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Los cinco mejores libros de religión para regalar a tus amigos ateos en Semana Santa

No todo van a ser vacaciones. Estas fechas de pasión invitan a reflexionar sobre la fe, ¿y qué mejor que perderse para ello en los mejores libros? Y recomendarlos después a sus más descreídos amigos

Foto: Richard Dawkins y su autobús ateo
Richard Dawkins y su autobús ateo

El penúltimo asesinato de Dios sucedió la pasada década y fue un crimen colegiado. La crónica de sucesos la espigará el lector en tres libros superventas de otros tantos autores británicos publicados con apenas un año de diferencia: 'El espejismo de Dios' (2006), del etólogo y general en jefe de los ateos planetarios Richard Dawkins; 'Romper el hechizo. La religión como fenómeno natural' (2007), del filósofo cognitivo y poli bueno de los descreidos Daniel C. Dennett, y 'Dios no es bueno. Alegato contra la religión' (2007), del periodista y showman enragé Christopher Hitchens.

Atrás quedaban los tiempos en los que el darwinismo sonrojaba a los burgueses decimonónicos y se prestaba a la caricatura en las botellas de Anís del Mono. El nuevo ateísmo conquistó las portadas de los periódicos, los carteles publicitarios de los autobuses londinenses y a la opinión pública occidental, brindando una moral laica y una visión del mundo asentada en la ciencia que se quería tan firme -y buena- como la forjada durante siglos por la religión. ¿La secularización no tenía vuelta atrás? ¿Donde dije Dios digo Darwin?

La reacción se hizo esperar pero, en los últimos años, una ola de obras que reflexionan sobre la religión, la fe o el cristianismo de forma positiva, imaginativa y cero catequizadora está rompiendo en la playa editorial donde hasta ayer reinaba el nuevo ateísmo. Si su amigo ateo, agnóstico o simplemente descreído aún no se ha dado cuenta de que sus ideas empiezan a resultar cansinas y no menos evangelizadoras que las de los creyentes que critica, regálele esta Semana Santa alguno de estos libros. Tal vez no le hagan caer del caballo pero sí cuestionarse su propio camino Damasco...

'Impenitente' - Francis Spufford

'Impenitente', de Francis Spufford
'Impenitente', de Francis Spufford

El escritor británico Francis Spufford es el Anti-Dawkins. En 'Impenitente. Una defensa emocional de la fe' (Turner), libro cuya publicación hace unos años en España pasó injustamente desapercibida, embiste con un divertidísimo y chestertoniano estilo contra las prietas filas ateas: "¿Hola? ¿Disculpe? ¿Desterramos la religión y todo el mundo empieza a vivir la vida en paz espontáneamente? No sé ustedes pero según mi experiencia la paz no es el estado de la humanidad por defecto, como tampoco lo es tener una vivienda del tamaño de los chicos de la serie 'Friends'"

La clave de la festiva lucidez del libro de Spufford se esconde en el subtítulo, en ese "emocional" que adjetiva la defensa de la fe. Un evidente sarcasmo del fetichismo por la "racionalidad" de los pensadores ateos, por un lado. Y, por otro, y más importante, una preocupación por desentrañar lo que nos hace humanos que suena paradójicamente "científica". Su presentación del brete en que se encuentra hoy un creyente en Occidente es imperdible: "Mi hija acaba de cumplir seis años. En algún momento del año que viene descubrirá que sus padres son raros. Son raros porque van a la Iglesia".

'Razón, fe y revolución' - Terry Eagleton

'Razón, fe y revolución'
'Razón, fe y revolución'

"Simpatizo en buena medida con los críticos racionalistas y humanistas de la religión. Pero también es cierto, tal y como se sostiene en este libro, que la mayoría de esos críticos fundamentan su rechazo a la religión sobre una versión empobrecida de ésta. En lo que al Nuevo Testamento respecta, al menos, lo que atacan es una caricatura inservible de la versión real: una caricatura asentada sobre un grado de ignorancia y prejuicio sólo comparable con el de la religión misma. Es como si alguien pretendiera desestimar el feminismo basándose en las opiniones que Clint Eastwood tuviera sobre él".

Al habla Terry Eagleton, inglés, marxista y sentimental. En 'Razón, fe y revolución' (Paidós) iniciaba la contraofensiva contra los nuevos ateos acusándoles de malinterpretar la relación entre teología y ciencia, de exagerar el papel de la religión -"una fe maoísta en la propia fe"-, y de despedir "cierto tufillo irracionalista obsesivo en su fanática campaña a favor de la racionalidad laica". "Al lado del celo antireligioso de Richard Dawkins", concluía Eagleton, "el Gran Inquisidor parece un liberal blandengue".

