El lío de la obra de Santa María de Caná

El cisma familiar que sacudió los cimientos de la 'catedral' de Pozuelo

Cómo la construcción de una de las iglesias más ambiciosas de las últimas décadas acabó en ruptura entre el arquitecto (Fernando Higueras) y su sobrino y párroco del templo (Jesús Higueras)

Foto:  El sacerdote Jesús Higueras posa este viernes a las puertas de Santa María de Caná. (Enrique Villarino)
El sacerdote Jesús Higueras posa este viernes a las puertas de Santa María de Caná. (Enrique Villarino)

Un arquitecto carismático, en fase crepuscular y ante su última obra (Fernando Higueras). Un párroco joven, emprendedor y con ideas propias (Jesús Higueras, sobrino del arquitecto). Una de las construcciones religiosas más ambiciosas de las últimas tres décadas: la iglesia de Santa María de Caná (Pozuelo de Alarcón, a nueve kilómetros de Madrid). Un rifirrafe entre tío y sobrino en los últimos meses de la obra. Riña, despido y ruptura. Bienvenidos a la construcción de la ‘catedral’ de Pozuelo. Melodrama familiar con edificio de autor al fondo.

Que Fernando Higueras (Madrid 1930-2008) fue uno de los arquitectos españoles más imaginativos del siglo XX es algo de lo que hoy hay pocas dudas, menos aún tras ver la imprescindible retrospectiva que le dedica ahora la Fundación ICO en Madrid. Menos claro es lo que ocurrió hace veinte años, en la primavera/verano de 1999, cuando Higueras trataba de rematar Santa María de Caná, fue despedido de la dirección de obra por el párroco y se montó un quilombo en los círculos arquitectónicos españoles... y en la familia Higueras: por si no fuera suficiente con el choque tío/sobrino, Jesús Higueras, hermano del arquitecto y padre del párroco, era el aparejador. ¿Que qué había pasado a pie de obra? Muchas cosas.

El despido

En 1998, en mitad de la construcción del templo, Fernando Higueras publicó un artículo en la ‘Revista Arquitectura’ del Colegio de Arquitectos de Madrid (COAM). Quería explicar sus planes. “En esta construcción, mi cliente, joven párroco en Pozuelo, me pidió: ‘Tío: quiero que me hagas una iglesia que no sea ‘modelna’. Quiero que tenga planta de cruz. Quiero que sea de ladrillo, y ¡ah! quiero que tenga muchos arquitos'... Accedí a lo que me pedía el párroco por no estar a la moda y le contesté a casi todo con un ‘Sí, bwana’. Traté de hacer con sus ideas algo antiguo, intemporal e insustituible, capaz de envejecer con el paso del tiempo dignamente y con el mínimo deterioro".

Higueras anticipó en dicho artículo (de un modo inconsciente) los problemas que llevarían a la ruptura: los cambios en el proyecto original. "El programa y forma se realizó de acuerdo con el párroco; y puede comprobarse en los planos de planta, alzado y sección... Al principio, las obras se hacían sobre todo siguiendo los planos; ahora, la construcción exige cambios y los planos siguen a la obra, en la que intervengo directamente (en numerosas visitas de obra), siempre tratando de simplificar, agilizar, mejorar y abaratar lo posible los detalles de albañilería”.

Higueras acabó siendo expulsado de la obra, y la bronca llegó a los medios. “El arquitecto esgrime que su sobrino le dijo al obispo que la obra costaría solo 300 millones con el fin de obtener su aprobación. ‘Pero ahora se descubrirá que ha costado 560 millones, me echará a mí la culpa, y por eso me despide’, dijo el arquitecto a ‘El País’.

El arquitecto volvió a la carga poco después en una carta al director: “Para ahorrar honorarios, derechos de visado y licencia, se visó el proyecto oficial con mucho menos precio y metros cuadrados de los reales. Posteriormente, el señor párroco, con el aparejador de la obra y la constructora, acordaron un precio de 299.782.070 pesetas y un plazo de 16 meses, ambos mucho más bajos que los reales... Ante la imposibilidad de ajustar los plazos y precios a los suscritos unilateralmente por la propiedad, y que nunca aceptó el arquitecto, y a falta tan solo de dos meses para la inauguración provisional de la iglesia, el señor párroco sustituyó sin previo aviso, y sin explicaciones convincentes, al arquitecto por una arquitecta. En el poco tiempo transcurrido, la marcha de la obra se retrasó, se deterioró y encareció por ignorancia de la propiedad y la sustituta, que desconocen el proyecto e intenciones del autor”, escribió Higueras.

