre tus egoísmos, tus prioridades y las de la propia industria. Hay que combinarla.

P. ¿Esta película puede darle una segunda vida en su faceta de interpretación a Lucía Jiménez y Fernando Ramallo?

R. Pues me gustaría. Fue también uno de los impulsos iniciales. El cine es muy cruel con todos y con los actores con los que más. Llevaban mucho tiempo sin rodar una película y quería trabajar con ellos. Cualquier cosa buena que les pase me alegrará porque para mí son como hijos cinematográficos. Sé que la industria es cruel, pero también está en nuestras manos a veces paliar sus crueldades.

Me acuerdo que cuando rodé ‘Madrid 1987’ me decían que contar con José Sacristán… ”No, no” y mira ahora… luego ha tenido un esplendor maravilloso. Y cuando hice “Vivir es fácil” con Natalia Molina fue al contrario. “No ha hecho nada”, me decían. Me preguntaban que por qué elegía a alguien que no era conocida y que ella no estaba contrastada. Yo le decía que quería alguien así.

A tiro hecho todo el mundo dice que qué bien, pero lo que cuenta también en el cine es que las cosas se tienen que ‘levantar’ a priori. Los apriorismos son los que te cuesta más. De hecho, mucha gente me dice: “¡Qué ganas tengo de trabajar contigo! Ven a vernos”. Y luego, cuando les propones algo, te dicen eso de “vaya…” y yo les contesto que vale, pero es la historia de mi vida. Les gusta cuando la historia ya está hecha. Yo quiero que les guste antes para que se haga más fácil el proceso.

P. ¿Qué le parece, ya con distancia, la reacción que hubo en redes sociales contra su hermano Fernando Trueba tras las declaraciones en el Festival de San Sebastián de 2015 cuando dijo: "Nunca me he sentido español"?

R. Fue un castigo social. A veces pasa. Son movimientos muy de linchamiento. Creo que fue bastante malentendido lo que quiso decir y no fue ningún desprecio. Lo que había era un espíritu crítico de “no dejéis que las banderas os tapen los ojos”.

P. ¿Estaba de acuerdo con ese mensaje?

R. No hay un desprecio a España. Todo lo contrario. Nosotros somos hijos de España y yo sé hasta qué punto para mi hermano ha sido importante hacer las cosas aquí, pero la gente entiende frases demasiado contundentes. Eso formaba parte del humor de Fernando y siempre ha pasado.

Las sociedades tienen que tener personas que son críticas y personas que hacen reflexionar. Y eso no significa que sean menos patriota. A veces la gente que dice “Quiero mucho a mi país” y “Viva España” luego su comportamiento es empobrecedor para el país y están robando. Eso hace más daño que alguien algún día haga bromas. Eso no tiene mucho recorrido.

Los mismos conflictos

P. En 'Casi 40' se le nota su vocación articulística cuando el personaje que interpreta Fernando Ramallo toma un ejemplar de ‘El País’ y empieza a decir lo que lleva el periódico del día: corrupción, guerras, premios… La amalgama de la información.

R. Como periodista que he sido y ejerzo tengo una observación del mundo y de mi propio mundo de “esto es lo que hay y lo que damos constantemente”. Por eso mucha gente se cansa y se agota de lo mismo. Pero yo siempre digo que lo mismo es la historia de la humanidad. No se debe uno agotar tan pronto porque las mismas cosas están pasando siempre. Las personas nos enfrentamos a los mismos conflictos constantemente, tanto personales como históricos. Se trata de intentar resolverlo.

David Trueba posa delante del cartel del Festival de Málaga (Efe).
David Trueba posa delante del cartel del Festival de Málaga (Efe).

P. ¿Sigue teniendo claro que ninguna faceta (cineasta, novelista y articulista) ganará sobre otra? ¿Están controladas las tres?

R. Trato de equilibrarlas y dotarlas a las tres del mismo valor porque en el momento en el que sobreaprecie una por encima de las otras también estaré fomentando que los demás lo hagan. Trato de transmitir la sensación de que a todo lo que hago le pongo todo el talento que tengo, las ganas y el esfuerzo. Es muy habitual que me preguntan que cuál prefiero de las tres. Siempre contesto que es obvio que no quiero prescindir de las tres. Las tres ocupan un lugar en mi vida.

P. Repite que no quiere vender los derechos cinematográficos de sus novelas. ¿Y se ha planteado una versión narrativa, literaria, de sus películas?

R. (Silencio de un par de segundos). Es incluso más difícil todavía. Alguna veces me lo han planteado, pero para mí están hechas. Las novelas y las películas están unidas a cómo van a ser contadas. Cuando acabo una novela y alguien me propone llevarla al cine siempre pienso que ya estaba hecha y que la novela es la novela. Y con la película es lo mismo: la hago en el formato en el que me lo ha pedido la idea.

