entrevista

Paula Bonet escribe a la hija que perdió y rompe el tabú: "No tengo miedo"

La pintora publica 'Roedores', un libro doble compuesto por un cuento que dibujó a la niña que esperaba y por 'Cuerpo de embarazada sin embrión' en el que narra su dolorosa experiencia del aborto

Foto: Paula Bonet. (Noemí Elías)
Paula Bonet. (Noemí Elías)

“No tengo miedo, ni en el plano profesional ni en el plano personal”, afirma con firmeza la pintora Paula Bonet (Villarreal, Castellón, 1980). Presenta 'Roedores' (Literatura Random House), un libro doble compuesto por un cuento ilustrado que dibujó a la niña que esperaba y por 'Cuerpo de embarazada sin embrión' un breve texto de carácter autobiográfico en el que narra su dolorosa experiencia del aborto. En este breve texto hecho de elipsis y sin florituras, Bonet narra sus dos abortos, el dolor de la pérdida y el dolor de una recuperación que tarda en llegar. Con este texto, el lector descubre a la Paula Bonet escritora, a la mujer que escribe consciente del peso de las palabras.

'Roedores'
'Roedores'

La pintora busca nombrar lo innombrado, lo silenciado, busca romper el tabú del aborto y busca situar al sujeto femenino en el centro del relato. “No es fácil hablar y menos de estos temas”, sin embargo, “tengo que hablar, aunque me duela. No puedo seguir siendo la mujer silenciosa, que es complaciente, que habla, pero no muy alto. No puedo callarme, necesito verbalizar todo este relato” y lo hace con la palabra literaria y con la pintura, dos lenguajes que domina con maestría.

PREGUNTA. Tengo que reconocer que me ha resultado muy complicado pensar qué preguntas puedo realizarte, qué preguntas son pertinentes y qué preguntas pueden tener sentido a la hora de abordar un tema tan doloroso como el aborto natural.

RESPUESTA. Entiendo que haya una dificultad por tu parte, pero piensa que mi dificultad para hablar del libro es mayúscula. Este es el primer proyecto que hago sin entender del todo lo que he hecho. Lo publico por intuición y por compromiso con el contexto social. Sé que lo tengo que publicar, pero no es lo que más me apetece. Preferiría estar pintando y leyendo sobre otros temas menos dolorosos y preferiría estar más serena. Tengo que confesar que me da curiosidad lo que va a suceder con esta promoción, porque hay una parte de mí que no controla del todo este proyecto. En anteriores trabajos, había detrás un trabajo bibliográfico e intelectual que me servía para teorizar sobre lo que había hecho.

Paula Bonet. (Noemí Elías)
Paula Bonet. (Noemí Elías)

P. Ahora eres tú el sujeto de la narración.

R. Efectivamente. A pesar de que hay mucha bibliografía detrás de este libro, a pesar de haber leído ensayos escritos por especialistas y a pesar de haberme acercado al tema desde todos los puntos de vista posibles, no tengo respuestas.

P. Pero sí hay una necesidad de contar y, por tanto, de romper tabúes, de romper silencios.

R. Sí, porque me he dado cuenta de que el hecho de que tú no sepas cómo preguntar y yo no sepa qué quiero contar se debe a que vivimos en el tabú. Hasta que no viví la experiencia del aborto, cuando alguien me hablaba de la pérdida, no entendía lo que significaba. Es muy complicado abordar este tema, sobre todo porque no tenemos experiencia al respecto.

Hasta que no viví la experiencia del aborto, cuando alguien me hablaba de la pérdida, no entendía lo qué significaba

P. El aborto no solo ha sido considerado siempre un tema privado, del que no tenía que hablarse socialmente, sino que, como se ha visto en algún artículo reciente, se ha tratado como chiste, se ha banalizado.

R: Cierto y, por esto, es importante hablar del tema del aborto. Destaco 'El acontecimiento' de Annie Ernaux, que es el único libro que he encontrado acerca del aborto como deseo. Hay que tener presente que alrededor de la maternidad o, mejor dicho, de las maternidades, hay muchos temas de los que no tenemos ni idea. El cuerpo de la mujer es el gran desconocido, incluso, para la medicina, que trabaja casi siempre sobre cuerpos masculinos. De hecho, en los laboratorios se trabaja con ratas macho y solo ahora se empiezan a utilizar las hembras. Nosotras somos las grandes desconocidas también para nosotras mismas.

