2004, el año en que todos leímos 'El código Da Vinci' (y nos pirraron las conspiraciones)
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2004, el año en que todos leímos 'El código Da Vinci' (y nos pirraron las conspiraciones)

Solo aquel año la novela, que publicó una editorial pequeña, vendió más de dos millones de ejemplares en España. Hay pocas historias de éxito y locura desatada con los lectores como esta

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Dan Brown en el estreno de la película 'El Código Da Vinci'

Las conspiraciones son tan viejas como el deseo del ser humano de obtener cierto poder. Ni llegaron con internet, las redes sociales ni las ha disparado el covid-19 ni Bill Gates. Quizá en otro momento fueron algo menos sofisticadas, pero siempre han estado muy presentes con el fin de cortocircuitar la realidad -y la verdad- por aquellas partes más o menos interesadas. Un año clave fue 2004. Pasaron muchas cosas, entre ellas, el peor atentado de la historia de España, pero además todos leímos la novela que elevó la conspiración a fenómeno cultural mundial: 'El código da Vinci', de Dan Brown. Con permiso de ‘50 sombras de Grey’, el mayor pelotazo editorial de los últimos 20 años. Las cifras dicen que ya ha alcanzado los 80 millones de ejemplares vendidos en todo el mundo. Solo en España aquel año llegó a 1,8 millones de ejemplares. Por contextualizar: otro fenómeno como ‘Patria’ lleva ‘sólo’ algo más de un millón en cuatro años.

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'El código da Vinci'

‘El código da Vinci’ fue publicado en español en octubre de 2003 por una editorial pequeña, Umbriel, perteneciente al grupo Urano, especializado en literatura de género, desde thrillers a novelas históricas, negras y románticas. La historia les venía como un guante y el título había pasado de mano en mano en la Feria del Libro de Fráncfort de 2002 hasta que cayó en las de la editora Aránzazu Sumalla. Como contó ella misma más tarde en entrevistas, se interesó por él desde que lo leyó y después solicitó informes de lectura que resultaron favorables. Brown en aquel entonces era un completo desconocido, pero la editora vio que "Brown no ha inventado el thriller del siglo XXI, pero ha construido un puzle perfecto". Se hizo con los derechos antes de que fuera publicado en EEUU, donde salió en abril de 2003. Si hubiera sido después no estaríamos hablando de la misma historia para Umbriel.

Para aquel último trimestre del año, que siempre es el mejor para la industria editorial por las navidades, el bombazo ya se veía venir desde EEUU. Era un libro comercial, pero que incluso había contado con el apoyo de 'The New York Times', que dijo que era un “thriller estimulante” que se leía con “un entusiasmo extremo”. La ola, además, era buena. En aquella década se vendieron más ejemplares de libros que nunca en nuestro país. En 2004 fueron 237 millones de ejemplares vendidos (y se tiraron 310 millones). Para 2007 la cifra había llegado a 250 millones de ejemplares vendidos. Los datos de lectura seguían siendo igual de malos que siempre, pero quien leía compraba más (y quien no leía mucho, también compraba). Obviamente, era un mundo precrisis. El golpetazo no llegaría hasta 2014 cuando solo se alcanzaron los 153 millones de ejemplares vendidos. En la actualidad, según los números que maneja el Gremio de Editores, estamos en poco más de los 160 millones.

Pero en 2003 las cosas todavía eran muy diferentes, así que ‘El código da Vinci’ llegaba con el campo lleno de potenciales compradores aunque ese fuera el único libro que compraran aquel año.

En aquella década se vendieron más ejemplares de libros que nunca en nuestro país. En 2004 fueron 237 millones de ejemplares vendidos. Ahora estamos en unos 160 millones


Y así sucedió. Solo en el primer mes y medio se colocaron 100.000 ejemplares. Mientras, Círculo de Lectores, que también lo vendía en su catálogo, llevó 57.000 ejemplares a los hogares. Es decir, a finales de 2003 se vendían más de 2000 ejemplares diarios de esta novela. Hay pocas historias de éxito semejantes. Seguramente más de una editorial estaba en aquellos meses tirándose de los pelos (aunque nunca lo confiesen).

