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Andrés Trapiello: "Largo Caballero no merecía una estatua, pero Prieto sí"

El escritor leonés, que lleva 45 años en la capital, presenta su carta de amor 'Madrid', una historia de los once siglos de la ciudad entremezclada con sus propias vivencias

Foto: Andrés Trapiello (Isabel B.P.)
Andrés Trapiello (Isabel B.P.)

“El día que decidí venir a Madrid fue el más importante de mi vida”. Así empieza Andrés Trapiello (León, 1953) su crónica ‘Madrid’ (Destino). Una frase contundente, un ‘Llamadme Ismael’ para dar inicio a más de 500 páginas que abarcan sus recuerdos desde los primeros días hasta su labor en la comisión de Memoria Histórica del Ayuntamiento de Madrid en la pasada legislatura -a propuesta de Ciudadanos-. En total 45 años que recogen once siglos de ciudad y que son, como dijo este miércoles su editor Emili Rosales, una carta de amor, un texto hacia “una ciudad luminosa”, “una ciudad hospitalaria”, “una ciudad que es mezcla, mestiza”, “una ciudad en la que todo el mundo arrima el hombro”, en las palabras del escritor. Una ciudad en la que no hay ni un pero. Ni siquiera en estos momentos de pandemia: “Es como una pesadilla, pero Madrid ha vivido pestes, motines, la colza, los atentados de Atocha y se sobrepone a las cosas. El madrileño es alguien estoico”, ha resaltado Trapiello.

'Madrid'
'Madrid'

La mañana lluviosa ha opacado bastante esa luz de la que dice el escritor que está llena la capital, pero no ha sido óbice para aplacar su entusiasmo hacia una ciudad de la confiesa que le es difícil escribir. “Porque sucede lo mismo que con las personas que quieres mucho, que no las acabas nunca de conocer del todo”, ha señalado. El escritor ha paseado millones de veces por sus calles, ha leído cientos de libros de la ciudad -con Galdós a la cabeza- y ahora ha ahondado en su Historia, desde que era una ciudadela árabe cubierta de arroyos, hasta que se convirtió en ciudad de corte y siempre funcionariado. Sin llegar nunca a ser bonita. “El madrileño no es narcisista porque nadie le está diciendo a Madrid todo el rato que es bonita, como sucede con otras ciudades como Venecia. Pero tiene la suerte de la fea, que la guapa la desea. Y es, como decía Galdós, una ciudad simpática”, ha manifestado. Y todo esto lo ha entremezclado con su propia historia desde que vivía en Carabanchel alto y vendía libros. En total, cinco años de trabajo.

Las estatuas y las polémicas

A la capital también le ha tocado lidiar con todo tipo de políticos. Ha habido incluso asesinatos de presidentes del Gobierno. Y ha habido corrupción de todo pelaje. Y ahora no es ajena al ambiente crispado. Más bien todo lo contrario. El escritor lo asume: “Es el reflejo de todo un país y ahora mismo hay una crispación. A muchos nos gustaría que hubiera más consensos”.

Porque ocurren polémicas como la reciente con la propuesta de de Vox de retirada de las placas de las calles de Largo Caballero e Indalecio Prieto, amparada en la Ley de Memoria Histórica y a la que no se han negado tampoco el PP y Ciudadanos en el ayuntamiento, lo cual ha dado lugar a bronca política y actos vandálicos con sus estatuas.

A este respecto Trapiello ha destacado que no le ha gustado esta propuesta “porque Largo Caballero era una cosa y Prieto, otra”. Para el escritor “Largo Caballero no era merecedor de una estatua, pero Prieto sí”, por la diferencia, para Trapiello, en la defensa de los valores democráticos que hicieron uno y otro.

El pasado sí hay que removerlo, porque no se podía dejar una estatua de Franco como no puede haber una de Hitler en Berlín


El escritor ha explicado que la estatua de Largo se debió a que cuando Enrique Tierno Galván era alcalde de Madrid el PSOE pidió que se tirara la estatua de Franco a lo que el alcalde se negó porque acababa de haber un golpe de Estado de la extrema derecha y no era un buen momento, pero propuso la estatua de Largo. Ante esto los prietistas pidieron también su estatua. Con lo que al final, hubo dos. Y la de Franco, años después, acabó cayendo. “El pasado sí hay que removerlo, porque no se podía dejar una estatua de Franco como no puede haber una de Hitler en Berlín”, ha afirmado.

Pese a ello ha apuntado que “la ley de Memoria Histórica de Zapatero fue una mala ley, ya que con el texto en la mano no podría haber calles para Unamuno porque se adhirió al Golpe aunque a los tres meses se retractó”. Trapiello ha insistido en que “legislar sobre la memoria es complicado”. Mucho más cuando se hace “sin finura, como ha ocurrido con lo de Largo y Prieto”, ha zanjado.

Madrileñofobia “ridícula”

Otra de las polémicas de las últimas semanas es la llamada "madrileñofobia", que él dice “Madridtirria”, y que casi aparece más en las redes sociales, en algún exabrupto político, que en la realidad. “De esto ya hablaba Ortega y Gasset en ‘La redención de las provincias’ y es que Madrid siempre ha sido el objeto de deseo de las provincias. Desde Felipe II, cuando comenzaron a llegar los aluviones de gente, el deseo de otras ciudades de España era la de parecerse a Madrid. Porque este es el centro político, financiero, cultural y con los mejores mercados. La madrileñofobia es ridícula, pero no es nada nuevo”, ha insistido recordando que incluso quien se queja todo el tiempo de Madrid, “como sucedía con Baroja”, acaba “quedándose a vivir aquí toda su vida”.

Madrid siempre ha sido el objeto de deseo de las provincias. Desde Felipe II, el deseo de otras ciudades de España era la de parecerse a Madrid


En este ambiente edulcorado, no obstante, el escritor ha aprovechado para lanzar alguna pulla con respecto a otros lugares: “Los hay en los que la victimización se ha convertido en parte de un negocio, pero en Madrid la gente se queja poco. Aquí se vivieron los tres años de la Guerra Civil, el sitio más prolongado del conflicto, por ejemplo. Esto no exime de que haya expresiones volcánicas. Es también la ciudad de los motines. Porque también se puede perder la paciencia”.

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