P: A propósito de esto, en 'Clavícula', Marta Sanz plantea la medicina como un discurso construido a partir de un patrón masculino y patriarcal.

R: Marta Sanz tiene toda la razón del mundo. Me gusta muchísimo el discurso de Marta, su estilo y los temas que aborda. Leyendo 'Clavícula', sentía cierto pudor y, al mismo tiempo, una maravillosa atracción por lo desconocido. Yo también seré una mujer de 50 años, tendré menopausia y haré frente a los problemas y a las situaciones que narra Marta. Lo curioso es que nadie me había hablado de todos estos temas: ni mi madre, ni mis tías, ni mis abuelas… No se habla de los temas que afectan a las mujeres a partir de una edad como tampoco se habla de lo doloroso y lo difícil de un embarazo. Laura Freixas recuerda que, cuando se quedó embarazada, solo encontraba revistas cursilonas y facilonas sobre lo bueno del estar embarazada. Piensa en cuántas imágenes de famosas embarazadas “luciendo tripita” aparecen en las revistas, cuando el estar embarazada es mucho más que “lucir tripita”. Las dos veces que estuve embarazada a penas me podía levantar de la cama por las náuseas y por los mareos. Ya sé que es un estado y no una enfermedad, pero el contexto social no lo recibe ni como estado ni como enfermedad.

Ilustración de un embrión de Paula Bonet para su libro 'Roedores'
Ilustración de un embrión de Paula Bonet para su libro 'Roedores'

P: Sin embargo, ahora estamos en un momento de ruptura de este silencio y se está escribiendo como nunca sobre temas hasta ahora tan tabú como la regla, el aborto o la endometriosis. Justo este último lo aborda la novela 'Conversaciones con amigos'.

R: Estamos en un momento de cambio. El sujeto femenino apenas ha hablado y ahora debe hablar. Para mí, era muy importante hablar de forma serena del desgarro de la experiencia del aborto y del dolor que conlleva. No quería banalizar ese dolor, ni cursilizarlo. He intentado que 'Cuerpo de embarazada sin embrión' sea un libro duro, crudo y que gran parte del contenido esté más en lo que no se cuenta que en lo se cuenta.

P: Y para contarlo, incluso, a partir de elipsis, te apoyas en la palabra, ya no en el trazo pictórico.

R: Yo soy pintora y siempre que me acerco a la escritura lo hago con muchísimo respeto y prudencia. La literatura es el arte que más respeto, porque es el arte que más placer me ha dado nunca, es el espacio donde crezco, donde aprendo y donde vivo. No quiero decir que con la pintura no me suceda lo mismo, pero sí es cierto que la entiendo como algo más íntimo. La literatura me conecta con el contexto, la pintura con conecta conmigo misma.

Para mí, era muy importante hablar de forma serena del desgarro de la experiencia del aborto y del dolor que conlleva

P: Y es desde la pintura que estás continuando con tu indagación en este tema y lo estás haciendo de una manera oscura, retratando embriones mal formados, abandonados en la intemperie y envueltos de tonalidades negras.

R: Estas pinturas nacen de mi propia experiencia: en mi último embarazo estaba gestando un ser que irremediablemente no podía llegar a sobrevivir, que no podía llegar a ser un hijo. El síndrome de Down implica tener un cromosoma triplicado y lo que yo estaba gestando tenía todos los cromosomas triplicados. Lógicamente, no podía sobrevivir, por mucho que yo me empeñara que sobreviviera. Fue entonces cuando me di cuenta de lo poco que sabemos en torno al embarazo y en torno a lo que puede suceder durante la gestación.

P: El desconocimiento está directamente relacionado con el silencio.

R: Claro, por esto estamos completamente desinformados. Lo peor es que, hasta que no lo vivimos en primera persona, no nos interesamos por las implicaciones que tiene la gestación de un ser humano, por cómo la gestación afecta emocional y físicamente al cuerpo y por todo lo que puede suceder a lo largo de la gestación. Es un gran e imprescindible tema, pero no se habla de él porque estamos imbuidas dentro de un discurso heteropatriarcal donde el sujeto es el hombre y donde las mujeres aparecemos solo y cuando el hombre nos necesita. Por esto es tan difícil articular un relato donde la mujer sea el sujeto de la enunciación. No hay palabras para nombrar aquello que quiero contar; las mujeres no tenemos el léxico para contarnos a nosotras mismas.