El Opus, Jesucristo y Da Vinci

La madre del cordero de esta novela -un símbolo sagrado que no viene mal para el tema- era la posibilidad de que Jesucristo hubiera tenido descendencia con María Magdalena y todo eso hubiera sido ocultado por la Iglesia católica cuyos hilos -y conspiraciones- hubiera movido el Opus Dei. Todo eso mezclado con un crimen extraño, batallas entre organizaciones secretas, el misterio del Santo Grial y juegos con la iconografía cristiana y los cuadros de Leonardo Da Vinci, desde La última cena (en el libro se dice que aparece en ella María Magdalena) hasta la Mona Lisa. Dan Brown había sabido jugar con datos probados, otros cogidos por los pelos y otros directamente inventados. Y de ahí había salido esta historia protagonizada por el profesor de simbología de la Universidad de Harvard, Robert Langdom -una especie de Indiana Jones- que había cautivado a los lectores. Desde los fans de Cuarto Milenio hasta el pasaba por allí y el que quería saber qué demonios estaba pasando con la novela de marras.

Todo no fue bueno y hubo alguna crítica lacerante hacia el estilo del libro, considerado una banalidad casi impresentable. Como la de Francisco Casavella en ‘El País’ en enero de 2004 en la que decía que era “el bodrio más grande que este lector ha tenido entre manos desde las novelas de quiosco de los años setenta. No es que tienda al grado cero de escritura. Ni que sea aburrido, prolijo donde no debiera, torpe en las descripciones y en la introducción de datos sobre ese interesantísimo y originalísimo misterio en torno al Santo Grial, Leonardo y el Opus. Tampoco es un problema que repita esos datos en páginas contiguas para que hasta un hipotético ‘lector muy tonto’ llegue a asimilarlos. Ni que escamotee ciertos fundamentos de la trama del modo más grosero hasta que resulten útiles y entonces se les haga aparecer del modo más burdo. Ni importa que las frases sean bobas, y bobas sean también las deducciones de unos protagonistas de quienes se nos comunica, pero no se nos describe su inmensa inteligencia. (...) También se puede pasar por alto que el autor no sea, al fin y al cabo, instruido” (...) “No puedo dejar de felicitar a las editoriales de todo el mundo que en su día rechazaron la publicación de esta infamia y ahora no se arrepienten. Es la demostración de un resto de dignidad, no sólo en el mundo editorial, sino en el sistema mercantil”. Probablemente ha habido pocas críticas tan duras -y que se hayan publicado- como esta.

Francisco Casavella escribió en 'El País' que era “el bodrio más grande que este lector ha tenido entre manos"

Por supuesto, a los lectores todo esto les dio igual. Y menos le importó a Umbriel. Al contrario, puso en marcha la recuperación de otras novelas que Brown había publicado casi sin éxito en EEUU con anterioridad - antes de escritor había probado incluso como cantautor- como 'La fortaleza digital', 'La conspiración' y 'Ángeles y demonios'. Era el rebufo que había que seguir porque lo que empezó a ocurrir con la novela a partir de 2004 fue una locura.

Fiebre religiosa y acusación de plagio

Como el Opus Dei salía muy mal parado en el libro, ya que era la secta mala de la historia, enseguida puso el grito en el cielo. No había entonces redes sociales, pero sus quejas llegaron a todos los rincones del mundo. Hoy sabemos que esto es un error porque fue un efecto Streisand de manual: si alguien no quería leer el libro, el Opus le dio la palmadita que le hacía falta para hacerlo. En 2005 el Vaticano cometió otra torpeza enorme pidiendo que no se leyera el libro dando por “real” una obra de ficción. Por mucho que Dan Brown afirmara en su web que eran datos fiables y reales… estábamos hablando de una novela. Y de censura.

placeholder Sophie (Audrey Tautou) en un momento de 'El código Da Vinci'.
Sophie (Audrey Tautou) en un momento de 'El código Da Vinci'.

Y quizá la Iglesia se volvía loca porque la gente también se estaba volviendo loca. Una de las más damnificadas de todo esto fue la capilla Rosslyn, cerca de Edimburgo, que aparecía en la novela como una de las claves del santo Grial. A los lectores les dio por asaltarla casi todos los días en busca de los símbolos que se señalaban en el libro por lo que las autoridades tuvieron que tomar medidas de seguridad.

