publica 'Fungus', una novela fantástica

Albert Sánchez Piñol vuelve después de 'Victus': "Quim Torra es un buen tío"

Es uno de los escritores más leídos, en catalán y en castellano, pero no siempre ha sido noticia por sus libros

Foto: Albert Sánchez Piñol. (EFE)
Albert Sánchez Piñol. (EFE)

Después de cinco años, Albert Sánchez Piñol (Barcelona, 1965) ha vuelto con 'Fungus' (Alfaguara), una novela de tono fantástico que cuenta con unas preciosas ilustraciones de Quim Hereu y también con un teaser de Franc Aleu. La historia le sirve para reflexionar sobre el poder y nuestras sociedades. Como antropólogo de formación, se trata de un tema que ya ha estado presente en otras novelas suyas anteriores como 'La piel fría' (2002) o 'Pandora en el Congo' (2005), con las que ya consiguió multitud de lectores en todo el país, tanto en catalán como en castellano.

'Fungus'
'Fungus'

Sánchez Piñol es un autor muy alabado por la crítica y tiene un estilo muy particular, exquisitamente atractivo. Pero no siempre ha sido noticia por sus novelas. Con 'Victus' (2012), uno de los libros más vendidos hace seis años en Sant Jordi (hasta la fecha ha despachado más de 250.000 ejemplares) y que narraba el Asedio a Barcelona durante la Guerra de Sucesión Española (1713-1714), se desató la polémica tras la cancelación del acto de presentación del libro en el Instituto Cervantes de Utrech en 2015. El escritor nunca ha escondido su ideología cercana al independentismo.

PREGUNTA. ¿Por qué vuelve otra vez al tema del poder?

RESPUESTA. Como etnógrafo me interesa. En mi trabajo de campo estuve con los Mbuti, más conocidos como los pigmeos del centro de África, y no sabe lo que significa vivir aquí o vivir allí. Si yo ahora mismo me muero solo cogiendo mi cartera lo podrían saber todo de mí. Hay sociedades donde eso no existe. Y la pregunta fundamental es quién manda aquí y por qué acatamos.

P.- ¿Y quién manda?

R.- Para mí la respuesta es terrible porque mandan los de abajo. ¿Tú crees que Trump manda en el mundo? Yo creo que no. En antropología hay dos grandes teorías sobre el poder, y yo soy adicto a una. Una de ellas es la nietzscheana. Nietzsche se preguntó quién es el poder. Y su respuesta fue: es un individuo con una fuerza de voluntad tan grande que acaudilla a su nación, la lleva a su destino histórico y el pueblo, iluminado, lo sigue. Pero hay otra teoría, que es la de Marcel Mauss, un sociólogo francés del XIX. Y su teoría es opuesta: ¿quién es el gobernante? Nadie, un títere en manos de los gobernados. La relación entre gobernados y gobernante es muy similar a la de hipnotizado e hipnotizador. Quien da las órdenes es el hipnotizador, pero no da cualquier orden, sólo la que el hipnotizado está dispuesto a acatar. Dile a un hipnotizado que se tire de un quinto piso.

P.- Pero estamos en una época en la que se habla continuamente de los hiperliderazgos.

R. Eso es pantomima. Hay un tío que entró con aires napoleónicos en el Eliseo pero te salen cuatro tíos con chalecos amarillos y todo el gobierno cambia su postura en una semana.

P.- ¿Y cuáles son las consecuencias de que el poder lo tengan los de abajo?

R. Esto se tiene que desarrollar. Eso me da rabia con este libro, porque he cerrado las tramas. Yo he tenido que recurrir al elemento fantástico para retratar a una sociedad realmente democrática, que son los fungus. Eso es lo inquietante, que nos van a poner ante el espejo de que nosotros no somos una sociedad democrática. Nosotros, como sociedades, hemos construido unos discursos ideológicos muy bellos. Hay cosas del socialismo, anarquismo, que son de gran belleza, pero no las hemos llevado a la práctica nunca.

Albert Sánchez Piñol. (EFE)
Albert Sánchez Piñol. (EFE)

P.- Y, según usted, ¿los chalecos amarillos la están llevando a la práctica?

R.- Sí, sí, pero cuantas veces en la historia hemos visto cómo se repiten las tragedias. Si todo empieza muy bonito, pero ustedes aquí vieron el inicio de Podemos, que era muy bonito y sabiendo que…

P.- Qué poco duran ahora las cosas. Hasta los movimientos políticos.

