KInk.com llega a madrid

'Selfies', azotes y aullidos: así es trabajar de extra en un rodaje porno

La productora más potente de porno 'fetish' y BDSM a nivel mundial rueda en el centro de Madrid. Así es un rodaje de cine X desde dentro

Foto: El espectáculo de un rodaje porno. (Marta Medina)
El espectáculo de un rodaje porno. (Marta Medina)

Son las cuatro de la tarde y el asfixiante calor asfáltico marca de la casa de los veranos de Madrid hace que las calles del centro parezcan el decorado de un western el microsegundo antes de un duelo al sol. En una acera, un grupo de personas hace cola frente a la puerta de un bar. Uno a uno, se colocan de espaldas a la pared, con su DNI pegado a la mejilla y frente al objetivo de un fotógrafo.

— ¡Siguiente!

La mayoría son jóvenes. Alternativos. Con el pelo de colores. O gorra. Están nerviosos: van a participar como extras en un rodaje porno. Y no en un rodaje porno cualquiera, sino en una película de Kink.com, la mayor productora de porno 'fetish' y BDSM del mundo; en 2014, su CEO y fundador, Peter Acworth, fue elegido la cuarta persona más influyente de la industria del cine adulto según la lista 'The Richest' y su modelo de producción ha llamado la atención de los analistas de, entre otros, Forbes. Un imperio construido sobre su principal valor corporativo: pornografía rodada en "un ambiente consensuado, sano y seguro".

Dentro del bar —de momento— el ambiente no es tan tórrido como afuera. Varias antorchas LED iluminan lo que en unos minutos se convertirá en el set: una mesa de billar y sus alrededores. Los dos cámaras y el sonidista esperan sentados, mientras los —y las— asistentes de producción repasan los datos de los figurantes, que tienen que firmar un documento de cesión de los derechos de imagen. "Chicos, necesito que os coloquéis por esta zona, no os quedéis todos en el mismo sitio". Entre los nervios y el pánico escénico, más que los extras de una película el grupo parecemos un rebaño de ovejas atemorizadas a la espera de ser trasquiladas. "¿Has hecho esto antes?". "A mí me ha avisado un amigo". "Yo vengo con mi novia". Eso sí, todos vestidos: los extras estamos sólo para animar.

La timidez de muchos desaparece en el momento en el que entra en escena una chica menuda desnuda, Yuno X, la protagonista de la escena, a la que empiezan a envolver con film trasparente, comprimiendo sus pechos y sus nalgas. Las hormonas de algunos empiezan a rebullir: se pegan codazos, cuchicheos en la oreja y miradas intencionadas. Otros asoman la cabeza curiosos. Un poco más allá, un hombre alto y atractivo, con los ojos claros y el pelo cano, masajea los pezones de una chica, que resulta ser la actriz suplente. De repente se baja la cremallera, saca el miembro y la chica lo empieza a felar. Ante el pasmo de los neófitos, alguien explica: "Es el director, que también es actor y tiene que estar preparado".

Steve Holmes lleva en la industria pornográfica desde mediados de los noventa y cuenta con una filmografía de 1009 créditos delante de la cámara

Se llama Steve Holmes, lleva en la industria pornográfica desde mediados de los noventa y cuenta con una filmografía de 1009 créditos delante de la cámara según IMD y 1611 según iafd, la base de datos en internet del cine de adultos.También ronda por allí una chica alta y delgadísima, con un vestido de encaje blanco y subida a unos tacones altísimos que la hacen parecer infinita. Es Tina Kay, bastante conocida entre los seguidores del género a pesar de no llevar demasiado tiempo en la industria. Falta por aparecer el cuarto actor, Antonio Ross, el sosias húngaro de Nacho Vidal.

Con traductor de por medio —el director es alemán, nacido en Rumanía en 1961— y ya con la bragueta abrochada, Holmes se acerca junto a los actores hasta el centro del set y congrega a su alrededor a los extras para explicar las normas del rodaje: "Para los que venís por primera vez, que sepáis que [a Yuno] podéis tocarla, podéis azotarla, pero con moderación. Pero nada de fluidos. A lo mejor veis que entre ellas se escupen; pero vosotros no podéis. Ellos han pasado todos los test y las pruebas de enfermedades. Vosotros no. Tenéis que animar. Podéis sacar fotos. Podéis aplaudir", invita. "En algún momento diré 'hold' [esperad]", prosigue. "Entonces se parará el rodaje y podéis moveros libremente, pero acordándoos del lugar en el que os quedásteis para que no haya fallos de continuidad".

Rodaje porno.
Rodaje porno.

"Todo lo que he dicho para ella [Yuno], no vale para ella [señala a Tina]. A ella no la toquéis, ni la azotéis", advierte. ¿Por qué? Porque Yuno X es la protagonista de una entrega de 'Public Disgrace', un 'género' que consiste en un personaje principal que adopta el papel de sumiso y que mantiene relaciones BDSM en público. Una serie que "tiene un nivel de suscriptores femeninos que es muy alto" y que "hacer una labor educativa en un área especialmente desconocida para la mayoría de la gente como es el caso del BDSM, que es una cosa que si no la entiendes, parece muy turbia", explica más tarde Zor Neurobashing, encargado de la producción de la película

El día anterior, cuentan en producción, han estado paseando a Yuno por la Plaza Mayor y por los alrededores del Bernabéu. La policía acabó parándolos y pidiéndoles los papeles. "Tenemos permisos de rodaje estándar y muchas veces nos paran y nos miran los permisos, como a otros muchos", admite Neurobashing. "Pero porque les parece raro, porque no grabamos nada que tenga que ver con sexo en exteriores, aunque parezca que sí. Igual que cuando ruedas 'Rambo' no estás matando vietnamitas. Todo se edita y todo se monta luego".

