Entrevista a Albert Soler

La oveja negra del 'procés': "Puigdemont está como una regadera"

El periodista del 'Diari de Girona', que acumula encontronazos satíricos con el independentismo, repasa su vida y milagros. Un punk en el país de los lazos

Foto: Albert Soler estudiando si hay café para todos
Albert Soler estudiando si hay café para todos

La prensa regional suele ser un misterio total para los foráneos, y es una pena: si uno lee solo la prensa de Madrid se pierde muchas cosas. Ejemplo: hay pocos ejemplares (tan punks) en la prensa nacional como Albert Soler, cuyas columnas y entrevistas en catalán en el 'Diari de Girona' supuran humor, desafío a la autoridad y ganas de jarana.

Si no es por el 'procés', quizá nunca hubiéramos conocido a una oveja negra como Albert Soler (Girona, 1963). Por explicarlo con un eufemismo: a Albert Soler no le agrada el 'procés'. Y acostumbra a explicarlo a martillazos (ácidos). Una posición fácil de mantener cuando uno escribe sobre la independencia de Cataluña desde Madrid, Seseña o Almería, pero no tanto cuando opera en el epicentro —Girona— de la Cataluña de los lazos (sí, en todas partes hace frío cuando uno escribe contra la corriente, pero en algunos lugares y medios hace más frío que en otros).

Los artículos de Albert Soler vendrían a ser las almorranas del independentismo. Conflicto puro. El último rifirrafe ocurrió hace unos días: Soler publicó un artículo ('Un tendero vuelve de vacaciones') sobre el regreso de Josep Maria Matamala, 'Jami', hombre de confianza de Puigdemont, que ha saltado de Waterloo al Senado. He aquí un extracto del 'solerazo':

Las amenazas deben currárselas más o solo dan risa

"Matamala se fue porque quiso, ha estado un año y medio viviendo en Waterloo porque le ha dado la gana, y ha vuelto cuando le ha salido del haba, ya que nadie lo reclamaba. Si hubiera vuelto un mes o un año antes, los guardias civiles del aeropuerto le habrían hecho el mismo caso: ninguno, a menos que hubiera hecho escala en Ámsterdam para proveerse de mercancía. Pero la oportunidad de quedar como paletos provincianos era demasiado golosa para dejarla escapar, así que un grupo de gerundenses con nada mejor que hacer, más las autoridades municipales y autonómicas, ociosas por definición, fueron a recibirlo como si fuera un marine que volvía después de seis años prisionero del Vietcong… Entiendo las lágrimas de la familia, seguro que no esperaban ver nunca más al padre/marido. No son muchos los hombres que una vez acostumbrados a la buena vida, sin trabajar y lejos de la familia, vuelven a casa. Matamala pasará a la historia por ser de los pocos hombres que fue por tabaco y han vuelto, es normal que sus seres queridos desborden emoción, la estadística no jugaba a favor del reencuentro”.

En efecto: vitriolo por un tubo.

El texto de Soler —de un humor bastante salvaje— fue duramente criticado por el entorno familiar de Matamala. Y se armó el quilombo en redes, ese no lugar virtual donde Soler acostumbra a ser vapuleado.

Puigdemont es gerundense. Torra es gerundense. Estoy por pedir perdón a los españoles por ser gerundense

Pero no nos pongamos melodramáticos, que a Soler no le gustaría. Ya sea porque le va la marcha, ya sea porque le gusta ir por la vida cuesta abajo y sin frenos, ya sea porque no hay mejor humor que el surgido del choque de contrarios, Soler acostumbra a tomarse a guasa las bullas generadas a su alrededor: el día que Guillem Martínez le preguntó en 'CTXT' por una pintada amenazante aparecida a las puertas del 'Diari de Girona', Soler respondió:

"Fue en la misma fachada del diario. 'Albert Soler: vigila tu espalda', decía. Quizás fue mi fisioterapeuta, el pobre no tiene WhatsApp y no sabe cómo comunicarme que ya tengo una edad y no es bueno ir al gimnasio cada día. La única influencia que tiene es que ahora me calzo faja antes de hacer según qué ejercicio. Es una hipótesis. Si es errónea, si el responsable fue otro, peor para él, yo sigo escribiendo lo que me da la gana. Para otra vez, que sean más explícitos, que pongan, no sé, 'Albert Soler, no escribas sobre tal tema o te vamos a partir las piernas'. Y que firmen. No les voy a hacer ni puñetero caso, pero por lo menos ellos no van a quedar como cobardes y analfabetos. Con lo fácil que es hacerme llegar un sobre con dinero, a quién se le ocurre pensar que me van a influir con una mísera pintada. O sea, encima de cobardes y analfabetos, rácanos".

Su fisioterapeuta. Y así todo.

Torra con Matamala. (EFE)
Torra con Matamala. (EFE)

Hablamos con Albert Soler sobre periodismo, sobre el 'procés' y sobre el cultivo de petunias en Girona (o algo).