El arquitecto tiró de contactos y movilizó a la profesión. El Tribunal Profesional del Colegio de Arquitectos de Madrid se posicionó en contra del despido. El decano presidente del COAM, Fernando Chueca Goitia, también. “Sean cuales sean las incidencias de tu pleito por haber sido desposeído de la dirección de tu obra de la iglesia parroquial de Pozuelo, tus compañeros de la junta de gobierno se solidarizan íntegramente con tu postura y deploran que en una obra tan original y personal como esta iglesia, y que tú has dirigido hasta la fecha con asiduidad ejemplar, por circunstancias en las que no vamos a entrar hayas sido despedido sin razón alguna que lo justifique”, escribió Chueca Goitia en una carta al arquitecto.

Sustitución mantenida por la fuerza bruta y el terrorismo de su párroco

El enfado de Higueras no amainó con el tiempo: en 2002, cargó sin contemplaciones contra el párroco en otra carta a 'El País': “El arzobispado lleva ya tres años contestando con el silencio a infinidad de denuncias contra el deterioro, la mutilación, el retraso y el encarecimiento de la llamada 'catedral de Pozuelo', cuya destrucción permite y apoya su eminencia al ocultar los daños ocasionados por su ignorante párroco en materia arquitectónica, Jesús Higueras Esteban, que expulsó al autor de la construcción a siete semanas de su inauguración, sin otras razones convincentes que las exclusivamente personales… Sustitución mantenida por la fuerza bruta y el terrorismo de su párroco”. Duras palabras contra su sobrino, en efecto.

La última obra

Fernando murió en 2008. Jesús es un sacerdote de perfil alto: sigue siendo el párroco de Santa María de Caná, una de las iglesias con más feligreses de España, y ha publicado varios libros. Preguntado sobre por qué contrató a su tío para construir el templo, Higueras responde: “Mi padre era aparejador y su hermano, mi tío Fernando, arquitecto. Fui educado en ese entorno estético: fui al Colegio Estudio (Aravaca), obra de Fernando Higueras. Cuando surgió la idea de construir Santa María de Caná, Fernando llevaba un tiempo sin hacer obras y era muy buen arquitecto. Yo pedí permiso al Arzobispado, por supuesto, para que no hubiera equívocos y pareciera un favor familiar. Le encargué a Fernando un proyecto, pero dándole una serie de líneas: quería una planta de cruz griega y algunas otras cosas, pero él, que era un artista genial, hizo toda la dirección del edificio”.

Lola Botia, pareja de Fernando Higueras y comisaria de la exposición del ICO, “recuerda bien” lo que pasó durante la construcción de Santa María de Caná. Hablamos (en momentos diferentes) con Jesús Higueras y Lola Botia para intentar entender qué pasó esos días. Mirando hacia atrás sin ira.

PREGUNTA. ¿A qué se debió la ruptura?

Lola Botia: No pasó nada grave. Pasó que las obras nunca se terminan cuando están previstas. Parece ser que el Arzobispado tenía prisa en acabar. Imagino que el párroco recibiría presiones de sus superiores y, como consecuencia, metió mucha prisa a Fernando, que no podía correr más, porque quería rematar bien la iglesia… no cómo se acabó haciendo; en el suelo se puso un gres con el que Fernando no estaba de acuerdo: hubiera querido ladrillo canteado. Y le quitaron la dirección de obra. Hubo varios motivos, pero fue una cuestión sobre todo de plazos.

Yo no podía soportar la carga económica. Es muy sencillo: no tenía más dinero

Jesús Higueras: Fue un problema presupuestario. Yo quería ajustarme al proyecto, pero Fernando, que era muy creativo, iba haciendo modificaciones sobre el proyecto original, y yo no podía soportar la carga económica. Es muy sencillo: no tenía más dinero. Lo que hicimos fue acabar su proyecto.

