El sangriento camino hacia el poder
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Llega la nueva adaptación de 'macbeth'

El sangriento camino hacia el poder

Michael Fassbender y Marion Cotillard protagonizan esta espectacular y fiel adaptación de Macbeth

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'Macbeth'

En su reciente ensayo 'El mundo, un escenario. Shakespeare: el guionista invisible' (Anagrama Ed.) Jordi Balló y Xavier Pérez trazan las huellas del escritor inglés en la ficción audiovisual contemporánea. Los dos autores identifican una serie de motivos temáticos, recursos narrativos, estructuras dramáticas y dibujos de personajes recurrentes en la obra de Shakespeare que perviven en las películas y las series de televisión de nuestra época. Así, relacionan los antihéroes carismáticos de obras televisivas como 'Breaking Bad', 'Los Soprano' o 'Hannibal' con la decisión shakespeareana de no subyugar los protagonistas a la funcionalidad de la trama y, por el contrario, potenciar el personaje como exceso. O también sitúan en el teatro isabelino el origen del gusto por los diálogos chispeantes y la réplica-contraréplica como motor de la historia típico de la mayoría de sitcoms y de títulos como 'Big Bang Theory' en particular.

Balló y Pérez, en resumen, otorgan cuerpo analítico a ese tópico manido que convierte a Shakespeare en referencia inevitable de tantas obras audiovisuales de hoy en día. También es insoslayable citar al autor de 'Hamlet' ante ese subgénero de series políticas que desmenuzan la ambición de poder sin límite de sus protagonistas, desde 'Boss' o 'House of Cards' hasta 'Juego de tronos'. Pocas ficciones han entendido tan bien ese mecanismo de ascenso y caída del poder que mantiene una invariable continuidad como la adaptación de la saga de George RR Martin. 'Juego de tronos' subraya a través de la serialidad ese eterno retorno de la lucha por la corona que el dramaturgo británico desarrolló en su ciclo de tragedias reales.

La tragedia del rey escocés

La filiación shakespeareana de la nueva ficción televisiva y cinematográfica viene a cuento a propósito de la nueva versión de 'Macbeth' con Michael Fassbender y Marion Cotillard como estrellas protagonistas. Llevada al cine por maestros devotos de Shakespeare como Orson Welles ('Macbeth', 1948), Akira Kurosawa ('Trono de sangre', 1957) o Roman Polanski ('Macbeth', 1971), la tragedia del rey escocés que, alentado por su esposa, se sumerge en una espiral de sangrientos crímenes para alcanzar y mantenerse en el trono, ha sido adaptada ahora por el a priori menos experimentado Justin Kurzel. Poco conocido en España, este cineasta debutó en el cine con la muy perturbadora 'Snowtown' (2011), respuesta australiana al cine de psycho killers estadounidense que se adentraba en el ambiente white trash de la sociedad de aquel país a través de la figura real de un personaje al mismo tiempo víctima y cómplice de un psicópata.

A primera vista, poco tiene que ver este primer film con su segundo largometraje. 'Snowtown' se movía por los ambientes sórdidos de ciertas zonas suburbanas de Australia mientras que Macbeth tiene lugar en imponentes castillos y paisajes escoceses. La anterior contaba como protagonista a una familia disfuncional marcada por los abusos y ésta se centra en unos monarcas del siglo XI. 'Snowtown' apostaba por una estética de realismo sucio y 'Macbeth' se decanta por una imagen suntuosa y espectacular. Y sin embargo, ambas se centran en las dinámicas de violencia generadas dentro de contextos muy endogámicos y adoptan cierta estética expresionista que convierte el entorno, bruto y enrarecido en el primer caso, febril y sofocante en el segundo, en un reflejo del estado de ánimo de los personajes.

'Macbeth' se centra en las dinámicas de violencia generadas en contextos endogámicos y convierte un entorno febril en el reflejo del ánimo de los personajes

Kursel ha querido huir del encorsetamiento propio de tantas adaptaciones teatrales y despliega su 'Macbeth' por una serie de localizaciones reales escocesas que otorgan un mayor tono épico a la película, incluso en las escenas más íntimas. Es en esta concepción de grandiosa espectacularidad y al mismo tiempo fiel al contexto histórico en que 'Macbeth' acaba situándose a medio camino del 'Braveheart' de Mel Gibson y de la popularísima serie de fantasía medieval producida por HBO. Como en la película sobre William Wallace, aquí también se hace hincapié en la idiosincrasia propiamente escocesa de la tragedia a través de los lugares de rodaje, el vestuario y maquillaje e incluso los acentos.

Violencia descarnada al ralentí

Lejos de proponer una lectura actualizada del texto, Kurzel se mantiene muy fiel al desarrollo y al registro lingüístico de la tragedia original. Pero aprovecha para subrayar esos aspectos visuales y sonoros que pasan desapercibidos en las versiones escritas o teatrales. En las escenas de batalla iniciales, la violencia descarnada se remarca a través del uso del ralentí. A lo largo de la película, la meteorología ruge de forma tan implacable como la banda sonora, que pretenden transmitir el estado febril y atormentado de los personajes. La pantalla se tiñe constantemente de tonos ocres y rojos, de acuerdo con la obsesión por la sangre que marca a Macbeth y a su esposa.

Macbeth es una de las tragedias de Shakespeare más conocidas y a la vez menos accesibles. La mayoría de adaptaciones cinematográficas, entre ellas las realizadas por Welles y Polanski, se han saldado con un relativo fracaso, como si la propia ambición del proyecto acabara chocando contra un público poco receptivo ante una obra tan repleta de violencia, dolor y delirio. La ambición de Kurzel consiste en servir un 'Macbeth' que no traicione la obra de Shakespeare con una estética reconocible para los espectadores del siglo XXI. Se trata de enlazar la épica sangrienta, la violencia espectacularizada y la empatía por los tiranos humanizados de 'Juego de tronos' con su fuente original.

Pero la puesta en escena de Kurzel resulta por momentos demasiado ostentosa y sobrecargada, de manera que no consigue que la forma cinematográfica eleve los densos monólogos del original. La película no alcanza su objetivo final de convertirse en la primera gran adaptación cinematográfica de 'Macbeth de este nuevo milenio.

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