PREGUNTA. ¿Cómo de gordo ha sido el pollo con el artículo sobre Matamala? ¿O está ya usted acostumbrado?

RESPUESTA. Más que acostumbrado estoy. Aquí siempre pasa cuando tocas ciertas fibras, sobre todo en las redes. Hace poco escribí un artículo sobre el famoso 'mosso' independentista y salió su mamá a quejarse y a meterse conmigo. Pero la culpa quizá sea suya: si esta señora le hubiera pegado una buena tunda al niño cuando era jovencito, que era lo que se hacía antes, igual ahora no tendría que avergonzarse de su hijo.

Ahora la hija de un senador se mete conmigo, pero es que yo no he dicho nada raro, solo que Matamala podía volver cuando quisiera y volvió cuando quiso. ¡A mí que no me culpe de no poder ver a su padre!

Cara a cara, nadie me dice nada casi nunca, pero claro, en las redes sí. Con el artículo sobre Matamala, una "lectora" me deseó un cáncer, por ejemplo. Cosa que me deja indiferente, puesto que los deseos no son más que deseos. Por ejemplo, yo deseo desde hace mucho, cada día y fervientemente, seguro que mucho más fervientemente que esa tipa, que me toque la Primitiva y que Paz Vega me convierta en su amante. Y ya ves, sigo sin una cosa ni la otra. Por lo menos a día de hoy, veremos mañana. Las amenazas deben currárselas más, o solo dan risa.

P. Al margen de que esté ya acostumbrado a las críticas —y entrando más en una cuestión de carácter— mi duda es la siguiente: a usted le va un poco la marcha, ¿verdad?

Mucha gente me dice que soy muy valiente, pero no lo soy, lo que pasa es que me resbala todo

R. Pues… un poco las dos cosas. Yo he jugado al fútbol en regional hasta los cuarenta años, y además de central, por tanto, a mí me han insultado mucho en todos los campos. Lo que me pueda decir esta gente ahora no es nada comparado con lo que me dijeron cuando rompía espinillas a los delanteros rivales. Mucha gente me dice que soy muy valiente, pero no lo soy, lo que pasa es que me resbala todo, lo que me dicen, lo que piensan de mí, me resbala totalmente. ¿Sabes qué pasa? Que esto debería ser lo normal en la profesión, pero hay demasiados periodistas buscando pesebres o quedar bien con cierta gente. Cada día me entero de algún conocido colocado en la Generalitat. Y claro: si lo que quieres es un pesebre, el mío no es el mejor método, pero como soy muy vago y me conformo con mi sueldo precario de periodista… No busco nada más y además me da todo igual.

P. Una de las claves de las reacciones viscerales a sus artículos quizá sea su humor. Porque una cosa es hacer chistes sobre el 'procés' (o lo que sea) en el contexto de un programa satírico, donde estás avisado de que todo es una chufla, y otra hacerlo en un periódico, donde siempre esperas que se hable en serio de todo, especialmente de temas tan solemnes y polarizados como el 'procés'. Y claro: es empezar a leer sus artículos y… ¡'boom'! O el humor como tecla que saca de quicio...

Los políticos están tan acostumbrados a la crítica sesuda y seria que se la suda. La crítica, sarcástica incluso, molesta mucho más

R. Por supuesto. Por eso precisamente uso el humor. Los políticos están tan acostumbrados a la crítica sesuda y seria que llega un momento que se la suda. La crítica mordaz, irónica, sarcástica incluso, molesta mucho más. Por eso lo hago así: porque sé que les jode.

En el fondo otra cosa que les molesta de mis artículos es que soy mucho más catalán que todos ellos. Y escribo y hablo catalán mucho mejor que todos ellos. Pues mira: que se jodan.

P. Aparentemente, usted dice lo que le da la gana en sus columnas. ¿Cómo llega uno hasta ahí? ¿Esa posición se conquista? Alguien debe cubrirle ahí dentro, ¿no?

R. Por supuesto: si no tienes un director cubriéndote, no hay mucho que hacer. Sobre todo cuando ese director recibe quejas de ti cada cierto tiempo. Yo no sería nada si no tuviera un periódico detrás. Un medio que aguante incluso pintadas contra ti (dos o tres veces) en la fachada. Es muy de agradecer que exista esta libertad de prensa. No es muy normal, porque en mi periódico no es que escriba yo, es que escriben también columnistas independentistas, y cada uno dice lo que le da la gana.

El presidente de la Generalitat, Quim Torra (3i) en un acto de campaña. (EFE)
El presidente de la Generalitat, Quim Torra (3i) en un acto de campaña. (EFE)

P. ¿Para qué sirve un periodista?

R. Para tocar los cojones al poder. Desconfiar cada vez que el poder diga cosas como: 'Hay una hoja de ruta que lleva recto a la independencia'. ¿Cómo es posible que tanto periodista con sueldazo se lo tragara? ¿No se les ocurrió dudar o pensar que eso era imposible? Ahora se están descabalgando muchas grandes firmas del periodismo catalán, que si todo el proceso fue un poco precipitado, dicen. Ahora, porque al principio compraron todo lo que salió por la boca de los cuatro majaretas. Se lo creyeron o simularon creérselo.

