Industria Editorial

Así mataron Biblioteca Nueva, la centenaria editorial de Freud

Esta semana el sello, que había sido fundado en 1916 y fue uno de los más importantes en los años veinte y treinta, se declaró insolvente. Esta es la historia de una caída

Foto: Las Obras Completas de Sigmund Freud en Biblioteca Nueva
Las Obras Completas de Sigmund Freud en Biblioteca Nueva

En el subconsciente del editor José Ruiz-Castillo (1875-1945) jamás estuvo que Biblioteca Nueva, la editorial que con tanto mimo (y modernidad) creó en 1916 iba a acabar un siglo después en situación de insolvencia parcial con los derechos de autor completamente arrasados y con una plantilla enviada directamente al Fondo de Garantía Salarial (FOGASA). Por su mente tampoco aparecerían empresarios como Antonio Roche ni Bernardo Dominguez, los últimos dueños del sello y, según extrabajadores, responsables de la ruina. Pero la Historia muchas veces se escribe con renglones torcidos y el subconsciente no puede abarcarlo todo. Mucho menos el futuro.

Este es el recorrido de una editorial singular, de aquella que trajo las 'Obras Completas' de Sigmund Freud al español y de otros tantos escritores convertidos hoy en clásicos, un sello que era de lo más moderno que hubo en los años veinte y treinta. Y que ha tenido un fin triste y trágico que dice mucho de nuestro sistema editorial.

Este es el recorrido de una editorial singular, lo más moderno que hubo en los años veinte y treinta. Y que ha tenido un fin triste y trágico

Ruiz-Castillo, un nombre que quizá muchos desconozcan si no están al tanto de la historia del mundillo editorial español, fue un editor y empresario de enorme éxito en la primera mitad del siglo XX. Y un hombre de ideas avanzadas. Como cuenta Raquel Sánchez García, profesora de Historia Contemporánea en la Universidad Complutense de Madrid, en su estudio ‘José Ruiz-Castillo, un editor de la Edad de Plata’, este procedía de orígenes humildes, pero en Madrid pronto contactó con intelectuales de la época como Gregorio Martínez Sierra -el dramaturgo casado con María Lejárraga (era ella quien escribía las obras)- que le introdujeron en los círculos literarios y artísticos de la capital. Eso le llevaría montar su primera editorial, Renacimiento, en 1910, con dinero que le puso Victorino Prieto. La idea era que fuera un sello moderno, con nuevos nombres y todas las tendencias que estaban funcionando en el extranjero. Así fue como publicó a los jóvenes Unamuno, Baroja, Azorín, los poetas modernistas y autores como los hermanos Machado y Juan Ramón Jiménez. La mayoría entonces rondaba la treintena.

Otro cambio fueron los derechos de autor. Ruiz-Castillo, que era el director financiero, quería que los escritores estuvieran bien pagados, por lo que solían cobrar el 15% del precio de la venta del libro. Hoy lo habitual es el 10%. Además, comenzó a dar anticipos generosos a sus bestseller, como era el caso de Felipe Trigo. El sello funcionaba, pero tuvo un imprevisto: estalló la I Guerra Mundial y la economía cayó por el abismo.

Ortega y Gasset y Freud

El empresario, no obstante, no se amilanó. En ese tiempo hizo amistad con José Ortega y Gasset y con Ramón Gómez de la Serna, entre otros. Se juntaban muchas veces en el Café de la Montaña, que estaba en los bajos de la actual tienda Apple de la Puerta del Sol. Decidió crear un sello nuevo que publicara a modernos ensayistas y periodistas, que captara las ideas y la conversación que bullía entonces, según se cuenta en el libro Memorias de un editor, de su hijo José Ruiz-Castillo Basala, publicado en 1972. También lo hizo porque el mercado de la narrativa ya estaba bastante copado. Así nació en 1916 Biblioteca Nueva, que instaló en su propia casa, en la calle Lista, hoy curiosamente calle Ortega y Gasset. El dinero se lo prestó el impresor Juan Pueyo, que tenía su taller en la calle Luna. Y volvió a dar la campanada esta vez con obras de Julio Camba y los discursos parlamentarios de Antonio Maura, un político con el que tenía especial filiación (y sí, estos textos se vendían).

