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Bernard-Henri Lévy: "O la derecha española lucha a muerte contra Vox o será devorada"

El hiperactivo filósofo francés presenta un manifiesto y una gira teatral para llamar a la unión de los "patriotas europeos" contra los nuevos populismos nacionalistas

Foto: Bernard-Henri Lévy. (EFE)
Bernard-Henri Lévy. (EFE)

Es probablemente el filósofo más hiperactivo y mediático de Francia. No hay causa justa, manifiesto urgente o envite ilustrado a los que no se apunte Bernard-Henri Lévy (Beni Saf, Argelia, 1948). Siempre desde el espacio de la democracia liberal y el europeísmo feroz, antaño amplio y habitable y hoy cada vez más cercado por los nuevos populismos extremos a diestras y siniestras, el pensador ha visitado esta semana Barcelona y Madrid para presentar sus nuevos proyectos. El primero es un manifiesto titulado 'La Casa Europea, en llamas', firmado por 30 intelectuales y "patriotas europeos" como Anne Applebaum, David Grossman, Elfriede Jelinek, Milan Kundera, Ian McEwan, Orhan Pamuk, Salman Rushdie, Roberto Saviano, Fernando Savater o Mario Vargas Llosa. ¿Su objetivo? Llamar a la defensa de un continente unido, próspero y libre, ante las próximas elecciones europeas de mayo: "Es preciso desde hoy con urgencia que suene la alarma contra los incendiarios de almas que, desde París a Roma, pasando por Dresde, Barcelona, Budapest, Viena y Varsovia, juegan con el fuego de nuestras libertades". El segundo proyecto del filósofo es un monólogo teatral titulado 'Looking for Europe' que iniciará su gira en Marzo y en el que Lévy encarnará a un intelectual sitiado en un hotel de Sarajevo que debe escribir un discurso sobre Europa. Por cierto que en la parte española de la gira hará un cameo su amigo Albert Boadella.

Bernard-Henri Lévy es un hombre alto que aparenta diez años menos de los setenta que acaba de cumplir. Y tremendamente atareado. Durante la entrevista en un céntrico hotel madrileño su móvil no para de sonar, vibrar y clamar por la atención de su dueño, que se esfuerza por responder al periodista mientras con el rabillo del ojo observa cómo un mundo ansioso le reclama.

PREGUNTA: Ha anunciado una obra teatral proeuropea y ha promovido también junto con otros intelectuales del continente un manifiesto donde claman por la unidad europea contra el nuevo populismo nacionalista. ¿Un manifiesto de intelectuales es el mejor medio para ganarle la batalla a un movimiento extremista que se alimenta precisamente del antiintelectualismo?

RESPUESTA: La mejor no sé, pero es una manera. Que ellos desprecien lo intelectual no es una razón para bajar nosotros la bandera. Estamos en lo que estamos, afirmamos nuestra posición y, además, esa famosa identidad europea que se busca por todas partes y no se encuentra… pues puede hallarse perfectamente en las obras de los treinta que firmamos el manifiesto.

Bernard Henri Lévy. (EFE)
Bernard Henri Lévy. (EFE)

P. La clave del manifiesto es que “nuestra generación se ha equivocado” y ha sido perezosa al dar por hecho que “Europa se defendía sola”. En esa línea, Anne Applebaum ha escrito recientemente que tal vez nos ha traicionado también nuestro optimismo. ¿Y si la democracia liberal de las últimas décadas sólo ha sido un paréntesis en la historia y lo natural es el autoritarismo?

R. Tiene razón, pero lo natural no gana siempre, lo natural puede perder, podemos resistir. ¿Qué es la civilización, qué es la propia humanidad si no es la resistencia ante lo natural? Es la misma batalla en la que combatimos desde siempre.

P. Echo de menos en su manifiesto una alusión a la gran crisis económica que ha vivido el mundo recientemente y al empobrecimiento de las clases medias como factor explicativo del éxito de los nuevos populismos.

R. La crisis financiera ha sido una crisis terrible que nos ha llevado al borde del precipicio. Este tipo de crisis exigen respuestas muy complejas y eso es precisamente lo que no quieren los populistas que sólo ofrecen respuestas sencillas y las más sencillas son precisamente el nacionalismo y el propio populismo.

La democracia puede competir demostrando que, en términos de prosperidad, y de libertad es mucho más capaz que el populismo

P. Pero hoy, las ideas fuertes, las más atractivas, son las peores: la identidad, el nacionalismo, el extremismo, el resentimiento. Frente a ellas, el discurso liberal progresista y moderado parece tan descargado de sex appeal como de pasión. ¿Cómo podemos competir en atractivo con el populismo sin caer en sus mismas armas, sin apelar a las mentiras, los fake news y las pasiones tristes?