P. Hace años coincidió en 'El Punt Avui' con el Puigdemont periodista. ¿Qué recuerda de él? ¿Se le notaban dotes para la escalada?

R. Pues me gustaría poder decir que ya estaba loco, pero no. Parecía un tipo normal. Lo único raro es que dejaba que su novia de entonces —que era de otro medio— rondara por la redacción copiándonos los temas, cosa que a los redactores no nos sentaba nada bien, pero en fin, él mandaba. A estas alturas está claro que Puigdemont está como una regadera. Así de claro. Hace poco salió en la tele diciendo que había creado unos sellos de la República… O cualquier otra chorrada. Es una opinión personal, pero su abogado debería pedir su regreso, pero no para ser juzgado, sino para no ser juzgado… debido a su incapacidad. Que se quede un tiempo internado en una institución donde le traten un poco. No creo que se curara del todo, pero quizá podría acabar trabajando de jardinero o algo. Podría meter su tabarra a las petunias, que no se quejarían, y dejarnos en paz al resto de los catalanes.

P. Puigdemont fue alcalde de Girona. ¿Se le veían dotes carismáticas o era un tecnócrata de provincias cualquiera?

Un pueblo gilipollas fue engañado con una independencia que era complemente inviable

R. Su megalomanía quizá empezó ahí. Se compró una colección de cuadros por una millonada que nadie ha visto todavía. Se permitió construir una especie de restaurante colgante del río, en el barrio viejo, donde no te dejan ni cambiar el rótulo de una fachada, pues ahí estaba el restaurante para la pijería. Como supongo que eran amigotes, pues nada, manga ancha. Cuando le hicieron presidente de la Generalitat, pensé: de la que nos hemos librado los gerundenses, pero pobres catalanes… Puigdemont es gerundense. Torra es gerundense. Estoy por pedir perdón a los españoles por ser gerundense. Oigan, señoras, no todos los gerundenses somos así. Me siento un poco mal.

P. ¿Cómo le explicaría el 'procés' a un niño chino de cinco años?

R. ¡Joder, pobre niño! La primera mentira es que es una revolución del pueblo que viene desde abajo. Nada. El pueblo siempre es gilipollas, pero no el catalán: todos los pueblos en general. La gente puede ser lista o tonta cogidos uno a uno, pero un pueblo cogido en masa siempre es gilipollas. Y eso pasó: un pueblo gilipollas fue engañado con una independencia que era complemente inviable. Para que los de siempre pudieran seguir chupando del bote; y de momento no les ha salido mal: ahí siguen chupando del bote, y el pueblo, engañado. Así que al pobre niño de cinco años le diría: 'No te acerques a Cataluña ni loco'.

P. Hay una cosa extraña del 'procés' hasta el día de la votación: parecía una partida de cartas en la que uno va de farol en farol… hasta que se estrella. Puro juego político. ¿Eran conscientes en las altas instancias de que era un farol simbólico —cuando se declaró la independiente no se retiró la bandera de España del balcón de la Generalitat— o estaban abducidos por su propia propaganda?

Poco a poco, y delante de un juez, van reconociendo que la independencia era simbólica, que era todo una broma

R. No soy especialmente listo, pero desde el primer día dije que todo era más falso que un duro sevillano, que no iba a ningún lado. ¡La gente se me echaba encima! Parecía que estaba mentando al anticristo. Pues bien: poco a poco, y delante de un juez, van reconociendo que era todo simbólico, que era broma, etc., etc.

P. Hay varios personajes folclóricos alrededor del 'procés' que no son fáciles de descifrar fuera de Cataluña.

R. Varios no: muchísimos.

P. Por ejemplo: ¿a Pilar Rahola cómo la podríamos describir?

R. ¡Rahola! ¡Rahola! ¡Por Dios! Todavía ayer hizo su último numerito: llorar en una tertulia radiofónica al hablar de los políticos presos recogiendo sus acreditaciones en el Congreso. ¿En este país se ha perdido el pudor?

P. Rufián tenía pinta de achicharrarse rápido por abusar de la política espectáculo: tuits epatantes, declaraciones altisonantes, golpes de efecto. Pero ahí sigue, se le ve bien, no le va mal. ¿Es más listo de lo que piensan sus críticos?

R. Es que todo esto ha servido para que vivan bien unos cuantos. Rufián llegó al Congreso diciendo que solo estaría 18 meses. Hasta el referéndum. Yo le pregunté el otro día a uno de ERC: "¿Lo de que Rufián siga en el Congreso tras decir lo que dijo es serio o no?". Me dijo: "No, no, lo que quería decir es que estaría en el Congreso hasta que se lograra la independencia”. ¡Hombre! ¡Eso se avisa! El tío se puede jubilar en el Congreso perfectamente...

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