el grupo de moda

Las Chillers inventan la verbena del siglo XXI: "Somos pachangueras hasta la lencería"

Su secreto es que te permiten volver a disfrutar aquellos temazos sabiendo ya cuánto alcohol aguanta tu cuerpo. Una mezcla de nostalgia, alegría y empoderamiento

Foto: Las componentes de Las Chillers tras un concierto.
Las componentes de Las Chillers tras un concierto.

Madrid. Viernes noche. La pista de la sala Ochoymedio está a reventar. Esperamos el concierto de Las Chillers, un sexteto femenino que no ha compuesto una canción en su vida, no tienen una vocalista por encima de la media y no tocan especialmente bien. A pesar de estas limitaciones, el público se entrega desde el minuto uno, se viven varios momentos de euforia y el espectáculo termina en lo más alto. ¿Quién se puede resistir a un megamix donde suenan himnos de discoteca noventera como 'Flying free' (Post Aeri), 'Get It Up' (Sensity World) y 'Viva la fiesta' (Paco Pil)? Ya saben, aquellos bombazos efímeros cocinados cuando Europa era la reina de las pistas de baile.

Rocío Saiz, la cantante, suele presentar esta traca final con la siguiente frase: “¿Qué estabais haciendo en los noventa, cuando bailabais cada fin de semana estas canciones? Me encantaría poder veros a todos por un agujerito”. Seguramente, el secreto de Las Chillers es que te permiten volver a disfrutar aquellos temazos sabiendo ya cuánto alcohol aguanta tu cuerpo, qué cosas pueden mezclarse y con la calma de no tener que encarar a tus padres si pierdes las llaves de casa. Una mezcla de nostalgia, alegría y empoderamiento.

Pop plebeyo

En la sala, por cierto, no faltan los famosos, que además colaboran sobre el escenario. Vemos a la presentadora Marta Nebot, a Marilia Andrés de Ella Baila Sola y al productor y guitarrista Luis Miguelez (Fangoria, McNamara). También está Mario Vaquerizo, que puede parecer muy conectado con el espíritu de la noche, pero que en realidad está en las antípodas. Las Chillers no necesitan la cortada cultural de Andy Warhol, Salvador Dalí o John Waters para justificar lo que hacen. Vaquerizo adora a la aristocracia de la Movida, pero las Chillers son totalmente plebeyas. Queda claro en su versión de 'Diva', de Dana Internacional, donde sustituyen el nombre de glamourosas capitales internacionales por otras como Getafe, Fuenlabrada y Coslada.

En ningún momento se echa de menos a los artistas originales: saben sacar todo el juego a las versiones

Lo que transmiten Las Chillers es que no necesitas pertenecer a ninguna subcultura 'chic' para divertirte. La fiesta está en tu corazón y en cualquier local mediano de tu ciudad-dormitorio. “Nos sentimos pachangueras, 'chunda-chunda' y verbeneras hasta lo más íntimo de nuestra lencería”, explica Laura Villar, guitarrista. En ningún momento se echa de menos a los artistas originales. Saben sacar todo el juego a las versiones de Camela ('Cuando zarpa el amor'), Sonia y Selena ('Una mano en mi cintura') y 'Duro de pelar' (Rebeca). Por cierto, en esta última incorporan la letra del famoso anuncio de tiendas Aurgi.

Culto a Chenoa

Podríamos intentar definir a Las Chillers como una especie de karaoke catártico feminista centrado en los éxitos de radiofórmula. Algunos, de antigua tradición, como 'Esa cobardía' (Chiquetete) y 'Como yo te amo' (Rocío Jurado). Esta noche el grupo va uniformado de jugadoras de fútbol americano, señalando que esto es un trabajo de equipo que requiere sudor y entrega. Su máxima aspiración, como han explicado varias veces, consiste en colaborar con Chenoa, de quien suelen versionar 'Cuándo tu vas'. Con este himno pop mayúsculo, precisamente, te das cuenta de que el karaoke va en serio, porque las voces del público se escuchan mucho más fuertes que las del grupo. Rocío se pasa la pieza transportada de mano en mano por la pista. Nada más contagioso que mil personas coreando frases como “que ya estoy harta de cuerpos duros y mentes blandas que no saben de amor”.

Tampoco hacen ascos a la serie B de las discotecas noventeras, piezas como 'Quiero besarte' (Roser) o 'Estoy llorando' (Minerva)

La otra gran inspiradora de su 'show' es Mónica Naranjo, de quién incluyen 'Sobreviviré' y 'Desátame', que también disparan la temperatura ambiental. Tampoco hacen ascos a la serie B de las discotecas noventeras, piezas como 'Quiero besarte' (Roser) o 'Estoy llorando' (Minerva). Al final, consiguen resumir en poco más de una hora los estribillos de la era de José María Aznar, cuando había que escoger entre el hedonismo “chochi” (etiqueta despectiva de la época) y la bajona 'indie' o 'grunge'. Hoy sabemos cuál era la única decisión sensata.

Follamos todos

A pesar del éxito, Las Chillers son un grupo ambicioso. Ahora planean una retirada estratégica para volver con más fuerza en febrero. Van a dedicar la pausa a componer piezas originales, que intercalarán con sus famosas versiones y megamixes. “Queremos que las canciones propias contengan la esencia 'chiller' lúdico festiva”, explica Laura. El enfoque del grupo es tan sencillo como ambicioso: “ser felices y hacer felices a los demás, aunque sea durante un rato”. Por eso Rocío dice muy pronto, desde las tablas, que “nuestro objetivo es que todos y cada uno de vosotros folléis esta noche”. ¿No es esa la función principal de la música desde el comienzo de los tiempos? Por lo menos, antes de que llegaran los culturetas con expresiones como “elevar el alma”.

A diferencia del 'indie', la Movida y el 'electroclash', aquí no ha entrado aún el elemento 'fashion' que convierte el hedonismo en esnobismo. Lo peor que le puede pasar a Las Chillers sería un contrato de veinte millones de dólares con Marc Jacobs. Lo mejor para todos sería que se convirtieran en el grupo más contratado de las fiestas patronales de 2018. Resulta complicado asistir uno de sus conciertos y no salir con las ingles doloridas y ganas de más.

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