Obsesionados con el amante bandido

España lleva 35 años matando a Miguel Bosé (y él se frota las manos)

En 1986 le matamos de sida y ahora por apoyar la conspiración del covid, pero cuando uno es una estrella del pop, lo que no mata, engorda (el ego y el estatus)

Foto: El artista callejero j.warx plasma al cantante Miguel Bosé en su última creación. (EFE)
El artista callejero j.warx plasma al cantante Miguel Bosé en su última creación. (EFE)

"Cuando llega la noche, Miguel tiene que meter en la cama a Bosé". Lo dijo Miguel Bosé en una entrevista para explicar que Miguel Bosé son dos personas: Miguel y Bosé. Miguel es el que está discretamente en casa y Bosé el del 'show business'. ¿Cuál de los dos ha escrito los tuits contra las mascarillas y a favor de las conspiraciones del covid? ¿Miguel o Bosé? Se tiende a pensar que ha sido Miguel, en plena deriva tras su divorcio y la muerte de su madre, pero probablemente los haya escrito Bosé; y eso lo cambie todo, porque cuando uno es una estrella del pop lo que no mata, engorda (el ego y el estatus).

¿Está Bosé en la estratosfera? Seguramente. ¿Tiene España una obsesión enfermiza con él desde tiempos inmemoriales? También. ¿Va a cabrear este artículo a todo el mundo? ¡Ojalá!

De entre los muertos

Miguel Bosé colgó un vídeo casero para promocionar la manifestación de los negacionistas del covid. Muchas críticas se centraron en el aspecto físico del cantante, de 64 años, en plan: además de írsele la cabeza, está muy enfermo, quizá por una vida disoluta. Bien: no son comentarios muy originales.

No es la primera, ni la segunda, ni la tercera vez que los españoles proclaman que Miguel Bosé tiene los días contados. España lleva matando a Miguel Bosé desde hace 35 años.

En 1986, Mercedes Milá entrevistó a Miguel Bosé en la tele y le preguntó por una siniestra ola de rumores: se decía que tenía el sida y estaba muy malito. Algunas enfermeras habían filtrado que Bosé languidecía en varios hospitales españoles. "Debe haber clones míos que yo no controlo. O la gente ve visiones. O tiene muchas ganas de verme. Como no enseño nada, me ven por todos los lados... Yo no soy cómplice del periodismo del corazón, o mejor dicho, del terrorismo del corazón. No tengo nada que contar sobre mi vida íntima, que me pertenece a mí", aseguró Miguel.

Pero también hubo tiempo para que hablara Bosé... Milá le preguntó por qué solo generaba reacciones de amor/odio, y Bosé dejó el plató perdido de divismo: "Eso es signo de grandeza". Dicho lo cual, Bosé hizo el clásico ejercicio de falsa modestia que solo haría un divo: "Detesto ser una estrella".

Por último, sobre las amenazas que recibía por su ambigüedad sexual, Bosé remachó: "A mí me han hecho de todo, pero soy como el ave fénix, resurjo de mis cenizas todas las mañanas". ¡Weah!

Pero su aparición televisiva en 1986 no frenó las habladurías, al contrario. En otoño de 1992, varias personas llamaron a las redacciones de los periódicos con este cuento: "Miguel Bosé está enfermo terminal de sida en la UVI del Ramón y Cajal". Tanto fue el cántaro a la fuente periodística, que se acabó rompiendo en mil pedazos: el 16 de octubre de 1992, Antonio José Alés, locutor de Radio España, dio la 'exclusiva' de la muerte de Miguel Bosé (que estaba rodando en el extranjero ajeno al drama).

Un mes después, Mercedes Milá volvió a entrevistar a Miguel Bosé... para desmentir su muerte en directo. ¡Cómo iba a estar muerto si estaba en la tele de cuerpo presente!, como cuando Jesucristo se apareció resucitado a sus discípulos y les dejó tocar sus heridas como prueba de vida. Milá arrancó fuerte la entrevista: "No sé si darte las buenas noches o qué darte... Mucha gente quería ver que estabas vivo y que dieras la cara. ¿Cómo has vivido todo esto?". Bosé: "Con mucha furia y una impotencia muy grande".

Hay una obsesión con llamarme drogadicto y maricón

Testimonios del público invitado al programa: "Tengo tres hijas y todas me dijeron que Miguel Bosé estaba en un hospital distinto". "A mí que estaba muertecito y que lo estaban escondiendo".

¿Los motivos profundos de todo esto? "Hay una obsesión por llamarme drogadicto y maricón. Y si fuese drogadicto, ¿qué? ¿A quién le importa? Y si fuese maricón, ¿qué? ¿A quién le importa? Estamos en 1992. ¿Qué más da?", zanjó Bosé ese día. En efecto, los chismorreos tenían algo de moralina homófoba, pero también adelantaban algo sobre nuestra época; fantasear con el aniquilamiento de una estrella refleja nuestra manera (infantil) de relacionarnos con ellas: un artista famoso solo puede ser EL MÁS GRANDE o UN JUGUETE ROTO. Con las 'celebrities' siempre es un todo o nada, y con Miguel Bosé el mecanismo se retroalimenta: Bosé nos lo da todo y Miguel no quiere darnos nada.

El padre de todo esto

"Yo he decido tener a mis hijos así porque quiero ser padre soltero". Palabras de Miguel Bosé hace cinco años sobre su decisión de tener cuatro hijos (nacidos en unos meses) por vientre de alquiler. Pero no era cierto que fuera padre soltero: llevaba más de dos décadas ocultando a su pareja: Nacho Palau.