Paula Bonet. (Noemí Elías)
Paula Bonet. (Noemí Elías)

P: La falta de palabras hace que te refieras a ti misma como “huérfana de hija”.

R: Exacto. La falta de palabras implica silencio, implica no poder hablar. El silencio que me acompañó tras el primer aborto me dolió mucho y me dolió mucho también que socialmente no se me permitiera vivir el duelo. Contra ese silencio, escribí el post de Facebook en el que contaba lo que había vivido. Para mí fue muy importante, porque era la primera vez que utilizaba una red social para hablar de un tema personal y decidí contarlo a través de una fotografía y de las pinturas de Louise Bourgeois. Por un lado, era consciente de que publicando este post iba a ser algo inconsciente e iba saltarme esa norma imprescindible según la cual las redes sociales son solo un escaparate para mostrar mi trabajo. Por otro lado, sin embargo, era consciente de que estaba nombrando aquello que no se nombra -el aborto espontáneo-, pero que es muy frecuente.

El silencio tras mi primer abortó me dolió mucho y me dolió mucho también que socialmente no se me permitiera vivir el duelo

P: La búsqueda de nuevas palabras, de un lenguaje inclusivo en el que podamos reconocernos, choca contra el muro de instituciones, véase la RAE.

R: Y por esto es tan importante hablar desde la propia experiencia, porque hacer que lo íntimo femenino forme parte de un discurso público es reivindicar y exigir esas palabras que una institución como la RAE nos niega. Si no tenemos esas palabras, no vamos a poder nombrarnos. El hecho de que la RAE no acepte que determinadas palabras se pueden nombrar en femenino muestra lo grande que es el enemigo al que tenemos que hacer frente para convertirnos en sujeto del relato. Fíjate lo controvertido que todavía resulta utilizar el plural en femenino como algo inclusivo.

P: De ahí la importancia del 8-M.

R: Efectivamente. Para mí fue esencial leer a María Luisa Bombal, a Sylvia Plath, a Simone de Beauvoir… al leerlas me di cuenta de lo importante que somos todas las mujeres y lo importante que es que las mujeres comencemos a nombrarnos y a reivindicarnos.

Paula Bonet. (Noemí Elías)
Paula Bonet. (Noemí Elías)

P: Y hay que hacerlo sin culpa, concepto que tú también abordas: la culpabilidad por hablar, la culpabilidad por no poder gestar e, incluso, la culpabilidad por haber sido víctimas de una violación.

R: Lo peor es que, en el caso de las mujeres violadas, aunque demuestres que has sido víctima de una violación, el contexto te vuelve a culpabilizar. La infertilidad como culpa tiene que ver con la idea de que las mujeres estamos aquí para reproducirnos, no para hablar ni para crear. En India, por ejemplo, las mujeres existen solo para parir y la infertilidad es un lastre, pues convierte a las mujeres en unas parias. Si hablamos de nuestro contexto, fíjate de qué manera el protocolo médico pone, ante todo, el acento siempre en las mujeres; la pregunta de la infertilidad masculina siempre viene después. Tras el segundo aborto, me dijeron que para poder saber qué estaba pasando tenía que esperar a un tercer aborto, porque solo a partir del tercer aborto se comienza a estudiar cuál es el problema y si el problema está en el padre.

P: Y aquí aparece el tema económico: la mujer que puede permitírselo, tras un primer o segundo aborto, irá a la medicina privada y se realizará unas pruebas muy caras. La mujer que no puede permitírselo deberá esperar a sufrir tres abortos.

R: En efecto. Y si hablamos de la cuestión económica, hablemos del negocio en torno a la maternidad y, sobre todo, del gran negocio de los vientres de alquiler, fruto de la sociedad patriarcal y capitalista donde las mujeres somos un objeto de consumo: compras el vientre de una mujer para tener un hijo.

P: Dicho de otra manera: la clase privilegiada compra el vientre de una mujer en una posición social y económica más precaria.

R: Yo no puedo entenderlo. ¿Cómo es posible que, hombre o mujer, pueda pensar que alguien puede gestar un hijo de forma altruista? Además, no es de forma altruista, porque se paga. Género y clase. Al final, todo se reduce a esto.

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