La gente se sorprende mucho cuando les digo que las ideas me vienen asociadas a lo que van a ser. A mí no se me vienen las ideas en abstracto, sino que la idea me viene vinculada a una novela o una película. Y así nunca se trasvasan.

David Trueba, en una librería de Madrid (Efe).
David Trueba, en una librería de Madrid (Efe).

P. ¿Le gusta quedarse en casa para escribir o un retiro de concentración? ¿Dónde le llegan mejor las ideas?

R. Me eduqué en una familia de ocho hermanos donde había un ruido espantoso y aprendí a trabajar en cualquier situación. Para concentrarme no necesito un espacio silencioso. A veces incluso espacios demasiados preservados me perturban. Incluso he trabajado en cafeterías y en monasterios. ‘Abierto toda la noche’, mi primera novela, la acabé en el Monasterio de Silos antes de la moda de los discos gregorianos.

P. Fue afortunado que le echaran de ‘El peor programa de la semana’ de Televisión Española para dedicarse a rematar ‘Abierto…’.

R. Sí, sí… menos mal. Siempre he pensado que en todas las cosas malas algo bueno tienen que traer detrás, o por lo menos te obligan a cambiar y variar y un día dices: “¡Menos mal que me pasó aquello porque si no no habría hecho esto!”. En ese sentido es totalmente positivo. Para alguna veces, algunas veces, me dicen que cuento historias tristes o historias que entristecen a la gente. Creo que nunca del todo, pero al final me considero una persona muy positiva.

P. Una suerte de optimista melancólico, quizá.

R. Puede ser. Como dicen la canción de Kiko Veneno, “soy enamorado de la vida, aunque a veces duela”. Es que creo que si no estás enamorado de ella no puede doler. Y si duele es porque te gusta. A mí me pasa eso con la vida. Como la experimento y la trato de observar en toda su complejidad, me atraen los puntos duros que tienen y también los puntos felices, pero considero que unos sin otros no sería vida para la puesta en escena.

A veces en las redes sociales veo una pantomima de la felicidad o de la perfección y yo digo que eso no es la vida. ¿Alguien se cree esto? La vida es una dosis muy bien medida de cada cosa, un cóctel cuyos ingredientes todos conocemos, pero no sabemos en qué orden van a llegar.

P. ¿Intentan llegar a lo que decían los griegos el ‘mesotés’ (“el punto medio”)?

R. El equilibrio en general me parece la sabiduría. En la salud, en el deporte, en lo mayoritario y lo minoritario… Hay que respetar los gustos de la mayoría porque asumen seguramente la cultura popular de su tiempo, pero también hay que respetar los de la minoría porque representan las claves artísticas. Es muy importante para tu cabeza que el cuerpo funcione, pero tampoco puedes convertir a tu cuerpo en algo así como el ‘director’ de tu calendario.

Al final en España se han entendido el negocio como hacer lo mío y machacar a los demás. Todo tiene que existir. Tiene que haber un señor que venda pan y otro que venda jamón porque si no, no existe el bocadillo de jamón, pero es verdad que cuando te venden empaquetado el pan y el jamón es peor la calidad de ambos.

"Me paran incluso gente por la calle que dice: 'Me gustan más tus novelas que tus películas' o al revés. Y yo contesto que no tienen que elegir"

P. Y luego el problema del encasillamiento. Muchos creen en este país que ninguna persona puede ser al mismo tiempo un buen director de cine, novelista y articulista. Que en alguna de las tres cosas no será tan bueno.

R. Es la competición. A mí me lo plantean mucho y me paran incluso gente por la calle que me dice: “Me gustan más tus novelas que tus películas” o al revés. Y yo contesto que no tienen que elegir, que ya están los jueces para tener que declarar si son 30 días o 30 años el castigo. Nosotros, por suerte, no tenemos que hacer tanto juicio.

“¡Oh, por favor! ¡Loles 'Lion'!”

P. ¿Puede avanzar su próximo proyecto?

R. Será una novela. La tengo en la cabeza bastante avanzada. El 2 de mayo me voy a Italia. Se publica la traducción al italiano de ‘Tierra de campos’. Allí se titulará ‘La canzone del ritorno” (Feltrinelli). Es maravilloso. Me tocan 15 días de viajes por allí.

[La actriz Loles León, tan dicharachera, se acerca a la mesa donde transcurre la entrevista y saluda a David Trueba. “¡Oh, por favor! ¡Loles 'Lion'!”. “He venido aquí a dar un premio, a darle brillo, esplendor y un poquillo de interés”, responde Loles 'Lion'].

Estar fuera es un buen momento para desarrollar historias. Lo que quieres contar es nuevo y se va ampliando sin las exigencias de cuando estás centrado en ella, cuando la vamos condicionando mucho. En cambio, así, va sola. Algunos días no tienes tiempo para pensar en nada y en otros días se te ocurren tres cosas y dices: “¡A ver cuando voy a dedicarle más tiempo!”. Es un proceso continuo.

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