Le hunden la vida por recomendar un libro en Twitter
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Le hunden la vida por recomendar un libro en Twitter

En EEUU un músico llamado Winston Marshall ha sido 'cancelado' (linchado, despedazado, hundido) por el crimen -atención- de recomendar un título en la red social

placeholder Foto: Winston Marshall, de Mumford and Son, en el festival Bilbao BBK en Bilbao en 2015 (EFE)
Winston Marshall, de Mumford and Son, en el festival Bilbao BBK en Bilbao en 2015 (EFE)

Si permitimos que siga creciendo en España esa banda extorsionadora, cargada de superioridad moral y obsesionada con la acusación categórica, veremos aquí muchos episodios como el que ha protagonizado, entre Estados Unidos y Reino Unido, un tipo llamado Winston Marshall, exmiembro del grupo de música Mumford & Sons, 'cancelado' (linchado, despedazado, hundido) por el crimen —atención— de recomendar un libro en Twitter. Esto es lo que ha ocurrido:

Marshall recomendó 'Unmasked', el libro donde Andy Ngo analiza el crecimiento de los grupúsculos de extrema izquierda estadounidenses englobados en Antifa, capaces de atemorizar a universidades, políticos y multinacionales a base de campañas de desprestigio. Como si esos héroes sin capa hubieran querido darles la razón, el tuit obtuvo miles de comentarios furibundos. En el patíbulo de las redes sociales, Marshall se había convertido en un fascista por recomendar el libro de un fascista. Ninguno de los dos lo es.

Pero da igual. Allí, una vez que la acusación está en marcha, la condena es inexorable. Tanto da que Winston Marshall se identifique como centrista: Winston Smith se identificaba como ser humano y tampoco importó a los camaradas que se habían erigido en dueños de la moral. Cuando la maquinaria pone a girar sus ruedas dentadas, despedazan el prestigio y lo vuelven contaminante. Nadie se te acerca porque te vuelves radiactivo, intocable.

Caza de brujas

Por este motivo la cultura estadounidense está hoy más amordazada que en los tiempos de la caza de brujas. Entonces había al menos un demonio odioso al que oponerse, una tiranía vertical y de derechas. Hoy son los angelitos, los supuestos oprimidos, quienes atemorizan a creadores, quienes vigilan el pensamiento y castigan al transgresor. Victimistas profesionales, armados de etiquetas infames que nadie quiere para sí (machista, tránsfobo, racista, fascista) disparan sin puntería y colocan a inocentes en el centro de las hogueras de purificación.

Puede ser por una conducta sexual inapropiada (muy lejos del verdadero abuso), por una sospecha de racismo, por un comentario hecho en las redes sociales, por inventar un argumento para una película o recomendar un libro en Twitter. Una vez que la acusación se dispara, las grandes empresas e instituciones dan un paso atrás y dejan solo al pecador, preocupadas por su reputación. Y entonces pasa lo que tiene que pasar: gigantes aterrorizados por ratones dejan caer a inocentes contra el suelo, y los destruyen.

Una vez que la acusación se dispara, las grandes empresas e instituciones dan un paso atrás y dejan solo al pecador

Sobre su linchamiento, Marshall ha escrito una emocionante columna en Newsweek. Allí explica por qué ha tomado la decisión de abandonar Monford & Sons. No quiere callarse sus opiniones políticas, pero tampoco quiere hacer más daño a los otros tres miembros de la banda, situados con él en la diana y presionados para expulsar al “fascista” del grupo. Para hablar, para ser libre, la víctima del ajusticiamiento decide alejarse de sus amigos, abandonar el proyecto en el que lleva años trabajando, capitular.

Es una escena indigna de una democracia, pero por todo occidente está ocurriendo. Supuestos defensores de la democracia que insisten en actuar de esta forma, amparados por el crecimiento de los partidos de extrema derecha, a los que este tipo de campañas no suelen hacer la más mínima mella, sino que los alimentan. Ellos deciden quién es el enemigo en función de sus caprichos, emponzoñan con su épica el debate público y conducen a la sociedad a posturas binómicas en las que o estas con ellos o estás contra la humanidad.

Lo llaman cultura de la cancelación y toda clase de papanatas niegan su existencia

Una y otra vez nos encontramos ante el resultado de este chantaje: lo llaman cultura de la cancelación y toda clase de papanatas niegan su existencia. ¿En qué consiste? En que hordas de niñatos, a veces calvos y cuarentones, señalan, forman turbas mediáticas, y entran en cólera si alguien osa defender al acusado. Por contagio, unos van convirtiendo en diablos a otros, y toda clase de personajes e instituciones obsesionados con cuidar su reputación terminan lanzando a unos cuantos inocentes a la cloaca, con lo que la polémica suele terminar.

En fin. Gritan como fascistas, señalan como fascistas, atacan como fascistas, detestan la libertad como fascistas, evitan el pensamiento crítico como fascistas, pero por algún extraño motivo consiguen que los demás teman ser señalados como fascistas por ellos. No he leído el libro de Ngo, pero me atrae el título. Porque es crucial desenmascararlos cuanto antes como lo que son.

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