La broma más triste: David Foster Wallace se colgó de una viga hace diez años

El escritor más brillante, extraño, divertido y triste de su generación, autor de 'La broma infinita', se quitó la vida en California hace justo una década

Foto: David Foster Wallace
David Foster Wallace

"El motivo por el que insistí en la idea de que 'La broma infinita' era un libro presidido por el signo de la tristeza es que, cuando me empezaron a hacer entrevistas poco después de su publicación, todo el mundo insistía en que era un libro muy divertido, cosa que no entendía y me intrigaba, pero honestamente también me decepcionaba, porque para mí el sentimiento dominante del libro es una inmensa tristeza". Así lamentaba David Foster Wallace la paradoja de su gran novela en una entrevista inédita -y deliciosa- que acaba de rescatar el escritor Eduardo Lago (Madrid, 1954) en su libro 'Whalt Whitman ya no vive aquí: ensayos sobre literatura corteamericana' (Sexto Piso). El 12 de septiembre de 2008 el escritor más brillante, extraño, divertido y triste de su generación se ahorcaba de una viga en su casa de Claremont, California.

En la citada entrevista que Lago ha guardado en un cajón desde marzo de 2000, Foster Wallace titubea al intentar explicar su propia obra. Y, cuanto más titubea, más acierta. Entretanto rechaza pertenecer a generación alguna, niega la supuesta inaccesibilidad de su obra y descarta su filiación posmoderna, un camino literario tan prometedor como artificioso que, entre Nabokov y John Barth, habría agotado su propuesta: "No se trata de experimentar por experimentar, ni es cuestión de hacer ningún juego de ingenio con la estructura, sino que si hay una dimensión experimental es porque era inevitable, porque el autor no tenía ninguna otra manera de transmitir las dimensiones de la experiencia, emoción y conocimiento que encierra en sí el mundo de la historia".

'La broma infinita'. (Random House)
'La broma infinita'. (Random House)

Pero la parte más asombrosa de la entrevista sucede cuando Foster Wallace se entera por Lago de que en España ha sido traducida 'La broma infinita', ya saben esa espectacular novela de más de mil páginas (incluidas 200 de notas) que transcurre en un instituto de tenistas y adictos en un mundo futuro en el que las marcas dominan la Tierra. El entrevistador se sorprende de que no está al tanto y el entrevistado alega que ha pactado con su agente que no le diga nada de sus traducciones. Le aterra.

-¿Por qué?

- Por qué el lector cree que el texto es mío y no es así.

¿Un monstruo?

Cuando hace unos meses -al calor del movimiento contra los abusos sexuales en Hollywood encarnados por el depredador Weinstein- las ondas sísimicas del #MeToo golpearon al escritor Junot Diaz, la escritora Mary Karr escribió en Twitter: "Profundamente entristecida por las alegaciones contra Junot Díaz. Mi apoyo a todas las mujeres lo suficientemente valientes para hablar. La violencia que David Foster Wallace infligió hacia mí como madre soltera fue ignorada por su biógrafo y el New Yorker a pesar de que tenían las cartas en la mano. Pero DFW era blanco".

'Walt Whitman ya no vive aquí'. (Sexto Piso)
'Walt Whitman ya no vive aquí'. (Sexto Piso)

Aquello no era una novedad pero tampoco había interesado gran cosa hasta el momento. DT Max, en su por otra parte estupenda biografía sobre Foster Wallace titulada 'Todas las historias de amor son historias de fantasmas', pasaba por los hechos con despreocupación al mencionar que el escritor "tiró una mesa de café" y "trató de empujar a Karr desde un coche en marcha". Karr contaba ahora que aquello representaba "aproximadamente del 2% de lo que sucedió". "Intenté comprar un arma. Me pateó. Trepé por el costado de mi casa por la noche. Tuve que cambiar mi número dos veces, y lo seguía consiguiendo. Continuó meses y meses".

Algunos, con cierto malsano alborozo salieron en trompa a tachar de "monstruo" al depresivo escritor de la sempiterna bandana en la frente. Era ideal, ya saben: tan buen escritor como malvado, no tenemos por qué dejar de leerle pero nunca se sabe, y siempre saludaba a sus vecinos.

En una entrevista publicada esta misma semana por Los Angeles Times, Clare Hayes-Brady, autora de 'The Unspeakable Failures of David Foster Wallace', uno de los mejores ensayos sobre su vida y obra, mostraba pocas certezas y muchas dudas: "Wallace era un escritor enormemente talentoso. Si eres fan o no, no hay duda de que fue un escritor muy importante para su generación. Pero no puedes simplemente pasarte la vida hablando de lo genial que es alguien. Como cualquier escritor, existen defectos en sus escritos, tanto técnicos como morales o éticos. Ok, hemos establecido que este chico era importante; ahora hablemos de lo que no es tan bueno".

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