Música

John Frusciante, el fan yonqui que convirtió a los Red Hot Chili Peppers en superventas

El guitarrista, creador de himnos como 'Californication', vuelve a la banda con un disco y gira mundial diez años después de cerrar su última etapa con el grupo estadounidense

Foto: Red Hot Chili Peppers. John Frusciante es el primero por la derecha.
Red Hot Chili Peppers. John Frusciante es el primero por la derecha.

Si alguien hubiera presentado un guion similar para una película, habría tenido dos opciones: acabar en el paro o firmar una cinta tan mala como inverosímil. Podría empezar así:

—¿Te seguirían gustando los Red Hot Chili Peppers si se hicieran tan populares como para tocar en el Forum de Los Ángeles?

—No, porque arruinaría todo lo que es genial de la banda. El público no se siente para nada diferente de ellos.

La pregunta la hizo Hillel Slovak, guitarrista y fundador de la banda californiana. Quien la respondió era un fan neoyorquino de 17 años llamado John Anthony Frusciante, el mismo que les convirtió en lo que más odiaba: una banda llena-estadios. Una década después de su segunda salida del grupo, el neoyorquino vuelve este 2020 a todo trapo: disco y gira mundial. El penúltimo capítulo de una trayectoria que, la verdad, parece de película.

El diálogo con el que empieza este reportaje tuvo lugar en 1988, cuando Red Hot Chili Peppers habían publicado tres discos que pasaron sin pena ni gloria. El cuarteto de Los Ángeles no es que cumpliera con el prototipo de sexo, drogas y rock and roll, sino que lo llevaba al infinito y más allá, algo que desembocaba en continuas broncas e idas y venidas de sus miembros.

Frusciante les convirtió en lo que más odiaba: una banda llena-estadios

Unos meses después de aquella conversación entre Slovak y Frusciante, el final del grupo parecía irremediable: el guitarrista fue encontrado muerto por una sobredosis de heroína, algo que podía haber ocurrido a cualquier otro componente. El batería y miembro fundador Jack Irons no soportó aquello y abandonó la banda. Anthony Kiedis, el cantante, decidió dejar las drogas.

El sustituto a los platos fue DH Peligro, de los Dead Kennedys, cuya mayor aportación fue su amistad con Frusciante. El batería quedaba con él para improvisar en su garaje y un día coincidió por allí con Flea, que fue quien convenció a Kiedis para fichar a aquel fan al que sacaban casi diez años de edad. DH Peligro no tocaba muy allá y, encima, siempre iba pasado de rosca, así que lo despidieron. Un amigo les habló de un tal Chad Smith como "el batería perfecto" para ellos, aunque casi lo rechazan por tener pinta de tocar en Guns N’ Roses.

Frusciante había dejado el instituto varios años atrás y tocaba la guitarra entre 10 y 15 horas al día con sus discos preferidos como base. Su idea era presentarse a una audición para tocar en la banda de Frank Zappa, pero desistió al enterarse de que allí se prohibía el consumo de drogas. Él soñaba con la vida de estrella pero sin ser famoso. Lo que eran Red Hot Chili Peppers en 1988, vaya.

"Tengo erecciones cuando toco"

Un año después de la muerte de Slovak, la banda se había recompuesto y grabado el primer disco con Frusciante y Smith, 'Mother’s Milk' (1989), pero el estrellato llegaría con 'Blood Sugar Sex Magik' (1991), probablemente el mejor disco que han firmado. Fue grabado en una tétrica mansión de Hollywood, donde vivieron aislados durante meses.

En 'Funky Monks', el documental que recoge la grabación de aquel álbum, ya había algunas pistas de qué le pasaba a Frusciante por la cabeza: "Muchas veces tengo una erección cuando estoy tocando la guitarra y me masturbo. A veces trato de abstenerme porque veo el orgasmo como algo dañino para mi fuerza creativa". Aquel proceso estuvo aderezado de toneladas de marihuana, sobre todo por parte de Flea y Frusciante, que también le daba a la cocaína desde hacía tiempo.

Cuando estoy tocando la guitarra me masturbo. A veces trato de abstenerme porque veo el orgasmo como algo dañino para mi fuerza creativa

De aquellas sesiones salieron un retahíla de himnos que les catapultaron a la fama mundial: 'Breaking the girl', 'Funky monks', 'Suck my kiss', 'If I have could lied', 'Give it away'… Y, claro, 'Under the bridge', compuesta de casualidad: era un poema que el productor Rick Rubin encontró ojeando la libreta de Kiedies, que se negaba a transformarlo en canción por estar fuera de su estilo. "Es lenta, melódica y dramática", se excusó.


