Sally Rooney, la millennial superventas: "Mis personajes son tan ridículos como yo"
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Sally Rooney, la millennial superventas: "Mis personajes son tan ridículos como yo"

La escritora irlandesa es todo un fenómeno de la literatura mundial y ahora publica en español su nueva novela: 'Dónde estás, mundo bello' (Random House)

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Sally Rooney (Reuters)

El sentimiento de insuficiencia general de los millennials se llama Sally Rooney y hay quienes llaman ya 'la Jane Austen de las nuevas generaciones'. Si la irlandesa ya se había convertido en un éxito de ventas tras 'Conversaciones entre amigos' (Random House, 2017) y el bombazo de ‘Gente normal’ (Random House, 2018) - adaptada en formato serie por Hulu y la BBC- el lanzamiento de 'Donde estás, mundo bello' (Literatura Random House) mantiene a sus más acérrimos lectores en vilo. Y a los que no, también ante la avalancha de recomendaciones en redes sociales.

Rooney escribe sobre las relaciones humanas, el compromiso, la falta de algo -¿de qué?- que no permite completar los vínculos emocionales. A veces todo no es suficiente y Rooney pone sobre la mesa la validez de ese argumento. Y habla de convertirse en un adulto: tener la obligación de comprender la fluidez de las relaciones actuales y además, gestionar el resto de los asuntos vitales. Hacerse mayor en un mundo marcado por las crisis económicas, la precariedad laboral y el avance del cambio climático. Precisamente, cuando nada es suficiente, el lector que se siente egoísta por no ser del todo feliz, se sorprende comprendido por la unanimidad de ese sentimiento. ‘Donde estás, mundo bello’ comparte, además, conflictos familiares, aspiraciones laborales -¿propias o ajenas?- y los contrastes de la amistad, el amor y el sexo a través de correos electrónicos entre dos viejas amigas.

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Portada de 'Dónde estás, mundo bello' | Random House

A propósito del lanzamiento de su última novela, El Confidencial publica en exclusiva en español la entrevista de Alex Clark a Salley Rooney, el ‘fenómeno literario de la década’ según The Guardian y ganadora de premios con el Costa Novel Award por 'Gente Normal' en 2018.

PREGUNTA: ¿Qué le parece si empezamos por el título del libro? (Sus notas al texto dicen que es una frase sacada de un poema de Schiller al que Schubert pondría música más adelante y que en 2018 sirvió de título genérico para la Bienal de Liverpool, que es donde a usted le llamó la atención.) ¿Qué connotaciones tiene para usted esta frase?

RESPUESTA: Me topé por primera vez con la frase escuchando una retransmisión de la BBC sobre la Bienal. El espacio, que formaba parte del programa radiofónico Saturday Review, utilizó como acompañamiento musical en la hermosísima interpretación del lied D677 de Schubert por parte de Ian Bostridge y Julius Drake. Y esa frase se me quedó grabada. Era el verano de 2018, justo cuando empecé a trabajar en lo que acabaría siendo esta novela. Hasta el otoño de aquel año no visité la Bienal, y creo que fue por esa época cuando decidí utilizar el título para mi libro.

Evidentemente, la frase encierra un cierto desencanto respecto de la vida contemporánea. Sacado de contexto, ese desencanto podría tener una carga de pura nostalgia –el 'mundo bello' cabría identificarlo con algún momento histórico concreto–, o podría ser más vago, más difuso. La recurrencia de este tema a lo largo de la historia de la literatura llegó a fascinarme por un tiempo: la tradición del ubi sunt en la poesía latina, la importancia de las ruinas y el deterioro en la literatura anglosajona, y luego la comparación entre la relativa pobreza estética de la era moderna y el supuesto esplendor de la vida antigua por parte de poetas del XVIII como Schiller. Creo que la idea de la agonía de un mundo bello es plenamente contemporánea, no solo por el momento político que vivimos sino también por la crisis climática. Pero, en realidad, la terminología cultural para definir esta experiencia es muy anterior a nuestras actuales circunstancias, y eso me parece interesante.

Creo que la idea de la agonía de un mundo bello es plenamente contemporánea

P: La novela gira en torno a cuatro personajes. La interacción entre ellos habla de relaciones estables y de nuevo cuño, de la amistad entre personas del mismo sexo y del contrario, del amor en su acepción romántica y en una difícil variante de amor platónico. La forma en que presenta las numerosas permutaciones del vínculo afectivo entre los personajes es realmente traviesa...