Lola Botia: La obra se pasó de presupuesto, es cierto, pero ¿qué es pasarse de presupuesto? ¿Unos miles de pesetas más? Cuando se producen cambios durante una obra, siempre te pasas de presupuesto, pero si no recuerdo mal, la construcción no llegó a los 400 millones de pesetas ni de lejos. Fue una cifra muy modesta para la época, el tipo de obra y la clase de arquitecto. Cuando otros arquitectos de la categoría de Fernando se pasan de presupuesto —y no quiero dar nombres— se pasan en millones de euros. En comparación, el exceso de gasto de Fernando aquí fue ridículo.

Jesús Higueras: Fernando tenía siempre nuevas ideas que mejoraban lo que había. Pero, claro, eso suponía que donde había un arco, ahora había catorce, y dónde había un pilar liso, ahora había un pilar de ladrillos con movimiento. Hacer y deshacer. Dichos cambios no paraban de encarecer la obra, hasta llegar a la posibilidad real de no poder pagarla. No teníamos alternativa.

P. El arquitecto logró el respaldo de varias asociaciones profesionales. ¿Cómo vivió su despido?

Lola Botia: Fernando se enfadó mucho, claro, pensaba que las cosas se podían haber solucionado de otro modo. Fue su última obra importante y le tenía un cariño tremendo.

Jesús Higueras: Logró un respaldo generalizado del mundo de la arquitectura, sí, pero yo tenía la obligación de terminar la obra con el dinero de unas personas —los feligreses— que confiaron en mí para que les hiciera un templo parroquial. Pese a las protestas, cambié la dirección de obra, pero fue al final y manteniendo el proyecto original.

Fernando no se resignaba a perder la última obra que tenía, y lo llevó muy mal, esa es la realidad

Lola Botia: Los problemas fueron mínimos. Pero algo pequeño se convirtió en algo grande porque Fernando no se resignaba a perder la última obra que tenía, a no terminarla, y lo llevó muy mal, esa es la realidad.

Jesús Higueras: Fernando se enfadó bastante. Yo comprendía su enfado, pero no podía hacer otra cosa. El Consejo Pastoral, órgano que ayuda al párroco a gobernar, tomó la decisión de que Fernando tenía que salir. Yo entendí que no era una decisión exclusiva mía, sino de los propietarios, de la parroquia, de los que habían puesto el dinero, que veían que no iba a terminarse el edificio.

P. Una ruptura profesional siempre es complicada, pero estando la familia por medio lo es aún más. ¿Cicatrizó la herida con el tiempo?

Jesús Higueras: Siempre tuve un trato muy bueno con mi familia, con mis primos, y lo seguí teniendo. Fernando se enfadó… conmigo, con el resto de la familia, no. Es cierto que, en un momento dado, detuvo los ataques y paró toda esa agresividad.

Lola Botia: Con el padre del párroco —su hermano Jesús— tenía buena relación. Siempre se llevaron muy bien. Antes y después. Con el sobrino igual no acabó también, pero es que Fernando nunca tuvo tanta relación con sus sobrinos y sus primos: era una persona muy concentrada en su trabajo.

Llegaba a la obra a primera hora de la mañana, quería ver cómo era la luz. Decía que el arte no era solo inspiración, sino transpiración

Jesús Higueras: Fernando tenía un carácter fuerte y era muy trabajador. Llegaba a la obra a primera hora de la mañana, antes incluso que los trabajadores, quería ver cómo era la luz. Decía que el arte no era solo inspiración, sino transpiración. Era muy creativo. Tenía una chispa muy especial para crear belleza. Los genios no son fáciles de comprender.

Lola Botia: Es una pena que las cosas acabaran así, pero no fue nada tremendo. Es verdad que Fernando se pasó con los plazos y con el presupuesto, pero siempre con afán de mejorar, no tenía tanta importancia, no fue ningún escándalo. Quedaba muy poquito para acabar la obra, por eso fue tan doloroso, y Fernando no lo vio venir. Tampoco hay que echar la culpa de todo al párroco: todo el mundo sufrió presiones, y cada uno actuó en función de dichas presiones, el tema es complicado.

División de opiniones

"Obra excepcional fuera de modos y modas actuales, es arquitectura eterna y emocionante. Se ha construido en Pozuelo la iglesia más bella de Madrid del siglo XX". Lo escribió José Luis Picardo, arquitecto académico de Bellas Artes, en una carta a Fernando Higueras en el año 2000.

