crónica

Tralla en el autocine: así es un concierto de música en directo de la nueva normalidad

Los vizcaínos Belako arrancan su gira por autocines en Madrid y declaran que o los músicos son capaces de innovar en la dura situación actual o la música morirá

Foto: Una asistente al concierto de Blako en un autocine de Madrid. Fotos: Sharon López
Una asistente al concierto de Blako en un autocine de Madrid. Fotos: Sharon López

La respuesta simple es obvia: es raro. Pero por partes. Los vizcaínos Belako andan inmersos en la primera gira por autocines de la nueva normalidad (y seguramente de la antigua). El minitour comenzó la noche del jueves en Madrid, anoche pasó por Denia (Alicante) y hoy culminará en Getxo (Bizkaia). Unas caravanas que funcionan como hotel y camerino estos días. Quien también les ha acompañado es el escenario, que a su vez es el camión en el que llevan el equipo. Todo para presentar 'Plastic Drama', su nuevo trabajo, que debería haber visto la luz hace semanas y cuyo lanzamiento se ha pospuesto hasta el 28 de agosto. Y porque, claro, los trabajadores de la música no pueden subsistir sin conciertos.

La gira empieza en el autocine de Madrid, ubicado al norte de la estación de Chamartín. Allí el concierto está previsto para las 22 horas, pero hora y media antes ya ha entrado una buena parte del público. También hay quien prefiere recuperar las viejas costumbres y tomar un refrigerio a las puertas del recinto, pero son pocos y alejados por decenas de metros.

Concierto de Belako en un autocine de Madrid. Fotos: Sharon López
Concierto de Belako en un autocine de Madrid. Fotos: Sharon López

Las entradas tienen un precio de 27 euros con consumición -22 euros sin consumición en las otras dos ciudades- y las hay de dos tipos: de coche (hasta cuatro personas) o de terraza, para quienes van andando, en bicicleta o transporte público. El metro más cercano, por cierto, está a 20 minutos andando. Quizá sea lo que ha tirado un poco para arriba la media de edad, aunque tampoco es exagerado.

El recinto tiene algo de decoración cinematográfica y, claro, un puesto de palomitas. Hay tiempo de sobra hasta el concierto y es hora de hacer la visita de rigor a la barra. Buenas noticias para aquellos que acostumbran a visitar salas del centro de Madrid: el tercio está a 3 euros y la doble a 3,8. Seguramente sea un precio algo elevado o normal en el resto del país, pero en la capital es complicado encontrar una sala media con cerveza por debajo de los 5 euros.

Hay dos tipos de entradas: de coche (hasta cuatro personas) o de terraza, para quienes van andando, en bicicleta o transporte público

Cuando falta menos de una hora, apenas hay ya hueco en la terraza, ubicada entre el escenario y los coches. El público -unas 400 personas en todo el recinto se distribuye entre sillas, mesas y alguna hamaca en un espacio está delimitado por bloques de paja y césped artificial. Cada coche, por otro lado, tiene una parcela de unos tres metros de ancho y largo, así que allí aprovechan para sacar sillas de camping y alguna nevera.

“Oye, os habéis sentado… donde os ha salido, ¿no?”, pregunta con sorna una pareja que acaba de llegar a la terraza. Otros juntan mesas -son una decena- y se ponen en fila horizontal para ver el concierto. “Chicos, vengo a fastidiaros un poco”, dice pocos minutos una persona de producción, que les pide que se separen de nuevo. Poco después un compañero suyo va tomando los nombres de quienes hay en cada mesa “por si hay rebrote, que esperemos que no”.

Lo peor del concierto, lo mejor del grupo

El calor suele ser insoportable en Madrid a finales de junio, pero este año ha dado una tregua y se agradece: la noche es perfecta para disfrutar de música en directo y al aire libre. O de disfrutar de cualquier cosa, porque a ratos parece más un extraño picnic colectivo que un lugar en el que se va a tocar una banda de rock.