R. Esa ha sido siempre la cuestión en todos los períodos convulsos de la historia. También en los años 30 se preguntaban cómo hacer la democracia atractiva. O en los años del affaire Dreyfus. Ese es un problema sin solución porque, si con 'atractivo' nos referimos a las emociones que difunden los fascistas, la democracia no puede competir. La única manera en que la democracia puede competir es demostrar que en términos de prosperidad y de libertad es mucho más capaz que el populismo.

P. Hay una línea argumentativa que defiende que han sido los excesos de la izquierda posmoderna e identitaria, de la corrección política o del feminismo, los que están arrojando a muchos en manos de la extrema derecha.

R. A mí lo que me parece es que los responsables del éxito de los partidos de extrema derecha son los que votan a los partidos de extrema derecha. Y lo mismo con los partidos de extrema izquierda. Luego hay una competición entre los dos, una rivalidad y es cierto que ambos se alimentan entre sí pero no podemos hurtarnos la responsabilidad a cada uno de nosotros.

Bernard Henri Lévy. (EFE)
Bernard Henri Lévy. (EFE)

P. ¿Quiénes son los chalecos amarillos franceses y a quién responden? Porque en España no acabamos de aclararnos si son un movimiento de izquierdas, de derechas… o de ambos.

R. Son los dos, los dos. Fíjese en Italia, donde vemos la alianza orgánica de ambos, de la extrema izquierda y de la extrema derecha, de Cinco Estrellas y de la Liga. Fíjese en Francia, donde vemos también la alianza inorgánica de ambos. Y en España ustedes lo van a ver también. Son todas variaciones de un mismo fenómeno. ¿Qué es el independentismo catalán? ¿Es de izquierdas o de derechas? El mundo ha entrado en un periodo de confusión donde la división entre la derecha y la izquierda es mucho menos importante que la división entre el populismo y la democracia.

P. Creo que, con todo, es optimista sobre las próximas elecciones europeas y vaticina que los partidos europeístas ganarán por poco a la alianza nacional populista. ¿Pero no es una victoria pírrica hoy la mejor garantía para una futura derrota catastrófica?

R. Sí, tiene razón. Pero las elecciones europeas de mayo son cruciales, son un momento crítico. Si dejamos sentarse a la mesa de las discusiones europeas más populistas, las instituciones, el cuerpo, podrán seguir pero perderemos el alma.

El mundo entra en un periodo de confusión: la derecha y la izquierda son menos importantes que la división entre populismo y democracia

P. Ha presentado esta semana su gira teatral en Cataluña, ‘Looking for Europe’ en la que participará Boadella y ha dicho allí que “Barcelona es la capital del populismo”. Pero desde los acontecimientos de octubre de 2017 en Cataluña, los constitucionalistas han denunciado que Europa no ha apoyado lo suficientemente a España frente al nacionalismo argumentando incluso que se trataba de un problema interno que no concernía al resto del continente.

R. Comprendo que los españoles lo sientan así y además, el espíritu de la Cataluña verdadera, ¿quién lo encarna? ¿Puigdemont? ¿Ese fugitivo, un personaje de comedia? ¿O esos bravos amigos de Sociedad Civil Catalana? Yo creo que los segundos. Y siento de verdad que esto no estuviera tan claro para la mayoría de mis compatriotas europeos.

P. Por cierto que en España ya tenemos nuestra propia extrema derecha, un partido como Vox que parece crecer a toda velocidad en las encuestas y que está tentando a gran parte del antiguo centro derecha. ¿Acabará por abrazar la derecha española el discurso de Vox?

R. Si hace eso, la derecha liberal española corre un riesgo inmenso de perder su alma y su propia existencia. En Francia conocemos bien esta historia. El mayor enemigo de Vox, como de Marine Le Pen, aunque no sean exactamente lo mismo, es la derecha liberal, aquellos a quien Vox en realidad odia más que a nadie es a la derecha liberal. Y la derecha liberal tiene que entender eso. No solamente que no comparte con ellos valores, no solamente que unos son cerrados y otros son abiertos, sino que la lucha debe ser a muerte, hasta la última sangre entre la derecha liberal y la derecha extremista radical que representa Vox. O la derecha liberal lo entiende o va a perder y va a ser devorada por la derecha radical. El franco español Manuel Valls lo ha dicho bien claro, no porque tenga más luces que los demás sino porque conoce bien la experiencia francesa durante más de dos décadas.

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