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Tras las 'monomanías' de Géricault: un español encuentra sus cuadros de locos perdidos
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retratos en los asilos parisinos

Tras las 'monomanías' de Géricault: un español encuentra sus cuadros de locos perdidos

El científico Javier S. Burgos publica el hallazgo de un segundo lienzo extraviado de Théodore Géricault, perteneciente a su serie de retratos de pacientes psiquiátricos en el siglo XIX

Foto: La 'monomanía' descubierta por Javier S. Burgos.
La 'monomanía' descubierta por Javier S. Burgos.

Con 27 años, la crítica se ensañó con Théodore Géricault por el que quizá fue el cuadro más importante de su carrera, en el que había trabajado durante ocho meses. Los cronistas del Salón de París de 1819 vieron en la obra un puñado de cuerpos ajados y pálidos, con una composición pobre y un estudio de la luz fallido. El tema de la pintura era lo suficientemente polémico y, aunque el título no lo mencionaba, los asistentes sabían de quiénes eran esos rostros desencajados. 'La balsa de La Medusa' es el nombre por el que ahora se conoce el cuadro, con el que Géricault captó los últimos días de uno de los naufragios más polémicos y macabros de la historia de Francia.

Para documentarse, el pintor se entrevistó con los pocos supervivientes del accidente -aquellos que superaron las dos semanas a la intemperie, sin comida ni agua, recurriendo incluso al canibalismo-. Pasó días realizando bocetos de enfermos terminales en algunos hospitales de París, de cuyas morgues conseguía las partes del cuerpo necesarias para su lienzo. Así que, cuando el psiquiatra Étienne-Jean Georget le encargó que retratara a diez enfermos de un sanatorio, Géricault ya estaba familiarizado con la materia. El médico le pidió que captara a pinceladas lo que, por entonces, se creían manifestaciones físicas de las enfermedades mentales. Esa serie de retratos fue uno de los trabajos más inusuales del autor, ya conocido por 'La Medusa'. De las 'Monomanías' solo se conservaban la mitad de diez obras, las correspondientes a la envidia, la fijación obsesiva, la cleptomanía, la ludopatía y la pederastia. Así fue hasta que, hace un año, el investigador español Javier S. Burgos encontró dos de los retratos perdidos casi por azar: 'El hombre melancólico', descubierto en 2021, y la 'Monomanía resultante de la embriaguez', publicada recientemente en 'The Lancet Neurology'.

placeholder El retrato del 'Hombre melancólico', descubierto por Burgos en 2021.
El retrato del 'Hombre melancólico', descubierto por Burgos en 2021.

"Ahora sabemos que no se puede inferir el comportamiento de nadie a partir de sus rasgos, pero en aquel entonces la fisiognomía era algo que se desarrolló hasta mediados del siglo XIX", explica Burgos a El Confidencial. "Los médicos franceses de entonces ni siquiera se llamaban psiquiatras, sino alienistas, porque trataban con personas alienadas. Y antes de que irrumpiera esta corriente, se trataba a los pacientes mentales como a gente endemoniada. Los psiquiatras como Georget dieron un impulso a la psiquiatría moderna, empezando a tratar y observar a sus pacientes como enfermos para usar el método científico", explica.

Javier S. Burgos, doctor en Biología Molecular e investigador de enfermedades neurodegenerativas, se topó con las 'Monomanías' de Géricault y se interesó por ellas "como una curiosidad histórica". Aquellos retratos fueron pensados para los estudiantes de la Escuela de Medicina de París, para que supieran reconocer la apariencia física de distintas obsesiones o fijaciones mentales, que entonces se denominaron 'monomanías'. Géricault ejerció como retratista de un método científico incipiente, erróneo pero humanizador, que empezaba a considerar a los habitantes de los sanatorios como pacientes. "En el París del siglo XIX, los hospitales mentales eran como cárceles", relata Burgos. "A la gente se le pegaba, se le encadenaba, se le privaba de agua y comida. En un asilo de Londres, por ejemplo, la gente pagaba un penique por pegar a los 'alienados'. Hasta el desarrollo de la escuela de psiquiatras de París, veníamos de ahí".

Las 'Monomanías' perdidas

Fascinado por las pinturas de Géricault, Burgos comenzó "una búsqueda metódica". "Empecé por internet, solo por curiosidad. Con el tiempo, terminé en una vorágine de tesis, artículos académicos, exposiciones, catálogos... Soy puramente autodidacta, yo me dedico a la ciencia. Pero entré en esta aventura", cuenta. El primero de los cuadros perdidos lo encontró en una exposición sobre arte y locura en Rávena. En uno de los vídeos promocionales del evento, encontró un cuadro atribuido a Géricault que parecía encajar con las medidas y las características del resto de la serie.

"Pedí información al museo y me dijeron que se trataba de un cuadro proveniente de una colección privada italiana. Finalmente, fue la familia la que me invitó a verlo y así pudimos constatar que se trataba de una de las 'monomanías' de Géricault", cuenta. "El cuadro estuvo expuesto, pero nadie dijo nada al respecto. Digamos que estaba 'a la vista'. Como había leído tantos tratados, el título me pareció revelador: 'El hombre melancólico'. En aquella época, la melancolía era una de las manías que describía Georget".

placeholder 'Monomanía del robo de niños' (pedofilia), de Géricault.
'Monomanía del robo de niños' (pedofilia), de Géricault.

A la muerte de Géricault, dos de sus alumnos adquirieron los diez retratos. Uno de los juegos de cinco pinturas es el que permanecía en paradero desconocido, hasta que Burgos encontró dos de ellos. El descubrimiento más reciente, la 'Monomanía resultante de la embriaguez', apareció en una galería de arte en Francia. El patrón de las pinceladas, los colores y la apariencia del hombre retratado fueron algunas de las pistas que condujeron a la investigación. Finalmente, una etiqueta rasgada en la parte posterior del cuadro confirmó el hallazgo: "Este retrato de un loco pintado por Géricault me lo regaló la viuda de D. Maréchal en 1866, París".

La serie de las 'Monomanías' supuso no solo un hito científico, sino artístico. 'La balsa de la Medusa' se considera una obra precursora del Romanticismo en la pintura francesa. De hecho, uno de los rostros de los moribundos pertenece a Eugène Delacroix, el autor de la canónica 'Libertad guiando al pueblo'. Para el óleo del naufragio, Géricault no solo bosquejó los cuerpos de moribundos, guillotinados y mutilados de los asilos de París, sino que pidió a uno de los carpinteros del barco que replicara la balsa a tamaño real. Hasta tal punto se sumergió en los detalles del accidente, que se sirvió del testimonio de dos de sus supervivientes, Henri Savigny y Alexandre Corréard, que también terminaron posando para el cuadro.

placeholder 'La balsa de la Medusa'. 1819. (Théodore Géricault. Museo Louvre)
'La balsa de la Medusa'. 1819. (Théodore Géricault. Museo Louvre)

"Al cabo de los días, los pasajeros de la balsa de la Méduse se vieron en la necesidad de completar la ración de vino con agua salada y orina, y al tercer día ya aparecieron casos de canibalismo. Aquellos que habían conservado la vida se lanzaron ávidamente sobre los cadáveres que cubrían la balsa. Los cortaron en trozos e incluso algunos los devoraron inmediatamente. Una gran parte de nosotros rechazó tocar aquel espantoso alimento, pero finalmente cedimos a una necesidad, que es más fuerte que cualquier humanidad. Veíamos aquella horrible comida como un medio deplorable y único de prolongar nuestra existencia", rezaba el testimonio publicado.

El psiquiatra Georget escogió a Géricault, entonces conocido por su retrato del naufragio terrible y emigrado en Inglaterra, para llevar los trastornos psíquicos al lienzo. En un intento de reproducir los avances de la entonces innovadora fisiognomía, que diagnosticaba enfermedades a partir de los rasgos físicos. Pero, también, en un ejercicio de la penetración psicológica propia del arte romántico. "Héctor Berlioz escribió una sinfonía entera sobre lo que parece ser una descripción de su epilepsia, cuenta Burgos. "Muchos años después, el pintor William Utermohlen realizó una serie de retratos mientras su alzhéimer avanzaba. Esos juegos entre pintura y ciencia son una constante. El artista se nutre de su mundo, y su mundo puede ser la enfermedad".

Con 27 años, la crítica se ensañó con Théodore Géricault por el que quizá fue el cuadro más importante de su carrera, en el que había trabajado durante ocho meses. Los cronistas del Salón de París de 1819 vieron en la obra un puñado de cuerpos ajados y pálidos, con una composición pobre y un estudio de la luz fallido. El tema de la pintura era lo suficientemente polémico y, aunque el título no lo mencionaba, los asistentes sabían de quiénes eran esos rostros desencajados. 'La balsa de La Medusa' es el nombre por el que ahora se conoce el cuadro, con el que Géricault captó los últimos días de uno de los naufragios más polémicos y macabros de la historia de Francia.

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