estreno de 'el puente de los espías'

Oscar 2016: Spielberg se monta un trío con los Coen en 'El puente de los espías'

El director vuelve a la carga con una intriga sobria de espionaje. Los hermanos Coen colocan las dosis ácidas desde el libreto

Foto: Fotograma del nuevo filme de Steven Spielberg
Fotograma del nuevo filme de Steven Spielberg

Con el tiempo, Steven Spielberg ha dejado de estrenar sus películas en verano para hacerlo en diciembre. En otras palabras, el hombre que inventó el blockbuster hace tiempo que ya no se conforma con orquestar grandes espectáculos que hacen saltar la banca. Lo que pretende ahora es hacer Cine Importante.

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A simple vista 'El Puente de los espías' es un viaje atrás en el tiempo, a una época plagada de miedo y paranoia en la que el fin del mundo parecía tan cercano como el invierno en 'Juego de Tronos', en la que las líneas ideológicas estaban marcadas a fuego y en la que, al menos en la ficción, la decencia y el idealismo genuinamente americanos podían salvar y derrotar naciones enteras. Sin embargo, lo nuevo de Spielberg no es solo escapismo. Porque pese a que su historia empieza en 1957 y se prolonga solo cinco años, funciona como espejo de este mundo nuestro en el que las libertades básicas desparecen en nombre de la seguridad nacional.

Y porque, como ya hizo en películas previas como 'Munich', 'La lista de Schindler' o 'Lincoln' –las muestras más ejemplares de Cine Importante de su carrera--, aquí el director se pregunta: ¿Cómo preservar la integridad en una sociedad puesta del revés, y en el que la frontera entre lo que está bien y lo que está mal es tan inconsistente como una voluta de humo?

 

La conexión con 'Lincoln' es aún más estrecha. Ambas películas son lecciones históricas sobre un hombre honesto que lucha para que en su país se haga justicia. La diferencia es que 'Lincoln' hablaba de una figura icónica y 'El puente de los espías' lo hace de un individuo tan normal que se pasa la película con la nariz moqueándole: James B. Donovan, abogado de una compañía de seguros que primero es escogido para defender en los tribunales a un espía soviético, Rudolf Abel (Mark Rylance, tremendo), y que se pone a todo el país en contra al hacer su trabajo lo mejor posible; y que después es empujado a viajar a Berlín para organizar un intercambio entre Abel y un piloto americano derribado en espacio aéreo ruso.

Donovan es un personaje a priori perfecto para Tom Hanks, que durante tres décadas ha sido para Hollywood un emblema de la decencia cotidiana y que aquí encarna la versión definitiva de ese principio: un héroe comparable al James Stewart de 'Caballero sin espada', o a una versión de Atticus Finch enfrentada no al racismo sureño sino a la demencia anticomunista. Verle en pantalla es como ver a Messi en el Camp Nou: lo hace fácil. De todos modos, escogerle a él para el papel de algún modo representa una oportunidad perdida. En cuanto lo vemos a él en pantalla sabemos que será la brújula moral de la película porque, demonios, es Tom Hanks. En cambio, habría sido más divertido ver cómo un personaje moralmente defectuoso pero noblote que debe descubrir el límite de su tolerancia a la injusticia y el alcance de su coraje. En fin.

El rey del blockbuster ya no se conforma con rodar grandes espectáculos que hacen saltar la banca. Lo que hace ahora es Cine Importante

Mientras lo acompaña en su periplo, 'El puente de los espías' cambia de piel y deja de ser un drama judicial para convertirse en un thriller de espionaje, o algo así. La acción avanza hasta 1962, el año en el que 007 empezó a enfrentarse a SPECTRA, usar la Beretta y saltar de cama en cama. En cambio, en Berlín Donovan no saca ni la pistola ni el pistolón. Y la película nunca llega a echar mano de la intriga porque, en realidad, más que un thriller de espionaje es un detallado examen de los mecanismos del espionaje.

En otras palabras, una sucesión de escenas de gente que negocia –hay una secuencia o dos de acción, pero existen solamente porque si no el tráiler habría quedado muy soso--. Puesto que eso no suena especialmente interesante, recordemos que la magnífica 'Lincoln' era en esencia lo mismo.

La conexión con 'Lincoln' es estrecha. Ambas son lecciones históricas sobre un hombre honesto que lucha para que se haga justicia

Lo que sí incluye 'El puente de los espías' es un retrato del Berlín de la época, al parecer un lugar absurdo poblado por burócratas excéntricos, joviales agentes secretos y bandas de matones callejeros. Muchos de ellos parecen refugiados de una película de los hermanos Coen, y tiene sentido porque los Coen son coguionistas de la película. Combinar su trabajo con el de Spielberg ofrece un resultado curioso. A este siempre le ha gustado el sentimentalismo y 'El puente de los espías' lo incluye a cucharadas soperas, pero a menudo queda convenientemente diluido con sarcasmo gracias a los ágiles diálogos de Joel y Ethan.

De ser por ellos dos, posiblemente esta película habría sido una comedia sobre la Guerra Fría al estilo de 'Uno, Dos Tres' de Billy Wilder, pero si el veneno apenas llega a aparecer es porque Spielberg obviamente se siente más cómodo dotando hasta a sus personajes más sinuosos de capacidad para la empatía, dando cabida a sucesivos discursos sobre los principios y la integridad y añadiendo una capa de amargura por lo efímera que cualquier victoria diplomacia está condenada a ser.

Si entendemos el cine en términos de manejo de luz y composición y ritmo y atmósfera y emoción pura, a Spielberg no hay quien le tosa

Cierto que, en última instancia, 'El puente de los espías' no tiene nada nuevo que decir sobre las tribulaciones de alguien honorable que trata de transitar tiempos miserables y que, como resultado, se limita a poco más que celebrar el triunfo del sistema americano de justicia gracias a la rectitud de algunos hombres buenos. Cierto también que, como de costumbre, Spielberg no sabe cuándo poner el punto final al relato –la película acumula más finales felices que un día en la programación de Disney Channel-, y que mientras intenta averiguarlo cae en la más desafortunada sensiblería. Pero disculpar esas indulgencias es un precio asequible a pagar por un pedazo de ficción que al ser visto y oído –y casi también tocado y olido— provoca tanto placer sensorial como el primer café de la mañana.

Y que nos recuerda que, si entendemos el cine en términos de manejo de luz y composición y ritmo y atmósfera y emoción pura, a Spielberg no hay quien le tosa. Aunque sea más que nada en ese sentido, 'El puente de los espías' sí es Cine Importante.

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