Historia

El derribo de estatuas como 'flashmob' de fanáticos: ¿qué está pasando?

En las últimas semanas se han vandalizado estatuas de esclavistas, pero también la de Cervantes en EEUU. Hablamos con historiadores sobre el significado de esta nueva 'estatuafobia'

Foto: La estatua de Fray Junípero en Palma de Mallorca, con la pintada 'racista' (EFE)
La estatua de Fray Junípero en Palma de Mallorca, con la pintada 'racista' (EFE)

“En Palmira, los restos de la gran estatua de Atenea, que habían sido cuidadosamente reconstruidos por los arqueólogos, sufrieron un nuevo ataque. Una vez más, se decapitó a Atenea; una vez más, se le arrancó un brazo”. Esto sucedió en 2015. Lo hicieron militantes del Estado Islámico durante la guerra en Siria y lo cuenta Catherine Nixey en su libro ‘La edad de la penumbra’, publicado en 2018. Pero aquel ensayo no trataba de los islamistas sino de los cristianos que también arrasaron con estatuas y todo tipo de símbolos cuando trataron de imponer su hegemonía al principio de los tiempos. “En estos primeros siglos, y ante esta terrible amenaza, los predicadores cristianos empezaron a exhibir un nuevo y casi histérico deseo de pureza”, escribe Nixey un poco después. Y empezaron a tirar las estatuas paganas del Imperio Romano, además de otros símbolos culturales (como la depilación de las mujeres). La Historia se repite. En 2015, en el siglo I y ahora cuando vemos derribadas o pintarrajeadas otras estatuas de supuestos esclavistas, dicen los historiadores.

O de quien, simplemente, pasaba por ahí. Ya sea el verdadero mercader de esclavos o el escritor de El Quijote, como ha ocurrido con Cervantes en San Francisco (le cayó la palabra 'bastardo'), o un fraile que montó varias misiones en California como Junípero Serra, que ha aparecido en Palma con una pintada tachándole de “racista”. Es evidente que a la población le ha dado por tirar cosas -las que no les gustaran- a lo largo de toda la Historia. Por tanto, ¿qué es esta estatuafobia? ¿Qué está pasando realmente? ¿Hay un debate histórico-social, una crítica hacia actuaciones hoy moralmente reprobables o estamos ante otra cosa de raigambre fundamentalista y de tirar lo que no nos gusta? Hablamos con historiadores sobre el significado de esta nueva 'estatuafobia'

Roca Barea: “Yo creo que esto no es un movimiento de izquierdas sino formas de fanatismo”

“Yo creo que esto no es un movimiento de izquierdas sino formas de fanatismo”, admite a El Confidencial Elvira Roca Barea, autora de libros como 'Imperiofobia' y 'Fracasología'. Esta historiadora afirma que ni siquiera estamos ante un enfrentamiento ideológico, sino que se trata una nueva oleada de iconoclasia como se ha dado en otras ocasiones. “Las hemos tenido en muchas épocas de la historia y lo que sucede es que vienen precedidas de oleadas de fanatismo, pero no creo que sean ni de un lado ni de otro”, sostiene señalando que es otro síntoma “del efecto del irracionalismo en el que estamos que lleva al fanatismo. No aprendemos que en la gama de los grises podemos vivir todos mucho mejor”.

La posición de Roca Barea en esta ocasión no es solitaria. Al contrario, es abrazada desde distintas vertientes, más conservadoras y más progresistas. Hay más crítica hacia la actitud política que alienta estas acciones, ya que no se entiende como un debate sosegado que podría darse y que sería interesante con respecto a nuestros próceres del pasado.

La masa y la polarización política

“Por religión, por política, por cuestiones estéticas, por razones de género… en el fondo la historia del vandalismo contra las imágenes no es nada nuevo”, comenta el escritor y profesor de Historia del Arte en la Universidad de Murcia, Miguel Ángel Hernández, quien añade que “la verdadera novedad es la viralidad. No es tirar solo una imagen sino que va acompañado de un elemento de flashmob, de masa, eso sí es particular de nuestro presente… Eso y la polarización política”.

Para este historiador, que señala como referente el libro de David Freedberg, “El poder de las imágenes. Historia y psicología de las imágenes’, que examina varios casos de destrucción de imágenes, lo que está sucediendo hoy tiene mucho que ver con “una creencia que no hemos superado y es que las imágenes tienen poder. Que hay algo más que pura representación. Las imágenes tienen vida y nosotros actuamos como si la tuvieran. Sería deseable que nosotros nos impusiéramos ante esas imágenes y que no nos dominasen”.

Hay una creencia que no hemos superado y es que las imágenes tienen poder. Que hay algo más que pura representación. Las imágenes tienen vida y nosotros actuamos como si la tuvieran

Por este motivo, lo que está sucediendo, según Hernández, es, en realidad, un movimiento premoderno. “La clave de la modernidad es que no nos afectaran las imágenes y que supiéramos distinguir una imagen racista de la que no lo es. O que no nos cause malestar una imagen porque en sí misma no hace nada. Aquí siempre surge el debate de la educación. Hay que educar a la gente a contextualizar, pero el problema es que esto es algo que está más allá de la razón. Es emocional por lo que educar en esto es también una utopía”, comenta el historiador quien cree que nos hemos plantado en el mismo debate que incluso ha llegado a los tribunales: ¿Si quemas una bandera es un trapo o es algo más? ¿Si quemas una foto del rey es el rey o es solo una foto? ¿Si tiras una estatua es algo más o es un trozo de bronce? “Yo creo que es lo que dice Bruno Latour y es que nunca hemos sido modernos, vivimos en un universo animista y creemos en cosas que no son racionales. Una persona racional nunca tiraría una imagen porque la ve como una imagen y no se emociona”, sostiene el historiador.

Emoción frente a la Razón

En el mismo sentido, el gallego Bruno Padín Portela, historiador y autor del libro ‘La traición en la historia de España’, publicado el año pasado por Akal, estima que la emoción tapa el debate. Así, para él el problema es que el derribo de estatuas no se enmarca en un debate serio sobre la Historia sino que está gobernado por otros intereses, que nuevamente tienen que ver con esa polarización política en la que habitamos. “La Historia hoy en día la única funcion que tiene es ser manipulada. A nadie le interesa la Historia, lo que interesa es coger ciertos tópicos y arrojárselos a otro rival, a mi enemigo. En la esfera política la Historia se ha convertido en un arma arrojadiza como ha sucedido con el lenguaje, que hasta se ha metido la RAE. Eso nos dice mucho dónde estamos”, afirma Padín, quien también sostiene que “la mayoría de la gente no sabe ni la estatua que está derribando. Este revisionismo no tiene sentido. Además, qué hacemos, ¿tiramos Auschwitz porque es el mayor símbolo de la barbarie que puede haber?”.

La Historia hoy en día la única funcion que tiene es ser manipulada A nadie le interesa la Historia, lo que interesa es coger ciertos tópicos y arrojárselos a otro rival, a mi enemigo

Para el filósofo Jorge Freire, autor del libro ‘Agitación. Sobre el mal de la impaciencia’, reciente Premio Málaga de Ensayo publicado por Páginas de Espuma, todo este asunto “tampoco tiene que ver con una revancha de los progres, como dicen algunos”. Al contrario, quizá es hasta más banal, ya que llega “por imitación de lo que se hace en EEUU”. De esta manera, para Freire, “lo que hemos visto en España con las manifestaciones y el vandalismo de alguna estatua es la sumisión completa a los valores de los Estados Unidos. Es un país que estornuda y nosotros nos constipamos. Pero es que aquí nadie se manifiesta por los gitanos rumanos pero sí por un afroamericano de Minneapolis. La hegemonía cultural de EEUU sigue siendo total”.

Imitación de EEUU y los protestantes

A su vez, Freire sigue el dictado del historiador Marc Fumaroli que señala que muchas veces se echa la culpa de la iconoclasia al Islam, cuando “el Islam no está en contra del cine o de la fotografía sino de la idolatría”. De esta manera, para él todo el derribo de estatuas que llega desde EEUU y otros países anglosajones tiene mucho más que ver con el pensamiento protestante. “Lo que está pasando en EEUU es, una vez más, el mecanismo defensivo que enarbolan los pueblos del norte. Para afrontar la mala conciencia hacen perfomances como esto. Venden muy bien su relato de buenos y malos y es fácil demonizar a España como los malos derribando estatuas de Colón y otros misioneros, pero es que a Estados Unidos siempre le ha ido bien vender fantasías, llevan dos siglos haciéndolo. Pero si alguien creó el mestizaje fue España. En el norte no se mezclaron con los indios”.

Miguel De Cervantes memorial is vandalised with red spray paint, in San Francisco, California, U.S. June 19, 2020, in this picture obtained from social media. Picture taken June 19, 2020. David Zandman via REUTERS THIS IMAGE HAS BEEN SUPPLIED BY A THIRD PARTY. MANDATORY CREDIT. NO RESALES. NO ARCHIVES.
Miguel De Cervantes memorial is vandalised with red spray paint, in San Francisco, California, U.S. June 19, 2020, in this picture obtained from social media. Picture taken June 19, 2020. David Zandman via REUTERS THIS IMAGE HAS BEEN SUPPLIED BY A THIRD PARTY. MANDATORY CREDIT. NO RESALES. NO ARCHIVES.