Holmes vuelve a descubrir su pene y lo utiliza ¡como palo de billar! Sentido de la comedia, desde luego, no falta

Cuando comienza el rodaje —que si no hubiese sido por una pequeña pausa pedida por la actriz hubiese durado en torno a una hora del tirón, sin cortes—, Yuno está sentada sobre una mesa de billar, abierta de piernas, mientras Holmes invita a los extras que quieran a probar suerte con el palo y la bola en la séptima 'tronera' que hay en ese momento sobre el tapete verde. Si no fuese por el componente sexual, sería el gag perfecto en una 'screwball comedy'. Después de un par de intentos de los más atrevidos, Holmes vuelve a descubrir su pene y lo utiliza ¡como palo de billar! Sentido de la comedia, desde luego, no falta.

Cuando empieza la acción, los asistentes de producción, que han visto que el grupo de extras de esta tarde es más bien timorato, piden que por favor aplaudamos un poco más, que nos acerquemos más, que animemos algo, que, al fin y al cabo, parezca que estamos vivos. El grupo de chicos con las hormonas rebullentes rompe el hielo: se hacen 'selfies', gritan, aúllan y animan como en una final de la Champions. "¡Vamos, Antonio!", "¡Vamos, Steve!". Los más tímidos se encogen detrás de la turbamulta. Incluso hay algunos —pocos— que se sientan a mirar el móvil, como si la cosa no fuese con ellos. Pero en general, el ambiente es animado.

"Aquí son especialmente cuidadosos con las actrices", que "pueden para el rodaje en cualquier momento", explica

"Aquí son especialmente cuidadosos con las actrices", que diciendo una palabra de seguridad "pueden para el rodaje en cualquier momento", explica Zor . Al tratarse de contenido BDSM, "al principio hay una entrevista [a cámara, que queda dentro del montaje final] a la actriz. Y otra al final, en las que se le pregunta qué le gusta. Lo que se intenta es fomentar una visión del BDSM en la que quede estrictamente claro que se están haciendo las fantasías de la actriz. El personaje principal de la acción es el que está en el punto de sumisión, que es la que tiene el control de la escena".

En la barra del bar, el camarero mira de reojo mientras sirve refrescos, cerveza y algún cubata a los figurantes, que repiten el camino barra-mesa de billar más de una vez. En un momento de la escena, Steve Holmes coge el trozo de cuerda que Yuno X tiene enrollado al cuello, como si fuese una correa, y pasea por el set a la actriz, que a cuatro patas va lamiendo los zapatos de algunos figurantes. Más tarde, de nuevo sobre la mesa, Tina Kay recurrirá a los vibradores, a un aparato que emite pequeñas descargas y se sentará en cuclillas sobre la cara de Yuno X, para deleite de los extras más entregados.

Ni ella ni Kay son actrices prototípicas del porno. "No son el tipo de actriz súper operada y súper explosiva que graba en serie como en una fábrica, sino que muchas veces es una actriz que quiere grabar esto específicamente porque le gusta, porque quiere, así que muchas veces son chicas normales, naturales, que a lo mejor tienen esta fantasía, ganas de probarlo y hacerlo y nos contacta", explica Neurobashing, que empezó a colaborar hace cinco años en los primeros rodajes de Kink.com en Madrid como 'shibari' —el encargado de atar las cuerdas en el 'bondage'— y que ahora encabeza la producción.

Antes de pasar por Madrid, han rodado en Barcelona. "Vamos a hacer 20 películas en un mes y medio"

Antes de pasar por Madrid, han rodado en Barcelona. "Vamos a hacer 20 películas en un mes y medio", continúa. Porque resulta que España, además de ser uno de los mayores consumidores de pornografía — el decimotercer país del mundo, según la página Pornhub— es uno de los principales productores de Europa. "En España se produce muchísimo porno, pero para fuera. Aparte de las productoras españolas, hay muchas que vienen de fuera para grabar aquí. En producción de porno en Europa, primero es Hungría, después República Checa, después España".

Penetraciones, cunnilingus, felaciones, azotes, a cuatro patas, tumbada sobre en la espalda, cabalgando encima, de pie, de pie con una pierna subida... Sólo en un momento Yuno pide hacer una pausa. Y como en un rodaje convencional, los técnicos aprovechan para salir a fumar, Antonio Ross hace una llamada por teléfono —mientras se masajea el pene para mantener la erección— y los extras intercambiamos impresiones. Los hormonas rebullentes están entusiasmados, como dentro de un sueño húmedo. Esta periodista, personalmente, se sorprende de lo poco estimulante que le resulta la situación; al contrario, con las cámaras, con los focos, con el protocolo profesional, con los 'bastidores' al descubierto, es inevitable sentir cierta asepsia. Una vez pasado el pudor y la extrañeza inicial, más allá del contenido, todo lo que rodea al rodaje aleja de la abstracción. Que sean las cuatro o cinco de la tarde de un verano madrileño pirolítico invitan más bien a la saturación, al empacho.

Incluso después de las eyaculaciones de Holmes y Ross sobre la actriz, el momento clímax, cuando las cámaras dejan de grabar y los asistentes les llevan algo para que se limpien y los focos se apagan y el equipo empieza a recoger, el hiperrealismo le ha ganado el combate a la fantasía. Una cosa es fabular con ser extra en un rodaje porno y otra muy distinta es ser extra en un rodaje porno, con dos, tres o cuatro personas follando a todo trapo durante casi una hora a metro y medio de distancia. Acabas sin fuerzas, quizás como ejercicio de empatía. Quizás es algo puramente físico, una bajada brusca de adrenalina al llegar al final. Ser extra en un rodaje porno es cansado. Muy cansado. Como una sesión extrema de crossfit mental.

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