Pero, ¡ay!, Palau salió a la superficie mediática en 2018 tras su ruptura con el cantante. Bosé optó por repartirse a los niños (dos eran hijos biológicos suyos y dos de Palau), es decir, troceó a los hermanos, que tenían ocho años, y pasaron a estar separados por miles de kilómetros (Palau vive en España con lo puesto y Bosé en México). Palau no quedó conforme con el troceamiento. Tras llegar a un acuerdo de mínimos, los niños se juntan ahora con sus padres (una semana con cada uno) en periodos vacacionales, pero el caso sigue en los tribunales.

He aquí un asunto más raro aún que las conspiraciones del covid. De un tipo de extrañeza solo al alcance de un divo pop acostumbrado a ejercer su voluntad en sus dominios: 'Boselandia'

Miguel Bosé con sus hijos en Disneyland en 2017. (Instagram)
Miguel Bosé con sus hijos en Disneyland en 2017. (Instagram)

Pero hay otra manera de verlo, según Mercedes Milá, amiga de Bosé, que dijo en una entrevista: "Me entristece mucho pensar que Nacho Palau, su compañero durante muchos años, le ha sacado forzosamente del armario... Eso me parece profundamente inmoral... Si Miguel no quería decir que era homosexual, por qué le va a forzar una persona con la que ha vivido 26 años y ha tenido cuatro hijos. Lo condeno".

En efecto, Miguel tiene derecho a llevar una doble vida: son sus traumas y hay que respetarlos, pero no es menos cierto que el estatus de Bosé le permitió tener una pareja clandestina durante décadas. ¿Libertad individual y/o abuso de poder?

¿Qué significan estos cotilleos sobre un divorcio? Que las tensiones entre Miguel y Bosé son tan fuertes que de vez en cuando revientan. Bosé es una estrella que desea ser aclamada, pero Miguel solo desea que le dejen en paz. Bosé reclama la atención de los medios para promocionar su carrera, y, al mismo tiempo, Miguel asesinaría a todos los plumillas (tampoco vamos a crucificarle por ello: los periodistas intentaron matarle a él antes).

El truco final

La genialidad de Miguel Bosé consiste en que España siga obsesionada con él pese a que, más allá de sus exitosos recopilatorios, lleva sin publicar un clásico del pop español desde los ochenta. El crítico Víctor Lenore lo resumió en este periódico: "Estamos, sin duda, ante un genio del pop. No se puede llamar de otra manera a quien sobrevive casi cuarenta años al ritmo febril de las modas musicales. Pero, ojo, su talento principal consiste en aferrarse a la categoría de superventas sin hacer apenas aportaciones artísticas. En el pop español, nunca se llegó tan lejos con tan poco".

Su talento principal consiste en aferrarse a la categoría de superventas sin hacer apenas aportaciones artísticas. En el pop español, nunca se llegó tan lejos con tan poco

El cantante atraviesa ahora una fase tan arquetípica que parece guionizada: la del divo adinerado, pero crepuscular, que cuanto más pierde el contacto con la realidad y más se encierra sobre sí mismo, más se hunde en la onda 'new age'. Su último disco original, 'Amo', publicado hace seis años, era un canto al misticismo 'new age', con llamadas a amar "a las ballenas y a las medias lunas". O el ensimismamiento espiritual en el que tantos músicos maduros cayeron antes. Tampoco es que este territorio mullido chirríe mucho en el caso de Bosé, que no venía precisamente del Rock Radical Vasco, sino de la farándula de clase alta, pero es un lugar común pop acabar ahí: lo petas de joven, te forras, te atrincheras en un palacio, descubres el misticismo y el conocerse a uno mismo y acabas lanzando mensajes extravagantes en los medios.

Quien crea que Bosé se está comportando de un modo impredecible los últimos meses, no conoce la historia del pop. Más predecible no puede ser, es más, sus niveles de extravagancia son moderados comparados con los de otros divos musicales extranjeros -recuerden a Michael Jackson- quizás porque la cultura pop en España no da mucho de sí.

Antes de su estallido conspiratorio, Bosé ya había hecho muchas declaraciones políticas, como cargar contra Maduro y Trump con gruesos insultos, es decir, con la sobreactuación típica del mundo del espectáculo. En un artículo sobre sus posicionamientos políticos, Lenore sostenía que Bosé no busca tanto marcar agenda política, como que le hagamos casito: "Es el típico narcisista que solo se defiende a sí mismo".

¿Significa esto que los comentarios de Bosé sobre el covid son una estrategia para seguir en el candelero? Es algo más sutil: no es que lo haga aposta, es que no puede evitar hacerlo. Miguel cree en las terapias alternativas y desconfía de la versión oficial sobre el coronavirus, y Bosé no puede evitar ser siempre el centro de la atención.

Cuentan las malas lenguas musicales que Bosé canta quieto sus mejores canciones y mueve el culo en las peores para desviar la atención de sus fans. A falta de un nuevo 'Amante bandido', Bosé ha decidido mover el culo con las conspiraciones del coronavirus, y los españoles han redoblado su obsesión con él.

España se rasga las vestiduras con los tuits conspiratorios de Miguel Bosé; Miguel asiste atormentado al espectáculo; mientras, Bosé acaricia un gatito...

No hay vacuna (aún) contra el covid, pero tampoco contra el narcisismo pop; ni falta que hace. Miguel Bosé es nuestro amante bandido, corazón malherido, por siempre.

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