gonzález macho no ve ilegalidad en la práctica

Cultura reconoce la compra fraudulenta de entradas de cine

El ICAA considera que estos casos "puntuales" no deben manchar la imagen del cine y defiende su forma de actuación en casos como el de José Frade

Foto: Fotograma de 'Por un puñado de besos'
Fotograma de 'Por un puñado de besos'

El tema de la compra de entradas para obtener una subvención vuelve a la palestra. Las prácticas irregulares de los productores para conseguir las ayudas a la amortización son un secreto a voces que muchas veces se ha intentado acallar.

En un artículo, publicado ayer por este medio, se desvelaba que José Frade Producciones Cinematográficas había comprado cientos de entradas para su filme Por un puñado de besos, algo que desde la empresa negaban.

El ICAA (Instituto de la Cinematografía y las Artes Audiovisuales) ha opinado sobre este tipo de prácticas, y sobre los medios y técnicas que el Ministerio de Cultura aplica para que esto no ocurra. Reconocen los casos de “compras fraudulentas” aunque consideran que son puntuales y que esto "no debe manchar la imagen del sector", y piden que la gente denuncie estos hechos.

Que salgan a la luz casos puntuales no significa que no se lleven a cabo controles. No hay dejadez de las Administraciones respecto al control de las salas“En los últimos tres años se han abierto nueve expedientes que tienen su origen en falseamiento de taquilla”, cuentan a El Confidencial, a la vez que explican (y defienden) cómo se actúa en estos casos, en los que la peor parte se la lleva la sala de exhibición, a la que se puede aplicar una sanción de hasta 75.000 euros. Por su parte, los productores podrían llegar a perder la subvención (la Ayuda Complementaria) al ver cómo se le descuentan el número de espectadores de su cómputo, aunque no lleva adjunto un castigo económico.

Es decir, la compra de entradas por las productoras es considerada un caso de falseamiento de datos para poder obtener ayudas, y como tal es penalizada.

“Estos son comportamientos fraudulentos respecto al acceso a las ayudas” explican sobre su modus operandi, que califican de exitoso: “Que salgan a la luz casos puntuales no significa que no se lleven a cabo controles. No hay dejadez de las Administraciones respecto al control de las salas”.

Este control es realizado mediante inspecciones que verifican el número de espectadores (además de otras cuestiones), de las que se levanta un acta en la que se recogen todas las incidencias. Si el número de entradas vendidas difiere en más de un 20% del número de personas que se encuentran disfrutando de la película estamos ante un caso de "compra fraudulenta" de entradas.

Un sistema “perverso”

Más tajante se mostraba la directora del esta institución, Susana de la Sierra, en el documental La pantalla herida, donde afirmaba que la famosa compra de taquilla podría reconducirse creando un sistema en el que las ayudas se dieran mediante un “sistema colectivo, y no mediante un sistema automático”, además de que se concedieran por anticipado.

La propia De la Sierra califica la actual ley en el documental como un “sistema perverso” que incita a estos hechos. ”Uno se pone en la piel de una persona que ha invertido millones de euros, que ha obtenido un préstamo a cargo de la línea ICO, que estrena, que no alcanza el número de espectadores y que tiene 1.200.000 de deuda. Desde esa perspectiva, y sin justificar la práctica, se entiende la lógica que lleva a que alguien haga esa compra de taquilla”.

Se ha creado una psicosis extraña respecto a la compra de entradas, no es ilegalEl director de la Academia de Cine, Enrique González Macho, cree que el mecanismo funciona perfectamente, aunque admite que la ley actual no es buena. El productor opina que, a pesar de que exista tal compra de entradas, esta práctica está demonizada: “Puede ser cierto que se compren entradas, hay muchas veces que las películas se promocionan a través de agencias y se regalan entradas, eso es legal. Se ha creado una psicosis extraña respecto a la compra de entradas, no es ilegal” comenta a este periódico.

González Macho subraya que adquirir entradas no es delito, y lo compara con las invitaciones a cualquier otro evento deportivo o cultural: “Es como cuando te invitan al fútbol, o a los toros, nadie se pregunta quién ha comprado esa entrada que te dan. Si la ha comprado uno u otro eso no importa, se han comprado para sus clientes. Las entradas se venden y se pagan, no pasa nada, no veo dónde está el delito. Si están declaradas y compradas ¿dónde está el problema? No entro en la motivación que haya detrás de ello”.

El productor no entra a valorar si cree que esa compra de tickets se realiza para conseguir las cifras mínimas para una subvención, y le extraña que José Frade haya realizado la práctica que denunciaba este medio.

La venta de entradas es uno de los temas que se trataban en el documental La pantalla herida. Su director, Luis María Ferrández, cree que “este país necesita la verdad”, tanto de los cineastas como de los periodistas.

El director critica cualquier actividad que ensucie la imagen del cine español, que ya tiene difícil por sí solo convencer al espectador. “La gente de la industria, la mayoría, quiere que se acaben estas prácticas. Esto mancha al cine español y hay que defenderlo. No podemos permitir que haya gente que lo manche. Soy un firme valedor de un cine español transparente, pulcro, plural, en el que no tenga cabida todo aquello que no sea ético; y si no es así que se vayan fuera de la profesión, creo que casi todos estamos en la misma línea”, comenta a este medio.

La mayoría del cine español es honrado y honesto, en contra de esa minoría que choriceaFerrández cree que aquellos que compran entradas están “jugando con el dinero de todos los españoles”. “El problema es que estamos en un sistema en el que la hace la ley hace la trampa, y encima al que hace la trampa no le pasa nada”, añade.

Su mensaje es claro: “La mayoría del cine español es honrado y honesto, en contra de esa minoría que choricea”.

Como la directora del ICAA, el director abre el debate hacia si la actual ley –que también considera “perversa”– no induce en cierto grado a estas prácticas que no son éticas. Una ley en proceso de cambio, pero que todavía se desconoce qué aspectos cambiará.

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