Otros historiadores no son tan críticos en este sentido, como Luis Otero, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad Complutense, que entiende que el derribo sí obedece a “una expresión de protesta y malestar” que lleva sucediendo en EEUU desde los años sesenta con la lucha por los derechos civiles y las minorías, y que ahora se ha exaltado mucho más porque estas minorías ya no lo son tanto. “Empezó con Obama y se ha acrecentado con Donald Trump”, mantiene Otero. Y que esta repercusión ha acabado alcanzando a Europa, por un lado, “por la hegemonía cultural estadounidense”, pero también “porque en Europa hubo esclavismo y un racismo, que ha estado presente sobre todo en Reino Unido y Francia con la trata de esclavos, que fue uno de los negocios más suculentos en el desarrollo del capitalismo mercantilista del XVIII e industrial del XIX y ahora todo resurge con los movimientos de inmigración que hay en Reino Unido y Francia”. Es decir, para este catedrático sí que hay una base fundamentada. Ahora bien, lo que ha ocurrido es que “es un movimiento iniciado que en muchas ocasiones no discrimina y se producen ataques a estatuas que poco tienen que ver con el tráfico de esclavos. Cervantes, de hecho, hasta sufrió él mismo la esclavitud en Argel”.

¿Qué hacemos con las estatuas ?

Hasta ahora las causas de lo que ha ocurrido estas semanas con las estatuas, que basculan entre hechos reales -el racismo en EEUU- la ignorancia, el fanatismo y la acción colectiva sin ninguna reflexión. Pero el debate serio en cuanto a qué hacer realmente con estas estatuas ya es más difícil y ahí ni siquiera los historiadores tienen una respuesta clara sobre qué hacer con ellas y otros símbolos, también lienzos, banderas, objetos.

“Para empezar, mirar el pasado con los ojos del siglo XXI es todo menos un análisis historiográfico y nos sirve como arma arrojadiza en el ámbito del debate político. Pero dicho esto también tenemos que entender que siempre depende de los casos, porque no es lo mismo Cervantes que Antonio López y López, Marqués de Comillas, que sí fue un esclavista. Por lo menos habría que debatir la reasignación del espacio público, porque la estatua es un reconocimiento público. Así que a partir de ahí, dependiendo del papel de algunos personajes y su trayectoria si es cuestionable que estén ocupando un espacio público sería deseable el debate”, sostiene Otero. Claro que siempre debería hacerse con cierto cuidado porque “si empezamos a hacer una lectura sobre el colonialismo ahí entraría el Imperio Romano, que esclavizó a los pueblos del arco mediterráneo. Y lo mismo con griegos, fenicios… Acabaríamos eliminando a todos los iconos de la historia de la Humanidad”, señala este historiador.

Dependiendo del papel de algunos personajes y su trayectoria si es cuestionable que estén ocupando un espacio público sería deseable el debate

Para Bruno Padín lo preferible sería “respetar la estatua en el espacio público y explicar lo que pasó. No debemos caer en el anacronismo. Hay acciones reprobables desde nuestro punto de vista, pero las épocas las debemos entender con otros ojos. No podemos entender la conquista de América con nuestros ojos. Hay que interesarse por entender los motivos que impulsaron eso porque hay infinidad de factores que influyen”.

“La clave es mantener una mirada ambivalente. Mirar con los ojos del pasado, pero tampoco quedarnos ahí para siempre, también hay mirar desde el presente. Porque también es verdad que hay una cosa fundamental y es que esas imágenes no están en el pasado sino que están aquí. Lo que habría que hacer es generar la distancia crítica para que no nos afecte.Para tirar una estatua hay que examinar, escuchar las partes, ver si glorifica algo que no es necesario y si la ponemos en un almacén, pero con sentido común y con tiempo para estudiarlo. Lo contrario es muy irracional, aunque también se entiende porque es humano”, comenta Miguel Ángel Hernández. Lo contrario es lo que ha sucedido estos días.

Hay que mirar con los ojos del pasado, pero tampoco quedarnos ahí para siempre, también hay mirar desde el presente. Porque esas imágenes también están aquí

Para finalizar, a Roca Barea lo que más le chirría es por dónde ha tirado el movimiento en los últimos días en EEUU con el ataque a las estatuas de Jefferson y George Washington. Eso es lo que habría que tener más en cuenta: “Se han atacado a los padres fundadores. Eso del mito fundacional en EEUU es algo muy emocional. Ni la izquierda más radical había atacado a sus padres fundadores. Y eso es la primera vez que pasa y tiene una lectura inquietante”, afirma la historiadora. Por aquí no hay mucho padre ni madre fundadora en el sentido estadounidense, pero habrá que ver qué deparan los próximos días.

Cultura

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
3 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios

Lo más leído