canciones terroristas

El pop del terror, la música del ISIS

A diferencia de los talibanes, el Estado Islámico no proscribe la música: promueve los temas propagandísticos

Foto: Destrucción de obra de arte en Nimrud a cargo de ISIS
Destrucción de obra de arte en Nimrud a cargo de ISIS

El 25 de febrero, el Estado Islámico estremecía al mundo con un nuevo vídeo. Una vez más, los terroristas de la bandera negra hacían rodar cabezas, pero en esta ocasión no se trataba de la testa de un infiel, sino de las estatuas asirias del museo de Mosul, en Irak. En el vídeo, difundido por ellos mismos, contemplamos a los irhabiyin aniquilar milenios de historia en un instante mientras una dulce voz entonaba un tipo de canción llamado nasheed. Se trata de un género de canción a capela con contenido religioso habitualmente cantado a coro.

Las imágenes recuerdan a los talibán que en 2001 dinamitaron las estatuas monumentales de Buda en Bāmiyān. Talladas en el siglo V, estas figuras de 55 y 37 metros de alto eran consideradas la cumbre del arte greco-budista. Los talibán también lo grabaron en vídeo, pero no lo editaron con ninguna canción. “Desde 1996, en Afganistán estaba prohibida la música”, cuenta Sehra Bilal, refugiado afgano residente en Europa. “Yo me exilié en Pakistán, pero tengo amigos a los que los talibán reprimieron por escuchar música. A mi primo le pusieron una multa porque le encontraron varias casetes en el coche. A un vecino le metieron una semana en la cárcel por no haber roto sus discos”.

A golpes con los instrumentos

En junio de 2012, la guerrilla tuareg Ansar Dine ocupó la ciudad maliense de Tombuktú. Hasta enero de 2013, se dedicó a aterrorizar a la población y a arrasar los bienes artísticos que la Unesco había catalogado como Patrimonio de la Humanidad. Destruyeron mezquitas de adobe, mausoleos y bibliotecas que albergaban manuscritos preislámicos. Como relata la premiada película Timbuktú, la música fue prohibida bajo la ocupación de Anasr Dine. Miles de sintirs, tbels y qraqebs -los característicos instrumentos con los que se toca la música gnawa- fueron destrozados junto a importantes figuras de terracota de la civilización soninque.

La iconoclasia no es un fenómeno reciente, en la medida en que todas las religiones abrahámicas -judía, cristiana y musulmana- prohíben la idolatría. Algunos notables ejemplos son la destrucción de las estatuas greco-romanas durante la antigüedad tardía por parte de los cristianos, las dos épocas iconoclastas del imperio bizantino o la destrucción de arte sacro llevado a cabo en Alemania por el protestantismo durante la Reforma. España cuenta con una vasta tradición de destrucción de iconos religiosos.Recordemos, por ejemplo, las bullangas de 1835 contra las órdenes religiosas carlistas, los incendios de la llamada Semana Trágica de 1909 en Barcelona o las quemas de conventos de 1931, 1934 y 1936.

España cuenta con una vasta tradición de destrucción de iconos religiosos

Durante este último mes, además de las efigies asirias del museo, hemos asistido a la pérdida de las columnas romanas de Palmira, en Siria, las estatuas asirias de Nimrud, en Irak, y a la quema de ocho mil manuscritos, también en Mosul, por parte del ISIS.

Además del arte figurativo, la interpretación del Corán que hacen los irhabiyin prohíbe taxativamente los instrumentos musicales y el baile. Pero a diferencia de los talibán o Ansar Dine, el Estado Islámico no proscribe la música: permite, y de hecho promueve, las nasheed. Aunque no han sido inventadas por ellos -las armonías vocales de contenido religioso tienen una historia centenaria en la cultura islámica y la mayoría de los cantos no tienen nada que ver con el terrorismo- son quienes mejor están explotando su potencia propagandística.

El origen de las nasheed con contenido estrictamente político se remonta a finales de los setenta. A principios de los ochenta, el propio Bin Laden formó parte de un coro que cantaba este tipo de música. Aparecieron en vídeos de las guerras de Chechenia, Cachemira, Yemen o en comunicados de Al-Qaeda, pero nunca como ahora habían gozado de tanta popularidad. Es el equivalente al pop americano del terrorismo pretendidamente islámico: melodías pobres que promueven los valores de la cultura que se pretende imponer.

ISIS ha sustituido el contenido místico de las canciones por las alabanzas al terrorismo

Estas canciones son una parte fundamental de la propaganda del ISIS. Lo que está haciendo el Estado Islámico (EI) es producir un subgénero muy reconocible en el que se incita a dar muerte a los infieles, desaparece casi todo el contenido místico o cualquier referencia a los versículos del Corán y se sustituye por alabanzas explícitas al terrorismo.