R: Tardé mucho en encontrar el camino para explicar el argumento de la novela. Me costaba hallar respuesta a todas las preguntas básicas que un novelista debe formularse: de quién vas a hablar, cuándo empieza la historia, cuándo termina, quién va a contarla, etcétera. Ninguna de las técnicas narrativas que había empleado en mis dos libros anteriores (primera persona y narración en pasado en la primera novela; tercera persona y narración en presente en la segunda) parecía funcionar esta vez. Tuve que inventarme una nueva voz narrativa, nueva al menos para mí, a fin de que la historia que pretendía contar tuviera algún sentido. Por otra parte, es una historia muy sencilla: se trata de cuatro personajes y las relaciones entre ellos. Solo tenía que esforzarme un poco en dar con la forma, la estructura y la voz adecuadas para transmitir lo que yo sabía que quería escribir.

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Sally Rooney

P: Uno de los cuatro personajes –al que tal vez podríamos considerar el protagonista– es una novelista, Alice. Novelas con personajes que son novelistas suelen ser un terreno pantanoso. ¿Qué la indujo a aventurarse en él?

R: Bueno, en primer lugar, quizá valdría la pena decir que no creo que la novela tenga un solo protagonista. La mayor parte del libro está rígidamente estructurada en 'asaltos' de cuatro capítulos cada uno y compartidos a partes iguales por los cuatro hilos narrativos de la novela. Mi último libro tenía una estructura bastante rígida también; alternaba entre los dos puntos de vista de los dos protagonistas, pero pese a ello algunos lectores tuvieron la impresión de que uno de los dos era el 'verdadero' protagonista. Hasta cierto punto se trata de una cuestión subjetiva. Pero, bueno, para responder a su pregunta: todas las novelas contienen un novelista. Puede que lleve puesto el disfraz de narrador, o puede que trate de pasar más desapercibido como conciencia autoral. Pero nunca pueden estar ausentes del todo, tanto si están escondidos como si no. En cierta manera escribir un libro no es más que un empleo, y dudo que a la mayor parte de los lectores le importe gran cosa de qué viven los personajes principales de una novela, siempre y cuando esta sea interesante. No sé que haya lectores que por principio descarten leer novelas donde salgan novelistas, pero si los hubiera, es posible que la novela no sea su género.

Dudo que a los lectores les importe de qué viven los personajes claves de una novela

Y en cuanto a lo que me indujo a escribir sobre una novelista, bien, mis libros anteriores estaban situados en parte en institutos y universidades, y se da el caso de que, cuando los escribí, yo no había pasado aún mucho tiempo fuera de esos escenarios académicos. Desde entonces, he invertido casi todo mi tiempo en escribir y en labores de edición. Y ahora resulta que una de los protagonistas de este libro es escritora y otra es editora. Por tanto, sería justo afirmar que escribo de lo que sé. Lo que sucede en esta como en mis anteriores novelas es pura ficción, pero el mundo del que habla el libro está basado en el mundo real que yo conozco. Por descontado, mi experiencia del mundo en que vivo es muy limitada, y en mis novelas solo escribo sobre un número muy limitado de cosas. Pero no es algo que me importe: hay montones de escritores escribiendo sobre otros montones de cosas.

P: Alice y Eileen mantienen largas y frecuentes conversaciones sobre política y sociedad vía correo electrónico, algo que recuerda un poco a lo que ocurre entre Frances y Bobbi en 'Conversaciones entre amigos'. No es fácil plantear ideas y un debate de este tipo en un relato de ficción; ¿cuál es su planteamiento?

R: Yo creo que la vida intelectual de los personajes centrales tiene más peso en este libro que en mi obra anterior. Podría ser, en parte, porque los personajes son mayores y han tenido tiempo de leer más y de invertir más tiempo en desarrollar sus ideas. Y en parte es porque los dos personajes femeninos centrales trabajan en el ámbito de la cultura: una es escritora y la otra es editora. Pero creo también que esta novela se centra mucho más en la naturaleza de la amistad intelectual. Me interesó especialmente la interacción entre la relación de Eileen y Alice y sus ideas respectivas, de qué forma sus pensamientos y puntos de vista afectaban a la amistad entre ambas, y de qué manera el hecho de ser amigas influía en el desarrollo de sus ideas. Se podría decir que en esta novela hay una suerte de toma y daca, un movimiento constante entre el corazón y el cerebro, y ese ir y venir lo veo como parte integrante del argumento de la novela, si es que puede hablarse de algo así.

