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El fontanero proscrito de Ágata Lys: la extraña muerte de una reina del destape
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Del erotismo al vacío

El fontanero proscrito de Ágata Lys: la extraña muerte de una reina del destape

España tarda cuarenta días en enterarse del fallecimiento de una de las actrices más populares de la Transición. ¿Qué ha pasado?

Foto: Ágata Lys en 1995. (EFE)
Ágata Lys en 1995. (EFE)

40 días y 40 noches de ignorancia y olvido. Ágata Lys (Valladolid, 1953) falleció en Benalmádena el pasado 12 de noviembre, pero no lo supimos hasta 40 días después, el 22 de diciembre. ¿Cómo puede morir una de las reinas del destape y que nadie se entere?

Lo increíble no es que España haya tardado 40 días en enterarse de su muerte, sino que podían haber sido 400 días más. El fallecimiento salió a la luz por las pesquisas del representante Tony Aliaga, biógrafo de María José Cantudo y amigo personal de Lys. Aliaga llamó a la actriz el pasado 3 de diciembre para felicitarle por su 68 cumpleaños; él no lo sabía, pero Lys llevaba 21 días muerta. Aliaga siguió llamando, empezó a preocuparse, trató de contactar con ella por diversas vías y, días antes de Navidad, recurrió al Registro Civil. Su amiga había muerto el 12 de noviembre, según 'El País'.

"Estuve con ella antes de la pandemia. La vi superguapa en el mercadillo de Torremolinos. Me contó que estaba tratando de superar la muerte de su marido, que estaba muy triste y que no quería ya trabajar", contó un amigo de la actriz a Vanitatis, que describió así sus últimos días: "Vivió una vida discreta en Benalmádena de la que casi nadie supo. Se refugiaba en sus cuadros, la pintura le seguía gustando mucho, y siempre la veían en su terraza pintando algo. Otros se la encontraban por el barrio".

La explicación familiar a la indetectable muerte de Ágata Lys sería la siguiente: viuda, sin hijos y sin relaciones familiares cercanas. Nadie comunicó la muerte.

La explicación social a su ostracismo es algo más larga.

"Lys sabía que explotando su imagen de rubia maciza ganaría dinero"

Tras conocer la muerte, Valeria Vegas, guionista de 'Veneno', escribió en su Instagram: "Ha fallecido Ágata Lys, sex symbol absoluto de una España que empezaba a despertar. Y actriz estupenda. Realmente murió hace algo más de 40 días, en un silencio misterioso (e injusto) que no ha trascendido a los medios ni a la profesión. Se ha ido con la misma discreción con la que decidió retirarse hace 15 años... Se ha ido una curranta en un país ingrato".

La última vez que vimos a Lys en pantalla fue en 'Amar en tiempos revueltos' en 2007. Luego desapareció del mundanal ruido y se retiró a la Costa del Sol.

Verónica Forqué murió en pleno fervor mediático vía 'MasterChef'; Ágata Lys, en estricta soledad social. Lys fue musa del destape y Forqué de la modernidad que enterró el destape. Ambas tuvieron una decadencia en común: luz de gas de la industria del cine a sus actrices veteranas.

placeholder Lys en la prensa de la época.
Lys en la prensa de la época.

La otra Transición

Tras hacerse famosa como azafata en el 'Un, dos, tres', Ágatha Lys rodó 18 películas entre 1976 y 1978 como diva del destape, seis al año. Pero los siguientes 43 años, rodaría solo 9, desplazada a roles secundarios, aunque prestigiosos, como 'Los santos inocentes' (Mario Camus), 'Taxi' (Carlos Saura) o 'Familia' (Fernando León). Su reciclaje de reina del destape a actriz premiable quedó a medias.

A Ágata Lys le bautizaron como "la Marilyn de Valladolid" y en 1976 protagonizó 'La nueva Marilyn', de José Antonio de la Loma, en la que una chica de provincias escalaba en el 'show business' explotando su parecido con Marilyn Monroe. Lys, en definitiva, era tan popular que protagonizaba papeles a medida.

La Transición fue una cadena de montaje de películas de género y serie B: eróticas, terror, fantásticas. España produjo más de 1000 películas de destape en los años setenta, según una tesis doctoral de Natalia Ardanaz.