Además, Dan Brown también contó con su ración de acusación de plagio. En esta ocasión fueron los escritores Michael Baigent y Richard Leigh los que demandaron a Random House -la editorial de Brown en Reino Unido- aduciendo que el escritor estadounidense había copiado las ideas que salían en su libro El enigma sagrado. Perdieron definitivamente el proceso judicial en 2007 y tuvieron que pagar a la editorial tres millones de libras. A día de hoy tanto Baigent como Leigh han fallecido.

De El Canto del Loco a Bisbal

Cuando 'El código da Vinci' se publicó en España por aquí andábamos encantados con las novelas históricas y la fantasía historicista. Apenas nos interesaban los temas de actualidad ni la política ni las historias más íntimas. Queríamos mundos pasados y juegos de evasión. Tampoco parecía que hubiera demasiado por lo que preocuparse. De esta manera, a la novela de Brown le seguían en la lista de los más vendidos 'Los pilares de la tierra', de Ken Follett y 'El señor de los anillos', de J.R. Tolkien, libro que se había visto beneficiado por la adaptación al cine.

En la gran pantalla ya triunfaban las secuelas de los blockbuster de Hollywood. Películas dirigidas principalmente para un público juvenil, una tendencia que ha seguido hasta nuestros días, si cabe aún más exacerbada. La segunda parte de 'Shreck' y 'Spider-Man' más 'Harry Potter y el prisionero de Azkaban' dominaban la taquilla. Dentro del cine español fue el año del gran pelotazo de ‘Mar adentro’, de Alejandro Amenábar, una cinta que fueron a ver más de cuatro millones de españoles. La imagen de Javier Bardem como Ramón Sampedro quedó ahí ya grabada para siempre. Eso sí, el debate sobre la eutanasia continúa 15 años después sin mucho cambio.

placeholder Concierto de El Canto del Loco
Concierto de El Canto del Loco

Si todo era medio banal la música no lo iba a ser menos. Hacía poco del gran éxito de Operación Triunfo por lo que en las listas se habían colado los triunfitos David Bisbal con ‘Ave maría’ y David Bustamante. También fue la explosión de Bebe con 'Malo' y 'Ella', y 'Obsesión', aquella bachata de Aventura, que una vez se colaba por el oído era imposible sacarla del cerebro (son las cinco de la mañana…). Si en otras décadas el inglés todavía tenía una presencia notable en las listas en estos años casi todo era ya pop español con grupos, dúos y solistas como El canto del loco, La Oreja de Van Gogh, Andy & Lucas y Juanes llenando las plazas de toros y cuya música -no se puede olvidar el ‘flamenquito’- sonaba de forma machacona en todas las radiofórmulas de la FM.

Sí, esta era la cultura mainstream a mediados de los 2000.

Y llegó el 11M…

Pero si hay un suceso que marcó el año fueron los atentados del 11 de marzo que causaron 191 muertos y miles de heridos en los trenes madrileños. Varios días traumáticos en los que también hubo elecciones generales que ganó el PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero. Y si era el año de las conspiraciones literarias estas siguieron girando durante mucho tiempo en el ámbito político.

Mientras todo sucedía, un chaval creaba en su casa el invento que iba a cambiar la próxima década, desde las relaciones sociales a la política: thefacebook

Fueron meses trágicos también para el resto del mundo. El secuestro de la escuela de Beslán en Rusia por terroristas chechenos e ingusetios acabó con una operación en la que murieron 335 personas, muchas de ellas niños. En Ucrania se sucedieron protestas y alteraciones con la famosa revolución naranja de los pro-occidentales Viktor Yushenko y Yulia Timoshenko. Y finalmente el año acabó con el tsunami que arrasó Indonesia y que se llevó por delante la vida de más de 200.000 personas.

Mientras todo sucedía un chaval creaba en su casa el invento que iba a cambiar la próxima década, desde las relaciones sociales a la política. Mark Zuckerberg ponía en marcha TheFacebook, una página en Internet que simulaba el anuario escolar con las foto y datos de los alumnos. Algo de apariencia divertida para conectar personas. Algo que no era tan grave como los misterios que escondía el santo Grial. Solo un juego. Pero, claro, solo era era 2004. El mundo estaba a punto de entrar en otro siglo (esta vez de verdad).

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