El concierto se retrasa un cuarto de hora, pero todo el mundo está sentado y el sol desaparecido, así que nadie tiene prisa. De hecho, hay quien aprovecha para ir a por algo de cena -hay un par de barras de restauración- y se empieza a escuchar el rugir del papel de aluminio de quien traía bocata de casa. Cuando las ráfagas de olor a patatas, pizza o hamburguesa empiezan a llegar, aparecen Josu y Lore Billelabeitia (guitarra y bajo), Lander Zalakain (batería) y Cris Lizarraga (voz y sintetizadores) sobre el escenario.

El sonido está algo saturado en 'Monster' ('AAAA!!!!', 2014), tema con el que abren, pero mejora rápido y es bastante limpio a los pocos minutos. El problema, por llamarlo de alguna forma, que tiene la banda es otro y casi mejor que no lo solucionen: son una auténtica apisonadora en directo. Buena parte de culpa la tiene la contundente base rítmica de la dupla de Lander Zalakain y Lore Billelabeitia, totalmente empastados y haciendo que lo peor del concierto sea estar sentado y distanciado, pero es lo que hay.

Llegan 'Lungs' y 'Maskenfreiheit', de su hasta ahora último disco 'Render Me Numb, Trivial Violence' (2017) y ya dos clásicos de la banda vasca. Para muestra, que casi nadie esté en su asiento cuando llega el tercer tema y algún grupo de amigos salta abrazado (hubo algún pogo de tres personas). Para los musiqueros, el mono de concierto ya se había convertido en King Kong. A nadie le importa que haya habido algún pequeño fallo en los primeros temas. “Estamos poco entrenadas y yo estoy muy nerviosa”, se disculpa más tarde Cris, pero entonces el concierto ya iba rodado.

El problema, por llamarlo así, que tiene la banda es otro y casi mejor que no lo solucionen: son una auténtica apisonadora en directo

“Desde aquí arriba tenemos los pelos de punta de poder tocar de nuevo”, agrega Lore antes de presentar el cuarto tema de la noche, también de Plastic Drama, el cuarto larga duración de Belako, que verá la luz a final del verano. La excepcionalidad ha provocado que ya hayan sacado seis singles antes del lanzamiento -el disco tiene diez cortes- y, además, esta noche presentan dos temas más.

Aunque mantiene una estética similar al anterior, el nuevo trabajo es menos oscuro y más directo, más crudo, y sigue moviéndose en terrenos cercanos al post-punk, aunque siempre han renegado de las etiquetas. En las letras, casi siempre en inglés, reflexionan sobre el uso de las redes sociales ('Profile Anxiety') o el cambio climático (el título del disco no necesita traducción), temáticas que dotan al álbum de cierto aura generacional. El disco va a ser lanzado internacionalmente por BMG y ha tenido hueco destacado en publicaciones como NME o El Universal, además de sonar en la BBC. Este verano, por cierto, se iban a convertir en el primer grupo nacional en tocar en el escenario principal del mítico festival de Reading & Leeds.

Vuelta al concierto. Ya ha pasado media hora y empiezan a aparecer repartidores que llevan la comida de la barra a las mesas. La escena es un poco surrealista, pero bueno. Llegan temas más pausados, las parejas se agarran y es momento de dar una vuelta para ver cómo va la noche en el resto del recinto.

La bocina de la cucaracha

El sonido es bastante bueno para los que están en la terraza y en las primeras filas de coches. A partir de la cuarta fila sigue siendo decente y, en las últimas, casi mejor escucharlo a través la radio: el concierto también se retransmite por esta vía. A los del final no parece preocuparles que los altavoces se queden cortos y apenas son un puñado los que están dentro con las ventanillas cerradas. Como todo tiene sus ventajas, allí se puede ver al completo la proyección en la pantalla del autocine, cosa que apenas se consigue desde las primeras filas. Tampoco queda gente sentada y ya cada uno baila desde su parcela de 3x3.