Pilar Miró, directora general de Cinematografía, mandó parar en 1983, desviando las subvenciones, comité de selección mediante, hacia el cine de "calidad". Resumen brutal y esquemático de la Ley Miró: del destape de garrafa al afrancesamiento fino.

El género B a destajo se vino abajo. El denominado cine S quedó enterrado entre el cine X (que Miró legalizó) y el cine de 'qualité'. Hay quien vio una mano negra moralizante contra el destape. Lo contó Mariano Ozores en sus memorias ('Respetable público'): Pilar Miró le vetó para las subvenciones por hacer, según ella, "cine para fontaneros". España pasó página. El destape pasó de cine para masas a cine para frikis, la comedia madrileña barrió a Ozores y los dramas literarios tomaron los Goya. El destape pasó a ser de mal gusto, y sus divas sufrieron para reinventar sus carreras: casi ninguna logró dar el salto al cine de "calidad", atrapadas en el nicho crepuscular para vedettes maduras o directamente olvidadas.

La lucha, en definitiva, era por ser tomadas en serio. A Ágata Lys no fue ni mucho menos a la que peor le fue, pues prolongó su carrera dos décadas en teatro, tele y cine como secundaria. No obstante, el cambio de paradigma cultural del 83 explicaría que haya muerto envuelta en un silencio atronador.

El cine 'exploitation' español (Ozores, Naschy, Franco) hubiera necesitado una fuerza cultural tipo Tarantino (que recuperó a Pam Grier en 'Jackie Brown') para dar una segunda vida a sus divas.

"Siempre tuve claro que el desnudo no era algo impúdico. Impúdico es robar, mentir, estafar"

Surfear la ola

Lo fascinante es que, al poco de morir Franco, Ágata Lys ya era plenamente consciente de que, cuando bajara la ola del destape, tendría problemas para hacerse un sitio en el cine de "calidad": "Sé que es muy difícil ese salto, pero no puedo hacerlo todavía, me queda trabajo por hacer, aún tengo que hacer de niña tonta", dijo a Rosa Montero en 1976 en 'Hermano Lobo'. Es decir, en esa entrevista dio muestras de más cosas: sabía a qué jugaba y sabía tomarse con humor su estatus:

"La gente cree que soy gilipollas, absolutamente tarada. Pero a mí me ha venido bien que lo creyeran, porque así me han dejado trabajar tranquila".

"No quiero participar en política. Respeto muchísimo todo esto, pero por ahora prefiero seguir siendo rubia platino".

"Tengo que reírme hasta de mi sombra porque si no, sería terrible".

Rosa Montero resumió así la encrucijada Lys: "Ágata vive en un mundo imaginario de champán bebido en zapatos de tacón, pero con la grave diferencia de que, en lugar de hacerse con una mansión en Beberly Hills, tendrá que contentarse con un chalé en Móstoles".

En otras palabras: el 'star system' nacional se movía entre el glamour y el cutrerío, y la línea entre el éxito, el olvido y la precariedad era fina.

En 'Carne de cine', ensayo sobre el destape escrito en caliente (1975) por Pancho Bautista, Ágata Lys habló a calzón quitado: "Sí, es cierto, tengo estudios universitarios. Y también es cierto que en las revistas más o menos frívolas me dedico a decir chorradas en una línea mongólico mental cuando me entrevistan. Porque es lo más conveniente y recomendable en el país en que vivimos (...) Porque lo que interesa es que digas cuantas más tonterías mejor, porque eso es lo que vende revistas".

"Lys sabía que explotando su imagen de rubia maciza ganaría dinero, pero siempre se mantuvo alejada del mundo de la farándula y de todo lo que aquello significaba para una mujer con inquietudes intelectuales", según la tesis de Ardanaz.

"Soy consciente de que he interpretado películas más por mis senos y cuerpo que por mi labor artística, pero no me quedaba otra alternativa. Nunca me ha gustado ser mujer objeto en un rebaño de chicas monas. Porque hacer cine por la vía de la cama es firmar tu sentencia de muerte cinematográfica", añadía Lys en 1975 en 'Carne de cine'.

La modernidad

"A los ídolos del destape les ocurrió lo mismo que a las folclóricas en los setenta: se los asoció a un momento muy concreto, se los estigmatizó y llegó una nueva hornada de intérpretes", según Valeria Vegas.

