Bong Joon-Ho: "El cine coreano ya no necesita la protección del Estado"
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el director de culto analiza el estado de la industria

Bong Joon-Ho: "El cine coreano ya no necesita la protección del Estado"

Bong Joon-Ho opina sobre el modelo cinematográfico de Corea del Sur y la industria americana tras recibir la Espiga de Honor en la Seminci

Foto: Bong Joon-ho, Espiga de Honor en la Seminci (Seminci)
Bong Joon-ho, Espiga de Honor en la Seminci (Seminci)

Cinco películas han bastado a Bong Joon-Ho para convertirse en un director de culto en todo el mundo. El coreano ha encadenado peliculón tras peliculón (Memories of murder, Mother o Snowpiercer) y es una de las caras más conocidas del 'boom' del cine de Corea del Sur que se vive desde hace una década. Tal es su estatus que la Seminci le ha concedido una de las Espigas de Honor más precoces que se recuerdan en el festival. Además el director es miembro del jurado y objeto de un ciclo que repasa su trabajo y los títulos que más le influyeron antes de convertirse en bastión del nuevo cine coreano.

Nombres como Park Chan-Wook o Kim Ki-Duk pertenecen a una misma generación que ha revitalizado una cinematografía que tuvo que esperar muchos años tras el final de su dictadura (1987) para empezar a ser conocida.

Gracias a las ayudas del Estado promoviendo la producción, la distribución y la creación de escuelas de cine se creó lo que Joon-ho ha definido como “una nueva era”. Una serie de realizadores que desde finales de los 90 no paran de ofrecer grandes películas.

El realizador confiesa a El Confidencial que igual de importante que la participación del gobierno coreano ha sido el surgimiento de “muchas empresas privadas que hicieron cambios importantes”. “Se crearon salas y se hizo que para los coreanos fuera fácil llegar a ellas”, añade.

El resultado: la cuota de pantalla del cine realizado en Corea del Sur supera el 50%. Las ayudas siguen existiendo, incluso existe una cuota mínima de pantalla por la que cada cine tiene que exhibir al menos 73 días al año cine nacional.

Todo ello ha ayudado a que actualmente haya un tejido industrial potente que podría sobrevivir sin las ayudas del estado: “Desde el 2000 las empresas privadas que se han creado hacen más cosas por el cine que el Gobierno. Actualmente las películas coreanas son más populares que las extranjeras, asi que el cine ya no necesita esa regulación, esa protección. Es una cosa anticuada”, cuenta Bong Joon-ho a este periódico. Aunque admita que no serían necesarias está de acuerdo con este tipo de ayudas. “Hicieron su trabajo y fue muy útil”, explica.

Joon-ho no tiene problemas en desmontar los tópicos sobre el cine coreano, como que los mismos directores que triunfan en Cannes o Venecia también revientan las taquillas de su país, algo que según el realizador solo ocurre en determinadas ocasiones: “A veces, como con Oldboy o Memories of murders, sí que ocurre, pero no pasa muy a menudo. Nuestra industria es muy dinámica y exitosa, pero también se ha convertido en muy conservadora artísticamente”.

“Las productoras han hecho muchas cosas por la industria, pero intentan controlar la labor de directores y productores, yo ya puedo hacer lo que quiera, pero los nuevos directores pasan momentos muy difíciles con ellas intentando controlar todo”, añade. Luces y sombras del cine coreano por uno de sus maestros.

Contra Harvey Manostijeras

Con su último filme, Snowpiercer, Bong Joon-ho ha conseguido un reparto internacional que le han abierto las puertas de las salas de todo el mundo, pero también se ha tenido que enfrentar a un villano 'made in Hollywood': Harvey Weinstein.

Pese a que la película está producida en su mayor parte en Corea y que durante el rodaje el realizador tuviera libertad absoluta, los famosos productores americanos quisieron crear una versión diferente del filme adaptada para el público americano.

Joon-ho confirma que incluso llegó a hacerse un pase para público con la versión recortada por los hermanos Weinstein y otro con su propia versión. “Harvey Weinstein, que es conocido como 'Harvey Manostijeras', aunque odie el mote, intentó cortar veinte minutos. El resultado de mi versión con la gente fue mucho mejor, así que tras muchas discusiones decidieron sacar mi corte del filme, aunque con un estreno limitado y en circuitos de arte y ensayo”, recuerda riendo.

A pesar de la experiencia el coreano cuenta con agente en Los Ángeles y no descarta rodar en Hollywood siempre y cuando le aseguraran libertad de creación total, como la que goza en su país.

¿Y de su condición de director de culto que opina? Una extraña humildad, poco vista en realizadores americanos y europeos, le hace confesar entre carcajadas que odia sus películas. “Algunas escenas me encantan pero en general me dan vergüenza, es muy duro verlas de nuevo, si pudiera las haría de nuevo”, genio y figura desde Corea del Sur.

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