Parte de la redacción de la revista España. Semanario de la Vida Nacional en 1915. El primero por la izquierda es José Ruiz-Castillo.
Parte de la redacción de la revista España. Semanario de la Vida Nacional en 1915. El primero por la izquierda es José Ruiz-Castillo.

Pero el gran despegue llegó con la publicación de las 'Obras Completas' de Sigmund Freud en 1922. Era el pensador de moda. La persona que lo estaba cambiando todo y que tenía cada vez más influencias en los terrenos artísticos y literarios. Todo era psicoanálisis, nuestros sueños más oscuros, nuestro yo, superyo y ese botón del placer llamado ello. Fue Ortega y Gasset quien le dio la idea a Ruiz-Castillo para que publicara al austriaco y este le encargó la traducción a Luis López Ballesteros. El primer volumen, 'Psicopatología de la vida cotidiana', fue un pelotazo que no paró en años. La editorial viviría durante décadas de Freud y si hoy leemos en español al psiquiatra más famoso de todos los tiempos fue gracias a las 12-14 horas diarias que López Ballesteros dedicó durante meses para hacer legibles los términos y expresiones alemanas (y freudianas).

Todo esto hizo posible que Biblioteca Nueva abriera nuevas colecciones que buscaban olfatear las ideas que se movían en Europa en los años veinte y treinta. Fue así como se publicaron obras sobre la guerra de Marruecos, libros de talante esotérico y orientalista (se llevaban muchísimo tras la tristeza provocada por la I Guerra Mundial), ensayos sobre los movimientos obreros (una moda que había disparado la revolución rusa), libros humorísticos (en los años veinte la gente quería reírse y Jardiel Poncela se convertiría en uno de sus grandes bestseller), y otros tantos sobre el republicanismo, que comenzaba a gozar de tirón en España. Además, se publicaron a grandes autores extranjeros -había muchos traductores y se les pagaba muy bien- como Oscar Wilde, Knut Hamsun o Pirandello.

Primeras ediciones de las Obras Completas de Freud
Primeras ediciones de las Obras Completas de Freud

En los años treinta, con la II República, Ruiz-Castillo fue elegido el presidente de la Cámara del Libro y fue uno de los grandes promotores de las Ferias del Libro con el fin de que las editoriales también pudieran vender libros (como las librerías), lo cual trajo ciertas tensiones en el gremio. De hecho, impulsó la primera Feria del Libro de Madrid, celebrada entre el 23 y el 26 de abril de 1933 y a cuya inauguración llegó a acudir el presidente de la República, que entonces era Niceto Alcalá-Zamora. Eran los buenos tiempos para los libros.

Después llegaría la Guerra Civil y el mundo empezaría a ponerse un poco peor. El propio Ruiz-Castillo, que era un hombre conservador, pero que se movía bien en el ambiente republicano, con amigos de esta tendencia, se pasó pronto al lado de los sublevados. “Ansío poder poner mi grano de arena al Movimiento salvador de este país”, llegó a decir, según se recoge en el trabajo de la profesora Sánchez García. La editorial se mantuvo en Madrid durante la guerra editando a algunos de sus clásicos para sobrevivir. Después, durante los primeros años del franquismo, daría un giro abismal editando vidas de santos, reyes y aristócratas. Le prohibieron publicar muchos de los autores de los años veinte y treinta. Nada con cariz ideológico. Es decir, la bruma intelectual de la época. Ruiz-Castillo moriría en 1945 y dejaría la editorial a tres de sus hijos, que tras los años más oscuros de la dictadura la mantendrían como una editorial de renombre y con prestigio en el ensayo hasta los años noventa. En 1991 con la muerte de José Ruiz-Castillo Basala empezaría el fin de la editorial. Llegaron los malos tiempos.

La llegada de Antonio Roche

A finales de los años noventa comienza una nueva etapa para Biblioteca Nueva. Los Ruiz-Castillo venden y se hace con ella Antonio Roche Navarro, que procedía del grupo Anaya donde había trabajado en la gestión. Su idea es reflotar el sello, que ya no tiene ese cariz moderno que tuvo en sus inicios, y así lo dice en un encuentro de 27 editoriales independientes celebrado en 2001 en la Feria del Libro de Madrid que recoge El País: “Hay quien se siente contento con ser pequeños y otros que nos estamos haciendo más grandes”, explicaba Roche. La editorial acababa de recibir en el año 2000 el Premio Nacional a la mejor labor editorial, que da el Ministerio de Cultura. Roche también añadía: somos “un grupo de pequeños editores dinámicos, en el que cada vez surgen más editores inconformistas. Quizá una de nuestras funciones en la comisión es poner cordura a planteamientos utópicos e ideológicos, aunque siempre interesantes”.