P: Alice ha pasado una crisis de salud mental y a consecuencia de ello decide abandonar Dublín para llevar una existencia mucho más solitaria en la costa. Es algo respecto a lo cual tanto ella como otros personajes se muestran ambiguos: ¿se trata de un retiro, de una renuncia a la vida, o de un paso hacia algo nuevo? ¿Qué quería usted dar a entender?

R: La decisión de Alice es en cierto modo el detonante de la novela. Sabemos, por uno de los primeros capítulos del libro, que Eileen y Alice habían vivido juntas varios años cuando tenían veintitantos, y que después habían seguido viviendo en la misma ciudad, quién sabe si dando por sentado que siempre estarían geográficamente la una cerca de la otra. El libro empieza justo después de que Alice se haya mudado a un pueblecito costero en el condado de Mayo, mientras que Eileen sigue viviendo y trabajando en Dublín. Les separa un trayecto en coche de unas pocas horas, pero ninguna de las dos conduce y hay mala comunicación en transporte público. Eso hace que se formulen la pegunta de cuándo volverán a verse. El viaje de por sí es un inconveniente menor, pero a medida que avanza la novela adquiere una importancia desproporcionada.

En cuanto a si Alice ha tomado la decisión “correcta” al mudarse a un lugar lejos de su familia y sus amistades, bueno, yo no diría que me interesara hacer un juicio de valor en ese sentido. Está claro que Alice se siente bastante aislada en su nuevo entorno, pero tal vez es eso lo que necesita: un cierto aislamiento. A mí me interesaba más observar su esfuerzo por llevar una vida diferente que el hecho en sí de valorar si su decisión era buena o no. Es la vida que lleva, y, por lo que respecta a la novela, eso es lo único que importa.

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Portada de 'Gente normal' | Random House

P: Al igual que en 'Gente normal' (Random House, 2018) , la diferencia entre Dublín y el resto de Irlanda, y la percepción que los dublineses tienen de los “pueblerinos” –y viceversa– es una parte importante del trasfondo de la novela. ¿Hasta qué punto es importante para usted como escritora?

R: En esta novela, creo que hay una diferencia importante entre la ciudad y el campo, pero se trata de una diferencia más literal que imaginaria; dos personajes viven en un pueblo pequeño y otros dos llevan una vida muy distinta en una capital. La distancia física que los separa y las inevitables diferencias en cuanto a estilo de vida son de gran importancia en el libro. Ahora bien, la percepción de la desigualdad cultural no juega un papel preponderante. Tres de los cuatro protagonistas son (como yo) del oeste de Irlanda; y, de todos modos, la única dublinesa ahora vive en la costa. Dublín es una ciudad relativamente cosmopolita y muchos de sus habitantes no nacieron en ella. Yo diría que este libro va más sobre elegir (o verse forzado a elegir) dónde quiere vivir uno y qué tipo de vida quiere llevar.

Quiero que mis personajes tengan que apechugar con desigualdades sociales

P: Alice inicia una relación un tanto ambigua con Felix, a quien conoce por internet; parecen tener bastante en común pero también chocan a menudo. Ligada a la historia entre ellos hay otra de dinámica de clase y de diferencias tanto culturales como económicas, algo que encontramos también en 'Gente normal'. ¿Qué es lo que quería explorar?

R: La relación de Alice con Felix –el cual no ha ido a la universidad y trabaja en un almacén logístico– hay que entenderla en parte desde la desigualdad económica. Pero si uno lo piensa bien, la dinámica de clase es algo que está presente en todas las relaciones de la novela. Simon y Eileen se conocen desde niños, y la relación que existe entre sus familias respectivas es en cierto modo una historia de diferencia de clase social. Y si bien Alice y Eileen se han conocido en términos de relativa igualdad en tanto que jóvenes estudiantes, el éxito de la primera le ha puesto en una situación de enorme privilegio desde el punto de vista financiero, en tanto que Eileen a duras penas puede pagar el alquiler. Lo que me parece interesante es la presión que estas desigualdades ejercen en la vida y las relaciones de los personajes. No es que yo trate de hacer un comentario específico sobre la injusticia de la desigualdad entre clases, por más que piense que es algo profundamente injusto. Que cada lector saque sus conclusiones. Lo que me interesa es que mis personajes tienen que apechugar con esas desigualdades independientemente de cuál sea su opinión al respecto. Las consecuencias que ello tiene en la vida sentimental de cada uno y en cómo se sienten en tanto que individuos forman parte de la acción dramática de la novela, por decirlo así.

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Alice, Felix, Eileen y Simon, los cuatro protagonistas de la novela | Random House

Tanto Alice como Eileen tienen sentimientos muy complejos sobre las relaciones amorosas, sí como sobre la maternidad. No son dilemas nuevos, por supuesto, pero quisiera saber si cree que a la generación de sus personajes se les plantean problemas específicos.

