Dum Dum Pacheco: "'Que me quiten lo bailao' dicen, pero debí bailar con más cabeza"
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ENTREVISTA

Dum Dum Pacheco: "'Que me quiten lo bailao' dicen, pero debí bailar con más cabeza"

La editorial Autsaider División Sesuda reedita 'Mear sangre', las memorias que el boxeador publicó en el punto álgido de su carrera

placeholder Foto: Dum Dum Pacheco en una foto reciente. (Carlos Spottorno)
Dum Dum Pacheco en una foto reciente. (Carlos Spottorno)

Lamenta Dum Dum Pacheco no que ya no haya estrellas del boxeo -ahora mismo los youtubers organizan combates con millones de visitas, pero el deporte profesional ha quedado arrinconado a alguna que otra madrugada- ni que la corriente de opinión mayoritaria está en contra del boxeo, sino que éste ya no exista. "No hay boxeo. Empezaron a criticarlo, a prohibirlo y han acabado con él". Pacheco (Madrid, 1949) cuenta ya setenta y una velas en la tarda; en unos meses setenta y dos, y hace cuarenta y seis ya que consiguió el cinturón de campeón de España de peso welter frente al tinerfeño Moisés Fajardo.

Entre 1970 y 1982 Pacheco vivió la gloria del cuadrilátero y consiguió también los campeonatos de superwelter y medio; fue número uno de Europa y número diez del ránking mundial. Se codeó con Sinatra, con Sean Connery, con Sammy Davis Jr. y con toda la farándula nocturna que abría las portadas de las revistas americanas. En 1987 se retiró y vivió una segunda juventud como actor secundario a cargo de directores como Mariano Ozores y Rafael Romero Marchent. ¿Y luego? "Luego fui relaciones públicas en discotecas de Benidorm y trabajé en una empresa de seguridad privada", explica a El Confidencial con motivo de la reedición de 'Mear Sangre' (Autsaider División Sesuda), unas memorias publicadas por primera vez en 1976, cuando se encontraba en la cima del mundo.

En ellas, Pacheco desveló un pasado conflictivo y violento en una familia sin recursos de la periferia de Madrid. En su adolescencia y juventud la cárcel se convirtió en su segunda casa y en su primer 'ring' de boxeo. Desde pequeño le fue difícil conservar un trabajo, por su carácter impetuoso, por lo que al final se vio abocado a la delincuencia callejera para poder llevar algo de dinero a casa. Y luego el talento. Ese talento que tenía para meterse en problemas, para acabar con una ceja partida en una pelea con sus vecinos gitanos o para que la Policía lo atrapara en el momento equivocado en el lugar equivocado y es que verá, señor agente, que yo pasaba por aquí y no hice nada, es un error.

placeholder Una imagen de Pacheco en los años 70.
Una imagen de Pacheco en los años 70.

Sin haber alcanzado casi la pubertad ya había muerto su amigo Jorge, carbonizado a su lado después de engancharse a un cable de alta tensión; otro chico de su pandilla cayó en un colector del Manzanares mientras paseaban por la noche y encontraron su cuerpo quince días después flotando unos kilómetros más abajo. "Creo que [la infancia] era más violenta antes", reflexiona Pacheco. "Principalmente porque había muchas bandas. En todos lados, en San Blas, en Usera, Los Boys de Usera, Los Látigos, Los Botines… Estaba todo Madrid lleno de bandas. A nosotros, que éramos los más famosos, los Ojos Negros, nos metían billetes de mil pesetas en los bolsillos en las discotecas, en los bares, en los puticlubs y en los cabarets para que controlásemos a la gente y no hubiese peleas".

Su inclinación por el boxeo le llegó de adolescente, con quince años. No sabía entonces que gracias a ese deporte podría salir adelante y llegaría, incluso, a viajar por el mundo como una estrella nacional. "Mi primer combate lo vi en la televisión en mi casa, cuando vivía en la calle de la Gaviota en Carabanchel. Luego empecé a entrenar con Pampito González en el Palacio de los Deportes y más tarde, cuando estaba en la Legión, me daban permisos para ir a combatir", recuerda.

En 'Mear sangre', Pacheco recuerda la violencia que ejercía sobre él su padre y la desesperación de su madre al ver que su hijo José Luis, más tarde Dum Dum, no paraba de meterse en problemas. Pero no quiere achacar a ese ambiente su carrera delictiva. "Por la cárcel puede pasar cualquiera. Sin querer. O queriendo. O en defensa propia o por invenciones de cosas. Por la cárcel puede pasar cualquiera, eso es así", defiende. Cómo cuenta Pacheco la dureza de aquellos sesenta neonatos, con el hambre llamando a la puerta de las familias de los barrios periféricos, no es desde el rencor, sino desde la resignación, como si sus estancias en la Cárcel de Carabanchel fuese una etapa más que quemar en la vida. Con dieciséis años pasó su primera noche entre rejas. "A mí la policía siempre me ha tratado bien. Los que me pegaban no eran policías: eran funcionarios. No es lo mismo", puntualiza.

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Foto de la familia Pacheco.

Allí en la cárcel Pacheco describe todo tipo de vejaciones, desde malos tratos hasta violaciones a compañeros. "Tenía dieciséis o diecisiete años cuando entré en la cárcel, pero era muy fuerte. Allí un chaval joven me contó: 'Pacheco, estos me quieren violar'. Y me enfrenté a ellos. Todas esas cosas no me afectaron demasiado. Simplemente me hice a ello", explica. Cuando le pregunto si en esas condiciones una persona joven y en pleno desarrollo podría volver a reinsertarse, si la cárcel no era más que una represalia, una fórmula punitiva, no lo duda: "No es fácil, pero creo que sí que se puede uno reinsertar".

Con veinte años, una tragedia familiar le marcó la vida: la muerte de su hermano Juanjo, al que no para de recordar en todas las páginas de su libro: "Un día fui a comunicar y vi unas caras extrañas en mi familia y la falta de mi hermano. Se acercó mi madre y comenzó a llorar desesperadamente. Se habían llevado a mi hermano al sanatorio muy grave, ya que estaba empezando el desarrollo y ahí es donde dijo el médico que podía pasar algo. Yo pude tranquilizar a mi madre hasta la hora de despedirnos. Todo aquello me dio que pensar y empecé a hacer una vida solitaria", escribe. "La muerte de mi hermano Juanjo me afectó mucho. A mí y a mi madre. Mi hermano murió de una enfermedad que le entró de repente. Le llevaron al hospital y murió. Estaba tan sano… Pero le llevaron al hospital y murió", contesta resignado.

En la cárcel combatió para ganarse el respeto de los presos, pero poco a poco se dio cuenta de que los puños le podrían valer también un futuro. También le sirvió para canalizar su rabia. "Y para ayudar a la gente. Una vez fui al banco y había una pareja de viejos sacando dinero. Al lado estaban hablando dos chicos y dos chicas. Cuando el matrimonio sacó 600 euros, los chicos les empujaron a los dos y los 600 euros salieron por los aires. Me acerqué y me lie a hostias", relata. "Tuve la suerte de que estaba la policía tomando café en un bar cercano y lo vieron todo. Las chicas empezaron a decir '¡Este sinvergüenza les ha querido matar!'. La policía les dijo que lo habían visto todo y les preguntó: '¿Pero no sabéis quién es este? Es Dum Dum Pacheco, campeón de boxeo'. Los viejos estuvieron viniendo al bar durante mucho tiempo para darme las gracias".

placeholder Una imagen de archivo de Dum Dum Pacheco.
Una imagen de archivo de Dum Dum Pacheco.

En octubre de 1970, Pacheco combatió por primera vez profesionalmente en Torrejón de Ardoz. A partir de ahí, una fulgurante carrera y la huida, por fin, de la pobreza. Pero no para siempre. "Antes de boxear mis condiciones materiales no eran muy buenas porque estaba en la cárcel o en la legión. Luego, cuando me hice profesional, me gastaba el dinero en coches, en ropa, en joyas no. Pocas joyas he tenido. Luego metí la pata. Me iba a comprar un piso propio, pero por una chica me vine de alquiler y ya no me lo compré. 'Que me quiten lo bailao' dicen algunos, pero yo podía haber bailado con más cabeza".

Tampoco tiene pudor al hablar de las mujeres. En 'Mear sangre' admite que después de tantos años de cárcel no estaba acostumbrado a relacionarse con mujeres. Ligaba, pero ellas le intimidaban. Ahora sus recuerdos son diferentes: "Las mujeres eran muy fáciles para mí. Al principio no tanto, es verdad, pero cuando fui famoso, me acosté con las mujeres más famosas que había. Artistas, cantantes, actrices… Eran muy buenas mujeres, muy respetuosas, me querían mucho. Era nuestro momento: el de ellas y el mío. Eso sí, no te voy a decir nombres".

Su retirada llegó súbitamente en 1987, después de un accidente de tráfico. "Después de eso estaba muy desesperado. Luego, al cabo del tiempo, volví a boxear cojeando. Hice diez o doce peleas y gané todas, incluso cojeando, pero ya noté que no podía. Peleaba en el Campo del Gas, en el barrio en el que nací. Había tanta afición por verme, que la gente se subía a los árboles aprovechando que la valla del campo no era muy alta". ¿Cómo es su situación económica actual, treinta y cuatro años después de su retirada? "Muy mala. Económicamente, muy mala", contesta lacónico. "La vida es muy larga".

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