R.- Sí. Yo lo llamo el turbocapitalismo. Todo va a una rapidez. Hace unos años hicieron un estudio que decía que la gente sólo podía mantener doce segundos la atención. Lo hicieron las empresas de márketing. Y hoy en día ha bajado a ocho segundos. Es que todo pasa de actualidad y se desgasta a una velocidad increíble, porque nadie lo resiste.

P.- ¿Y ahí cómo casa la literatura? Porque escribir lleva un tiempo. Y leer también.

R.- El formato libro está muerto. El libro no va a desaparecer, pero va a quedar en la reserva. Es terrible. Mi primera versión de 'Fungus' es de 2005. Hostia si tiene un trabajo detrás. E imperfecto porque siempre lo es. Las complicidades de que si vamos a hacer un juego de mesa, etc… Es que esto da para mucho. Hay un cómic en proyecto. Y quiero que esto salga bien. Pero es que va a durar tres semanas en las librerías, menos que un yogur. Va a caducar antes.

El formato libro está muerto. El libro no va a desaparecer, pero va a quedar en la reserva. Es terrible

P.- ¿Y cómo lo lleva como escritor?

R.- Lo que ha hecho el turbocapitalismo es que antes tenías mas margen para llegar al conflicto, lo que llamamos el giro narrativo. Aquí en el primer capítulo hablo de los personajes, en el segundo aparece el monstruo, ¿seguirías leyendo? Yo sí. Ese es el gancho. Antes, si el relato era así de largo [y hace un gesto extenso con las manos], ahora está aquí [y acorta el gesto] porque la gente no tiene atención. Yo de eso no me quejo. En el siglo XIX los que leían eran los burgueses y eran señores que tenían todo el tiempo del mundo para leer, pero hoy la vida, el capitalismo, lo ha acelerado. En un spot ahora ya te hacen todo un relato. A mí eso me parece chapó. Vale, te adaptas a los tiempos. Pero hay otra cosa que no puede ser y es que el producto de consumo se está comiendo al producto cultural. Yo no puedo hacer un 'Fungus' en 15 días, no puede hacerlo nadie. Lo que pasa es que desde la peli de Mozart lo que nos han convencido es que ser un genio es muy fácil y ser un mediocre como Salieri es muy difícil y no es verdad. Mozart curraba como un loco.

P.- No es que se acorte, es que también se simplifican. Lo vemos hasta en los discursos políticos, completamente infantilizados.

R.- Para subsanar eso solo confío en una sociedad con un nivel de educación cada vez más alto. Pero lo de la simplificación…. Desde Goebbels. A ver, esto [y señala el libro] no es una pantalla de móvil, pero vamos hacia el móvil. Yo me iba resistiendo, pero el otro día me di cuenta de que lo primero y último que hago cada día es mirar el móvil. Eso hace unos años no era así. Lo que está claro es que los chavales no leen, miran. Los relatos pueden ser visuales y muy buenos, pero yo creo que la narrativa escrita tiene algo más porque es tu cerebro el que tiene que imaginar coas que la pantalla te da hecha. Ninguna pantalla va a superar al libro.

Albert Sánchez Piñol. (EFE)
Albert Sánchez Piñol. (EFE)

P.- La figura del monstruo también aparece en sus libros. ¿Por qué? ¿Y por qué una seta?

R.- Porque me permite hablar de cosas que están paradójicamente muy cerca de nosotros que aparentemente están muy lejos. Pero por eso te digo que este Fungus va a crecer con otros libros. Y a mí lo que me extraña es que no haya más relatos con setas.

P.- Es cierto que las setas tienen un punto alucinógeno interesante.

R.- Y más. Son del bosque. No hay setas en un mundo urbano. Y tú mira una seta cinco minutos y hostia, es otra forma de vida. Y ese es un recurso que no se ha usado. Pero esto no son setas. Son 'Fungus', es el poder que te va a llevar a la perdición.

P.- Entonces es peligroso el poder de los de abajo.

R.- No, no, al contrario. Lo terrible del caso es que ya lo tienen los de abajo.

P.- Entonces, si no es peligroso, viviríamos ya en el mejor de los mundos posibles.

R.- ¿Por qué? ¿Porque son los buenos? No, no, los de abajo también son el mercado. Lo triste del caso es que arriba no hay nadie. Eso de que haya alguien, los judíos, los comunistas, la coca cola, son teorías conspiranoicas. Es todo demasiado complejo para que nadie pueda controlarlo. Yo lo que defiendo es que los de arriba no hacen nada sin el consentimiento de los de abajo. Si se desvían de lo que quieren los de abajo, caen. En cuatro días caen.