En efecto, otra manera de ver la Ley Miró es que la serie B picante hubiera sido engullida por los nuevos tiempos con o sin Pilar Miró. Eso no quita para que la nueva modernidad ochentera tuviera algo de espejismo. En teoría no había sitio para la caspa en un país que abrazaba la modernidad internacional, pero como comprobó Lys en sus propias carnes, el país viajaba a distintas velocidades. Dentro anécdota sobre la esquizofrenia de la época:

Lys también fue cantante, como invitada de la Orquesta Mondragón, o con su propio espectáculo cabaretero. Durante los San Fermines de 1985, dio un bolo en el Club de Tenis de Pamplona… que acabó en jarana. La aparición en escena de la diva junto a dos bailarines con mallas ajustadas, fue recibida por parte del público con gritos de "maricones, maricones" durante varios minutos. Hubo lluvia de objetos. Un vaso impactó en el rostro de Lys.

"La gente cree que soy gilipollas, absolutamente tarada. Pero a mí me ha venido bien que lo creyeran, porque así me han dejado trabajar"

"Yo he venido a actuar. Una cosa son las bromas y otra, este comportamiento. Yo cobro y tengo obligación de cantar. Ustedes pagan y tienen obligación de escuchar. El que no quiera escuchar que se vaya", espetó Lys, según las crónicas de la época.

Nuevos abucheos.

"Con el gesto crispado Lys dirigió su dedo índice hacia un joven y gritó en tres ocasiones: 'Cretino. Eres un cretino'", según el 'Diario de Navarra'.

Fin del concierto.

Lys y sus bailarines se encerraron en los camerinos, cobraron (360.000 pesetas) y volaron. El director del Club de Tenis de Pamplona, Pedro del Nido, dejó una frase para la historia de los 'modernos' ochenta: "La actuación de Ágata Lys fue impresentable en todos los sentidos. Los jóvenes que le cantaban no estuvieron groseros con ella y cuando se referían a sus bailarines llamándoles maricones era porque al menos lo parecían".

Nadie dijo que ser diva de la modernidad en España fuera fácil.

La última entrevista

Amilibia fue la última persona que entrevistó a Lys en 2012 en 'La Razón'. La actriz dijo que estaba apartada, pero no retirada, y dejó varias síntesis sobre su vida y su carrera:

"He recuperado mi nombre [Margarita García San Segundo], mi verdadera identidad, después de casi 40 años interpretando otros personajes; he vivido poco mi propia vida: ahora me toca vivirla".

"No concedo entrevistas porque no tengo nada que promocionar; vivo alejada de todo eso", pero "una actriz de verdad no se retira. Nunca he tenido miedo a que me olviden. Si tuviera miedo al olvido no sería libre. Estoy en la retaguardia, viviendo. Necesitaba un tiempo de silencio y me lo he dado. Si me ofrecen algo interesante, lo voy a hacer aunque tenga 80 años, si no, no pasa nada".

"Nunca he tenido miedo a que me olviden. Si tuviera miedo al olvido no sería libre"

"Nunca tuve vergüenza de mostrar mi cuerpo y siempre tuve claro que el desnudo no era algo impúdico. Impúdico es robar, mentir, estafar… Si de joven no eres transgresora y rebelde, ¿cuándo lo vas a ser?... Por eso ahora gozo de una madurez espléndida y puedo envejecer con dignidad: ya hice lo que tenía que hacer de joven".

"Nunca tiré el dinero: sabía que lo iba a necesitar para pagar mi libertad. Vivo bien porque tengo pocas necesidades".

"Todas mis películas forman parte de mi vida… Algunas fueron muy buenas… Otras fueron malas. Pero las salvo a todas: en ellas está la España que fue y nuestra juventud… No me avergüenzo de nada. Siempre he sido una mujer que ha llevado la dignidad por bandera. Me iré desnuda de este mundo, como vine, pero con la dignidad intacta".

Ágata Lys murió en silencio absoluto, pero se fue libre y con la dignidad intacta. Olvidada, sí; juguete roto, no.

40 días y 40 noches de ignorancia y olvido. Ágata Lys (Valladolid, 1953) falleció en Benalmádena el pasado 12 de noviembre, pero no lo supimos hasta 40 días después, el 22 de diciembre. ¿Cómo puede morir una de las reinas del destape y que nadie se entere?

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