Aunque los instrumentos musicales están prohibidos, no lo están los efectos de sonido. Por ello, en numerosas nasheed podemos escuchar cascos de caballo -referencia de la hégira del profeta Mohamed a la Mecca- y otros recursos menos metafóricos como espadas, explosiones o ráfagas de metralleta.

Además de ser la banda sonora de sus vídeos, se pinchan a gran volumen en sound-systems instalados en sus Toyotas por las calles de las ciudades que controlan e incluso se reproducen en el campo de batalla.

La más popular es el himno oficioso del ISIS, titulado “Mi Ummah, ya está aquí el amanecer”. Su autor e intérprete es Abu Yasser. Se trata de un alias. El autodenominado califato no ha hecho pública su autoría, lo que provoca toda clase de rumores. Algunos parten de la coincidencia en el nombre con otro Abu Yasser: uno de los lugartenientes que acompañaba a Bin Laden en sus vídeos, aunque este extremo ha sido desmentido. En las redes sociales, algunos de sus seguidores se preguntan si la misteriosa voz no se corresponderá con la del propio “califa” Abu Bakr al-Baghdadi. Todo queda en el terreno de la especulación.

Además de ser la banda sonora de sus vídeos, se pinchan a gran volumen en sound-systems instalados en sus Toyotas por las calles 

Hay cantantes del ISIS que no están en el anonimato. Es el caso del poeta Ghalib Ahmed Ba'gaiti, conocido por su apodo Abu Hajar Al Hadrami. Nació en 1986 en la ciudad de Mukalla, Yemen.Tras terminar sus estudios de secundaria, quiso hacer la Yihad, por lo que en 2007 se dirigió a Irak junto a un grupo de jóvenes para formar parte de Adawla al-Islamiyya fi Irak, la franquicia local de Al-Qaeda. Sólo dos de ellos consiguieron llegar a su destino. El resto, entre los que estaba Abu Hajar, fueron detenidos en la frontera siria. Fue extraditado a Yemen. Tras pasar cuatro años en prisión, en 2011 se fugó junto a otros 73 prisioneros del centro penitenciario de Hadramout. Durante su estancia en la cárcel compuso su nasheed más célebre: Abki ya América, cuyo título significa “Llora, América”. Celebró su boda en abril de 2012 con un gran banquete al que asistieron numerosos miembros de Ansar Al-Sharia, embrión de lo que luego sería el ISIS. Actualmente forma parte del mismo y se declara fiel seguidor del líder Abu Bakar al-Baghdadi.

Otro es Abu Al-Zubayr, nombre artístico de Maher Mush-Al. Este saudí de 25 años era un cantante que actuaba en televisiones árabes, como Al-Didayah TV, hasta que decidió unirse al ISIS. Ahora vive en Al-Raqqa, ciudad siria gobernada por el Estado Islámico en la que tiene su estudio de grabación. Su nasheed más conocida dice "Oh, Estado Islámico, has iluminado la tierra".

Una de las nasheed que se puso de moda con el surgimiento del Estado Islámico se titula Al-Maliki, tu final será mañana, un tema de más de ocho minutos en el que se recitan toda clase de amenazas dirigidas al ex primer ministro iraquí. Las hay más o menos sutiles como El islam durará para siempre o Soldados de Alá y otras completamente explícitas como El Estado Islámico se ha levantado o las que incluyen versos que describen asesinatos.

El califato sabe que la guerra no se libra sólo con las armas sino también en el plano comunicativo

Las milicias chiítas que tanto en Siria como en Irak luchan contra el ISIS también componen y publican sus propias nasheed. Son fáciles de distinguir pues, a diferencia de las suníes, suelen ir a acompañadas de percusión u otros instrumentos. De hecho, numerosos clérigos chiítas señalan la poca calidad artística y el escaso rigor teológico de las canciones ligadas al Estado Islámico.

Por otro lado, determinados grupos rivales del ISIS, como el Free Syrian Army, han prohibido la reproducción de toda clase de nasheed en las ciudades bajo su control. Asimismo, algunas corrientes radicales del islam político como los wahabistas consideran que las nasheed son haram -pecado-, pues su escucha podría distraer del estudio del Corán.

Estas prohibiciones no han hecho disminuir ni la popularidad ni la cantidad de las mismas. Los canales de Youtube y Soundcloud encargados de su difusión aumentan cada día la colección de nasheed. El califato sabe que la guerra no se libra sólo con las armas, sino también en el plano comunicativo. Es tan consciente de ello que su propaganda se dirige más a occidente que a los países de mayoría musulmana. Prueba de ello es que publica sus vídeos en inglés, y hasta el nombre ISIS es en inglés en vez de en árabe. Esto explica que fantoches como John el Jihadista -famoso por su acento británico y su afilado cuchillo- abandonen el gangsta rap para abrazar la música del terror.

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