Sobredosis de feminismo
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estreno de 'sufragistas'

Sobredosis de feminismo

La lucha de las mujeres por el voto se merecía una película más radical y menos convencional. Un filme pensado en ganar premios y en gustar a todo el mundo

Foto: Fotograma de la película 'Sufragistas'
Fotograma de la película 'Sufragistas'

'Sufragistas' habla de un asunto de gran relevancia social e histórica. Ha sido rodada prestando una abrumadora atención al detalle. Ha sido poblada con intérpretes de primera clase que confirmen sus credenciales de cine de prestigio. Sus imágenes carecen literalmente de color, sus escenas derrochan una seriedad que intimida. Todo en ella ha sido diseñado para dejarnos claro que estamos ante una película importante. Y probablemente así sea, y es precisamente por eso que su falta de energía resulta particularmente llamativa. Es una película sobre gente radical que no tiene ni un plano radical en su metraje.

La historia, concretemos, se centra en las luchas de un grupo de trabajadoras por lograr el derecho femenino al voto en una sociedad, la Inglaterra de principios del siglo pasado, que oprimía y ridiculizaba a la mujer en el trabajo, en la calle y en casa. Mientras relata cómo las sufragistas pasaron de la protesta meramente verbal al vandalismo y hasta al uso de explosivos, el objetivo de la directora Sarah Gavron se mantiene obvio: recordarnos lo sacrificado que era defender la causa, y qué viles eran todos aquellos que lo impedían.

Para ello, ha decidido centrarse en personajes más proclives a hablar de personas interesantes que a ser interesantes ellos mismos. La presencia de Meryl Streep en la piel de la activista política Emmeline Pankhurst, por ejemplo, es tan breve que solo se entiende como experimento destinado a determinar qué es lo mínimo que Streep debe hacer en una película para recibir una nominación al Oscar. Al parecer, la tal Pankhurst era una tirana imperialista y antipacifista, una joya. Daría para una película apasionante. Que 'Sufragistas' en cambio preste toda su atención a Maud (Carey Mulligan) es como que una hipotética película sobre el Barça reduzca a Messi a un breve cameo mientras se centra en el utillero.

Maud es uno de los personajes enteramente ficticios de la película, y ha sido concebida a modo de portavoz de todas las heroínas que lucharon aquella contienda. Para asegurarse que empaticemos con ella, Gavron la retrata explotada en el lugar de trabajo, marginada como esposa y madre y torturada en la cárcel. Convierte su periplo en un completo catálogo de abusos, dolor y sufrimiento –¿y qué mejor actriz para encarnar el dolor y el sufrimiento que Mulligan, que incluso cuando sonría se las arregla para parecer deprimida?— para justificar su despertar feminista a pesar de que, en realidad, tal justificación no es necesaria. ¿Cuántas veces necesitamos ver a un niño arrancado de los brazos de su madre para comprender que eso no está bien? 'Sufragistas', pues, es tan sutil como una pedrada. En otras palabras, es seria aspirante a amasar un puñado de candidaturas a premios.

Pronunciar un alegato a favor de una mujer que es objeto de todo tipo de perrerías es, qué duda cabe, más comercialmente astuto que hacerlo a favor de una que lanza bombas. Pero pasar tanto tiempo contemplando el despertar de Maud impide a la película contemplar aquello que la despierta --las sufragistas mismas, su filosofía, sus tácticas, las divisiones en su seno--, y reivindicando algo en lo que ya creemos en lugar de examinar cómo lograron estas mujeres presionar al mundo para que lo creyera.

Está claro que la mujer sigue a día de hoy siendo víctima de desigualdades en todo el mundo, y que por tanto 'Sufragistas' tiene un potencial obvio para estimular la reflexión. ¿Qué sentido tiene limitarse a insistir en que lo justo es que las mujeres tengan derecho a voto? ¿A quién se pretende convencer? Los tarados no van al cine, al menos no a ver películas como esta. Pero por supuesto es mucho más fácil hacer una película que se comunica a través de eslóganes y reduce la Historia al triunfo de la razón sobre la sinrazón, y de los buenos sobre los malos, que una película atenta a, por ejemplo, problemas arraigados en un contexto marcado por el profundo respeto a la tradición y el miedo al cambio. Puestos a protestar, quizá Mulligan, Streep y compañía deberían haberlo hecho por el derecho a un guión mejor.

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