Críticas de cine: La cansina liberación sexual de Sergei Eisenstein
estreno del último filme de peter greenaway

La cansina liberación sexual de Sergei Eisenstein

La nueva obra del provocador director, 'Eisenstein en Guanajuato' es un peculiar biopic que cuenta la estancia del mítico realizador ruso en México, donde quedó maravillado por el sexo y la muerte

Foto: Fotograma de 'Eisenstein en Guanajuato'
Fotograma de 'Eisenstein en Guanajuato'

En 1931, después de revolucionar el mundo del cine con 'El acorazado Potemkin', el director soviético Sergei Eisenstein viajó a México con la intención de rodar una nueva película. Acababa de ser rechazado por la industria de Hollywood, que primero se postró a sus pies para después cerrarle la puerta en las narices por comunista. Eisenstein acudió siguiendo los consejos de Robert J. Flaherty. El realizador de 'Nanuk, el esquimal' sugirió a Eisenstein que fuera a Guanajuato a captar la realidad del lugar. Su gente, sus costumbres, su pasión por la muerte, pero también por celebrar la vida. Allí se quedó 14 meses en los que rodó más de 50 kilómetros de película sin conseguir acabar su proyecto más ambicioso.

El filme estaba financiado por el escritor Upton Sinclair, y en 1979 Grigori Aleksándrov, a partir de los storyboards originales de Eisenstein llegó a terminar una aproximación al montaje que planeaba el director de 'Octubre'. De esta experiencia, que cambió para siempre la vida de Eisenstein, ha nacido la nueva película del inclasificable Peter Greenaway, que podría considerarse el biopic más personal y excesivo de la historia.

Porque si ya de por sí Greenaway tiende al desparrame, con este material entre manos era evidente que la mesura era imposible. El británico mezcla su estilo recargado lleno de sexo, muerte y frases pomposas con las propias imágenes del mítico director soviético. El resultado es tan hipnótico como cansino. Tan autoconsciente que llega a bordear el ridículo, para diez segundos después conseguir momentos de una belleza inapelable.

La cansina liberación sexual de Sergei Eisenstein

Greenaway parece poseído por el espíritu de Eisenstein, y se nota que quiere rendirle homenaje desde esa escena inicial en la que el blanco y negro se mezcla con el color, mientras las escenas de las películas más míticas del realizador van pasando a toda velocidad. El recurso de usar expresivamente estos filmes se repite constantemente, unas veces con más fortuna que otras, siempre con un montaje que es un guiño claro al ruso.

El director convierte a Eisenstein en su alter ego, al que oímos frases que nunca sabremos si dijo en realidad, pero que bien podrían haber salido de la boca del responsable de 'La ronda de noche'. Ambos se muestran fascinados por el sexo y la muerte, y es en México donde ambas pulsiones se ven satisfechas. Un país que rinde culto a los difuntos, pero no desde la lágrima y la penumbra, más bien todo lo contrario.

Allí es donde Sergei Eisenstein se dará cuenta de que a pesar de que sus películas hablen de la muerte nunca la había sentido cerca. Lo mismo pasa con la pasión. Vemos al director portar una maleta llena de pornografía, pero que sin embargo es virgen a los 33 años. En Guanajuato, y de la mano de su guía Palomino Cañedo, descubrirá el sexo y dará rienda suelta a sus deseos en un relato casi iniciático de liberación sexual.

Peter Greenaway posa junto a los dos actores principales en el festival de cine de Berlín (Reuters)
Peter Greenaway posa junto a los dos actores principales en el festival de cine de Berlín (Reuters)

Greenaway se encarga de resaltar el concepto de viaje y descubrimiento mostrando al director como un niño caprichoso que se comporta de manera impertinente, algo que subraya también la interpretación histriónica de Elmer Bäck. Una actuación excesiva que llega a resultar cargante y que destaca en los pocos momentos pausados del filme.

Es en la dualidad sexo y muerte donde la película consigue sus mejores momentos, como esa visita al museo de los muertos, tan dramática como hermosamente filmada; o el encuentro con la tragedia natural y con la muerte de cara. El problema es la incontinencia tanto visual como conceptual de Peter Greenaway, que nunca deja reposar cada escena, sino que intenta que cada una sea más intensa y retorcida que la anterior. Sus mensajes quedan sepultados por nuevas ideas, imágenes y recursos, que muchas veces resultan forzados.

Pese a todo se las apaña para resultar original en cada plano, e introduce ideas interesantes como ese contraste entre el control soviético y un México donde Eisenstein se siente liberado y feliz, e incluso tentado con los placeres que el capitalismo le ofrece. Tanto que hasta su película queda en segundo plano. Le ocurre igual a Greenaway, que entre tanto plano epatante, tanta idea brillante y tanta profundidad termina ahogando y cansando al espectador.

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