Los de arriba no hacen nada sin el consentimiento de los de abajo. Si se desvían de lo que quieren los de abajo, caen en cuatro días

P.- Algunos se mantienen.

R.- Eso es inquietante. Porque significa que lo que realmente encarnan son los deseos de los de abajo. ¿Tú crees que Franco se murió en la cama porque sí? De hecho, empiezo a sospechar que no se murió. En este país había muchos franquistas. Y en Chile muchos pinochetistas. Cuando alguien está arriba mucho tiempo es porque encarna algo.

P.- ¿Y en Cataluña mucho puigdemontista?

R.- Sí que lo hay. Yo creo que desde el poder central con esto han cometido un poder nietzscheano. Aznar creía que él mandaba. Se puede ser nietzscheano y sincero. Entonces se cargaron a Pujol, pero la cosa siguió y dijeron, ah, entonces la culpa es de Mas. Y les salió otro. No, había que mirar abajo, no arriba. Es que me parece tan obvio…

P.- Los de abajo también pueden cambiar de forma de pensar si no se les está diciendo todo el rato lo mismo.

R.- ¡Claro! Y cambian. Esa es la tercera parte del libro. El tema del poder es apasionante.

P.- Y no hay que dejar de lado la seducción.

R.- Esa es una teoría antigua. La del carisma. Durante muchos años hemos creído, como los salvajes, que el carisma existe. Pero, ¿tú has visto lo feo que era Jordi Pujol?

Albert Sánchez Piñol. (EFE)
Albert Sánchez Piñol. (EFE)

P.- Bueno, el carisma no es sólo es atractivo físico.

R.- Exacto. Es una construcción desde el poder. Yo eso de la erótica del poder no sé qué es. Quiero que alguien me la cuente. Como hasta ahora la mayoría de gobernantes han sido tíos, qué quiere decir, ¿que las mujeres les gustan los gobernantes? No me puedo creer que desearan a Jordi Pujol. El otro día estaba leyendo un libro muy bueno sobre la guerra y la política que decía: déjense de carisma, el éxito en la guerra se consigue con el éxito. Si has ganado una batalla tienes más posibilidades de ganar otra.

P.- De hecho, suele ser el partido en el poder el que convoca elecciones o lo que le interese ganar.

R.- Y escogen la fecha etc.

P.- Precisamente vamos a este tema: el procés. En 2015 se canceló la presentación de su libro, 'Victus', en el Cervantes de Utrech. ¿Cómo recuerda, con todo lo que ha pasado después, todo aquello? ¿Cómo lo ve ahora?

R.- Para mí fue terrible. Había cosas que no me quería creer. Pero a ver, en media hora esto entre usted y yo no lo arreglamos. Y tres años después sigo exonerando de toda mala intención al Cervantes. Porque no fue el Cervantes. Ellos me llamaron pidiendo disculpas. Yo puedo tener discrepancias con el Cervantes, pero siempre he tenido buenas relaciones y debemos colaborar al margen de ideologías. Fue el Ministerio de Asuntos Exteriores. Fue terrible. Que te llegue un comisario político y que te diga lo que puedes escribir o lo que no. Fue una censura tan brutal que les salió el tiro por la culata. Pero es que la mayoría de artistas catalanes cuando salen fuera tienen al comisario político encima. Y yo estoy pagando al comisario político con mis impuestos. ¿Y qué había hecho yo? Presentar mi novela fuera. No era un acto político. Era lo que se hace en las bibliotecas.

La mayoría de artistas catalanes cuando salen fuera tienen al comisario político encima... y lo estoy pagando con mis impuestos

P.- Su novela se la iba a presentar Quim Torra, que entonces dirigía el Centro Cultural del Born y hoy es el president.

R.- Ah sí, sí. Él me presentó el libro. Es que es un país muy pequeño y nos conocemos todos. Es un buen tío.

P.- Con aquellos tuits…

R.- Seguí la polémica. Y cómo se ha descontextualizado. Él se estaba refiriendo a un nazi que había dicho que había que exterminar a los catalanes. Y se calentó y puso aquello. Pero lo cogen y lo sacan de contexto. Yo no defiendo esos tuits, pero es que ni Cataluña, ni el catalanismo político es así. A mí lo que me gusta de Cataluña es que da igual de dónde vengas. Da igual que te llames Sánchez, Pujol o Torra. Claro que encontrarás un majadero, pero eso en todas partes. Todo esto viene de una estrategia de adaptación a la presión externa distinta de la vasca. Ellos viven en montañas y su estrategia es encerrarse entre ellos mismos. Pero los catalanes no pueden hacer eso porque todos son puertos. Los tanques te entran por Lleida… Y nuestra estrategia es captar al enemigo. Es más saludable. Abrimos las puertas.