También se registraron algunos solos memorables de Frusciante, como en 'If you have to ask', una mera improvisación. Sí, la ovación que se escucha al final son los aplausos del equipo técnico y sus compañeros, que no daban crédito. Si el grupo ya iba sobrado de rítmica, Frusciante les dio las melodías —también vocales, ojo a los coros— que necesitaban para no ser una banda más.

'Blood Sugar Sex Magik' arrasó, dejando en mera anécdota la trayectoria anterior de Red Hot Chili Peppers. El problema fue que Frusciante no lograba volver a la realidad al acabar la grabación, pues "tuvo tal derrame de creatividad que no sabía cómo vivir la vida al mismo tiempo".

Mientras, las drogas hacían mella —también empezó a chutarse de heroína— y se montaba paranoias como que estaban planeando asesinarle. "Vi a nuestro conductor hablando en la calle con alguien que creo que está en contacto con las personas que me quieren muerto", le llegó a decir a Kiedis, según cuenta en su autobiografía (Scar Tissue), publicada en 2004 y editada en castellano por Capitán Swing en 2014.

La paradoja de Frusciante

En aquellos mismos doce meses se publicaron discos emblemáticos como 'Nevermind' (Nirvana), 'Ten' (Pearl Jam) o 'Gish' (Smashing Pumpkinks). Los tres fueron sus teloneros durante la gira de presentación, en la que la apatía de Frusciante crecía a la par que su popularidad. "Somos demasiado famosos. Preferiría tocar en salas como en las que actuabais hace dos años", le contaba al cantante entonces.

Cuanto más odiaba el éxito, más famoso era, así que se le ocurrió boicotear las actuaciones en directo

Aquí ocurría lo que se podría llamar la 'paradoja de Frusciante'. El hombre que odiaba la popularidad era el que tenía en su cabeza todo un arsenal de melodías y ritmos que conectaban con el gran público. Cuanto más odiaba el éxito, más famoso era, así que se le ocurrió boicotear las actuaciones en directo. Las broncas eran el pan de cada día en la banda y el neoyorquino comenzaba a estar fuera de sí.


Uno de los episodios más lamentables de aquello fue retransmitido en directo por televisión. La banda acudió a presentar Blood Sugar Sex Magik a Saturday Night Live, donde interpretarían 'Under the bridge'. La interpretación fue un desastre: cambios de tono y ritmo, arreglos inventados sobre la marcha y, como guinda, gritos desquiciados para los coros . "Se dijo que John estaba puesto de heroína durante aquella actuación, pero también pudo haber estado en otro planeta", asegura Kiedis que, de paso, se comió el vacile de Frusciante al darle la entrada (minuto 00:30 del vídeo).

Curiosamente, las ventas se dispararon una semana después de aquello. La paradoja de Frusciante acechaba de nuevo, pero todo explotaría en el debut en Japón, en mayo de 1992. Cuando Kiedis, Flea y Smith llegaron al Club Quattro de Tokio para actuar, el road mánager les contó que John había dejado el grupo. "Tengo que irme a casa de inmediato. Me voy a morir si no dejo esta banda ahora mismo", les dijo cuando le localizaron. Al final le convencieron de dar aquel último concierto, que Kiedis describe como "el más horrible que he dado nunca".

La popularidad de la banda seguía disparada y, ya se sabe, la industria musical nunca ha estado para sentimentalismos. Continuaron con la presentación del álbum en la que probaron con varios guitarristas —como Arik Marshall, que aparece en los videoclips de 'Breaking the girl' y 'If you have to ask'— y, al final, ficharon a Dave Navarro, de Jane’s Adiction.

Nunca llegaron a congeniar, a lo que se sumó la recaída de Kiedis en las drogas y una dura ruptura sentimental de Flea. Smith, el batería, nunca fue parte de las broncas y miraba todo aquello con algo de distancia mientras terminaba el disco con Navarro. Así llegó 'One Hot Minute' (1995), un fracaso comercial que sí contentó a los más puristas. Las diferencias musicales y el abuso de drogas desembocaron en el despido del ex Jane’s Addiction en 1998, que se ponía hasta arriba en aquel entonces.

En esas, Flea se plantó y dijo que se iba de la banda. Solo lo podía evitar algo: la vuelta de John Frusciante.

