la industria del cine norcoreano desde dentro

Cómo crear tu propia película de propaganda, según los expertos de Corea del Norte

Anna Broinowski, autora de un documental sobre las técnicas persuasivas del régimen norcoreano, imparte un taller para estudiantes sobre elaboración de filmes propagandísticos

Foto: Kim Jong-un (Reuters)
Kim Jong-un (Reuters)
Autor
Tags
Tiempo de lectura13 min

Anna Broinowski llevaba una vida placentera en un barrio residencial de Sidney hasta que anunciaron que en el parque vecino estaba previsto iniciar unas prospecciones de gas metano. Junto a otros vecinos, Broinowski se movilizó en contra de esta práctica de fracking en un espacio natural donde iba a jugar con su hija. Y decidió combatir con el arma que mejor conocía, el cine. La directora incluso fue un paso más allá. ¿Por qué no rodar una película de propaganda anti-fracking a la manera de la gran potencia mundial en técnicas persuasivas, Corea del Norte?

Su documental Aim High in Creation! (que se podría traducir como ¡Apunta alto en la creación!) supone al mismo tiempo un seguimiento de su viaje al país comunista para aprender los métodos de propaganda de primera mano y la aplicación práctica de las mismas que lleva a cabo con su equipo de trabajo en Australia. ¿Consiguió Anna rodar un filme que disuadiera a los responsables del fracking de perforar en su parque?

Aim High in Creation! se estrena en España en el Atlántida Film Fest, el certamen de cine online organizado por la plataforma Filmin que tiene lugar desde este martes día 9 de junio hasta el próximo 9 de julio. Anne Broinowski ha acudido a Barcelona para dirigir el taller “Crea tu propia peli de propaganda”, una guía práctica de cómo rodar cine revolucionario abierta a colegios y estudiantes de cine.

P: ¿Cómo se despertó su interés por el cine norcoreano?

R: Me regalaron este libro de Kim Jong-il [líder de Corea del Norte hasta su muerte en 2011], The Cinema and Directing (sic), para mi cumpleaños. Es el manifiesto de cómo hacer una perfecta película de propaganda, y tan pronto lo leí me quedé fascinada con el cine norcoreano. No sabía que Kim Jong-il controlaba tanto de cine. Me di cuenta que había estado detrás de muchas películas norcoreanas desde que accedió al Ministerio de Propaganda en 1964, y que el cine que había promovido era lo suficientemente poderoso como para que 24,9 millones de norcoreanos le tuvieran casi por un dios. Como documentalista soy muy consciente de hasta qué punto el cine puede manipular a la gente; me interesa realizar películas que cuestionen cómo piensan y sienten los espectadores, así que quise conocer qué técnicas utilizaba Kim Jong-il para hacerlo.

P: Pero no resulta fácil ver películas de ese país.

R: En absoluto. En cuanto leí el libro empecé a buscar por Internet y encontré solo un largometraje, Pulgasari, algo así como el Godzilla norcoreano rodado en 1985 por Shin Sang-ok y Chong Gon Jo (el primero es el famoso director que fue secuestrado en Corea del Sur por órdenes del dictador para que rodara películas a su servicio). No había nada más a excepción de algún vídeo de karaoke. Así que mis ansias de conocer el cine norcoreano aumentaron ante la perspectiva de ver centenares de filmes que jamás había visto ningún occidental.

P: ¿Y cómo lo consiguió?

R: Me llevó dos años de gestiones. Ir a Corea del Norte como turista no es nada complicado. Basta con apuntarse a algunos de los viajes organizados que habitualmente parten de Pekín. Por un montón de dinero te llevan a Pyongyang durante unos cuantos días siempre y cuando no vayas con una cámara demasiado grande. Es así como acceden la mayoría de periodistas occidentales, que después intentan sacar fotos como pueden. Pero a mí no me interesaba ir de esta manera. Quería disponer de acceso total a la industria del cine y a todo el proceso de producción de un filme de propaganda, del rodaje a la posproducción, y está claro que no lo iba a conseguir yendo al país como turista porque se mueven en tours muy controlados.

Lo mejor era pedir permiso al régimen, convencer a las autoridades de mi propósito sin que pensaran que les estaba mintiendo. Me puse en contacto con diferentes embajadas de Corea del Norte, pero no obtuve respuesta. Incluso llamé a Alejandro Cao [político y periodista español, encargado de las relaciones entre Corea del Norte e Occidente], quien me dijo que no habría problema en conseguir que entrara pero que no me podía garantizar la relación con los cineastas porque no es su área de influencia. Hablé con Koryo Tours, una agencia con base en Pekín especialista en el país, y me contestaron que a todo el mundo le interesaba la cuestión del cine, que me pusiera en la cola...