Belako en concierto
Belako en concierto

Detrás de los coches hay un merendero junto a las barras y varios grupos están allí cenando a su bola. Igual que hay quien paga una entrada para grabar o pasarse el concierto hablando, también hay quien hace lo propio para comer una hamburguesa a 200 metros del escenario con hilo musical difuso. Al menos, lo segundo no molesta. Ahí se quedan. Vuelta a las primeras filas donde, por cierto, cada uno tiene asignada su silla.

Hay quien intenta acercarse al escenario, pero no dura mucho: todo está bastante controlado y no tardan en echar para atrás. En la recta final del concierto se empiezan a escuchar algunas bocinas -la forma de aplaudir de los coches, vaya- y la banda aprovecha para agradecer la confianza del público y el trabajo de “técnicos, producción, barras y nuestras familias que están aquí currando”. “El que tenga la bocina de la cucaracha…”, bromea Josu, al que cortan varios coches que probando suerte. “¡Buen intento!”. También piden que todos los coches den las largas y se dan cuenta de lo que ha pasado: “Anda, si se han salido a bailar y no hay ni Dios dentro”.

Belako en concierto en un autocine de Madrid. Fotos: Sharon López
Belako en concierto en un autocine de Madrid. Fotos: Sharon López

Llegan más temas del nuevo disco, 'Tie Me Up' y 'The Craft', que parece que han calado durante el confinamiento: son de las más coreadas. Para el cierre no podían faltar los dos grandes himnos de sus primeros trabajos: las épicas 'Sea of Confusion' ('Eurie', 2013) y 'Track Sei '(Hamen, 2016), donde Cris, que se ha ido creciendo durante el concierto, acaba rasgando la voz al máximo nivel. Tras el cierre con 'Over The Edge' ('Render Me Numb, Trivial Violence', 2018) se llevan un largo aplauso y todo son sonrisas arriba y abajo del escenario.

Lander Zalakain, encargado de bombo y caja en Belako, se presta a hablar sobre la experiencia con El Confidencial a bordo de una caravana que es hotel y camerino.

PREGUNTA. ¿Cómo es tocar para una explanada de coches y gente dispersa?

RESPUESTA. Veníamos con dudas. Hemos decidido hacer esto porque se nos han caído unos 50 conciertos en España, Estados Unidos, Inglaterra, Alemania... Y muchos en festivales importantes. No sabíamos qué iba a ser esto hasta que nos hemos subido: nunca hemos tocado en autocine y la idea ya suena rara. Ha sido emocionante ver desde el segundo tema la gente súper encendida, una sensación que hace tres meses que no siento. Cuando un concierto suena bien y la gente está enganchada, te sube la adrenalina y es algo que echábamos de menos. Ha sido tan raro como épico. Creo que esto lo vamos a recordar durante mucho tiempo como aquello que hicimos para salvar la situación porque tenemos que comer. Trabajamos con técnicos, producción, sonido, luces... No somos solo las cuatro Belako y esto nos da vidilla porque, encima, hemos tenido que posponer la salida del disco. Sacar un disco sin poder presentarlo en directo no es sacar un disco.

Sacar un disco sin poder presentarlo en directo no es sacar un disco

P. Otras bandas han pospuesto los lanzamientos, pero menos tiempo, o incluso han mantenido fechas. Además, la mayor parte del disco ya se ha escuchado… ¿Por qué sale tan tarde?

R. Hemos tardado 18 meses en grabar el disco y de repente se cae la gira y la discográfica dice que no se puede distribuir adecuadamente... No sabíamos qué hacer. Por una parte, quieres sacar singles, pero por otra no quieres regalar los temas para darle importancia al disco. Es un lanzamiento muy raro: hemos adelantado seis temas de diez y quizá haya un séptimo. Me lo dicen hace unos meses y pienso que es una locura, que es imposible. En abril sacamos un single cada viernes porque veíamos que era buen momento con la cuarentena, y que el disco se iba atrasar lo supimos cuando ya estábamos en medio de eso. Y, claro, ¿haces comprar a la gente en preventa para que el disco llegue en tres meses? Quisimos hacer la edición física especial, con poster y firmada, y mientras ir sacando temas en digital poco a poco, sin tampoco regalarlo en streaming.