Tocar, pinchar, el rollo de siempre

¿Qué fue de aquel joven guitarrista entre 1992 y 1998? Pues se dedicaba a pintar, a tocar la guitarra, a drogarse… y a volver a drogarse. Fue así cómo se fundió todo el dinero que había ganado en la música. Por decirlo de forma clara: en aquellos años, a Frusciante no había por dónde cogerlo.

¿Qué fue de aquel joven guitarrista entre 1992 y 1998? Pues se dedicaba a pintar, a tocar la guitarra, a drogarse… y a volver a drogarse

Sus amigos Johnny Depp y Gibby Haynes lo documentaron en un corto llamado 'Stuff' (1993), en el que se le ve, literalmente, en la mierda: garabatos siniestros y sangre por las paredes, basura a raudales y él haciendo no se sabía muy bien qué. Apenas había pasado un año desde su marcha de Red Hot Chili Peppers. Poco después, provocó un incendio en su propia casa —se había quedado dormido mientras fumaba— del que consiguió escapar, no sin antes intentar recuperar alguna de sus guitarras o discos. Sin éxito.

También empezó a dar entrevistas en las que el deterioro era pasmoso. Una de ellas fue para la televisión pública holandesa, en la que contó que, cuando no podía comprar cocaína, ojeaba libros sobre David Bowie y buscaba la palabra "cocaína" para quitarse el mono. Ahí definió también la heroína como "una forma de asegurarte de estar en contacto con la belleza en vez de dejar que la fealdad del mundo corrompa tu alma". Y esta fue la cara que puso justo después de decirlo.

En aquel contexto saca su primer disco ('Niandra LaDes and Usually Just a T-Shirt', 1994). Aunque se ha extendido la idea de que lo grabó y compuso en esta etapa autodestructiva, lo cierto es el álbum fue terminado cuando aún estaba en Red Hot Chili Peppers y simplemente se limitó a publicar el material. Las composiciones no incluidas las recicló para su siguiente trabajo en solitario ('Smile from the Streets You Hold', 1997), que lo planteó como una forma de sacar dinero… para seguir drogándose.

Sus brazos estaban cada vez más deteriorados, llegando a rozar la amputación. ¿El motivo? Pese a pincharse heroína y cocaína de forma habitual, nunca supo hacerlo correctamente y acabó con sus extremidades llenas de heridas y pus.

Pese a ser pincharse heroína y cocaína de forma habitual, nunca supo hacerlo correctamente y acabó con sus extremidades llenas de heridas y pus

También vio la muerte de cerca unas cuantas veces, pero fue salvado por "seres de alta inteligencia" que, al parecer, le susurraban al oído "técnicas sobre cómo no morir por una sobredosis". Lo contó en una entrevista con Guitar World en 2006 —ya llevaba años rehabilitado—, donde reconoció que no creía que "mucha gente fuera a tener la misma experiencia", pues su casa "estaba embrujada".


Sí, el guitarrista —nacido en 1970— cumplía entonces todos los requisitos para entrar al famoso ‘club de los 27’ con Robert Johnson, Jimi Hendrix, Brian Jones, Janis Joplin o Kurt Cobain. De hecho, en enero de 1998 acudió a la clínica Los Encinos, el mismo lugar del que había escapado el líder de Nirvana antes de suicidarse. Fue entonces cuando la infección bucal que arrastraba desde hacía años le forzó a sustituir lo que quedaba de sus dientes por implantes de porcelana. También le pusieron injertos de piel en los brazos.

Un mes después salió de aquel centro y para abril llegó la visita de Flea, que le propuso regresar. "Nada me haría más feliz en el mundo", respondió. Después, limó asperezas con Kiedis que, como él mismo reconoce, le trató de forma despectiva cuando entró al grupo.

Una vuelta de "baja intensidad"

Entre el incendio y las drogas, Frusciante no tenía entonces ni una sola guitarra y llevaba tiempo sin tocar, así que Kiedis le tuvo que comprar una Fender Stratocaster ‘62 esa misma tarde. El plan era una “vuelta de baja intensidad”, sin preocuparse por los compromisos con las discográficas, que ya habían perdido interés en ellos —llevaban casi una década sin sacar un hit—, igual que buena parte del público.

Kiedis y Frusciante estaban oxidados, pero se fueron recuperando. En aquel entonces, el segundo vivía en un apartamento en el que solo había una cama, un tocadiscos y una licuadora. La primera canción en la que trabajaron fue 'Californication', que estuvo a punto de quedarse fuera del disco porque "nada funcionaba" para la letra del cantante. En el último minuto de la grabación, apareció Frusciante con la progresión de acordes que resucitó a Red Hot Chili Peppers.