¿Está Santa María de Caná entre las mejores obras de Fernando Higueras? He aquí una pregunta cuya respuesta está aún en disputa. La iglesia suele aparecer en las listas de edificios religiosos destacados de las últimas décadas. “Es un edificio singular, una auténtica obra de autor. Realizada por Fernando Higueras toda en ladrillo, de un modo tan artesanal que recuerda los templos mudéjares, evoca aires góticos, casi de ciencia ficción, surgidos de la notable inexistencia de ángulos agudos en interior y exterior, los retranqueos ortogonales en las terrazas y aleros y, por supuesto, la aparición de inesperados jardines colgantes en los claustros, cuyos muretes de contención son bancos”, según un texto de ‘Architectural Digest’ sobre "templos de diseño".

Menos entusiasta se muestra el arquitecto y escritor David García-Asenjo, que ultima estos días un ensayo sobre la arquitectura contemporánea a través de las iglesias: ‘Manifiesto arquitectónico paso a paso’. Resumimos la opinión de García-Asenjo en tres puntos:

1. “En el artículo que escribió en la ‘Revista Arquitectura’, Higueras ya dijo que era una iglesia que no quería ser moderna. Y francamente no lo es, sobre todo por su acabado. Y por la forma de construcción, totalmente artesanal con arcos de ladrillo. Aunque la estructura general es de hormigón. Espacialmente, podría ser más moderna o más interesante sin esas formas y esos materiales”.

2. “La planta tiene forma de cruz, pero el presbiterio no está al fondo sino bajo la bóveda de ladrillo central. El altar está en el centro de la cruz rodeado de la asamblea por tres lados, y esa disposición es moderna, con los fieles alrededor del presbiterio. Rafael Moneo, al que Higueras odiaba, planteó así su iglesia en Donostia. Los techos de la nave principal y de los lados del crucero ascienden hacia el centro de la nave y allí la construcción se eleva con un juego de formas cuadradas que se elevan hacia la linterna que remata la iglesia. La luz que pasa a través de las jácenas de ladrillo que cubren las naves, junto al color del ladrillo, generan un espacio acogedor. Pero creo que está fuera de su tiempo en la forma de construir y en el ornamento del templo, tanto interior como exterior. Que la construcción se muestre tan desnuda sí es moderno, pero esa labor artesanal ya no lo es. Y luego está el exterior, con esa forma tan simétrica y la torre en el eje principal del templo. Es un elemento con una fuerza plástica muy grande, pero está fuera de su época. Y un poco fuera de escala”.

El arquitecto Fernando Higueras. (Fundación ICO)
El arquitecto Fernando Higueras. (Fundación ICO)

3. “A los admiradores de Higueras les gusta mucho, pero creo que no destacaría en una historia de la arquitectura religiosa contemporánea española. Al menos en la que marcó los hitos que la hicieron avanzar. Creo que es la única obra religiosa de Higueras, y no la situaría entre lo mejor que hizo”.

Lola Botia admite que la obra generó dudas en su momento, pero cree que el tiempo ha acabado colocándola en su sitio. “No fue entendida por sus colegas, ahora se entiende mucho mejor. A Fernando no le preocupaban las críticas, porque estaba seguro de estar haciendo bien las cosas, pero sí se sintió un poco incomprendido. Parecía que, después de haber sido un arquitecto innovador y adelantado a su tiempo, volvía a algo que algunos consideraban más manido. Supongo que fue eso. Pero bueno, la iglesia ahí está: es una joya”, zanja la responsable de la Fundación Fernando Higueras.

Más allá cerrar su trayectoria por todo lo alto, Fernando Higueras tenía también un deseo íntimo para querer rematar Santa María de Caná, como explicó en su texto de 1998. Un deseo relacionado con la torre de 40 metros de la iglesia... y las aves: "¡Ojalá que las torres se terminen, y vuelvan las cigüeñas a Pozuelo!".

Así que podemos concluir dos cosas de esta historia: 1. Encargar una obra a un familiar siempre es arriesgado; 2. Pasan las broncas, quedan los edificios... y las cigüeñas.

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