Al final hemos un poco una mezcla que contente a nosotras mismas, a nuestro público y a la gente que se haya comprado el disco, que se está vendiendo un montón y en una situación normal no se vendería con tantos adelantos.

Público en el concierto de Belako
Público en el concierto de Belako

P. El disco lo va a sacar BMG pero vosotros teníais vuestra propia discográfica, Belako Records. ¿Qué ha pasado con ese sello?

R. Siempre hemos abogado por la autogestión. Ahora mismo mentiría si dijera que es una autogestión total, porque es delegada. La familia Belako se hace cada vez más grande y estamos trabajando con BMG, que ya fueron nuestra editorial en el anterior disco y estamos encantadas. Belako Records siempre ha estado ahí, somos las cuatro y trabajamos en diferentes tareas del grupo, pero hay tantísimas cosas que algunas no las podemos hacer.

No nos podemos encargar de la distribución en México, Estados Unidos, Inglaterra... Y es lo que estamos teniendo en los últimos discos y, para ello, delegamos. Nos da la expansión internacional que queremos pero respetándonos y trabajando codo con codo con Belako Records, que somos Josu, Lore, Cris y Lander. Todo esto se hace para mantener los derechos de las canciones, porque son nuestras y la hemos hecho nosotras como compositores, productores y arreglistas, ¿por qué tengo que darle derechos a otra gente? Tampoco queremos que nadie pueda hacer algo que no queramos con los temas. Hay que encontrar aliados y no firmar demasiado.

Se ha ido todo el año a tomar por saco: estamos hablando 50 conciertos que se caen

Como trabajadores de la música, la situación es bastante complicada. Es un sector precario y, aunque estés girando incluso internacionalmente, la mayoría de grupos van mes a mes. No sé cómo será en estilos de música más mainstream, pero en Belako vivimos de los conciertos y la música en directo. Al final, lo que viene de la venta de discos o el streaming, aunque tengamos millones de reproducciones, es nada. Esto ha sido el bajonazo, sobre todo las primeras semanas: por ejemplo, tengo una batería con la que toco en casa y ni la tocaba. Luego te das cuenta de lo que está pasando, lo asimilas y empiezas a dar caña a las redes sociales, y eso que no hemos sido un grupo de redes sociales. Singles, temas en acústicos del nuevo disco… Todo para que la llama del nuevo disco no se apagara. Se ha ido todo el año a tomar por saco: estamos hablando 50 conciertos que se caen y eso afecta también a nuestros técnicos, nuestra gente de producción, manager... Para todo nuestro entorno es un daño muy gordo.

A nosotras nos pilló esto en Estados Unidos porque teníamos diez conciertos: Nueva York, Austin... Fuimos la primera semana de marzo y allí empezaron a caerse algunos bolos. Fue llegar y que Donald Trump anunciara el cierre de fronteras. No sabíamos qué hacer. Unos organizadores dicen que no se cancelan, pero otros que sí… Y al segundo día nos tuvimos que volver. La situación iba cambiando en todo momento y mira lo que acabó pasando. Una vez en casa se cayeron el resto de fechas.

P. Volviendo al formato autocine, ¿lo veis factible como solución temporal o ha sido algo muy excepcional?

R. Yo creo que hay que hacer cosas así no solo en la música, en todas las artes escénicas. Al menos nosotras nos hemos visto en la necesidad de hacerlo, no solo por tener ingresos, también por presentar el nuevo disco. Pero no tiene por qué ser solo en autocines, hay que aprovechar más espacios. Los streamings han estado bien pero estoy más convencido con esto: he visto las caras de la gente y me veo a mí mismo después de este concierto y ha sido tan guapo, tan emocionante, que me anima a seguir haciendo cosas así.

Hasta 2021 no van a volver los conciertos como los conocíamos, y tampoco sabemos qué pasará entonces. Es una sentencia muy gorda, pero es que ¿qué vamos a hacer? Si no, la música se muere y el público lo necesita. Ayer tenía dudas pero hoy ninguna de que hacen falta cosas así.

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