La primera canción en la que trabajaron fue 'Californication', que estuvo a punto de quedarse fuera del disco porque "nada funcionaba"

Nadie esperaba que pudieran resurgir de las cenizas —David Bowie y Brian Eno declinaron producir el álbum—, y menos que fueran a batir su récord y vender 16 millones de copias en todo el mundo. Ni sus mánagers confiaban en el disco tras escucharlo. "Estaban tan poco impresionados que no podíamos creerlo", recuerda Kiedis.


Fue en aquel tour cuando decidieron empezar los conciertos con sus ya míticas jams con Flea y Smith. El ritmo era frenético y Flea propuso tomarse pausas de 10 días cada tres semanas de conciertos. Una idea que "hacía casi imposible generar dinero". "Priorizamos la diversión, el goce y la salud", relata Kiedies. La banda también decidió donar la cuarta parte de sus ingresos a organizaciones benéficas.

Después llegó 'By the Way' (2002), ofreciendo la cara más melódica y radiofónica del cuarteto, y reportando otro éxito en ventas. Y más tarde el doble 'Stadium Arcadium' (2006) que, con un sonido algo más duro que la anterior entrega, intenta recopilar los diversidad de los trabajos previos.

Un cambio de sonido que, claro, genera polaridad: ¿evolución musical o adaptación a ciertos estándares? Pero no es el momento de abrir el eterno debate. Lo distintivo de Frusciante es que es capaz de colar guitarras impresionantes en la canción más comercial.

Lo distintivo de Frusciante es que es capaz de colar guitarras impresionantes en la canción más comercial

A finales de 2009 Frusciante anunció que llevaba un año fuera de la banda: prefería dedicarse a sus proyectos en solitario. El sustituto fue Josh Klinghoffer que, además de amigo del neoyorquino —tienen varios discos juntos—, ya había tocado con los californianos como guitarrista de apoyo. Ha estado tan desconectado de la banda que hasta rechazó acudir a la ceremonia de inclusión en el Rock and Roll Hall of Fame en 2012.


En estos diez años la banda ha publicado dos álbumes —'I’m with you' (2011), 'The Getaway' (2016)— bastante flojos, y es difícil pensar que vaya a haber rastro de ellos en futuros conciertos. También que alguien vaya a echar de menos esas canciones.

¿El mejor guitarrista de los últimos 30 años?

Las habilidades musicales de Frusciante han desarrollado toda una legión de fans propia —mención aquí para sus trabajos en solitario— que va más allá de los de la banda de Los Ángeles. No es extraño escuchar que se le defina como el mejor guitarrista de los últimos 30 años, ¿una exageración?

“Hay gente que lo ve como un guitarrista del montón porque no factura solo masturbatorios. Todo depende de lo que busques y lo que te emocione. Para mí sí lo es", responde Óscar Westermeyer, periodista y co-presentador de 6x3, programa de Radio 3 sobre el mundo de la guitarra —ya fuera de emisión— en el que Frusciante era un habitual.

Hay gente que lo ve como un guitarrista del montón porque no factura solo masturbatorios. Todo depende de lo que busques y lo que te emocione

"Siempre ha apostado por la emotividad y la sutileza por encima del virtuosismo", argumenta Westermeyer, que lo define como "un mago saliendo y entrando de las canciones: siempre pone su guitarra al servicio de la canción y no al revés". Lo que le caracteriza, desarrolla, es que "nunca ha tratado de imitar a nadie" y "tiene un sonido propio, algo que solo está destinado a algunos elegidos".


También pone en valor que el neoyorquino, al igual que Jack White, "es crucial para comprender la guitarra moderna: han sabido entender que las seis cuerdas ya no tienen el protagonismo de antes, han dado un paso atrás para seguir reivindicando un sonido inimitable desde ese 'segundo plano'".

Siempre ha apostado por la emotividad y la sutileza por encima del virtuosismo. Nunca ha tratado de imitar a nadie

En la última década, sus grabaciones en solitario han transitado los caminos de la electrónica experimental y no han tenido una gran recepción, nada que ver con lo que había registrado en sus mejores trabajos, como 'Curtains' (2005) o 'The Will to Death' (2006). Nadie espera ya otro 'Blood Sugar Sex Magik' pero, ¿vendrá Frusciante con otro 'Californication' debajo del brazo?

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