Tras otros intentos malogrados, volví a contactar con Koryo Tours y les expliqué la verdad: que quería pedir consejo a los directores norcoreanos para llevar a cabo mi propia película de propaganda. “¿Por qué no nos lo has dicho antes?”, me respondieron. Eso cambiaba las cosas porque era una idea única, proponía una colaboración y ofrecía algo a cambio. Lo que la mayor parte de la gente no sabe es que Corea del Norte dispone de un programa que facilita el intercambio creativo con otros países. Y así conseguí entrar.

P: ¿Qué fue primero, la idea de rodar un filme a la norcoreana o la necesidad de denunciar el fracking en su país?

R: Tuve la idea de rodar una película siguiendo sus reglas desde el principio. Repasando las normas de la propaganda norcoreana vi que una era disponer de un “enemigo capitalista imperialista”. Así que estuve pensando qué encajaba mejor en mi entorno en este rol: ¿la presencia de McDonald's en los hospitales? ¿las avariciosas empresas constructoras que están talando nuestros maravillosos árboles y destrozando los bosques de los aborígenes?

'Tuve la idea de rodar una película siguiendo sus reglas desde el principio. Repasando las normas de la propaganda norcoreana vi que una era disponer de un enemigo capitalista imperialista'

Y entonces me di cuenta de que a cinco minutos de mi casa, en el llamado Parque Sídney, el gobierno había dado permiso a una compañía para que perforara en busca de gas metano de carbón. ¡Era el enemigo perfecto! Porque el negocio con este tipo de gas representa el liberalismo económico capitalista totalmente fuera de control. ¡Es el Godzilla del capitalismo! Se usa la propaganda para convencer a la gente de que el gas metano de carbón es limpio, verde y barato. 

P: Su película lleva a cabo una aproximación insólita a la realidad norcoreana: tiene sentido del humor, se interesa más por el discurso oficial que por lo que se esconde detrás...

R: No me he convertido en una experta en Corea del Norte por el hecho de haber estado allí cuatro semanas. Pero sí que he tenido la oportunidad de adentrarme en el seno de la industria cinematográfica como nadie lo había hecho hasta ahora. Y lo que me interesaba era demostrar que Corea del Norte no es un país malvado en su integridad. Creo que los países, como las personas, son complejos. Me preocupa cuando veo que en Occidente se reproducen patrones de propaganda que me recuerdan a los de la Guerra de Irak, cuando nos decían que todos los hombres árabes eran malvados, que todas las mujeres árabes estaban oprimidas y que si invadíamos el país las íbamos a liberar. No deja de ser una forma de deshumanizar a un pueblo antes de bombardearlo.

Con mi película quería mostrar la complejidad de la gente que vive en Corea del Norte; de manera que la próxima vez que oigan en Fox News algún titular del tipo “Kim Jong-un ejecutó a su novia...” se lo piensen dos veces antes de creérselo. Por supuesto que los norcoreanos también me “utilizaron”. Y de lo que me di realmente cuenta allí es de que todo es mucho más complicado de lo que me imaginaba. No se puede negar que todos esos cineastas se dedican a rodar películas de propaganda, filmes que enaltecen la figura de un dictador como Kim Jong-il y a su hijo Kim Jong-un. Pero también es verdad que lo que realmente les interesa es narrar historias sobre la la vida, el amor y la amistad... no tan diferentes de las occidentales.

La directora lee el 'Manifiesto Comunista' en el Museo Kji
La directora lee el 'Manifiesto Comunista' en el Museo Kji

P: ¿Qué le chocó más al conocer de cerca a estos profesionales del cine propagandístico?

R: Me sorprendió que hubiera menos disidencia de la que me esperaba. Soy consciente del papel que juego yo misma delante de las cámaras. Como Nick Broomfield o Morgan Spurlock, también hago un poco el payaso para que la gente se relaje, tome confianza y se abra más. Pero no vi demasiada crítica al régimen por parte de los norcoreanos, ni tan siquiera off the record. En 1989 en Rusia, justo antes de la caída del Muro, existía mucha más subversión. Los cineastas y los dramaturgos trabajaban a dos niveles, eran conscientes de que tenían que ofrecer unas obras que pasaran la censura y al mismo tiempo desarrollaban otras de contrapropaganda. Esto no sucede en Corea del Norte. Realmente se creen las películas que hacen.

P: ¿Por tanto la propaganda funciona?

R: ¿Recuerdas esa escena en la película durante el funeral de Kim Jong-il donde se ve a los norcoreanos llorando tan vivamente que parece que actúen? Pues no lo hacen, lloraban de verdad. Quizá no era exactamente porque le adorasen. Cuando falleció su padre Kim Il-sung, en 1994, sobrevino un periodo de crisis y hambruna durante el cual fallecieron dos millones de personas. Así que es posible que temieran una situación parecida. No lloran por miedo a las represalias. Sino que sienten realmente que su destino está ligado al de sus líderes.