Antonio Roche Navarro
Antonio Roche Navarro

Sin embargo, desde dentro no se veía así. Es más, quienes trabajaron en la editorial empezaron a observar con recelo el nuevo modelo de negocio que imprimió Roche y sus socios, también llegados de Anaya. “Empezaron a arruinar la editorial, si hasta introdujeron la autoedición en poesía. Era un modelo de trapicheo”, dice alguien que lo conoció bien.

Empezaron a arruinar la editorial, si hasta introdujeron la autoedición en poesía. Era un modelo de trapicheo

Muchos de los autores que se pasaban por el número 38 de la calle Almagro, sede de la editorial (y donde se rodó 'Mujeres al borde de un ataque de nervios'), eran profesores de universidad, muchos de ellos ligados a partidos políticos. De hecho, uno de los que solía pasar por allí era José Félix Tezanos, el actual director del CIS, que publicó en Biblioteca Nueva libros como ‘El trabajo perdido: ¿hacia una civilización postlaboral?’ o ‘La Democracia Incompleta. El futuro de la democracia postliberal’. Si se mira su bibliografía, entre 2001 y 2017 todos sus libros están publicados en esta editorial. También Rafael Simancas era un habitual. Según cuentan a El Confidencial, la editorial solía publicar libros que estaban financiados por departamentos universitarios o bien por fundaciones de partidos políticos. Era una relación perfecta.

Pero también, dicen, se ocultaban muchos números y en muchas ocasiones no se pagaban las liquidaciones de los derechos de autor. “Se hacían solo para ciertos privilegiados, o si alguien se ponía muy pesado”, señalan. Se perdieron muchos libros porque los contratos expiraron (es lo que sucede cuando no se pagan los derechos). Hasta la obra de Freud dejó de tener la importancia que siempre tuvo para esta editorial, puesto que se mantuvo la traducción de los años veinte que había hecho López Ballesteros -así se evita una nueva traducción que genera derechos- “y su hija todavía espera que le paguen los derechos”. Sin embargo, otra práctica habitual de la editorial es que aquellos libros cuyos derechos se perdían (por no pagar, o por contratos expirados) seguían vendiéndose, incluso reimprimiéndose.

El fin con Malpaso

Para comienzos de la pasada década, Roche ya quería vender la editorial, lo cual conseguiría en 2017 cuando apareció el empresario mexicano Bernardo Domínguez con Malpaso. Le colocó Biblioteca Nueva y también Salto de Página en el lote, aunque Roche se mantuvo en el Consejo de Administración con un cargo honorífico.

Bernardo Domínguez (EL CONFIDENCIAL)
Bernardo Domínguez (EL CONFIDENCIAL)

El día del traspaso da buena cuenta de cómo se había dejado morir a aquella flamante editorial. Fueron los trabajadores los que tuvieron que hacer la mudanza en Almagro durante un fin de semana -con la venta se tuvieron que trasladar a Evaristo San Miguel, en el barrio de Argüelles- y se encontraron con joyas abandonadas. Eran primeras ediciones de libros de Alberti, de Mingote, de Jardiel Poncela, de autores del 98 y del 27. Algunos se los llevaron Roche y otros socios, otros los trabajadores y otros acabaron en la basura. Como prácticamente estaba la editorial.

Lo que sigue a partir de aquí ya es material viejo. El cambio no fue para bien y los negocios de Dominguez son conocidos. La que iba a ser la genial Malpaso acabó con autores, traductores y empleados sin cobrar, según ha reconocido el propio Dominguez, y todavía hoy esperan el dinero que se les debe. Biblioteca Nueva, como ocurrió con Salto de Página, se vio arrasada por este terremoto. Ahora, dicen, aquel sello de grandes ensayistas, periodistas y demás escritores no vale nada. “Es peor cogerlo, porque estará lleno de deudas”, indican.

Y esta es la historia de una editorial que comenzó gracias a un amante de los libros y lo que sucedió cuando dejó de existir ese amor y los libros dejaron de importar.

Cultura
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
2 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios

Lo más leído