P.- Antes hablaba de la censura. Ahora se habla mucho de la censura de las opiniones. Bueno, está aquí, presentando tu libro. Su libro se vende en español... ¿Dónde está la censura?

R.- Perdona, claro aquí no se enteraron, pero yo sufrí otro caso de censura. Yo publicaba artículos en La Vanguardia. Y me tuve que ir por la censura. Además me censuraron un artículo, pero salió en la web. Y me llamaba el director chillando como un loco porque escribí un artículo sobre el ejército español y sobre la ultraderecha. Y fue un escándalo en Cataluña. Y van a por mí. Y estoy vetado en La Vanguardia.

P.- Sí, pero se puede hablar. Ahora estamos hablando para un periódico. La gente da sus opiniones.

R.- Sí, hombre sí, si no esto sería la selva. Pero también sabemos que hay gente a la que están juzgando… Allí los unionistas saben que es falso que quisieran hacer una rebelión armada. Toda la tradición histórica del independentismo es ghandiana y ahora no sé qué cuentan con lo de los coches de la Guardia Civil abollados. Rebelión es lo que hizo Tejero. No manifestarte e ir a votar con policías pegando porque quieres ir a votar. 10.000 policías enviaron para impedir eso. Yo lamento mucho dónde está la izquierda española. También hay diversidad de opiniones tanto en Castilla como en Cataluña. Yo el tema lo veo muy mal. No veo arreglo. Claro que hay civilización, pero arreglar esto… No lo veo. No veo posibilidad. Esto se decía que era un suflé y no lo es. Siguen ganando las elecciones en Cataluña.

Rebelión es lo que hizo Tejero, no manifestarte e ir a votar con policías pegando porque quieres ir a votar

P.- Bueno, en realidad no las ganaron.

R.- Hombre sí… ¿quién manda en el parlamento?

P.- Sí, porque se apoyaron, pero no fue el partido que las ganó.

R.- Bueno, claro, no hay un 50%, pero es que eso es terrible. Y no podemos saberlo porque el referéndum está prohibido y porque nos mandaron 10.000 policías.

P.- Ahí entraríamos en una discusión porque ya sabemos que el referéndum no se podía hacer como se hizo.

R.- Pero si ni siquiera quieren pactarlo.

P.- Pero eso es otra historia. Primero, como mínimo, hay que pasar por ahí. Y tampoco sería suficiente.

R.- Ya, pero es que no hay manera. Y ahí estamos. En Cataluña sabemos que en el Gobierno español, mande quien mande, no va a permitir un referéndum. Yo creo que aquí se empiezan a dar cuenta de que esos millones de votos no van a desaparecer. Entonces, ¿qué hacemos? Por eso te digo que no veo solución. O sólo que esos dos millones se queden en uno, porque al final la gente se cansa de todo.

P.- Venga, vamos a terminar con su libro. Hace literatura fantástica. No lo vemos tanto.

R.- No lo entiendo porque cada vez se asimila más a la literatura del yo y al realismo. Pero para eso ya estáis los periodistas. Y lo hacéis muy bien. Pero es verdad, no tengo mucha competencia. Es muy triste. Si miras la historia de la narrativa universal el primer texto escrito son Las crónicas del Gilgamesh, fantástico. ¡Para ver la realidad ya tienes ojos! Y lo fantástico sirve para hablar de temas muy reales y muy realistas. En 'Fungus 2' se verá qué va a pasar con los personajes, como Ric Ric, que es el joker del comodín. Es una sátira del poder que te está diciendo que cualquier tontolaba puede llegar ahí. Para llegar arriba tienes que estar en el momento oportuno en el sitio correcto. Pero es bastante irrelevante. Lo importante son las fuerzas sobre las que cabalgan estos gobernantes, que suelen estar entre el gobernante y la gente de abajo.

P.- Eso es lo que decía Hannah Arendt de la banalidad del poder.

R.- Arendt se equivoco porque no es verdad que el mal sea banal. Eichmann era un hijo de puta de la peor categoría y no era un funcionario gris, sino un psicópata sin compasión que hizo los esfuerzos posibles por estar allí.

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