'Con mi película quería mostrar la complejidad de la gente que vive en Corea del Norte de manera que la próxima vez que oigan algún titular del tipo “Kim Jong-un ejecutó a su novia...” se lo piensen dos veces antes de creérselo'

Aunque algunos de los cineastas hayan viajado a otros países, la verdad es que Corea del Norte ha sido un país mucho menos poroso a la influencia exterior que la URSS en su momento. Ha permanecido mucho más aislado, sin Internet ni ningún otro acceso a Occidente, lo que ha permitido que la educación en el culto al líder desde la infancia y la propaganda resultaran más efectivas. Yo no hablaría tanto de un lavado de cerebro como de una religión. Creen en la familia Kim.

P: ¿Estuvo sometida a mucho control durante el rodaje en el país?

R: Una vez me dieron acceso a entrar en la industria, gocé de completa libertad. Podía filmar lo que quisiera dentro de estos límites: los estudios, el museo, las salas, entrevistar a los profesionales... Había pedido acceder a una quincena de lugares, pero ellos me pasaron una lista de cincuenta sitios donde podía rodar. Fuera del mundo de la industria del cine, también me interesaba apuntarme a los tours oficiales, porque quería filmarles mientras me soltaban sus discursos propagandísticos, aquello de “en este parque de atracciones, las montañas rusas no dan miedo, solo divierten” o “por supuesto que es la casa original donde nació Kim Il-sung” mientras te señalan una clara reconstrucción. Quería mostrar hasta qué punto la gente es capaz de repetir un discurso falso porque se lo llegan a creer.

Lo único que controlaban era cómo filmaba los retratos de Kim Jong-il. Podríamos seguir con la analogía religiosa y compararlo al respeto por las imágenes del profeta en el Islam. Siempre que me encontraba con alguna foto, y hay fotos en todas partes, en todas las habitaciones, estancias y edificios porque es obligatorio, lo debía encuadrar en un plano general. Y revisaban siempre el enfoque. No podía aparecer desenfocado. Tuve que suprimir alguna toma muy interesante debido a esto. Solo en una ocasión me impidieron directamente filmar. Un domingo que estaba rodando en una pista de patinaje en Pyongyang a la que acuden muy bien vestidos los coreanos más privilegiados; de repente, aparecieron jóvenes soldados con sus armas y me impidieron seguir filmando.

P: En la película subraya el prestigio de los profesionales del cine en Corea del Norte donde tienen mayor consideración que otros tipos de trabajadores.

R: Es lógico: tienen mucha importancia para el régimen porque el cine es una gran arma de propaganda. Siempre lo ha sido, desde que Lenin lo declaró el arte más importante para la revolución soviética. Y no solo en las dictaduras comunistas. En Occidente ocurre lo mismo. Desde el Pentágono también se ha propiciado un cine de propaganda militar pro americano. Kim Jong-il, a quien le apasionaba el cine, controlaba directamente la mayoría de películas de forma directa: en los rodajes, desde el guion, seleccionando a los intérpretes...

El líder de Corea del Norte (Reuters)
El líder de Corea del Norte (Reuters)

Nunca aparecía en los créditos, pero está claro que incluso dirigió personalmente algunas películas. En la época dorada del cine norcoreano, de finales de los setenta a mediados de los ochenta, los directores de cine eran como estrellas del rock. El gobierno los agasajaba con todo tipo de lujos, desde Rolex a apartamentos, como si fueran la realeza del país. Ahora no gozan del mismo nivel, pero su situación sigue siendo más privilegiada que la media de norcoreanos: reciben cupones para obtener comida extra, si eres mujer te ofrecen un servicio para cuidar de los hijos, los directores de fotografía pueden formarse en otros países, etc.

P: Este martes y miércoles lleva a cabo un taller práctico en Barcelona sobre cómo rodar un filme de propaganda al estilo norcoreano. ¿En qué va a consistir exactamente?

R: Siento mucha curiosidad sobre qué temas me van a proponer los estudiantes catalanes y españoles. Lo único que pido es que vengan con una mente abierta y con un mensaje a transmitir. Yo les explico las técnicas básicas de la propaganda norcoreana, las que aparecen en el filme: arrancar con una metáfora ligada a la naturaleza; exponer en algún momento un discurso socialista potente; aclarar que la unión del pueblo siempre consigue derrotar al enemigo más poderoso; el villano capitalista siempre debe morir; los personajes femeninos son fuertes y activos; la música debe tener protagonismo y utilizarse con una función emocional, y sobre todo un final feliz.

También deben aprender que quién manda es el director y que los intérpretes deben ser convenientemente aleccionados en el mensaje a propagar. Y, como sentencia el título de mi película, en lo creativo se debe apuntar alto. Me he informado un poco antes de venir y creo que hay asuntos locales con mucho potencial: las relaciones entre Cataluña y España, o la nueva alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, que encarna a una perfecta heroína socialista...

Cine

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
3 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios