82 ANIVERSARIO DE SU MUERTE

H. P. Lovecraft, helados y gatetes: la cara desconocida del genio del terror

Un cómic biográfico editado por Oberon rescata la faceta de un escritor que parecía encarnar el papel de un ermitaño y que en realidad disfrutaba de la compañía de los suyos

Foto: Viñeta de 'Howard P. Lovecraf. El escritor de las tinieblas'.
Viñeta de 'Howard P. Lovecraf. El escritor de las tinieblas'.

-Siempre mete mucho de sí mismo en sus relatos, Howard, pero nunca habla de helados. ¿Cómo puede ser?

-¡El abominable sorbete de frambuesa de las tinieblas!

La conversación tiene lugar el verano de 1927 en Providence, en un restaurante con una carta que muestra veintiocho helados distintos. Howard P. Lovecraft, que acaba de recibir la noticia de que su ‘La llamada de Cthulhu’ finalmente va a ser publicada, los ha probado todos. “Ya conoce mi pasión de devorador de helados”, responde risueño el escritor cuando su amigo James se sorprende por su proeza.

'Howard P. Lovecraft. El escritor de las tinieblas' (Oberon)
'Howard P. Lovecraft. El escritor de las tinieblas' (Oberon)

La escena la plasma el cómic biográfico ‘Howard P. Lovecraft. El escritor de las tinieblas’ (Oberon), escrito por Alex Nikolavitch y con ilustraciones de Gervasio, Carlos Aón y Lara Lee. En sus páginas, Lovecraft -esta semana se cumple el 82 aniversario de su muerte- resurge con una sensación agridulce, rescatando sus partes oscuras pero también su dimensión terrenal y sociable, la que le hinchaba el corazón cada vez que visitaba su Providence natal. "Esta ciudad me inspira", suspira el Lovecraft dibujado en el papel.

Al cerrar el cómic, uno, sobre todo si es seguidor de la obra de Lovecraft, termina con una sensación triste y agradable. Nikolavitch parece sacar al escritor de Rhode Island de su caparazón y mostrar, entre un universo de verdor -en el que se echa un poco en falta llegar a su horror a través del dibujo-, vida, obra, tristezas, alegrías, situaciones mundanas y atmósferas cósmicas que formaron parte de sus últimos diez años de vida. Lovecraft en su desnudez poliédrica.

Como relatan, Lovecraft tenía debilidad por los helados y los gatos. A pesar de sus acentuados problemas de dinero, aseguraba no necesitar demasiado. A menudo se reunía con colegas de profesión y otros amigos, como Harry Houdini, con quienes se mostraba atento y amable, aunque prefería la comunicación a través de una abundante correspondencia que recibía y enviaba sin descanso: "Un 'gentleman' no debería dejar esperando a sus contactos".

A menudo se reunía con colegas de profesión y otros amigos, como Harry Houdini, con quienes se mostraba atento y amable

Además de su afición por los helados -de vainilla y café- que recupera la biografía, el postre favorito del escritor era la tarta de arándanos -para el verano- y el pastel de carne picada -para el invierno-, como relata su página oficial. “También soy un entusiasta de las patatas”, le diría a J. Vernon Shea. En cuanto a los gatos, Lovecraft poseía uno negro. “No me disgustan los perros más de lo que lo hacen los monos, los seres humanos, comerciantes, vacas, ovejas o pterodáctilos”, escribió el escritor en el ensayo ‘Cats and dogs’. “Pero por los gatos tengo un particular respeto y afecto desde los primeros días de mi infancia”.

Triste jovial con sentido del humor

Lovecraft con un gatete.
Lovecraft con un gatete.

“Lovecraft se comportaba con frecuencia como un personaje, divirtiéndose encarnando el papel de un abuelo, de un ermitaño, cuando en realidad era un hombre en constante relación con sus coetáneos, y no desprovisto de cierto sentido del humor”, escribe en el prólogo del cómic David Camus, guionista, cineasta y traductor de Lovecraft. “Un triste jovial, podríamos decir”.

Para entender al escritor del ‘Necronomicón’ con “sus propias palabras”, Nikolavitch ha incluido en el cómic fragmentos de sus abundantes cartas y de su propia obra. “Muchos le llamamos ‘maestro’, lo que le hubiera hecho reír, estoy seguro”, continúa Camus.

El medio de comunicación favorito de Lovecraft era, sin duda, la correspondencia. Sin embargo, echando un vistazo a sus cartas, se aprecia que el autor también pasaba una considerable cantidad de tiempo con sus amigos, ya fuera en su propia casa o a recorriendo Estados Unidos. En el propio cómic, el escritor viaja de un lado a otro, visitando a compañeros de profesión y disfrutando del tiempo con ellos, quienes también se preocupaban por él. “Incluso usted tiene que comer de vez en cuando”, le insistiría su amigo Frank Belknap Long antes de llevarlo a un restaurante.

Miedo a la luz… y al mar

El autor de 'Los mitos de Cthulhu' creó toda una mitología de dioses poderosos, extrajo todo el miedo de su cabeza y lo plasmó en el papel. “El miedo es una de las emociones más antiguas y poderosas de la humanidad y el tipo de miedo más viejo y poderoso es el temor a lo desconocido”, escribió. El propio Lovecraft padecía diversas fobias que terminaron influyendo en su trabajo.

Era un hombre en constante relación con sus coetáneos, y no desprovisto de cierto sentido del humor

En el libro ‘H.P. Lovecraft: vida y obra ilustradas’ (Diábolo), Agustín y Hernán Conde de Boeck publican algunas de las aversiones del escritor: miedo a la luz diurna -”Me hace daño a veces”-, miedo al frío, miedo al mar y a sus criaturas… Una referencia a este último -más allá de la obviedad de Cthulhu- aparece en el mencionado cómic ‘Howard P. Lovecraft. El escritor de las tinieblas’. En un restaurante, su amigo Edgar Hoffmann Price le ofrece pedir “frutos del mar”. “¡Dios del cielo, no, me parecen repugnantes!”, exclama Lovecraft, que no puede ni consentir que Price lo pida para él. “No sé si lo soportaría, incluso en su plato”. Es en este momento donde vemos la primera referencia al dolor de estómago del escritor, que poco años más tarde moriría por cáncer del intestino delgado.

Páginas de 'Howard P. Lovecraft. El escritor de las tinieblas'.
Páginas de 'Howard P. Lovecraft. El escritor de las tinieblas'.

Aunque en gran parte del cómic se muestra esa visión del autor más extrovertida y simpática, los miedos de Lovecraft no fueron lo único oscuro en su figura. Fue un racista declarado y consideraba inferior a todo el que no fuera de origen anglo-germánico. “Cada civilización tiene necesidad de una forma específica de fascismo adaptado a su propio temperamento”, escribió en una carta a su amigo Robert E. Howard. A Lovecraft le fascinó el fascismo desde la llegada de Mussolini al poder en 1922 y años después escribió en una carta: “Social y políticamente hablando soy tory, zarista, patricio, fascista, nacionalista, militarista y partidario de la oligarquía”.

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