Puedo vender los versos más 'tristes' esta noche: el mercado contra la poesía

El premio a Rafael Cabaliere despertó estupor, pero es mucho más visible en librerías que Francisco Brines, el último premio Cervantes. Muchas veces el mercado es la distribución

Foto: La poeta estadounidense Louise Glück, el pasado 8 de cotubre (REUTERS)
La poeta estadounidense Louise Glück, el pasado 8 de cotubre (REUTERS)

La última antología poética de Francisco Brines, flamante premio Cervantes a sus 88 años, se puede conseguir en 61 librerías de toda España, según la plataforma Todostuslibros.com. La publicó Alianza hace un par de años y ha conseguido una nueva vida en los últimos días gracias al galardón. Mucho mejor le ha ido a la reciente premio Nobel Louise Glück, cuyo último poemario publicado por Pre-Textos, ‘Una vida de pueblo’ está presente en 166 librerías. No es una cifra mala. Sus anteriores libros, publicados cuando aún no había obtenido el prestigioso galardón, apenas se pueden encontrar en poco más de 15 librerías de todo el país. Sin embargo, quien gana por goleada en cuanto a distribución entre los poetas premiados estos últimos meses es ‘Alzando vuelo’, de Rafael Cabaliere, el poeta venezolano del que se dudó si existía o si era un bot cuando ganó el EspasaEsPoesía -por su ingente número de seguidores en las redes- y que llega a 354 librerías. El libro llena hasta la España vacía.

Con estos datos hay algo obvio: Cabaliere despertó muchas carcajadas -no eran pocos los que no entendían sus poemas carentes de rima, ritmo y de cualquier aspecto relacionado con la poesía-, pero es mucho más visible que Brines, aunque este lleve publicando más de cuarenta años y tenga los galardones más importantes de las letras en español. Con Glück se han aunado varias historias puesto que era una poeta muy minoritaria por estos predios, mucho más que incluso otras como la también norteamericana Anne Carson, que incluso ha obtenido este año el Premio Princesa de Asturias y la publica una gran editorial como Lumen: ganó el Nobel y es la protagonista del último gran affaire de la industria editorial después de que su agente, Andrew Wylie, decidiera quitarle los derechos a la editorial Pre-Textos. Todo suma.

Cabaliere despertó muchas carcajadas -no eran pocos los que no entendían-, pero es mucho más visible que Brines

Y con todo esto, también se abren interrogantes: ¿hablamos de poesía o de mercado cuando hablamos de poesía? ¿Están apostando realmente las editoriales por la poesía? ¿Y las librerías? ¿Es, simplemente, una cuestión generacional y no se puede comparar a un poeta de casi 90 años con uno de 25?

Éxito mercantil

“La poesía no ha estado nunca de lado, pero ha habido un malentendido inducido por eso que llamamos gran industria del libro donde la poesía como género de ventas no gozaba del predicamento de la narrativa y siempre ocupaba un segundo espacio”, comenta Manuel Borràs, el editor de Pre-Textos que vadea estos días con el asunto Glück y que, paradójicamente, también es el editor de varios libros de su amigo Paco Brines, de quien dice que no se lo va a quitar "ni la muerte".

Rafael Cabaliere (Instagram)
Rafael Cabaliere (Instagram)

Esto era así hasta que hace unos cinco-seis años la poesía comenzó a ocupar un lugar interesante en el mercado, abierto en gran parte gracias a las redes sociales que, aunque consiguió hacer despuntar nombres interesantes también para la crítica, a su vez hizo aparecer otras cosas que, pese a ser chirriantes, se viralizaron a velocidad de vértigo. Muchos de estos autores entraron de lleno en el catálogo de EspasaEsPoesía. Otros tantos aparecieron en Frida. Llegaron y ocuparon las primeras posiciones entre los más vendidos. Las editoriales daban cifras de hasta 60.000 ejemplares vendidos, como en el caso del poemario ‘Casi sin querer’, de Defreds. Y es cierto: las colas en lugares como la Feria del Libro de Madrid para conseguir una firma de estos escritores eran abismales. Si se compara con las ventas de Glück, que nunca superaron los 1.000 ejemplares, se entiende mejor.

Así que todo parecía ser una fiesta.

Hasta que apareció el caso Cabaliere.

Primero causaron extrañeza sus seguidores en Internet. Después fueron los propios poemas. Se tuvo que desmentir que fuera un bot. Parecía que el libro no se iba a publicar nunca hasta que salió. Sin mucho bombo. Sin demasiadas entrevistas. Pero bien colocado en librerías.

Es posible que el mercado tenga el poder que tiene y que sea incluso favorable, pero si no se rige por un criterio ético vamos por muy mal camino

Para Borràs, esto es totalmente indicativo de la situación actual “en la que lo que se está debatiendo son las buenas prácticas. Por sus hechos juzgaremos a los demás”. Además, insiste: “Es posible que el mercado tenga el poder que tiene y que sea incluso favorable, pero si no se rige por un criterio ético yo creo que vamos por muy mal camino. Al final vamos a sentar a los bárbaros a nuestra mesa sin darnos cuenta de que tenemos un bárbaro sentado”. Como decía el poema de Kavafis. Y el bárbaro ya está sentado.

Las modas, la calidad

Una opinión parecida tiene el poeta, crítico y antólogo Ángel Rupérez, que hizo la última selección de poemas de Brines publicada en Alianza en 2018. “Detesto esas operaciones comerciales. Es una auténtica degradación”, sostiene si se le pregunta por el éxito que muchos consiguieron gracias a colgar sus versos en la red. Pero él incluso va más allá. Lo de los poetas de Twitter casi es lo de menos. Y lo hace defendiendo el Nobel a Louise Glück, porque para él, precisamente, el problema son algunas modas que llegan desde EEUU.

A veces pululan por el ambiente norteamericano poetas que son la última ultrasofisticación posmoderna, ultramoderna


“A veces pululan por el ambiente norteamericano poetas que son la última ultrasofisticación posmoderna, ultramoderna, que no aprecio nada. Glück es todo lo contrario y es un buen contrapunto. Incluso a algunos que se están consagrando aquí en España como Anne Carson. Hay otra super conocida que se llama Jorie Graham [publicada por Bartleby] que es el colmo de los colmos de esa ultrasofisticación y posmodernidad enloquecida. Glück y Brines no hacen las pomposas melopeas de esta gente”, afirma tajante Rupérez, que lamenta que las plataformas publicitarias normalmente se pongan en lados muy vistosos, pero quizá menos creativos: “Después de Brines llegaron una serie de poetas que quisieron hacerse muy sofisticados y europeos, en el peor sentido de la palabra, ponerse en la veta de las vanguardias. Brines y Claudio Rodríguez estaban en otra onda, pero son más grandes que nadie”.

Jóvenes y mayores

Ante la pregunta de si hay una cuestión generacional detrás de toda esta historia, la respuesta es no. Es más, ¿estamos ante un cambio de tendencia?

Uno de estos motivos tiene que ver con cómo leemos -o conocemos- a los poetas mayores. Joan Margarit, que obtuvo el año pasado el Cervantes, tuvo una fuerte reivindicación también en las redes por poetas más jóvenes. Y Brines, quizá más desconocido, podría ser perfectamente, según Rupérez, un poeta de veinteañeros.

Francisco Brines esta semana celebrando el Cervantes (EFE)
Francisco Brines esta semana celebrando el Cervantes (EFE)

“Es un poeta muy humano, cercano e íntimo. Y nada pedante. Nada de crear un mundo mistérico, ajeno a los hábitos conversacionales, incluso de sentimiento y que nos definen a la mayoría”, manifiesta. Conviene, a su vez, que el valenciano tiene “un poco el lado transgresor, esa sexualidad, y esa alusión a la vida nocturna, un poco crápula. Pero lo hace muy bien. Consigue marcar esa realidad de una manera natural. Hay gente que tocaría eso con escabrosidad, pero él lo hace de una manera muy directa, muy humana, cercana”. Al fin y al cabo, aunque en sus últimos poemarios sea más melancólico, si algo es Brines es celebrativo.

Olga Novo
Olga Novo

Por otro lado, los editores de poesía sostienen que hay una buena cantera de poetas jóvenes que quizá no sean conocidos, no vendan tanto -como se ha vendido siempre la poesía-, pero que mantienen unos altos criterios de calidad. “La poesía que se está escribiendo hoy en nuestra lengua, en español, desde las dos orillas, es de las mejores. No tiene nada que envidiar a la gran poesía anglosajona. Tendríamos que estar celebrando que se está escribiendo hoy en nuestra lengua una gran poesía . Y se suceden las generaciones, Brines ya es de los mayores, pero yo estoy premiando a jóvenes y jóvenas poetas que están muy bien”, comenta Borrás.

La poesía que se está escribiendo hoy en nuestra lengua, en español, desde las dos orillas, es de las mejores

Y ahí están los premiados con el Miguel Hernández de Poesía que otorga el Ministerio de Cultura y en el que figuran poetas de menos de 30 años como Alba Cid, Xaime Martínez, Ángela Segovia, Berta García Faet o Constantino Molina, entre otros, que han publicado con diferentes editoriales. El último Nacional de Poesía recayó en la gallega Olga Novo, nacida en 1975, y considerada una de las mejores de su generación por poemarios como ‘Feliz Idade’, que abunda en la memoria histórica y que está publicado por Faktoria K de Libros en gallego. Hay sellos que siguen apostando, como el asturiano Trea, que ha publicado ahora ‘Conservar el vacío’, de María Codes, pero que tiene un exultante catálogo en castellano y edición bilingüe.

No se trata de elegir, pero simplemente se pueden observar los mapas de las librerías en las que se venden todos estos títulos. Es el mercado, dicen los menos románticos. Y muchas veces la distribución (y no Internet).

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