Siempre me ha interesado estudiar cómo la historia y la cultura dan forma a nuestras relaciones íntimas. Y, en efecto, estoy convencida de que, a tenor del ritmo vertiginoso de los cambios tecnológicos y culturales, una parte de lo que piensan los personajes sobre el amor y la maternidad tiene que ver directamente con la generación a que pertenecen. Las dos mujeres consideran la paternidad en el marco concreto de la crisis climática y ambas se enfrentan a una cultura sexual y romántica muy diferente de la de la generación de sus padres. Por otra parte, no quiero que sus problemas le parezcan al lector tremendamente especiales. Cada generación experimenta el cambio y tiene que encontrar la manera de asumirlo. Pero lo que me interesa son algunos de los retos inherentes a nuestro momento cultural y de qué manera los personajes podrían responder a dichos retos.

Yo diría que las relaciones amorosas son el motor principal de mi obra

P: Los personajes tienen también una relación complicada con sus respectivas familias, de las cuales se habla de manera indirecta en la mayoría de los casos: la hermana de Eileen, que se va a casar; el hermano de Felix. ¿Quería usted alejarse de la idea de la familia nuclear como motor de novelas y sustituirla por grupos de amistad?

R: Diría que las relaciones amorosas son el motor principal de mi obra, aunque por regla general hay otras muchas cosas en juego. Eso era lo típico de la novela como género en sentido amplio. Las relaciones amorosas y sexuales son lo que impulsa la narración en, por ejemplo, 'Emma', 'Anna Karénina', 'Las alas de la paloma', 'En busca del tiempo perdido'…, la base sobre la que se sustentan dichos libros y que enriquecen sus honduras y complejidades. Eso es lo que me impulsa a escribir novelas. Hacia finales del siglo XX, el desarrollo de la novela se desvió un tanto de dicha temática para abordar lo que llamaría la vida familiar, y de ahí salieron unos cuantos libros tan bellos como significativos. Pero no puede decirse que la novela sobre relaciones familiares sea 'mejor' que la novela sobre el matrimonio, y soy de la opinión de que aún pueden decirse cosas interesantes desde el punto de vista del romanticismo. Si es algo que yo he logrado o no en mis libros, otros lo dirán.

placeholder Sally Rooney. (REUTERS)
Sally Rooney. (REUTERS)

P: Eileen y Simon están separados geográficamente de Alice durante gran parte de la novela, y cuando se reúnen hay mucha emoción concentrada. Eso me parece muy pertinente en estos momentos, cuando nos hemos visto separados de nuestros seres queridos. ¿Influyó este hecho en el proceso de escritura?

Creo que sí. La última parte del libro es también la última que escribí, y lo hice durante una fase de confinamiento casi total. No veía a mis amigos y familiares desde hacía mucho. Creo que por ese motivo la experiencia de redactar dichos capítulos –en los que los personajes viven en un mismo lugar– fue tan intensa. Las experiencias normales de compartir una casa con amigos (comer juntos, esperar turno para la ducha, quedarse despiertos charlando hasta bien entrada la noche) parecían más plenas de significado que de costumbre. Yo echaba mucho de menos a mis amigos. Mi plan había sido siempre reunir a los cuatro personajes hacia el final del libro, pero sin duda alguna las circunstancias en las que estaba escribiendo jugaron un papel en el desarrollo de la parte final de la novela.

P: Como en el resto de su obra, los personajes parecen bregar con sentimientos y emociones mayúsculos, tratan de entenderlos y de entenderse a sí mismos. Paralelamente, hay también una dimensión cómica, como si usted nos invitara a contemplar lo ridículos que llegamos a ser a veces. ¿Le parece una interpretación justa? ¿Se considera una autora cómica?

R: La vida me parece graciosa; no sería honesto por mi parte escribir sobre la vida (aun la de ficción) sin intentar tener en cuenta lo graciosa que es. Y, cómo no, mis personajes tratan a menudo de hacer reír a los otros, aunque no siempre con el mismo éxito. Debo reconocer que me reí bastante con ellos mientras escribía. Me cuesta imaginar la amistad o el amor sin un sentido del humor compartido, y eso incluye la capacidad de reírse de uno mismo. Pero trato de no satirizar a mis personajes. No creo que sean más ridículos de lo que lo soy yo misma, o, dicho de otra forma, estoy segura de que a veces son la mar de ridículos, lo mismo que yo.

No sería injusto, desde luego, señalar que mis libros son bastante parecidos

P: ¿Diría usted que hay una relación entre sus libros en términos de temática o de estilo? ¿Existe un universo Rooney donde habitan todos ellos, o son algo no tan próximo como eso?

R: Creo que mis libros están interconectados por el simple y desafortunado hecho de que los he escrito yo. Nunca he intentado desarrollar un 'estilo' propio, pero como escritora tengo muchas limitaciones, y son esas limitaciones lo que quizá se podría describir como 'estilo'. Es la manera más amable de decirlo, en todo caso. La temática es similar en todas mis novelas, cierto. Como he dicho antes, escribo principalmente sobre las relaciones amorosas y sobre la amistad. Me parecen dos temas lo bastante amplios como para seguir explorándolos toda una vida, pero no cabe duda de que otras personas discreparán. No sería injusto, desde luego, señalar que mis libros son bastante parecidos. Hay muchas similitudes, es verdad, pero puede que eso a mí me moleste mucho menos que a otras personas, no en vano podría decirse otro tanto de mis novelistas preferidos. Muchas novelas de Henry James, por ejemplo, son muy parecidas entre sí, y los 'puntales' del argumento son casi siempre de carácter conyugal o sexual. Lo que no impide que, a mi modo de ver, James sea uno de los más grandes novelistas en lengua inglesa, y no porque sus novelas sean todas muy diferentes, sino en parte porque no lo son.

P: ¿Suele dejar de leer narrativa ajena cuando está escribiendo ficción? ¿Diría que este libro tiene alguna afinidad con alguna otra novela, de ahora o de siempre?

R: Cuando escribo procuro leer muy poca narrativa del momento. Y, en general, supongo que leo menos narrativa contemporánea que otros escritores. En parte se debe a que todavía hay grandes novelas clásicas que no he leído, sobre todo de literatura no inglesa. Y leer novelas que contribuyeron en gran manera al desarrollo de la novela como forma no deja de ser un aprendizaje. Leer novedades es diferente, aunque sin duda placentero y útil; simplemente no pienso que sea lo que debo hacer cuando estoy escribiendo algo nuevo.

Pienso que sí, que este libro tiene afinidad con otras novelas, pero no quisiera dar la impresión de que intento compararme con alguno de los grandes novelistas de la historia. Mis lecturas favoritas, qué duda cabe, me han influido, pero eso tiene muy poco que ver con lo que yo haya podido sacar de esa influencia. El caso es que cuando tenía escrita más o menos la mitad del libro leí 'Happiness, as Such', de Natalia Ginzburg, y me pareció tan buena que me entraron ganas de dejar de escribir para siempre. Me parece un libro absolutamente perfecto. También leí 'Los hermanos Karamazov' de Dostoievski mientras escribía esta novela. Me encantó. Y por supuesto estaba Henry James, de quien leí por primera vez 'La copa dorada' (otra novela sobre dos parejas y los entrecruzamientos entre los cuatro personajes) durante el proceso de redacción de 'Dónde estás, mundo bello'. De hecho, el nombre de mi personaje Felix lo saqué de 'Los europeos', la novela corta de James, aunque su Felix no podría ser más diferente del mío. No sé si en un plano inconsciente me acordaba también de un personaje llamado Felix que me encantó, el de la novela de Zadie Smith, 'NW', una de las mejores novelas contemporáneas que he leído. No sé si se puede hablar de 'afinidad' en base a estas influencias. Lo que sí está claro es que no podría haber escrito este libro sin el faro de esos referentes literarios.

Escribir ha sido la vocación de millones de personas anónimas que se afanaron sin llamar la atención

P: En relación con esto último, su novela cuenta asimismo con un maravilloso epígrafe escrito por Natalia Ginzburg. ¿Puede decirnos qué significa para usted?

R: 'Mi oficio' es lo mejor que he leído jamás sobre el trabajo de escribir, y lo releo a menudo. Lo que Natalia Ginzburg logra en ese escrito es hablar con absoluta seriedad de la vida del escritor, sin permitirse ni una sola afirmación pomposa sobre lo que esa vida pueda significar. Evidentemente, escribir ha sido la vocación de los grandes novelistas y poetas de la historia, pero lo ha sido también de millones y millones de personas anónimas que se afanaron sin llamar la atención. Y el escritor no es quién para decidir a qué categoría pertenece. Su deber es hacer su trabajo de la mejor manera posible, con sus propias ideas, sean estas grandes o pequeñas. Para mí eso es importante, y lo consideré importante también para el libro, tanto como para querer incluirlo como epígrafe.

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