'El reino' - Emmanuel Carrére

'El Reino'
'El Reino'

Eagleton ha reivindicado además el mensaje revolucionario del cristianismo, despojado de sutilezas teológicas, en golosinas editoriales como 'Los evangelios'. A la misma tarea se encomienda Emmanuel Carrère en su última y muy celebrada novela: 'El reino' (Anagrama). El escritor francés parte de una extrañeza: ¿Cómo es posible que tanta gente crea "de verdad, que hace dos mil años un judío nacido de una virgen resucitó tres días después de ser crucificado y que volverá para juzgar a los vivos y a los muertos?"

Vaya, recuerda de pronto Carrère, si yo mismo creí en semejantes cosas hace 20 años. Y se despliega acto seguido una indagación sobre la fe que sirve al tiempo una impresionante historia de los primeros cristianos protagonizada por Lucas evangelista, el curioso médico gentil que acompañó a Pablo de Tarso en sus conversiones. Una indagación nada obvia que enfatiza la novedad del mensaje cristiano con instrucciones de uso útiles también para descreídos. Y de una honestidad insólita: "No, no creo que Jesús haya resucitado. No creo que un hombre haya vuelto de entre los muertos. Pero que alguien lo crea, y haberlo creído yo mismo, me intriga, me fascina, me perturba, me trastorna: no sé qué verbo es el más adecuado. Escribo este libro para no imaginarme que sé mucho más, sin creerlo ya, que los que lo creen, y que yo mismo cuando lo creía. Escribo este libro para no abundar en mi punto de vista".

'Campos de sangre' - Karen Armstrong

'Campos de sangre'
'Campos de sangre'

La peculiaridad secular de Occidente es una rara avis que no incluye además a su más pujante nación: los muy 'believers' Estados Unidos. En el resto del mundo la religión está contratacando cada vez con más violencia, aunque esa violencia que observamos por ejemplo en el terrorismo yihadista no es en realidad estrictamente religiosa. Es lo que defiende la historiadora Karen Armstrong en 'Campos de Sangre. La religión y la historia de la violencia' (Paidós). Desafiando la muy generalizada idea de la indisoluble comunión entre religión y violencia, compartida generalmente también por los propios creyentes, Armstrong documenta que la guerra a menudo tienen poco que ver con la religión y mucho con detalles como el de ser una sociedad agraria o no (las primeras se matan mucho más). Al revés: la religión habría servido más bien como fuerza apaciguadora.

"El Islam no es constitutivamente más propenso a la violencia que el cristianismo protestante, lo que ocurre es que los musulmanes tuvieron una entrada más dura en la modernidad". El trabajo de Armstrong, ex-monja que hoy no parece exactamente creyente, es polémico y las acusaciones que se le han hecho de justificar el terror religioso, dignas de consideración. Pero su libro es un estudio monumental y muy seductor que hay que leer: "La secularización no ha sido el final de la historia. En algunas sociedades que intentan encontrar su camino hacia la modernidad sólo ha logrado erosionar la religión y perturbar la psique de las personas, que no están preparadas para ser arrancadas de las formas de vida y comprensión que siempre las han sostenido. Lamiendo sus heridas en el desierto, el chivo expiatorio, con su enconado resentimiento, ha irrumpido en la ciudad que lo expulsó".

'La edad de la nada' - Peter Watson

Un extraño funeral sin párroco, sin creyentes, sin amén, tuvo lugar en la iglesia de San Pedro de Zúrich un lejano día de abril de 1991. Pero a los amigos, en su mayoría agnósticos -cuando no fieramente ateos-, de Max Frisch, no les pareció extraño acudir a una parroquia para despedirse del dramaturgo suizo recién fallecido. Tuvieron que pasar casi dos décadas para que, en 2008, uno de los asistentes al sepelio, el filósofo alemán Jürgen Habermas, reflexionara por escrito sobre aquella anómala ceremonia. "Estaba claro que Max Frisch, que era agnóstico y rechazaba toda profesión de fe, había percibido la incómoda inconveniencia de un enterramiento no religioso, y que al elegir aquel lugar estaba declarando públicamente que la ilustrada era moderna había sido incapaz de hallar una alternativa a las fórmulas religiosas con las que abordamos el postrer rite de passage con el que damos por clausurada la vida".

Las reflexiones de Habermas las recoge el historiador británico Peter Watson en La edad de la nada. El mundo después de la muerte de Dios (Crítica), un imponente trabajo que persigue los derroteros de las creencias humanas desde que, en 1882, Friedrich Nietzsche declarara la "muerte de Dios". Y desde sus primeras páginas, surge la pregunta: ¿por qué en los últimos trabajos de una extensa y variopinta nómina de pensadores y escritores nada sospechosos de beatería regresa la idea de Dios como una urgencia para cubrir el hueco que la secularización habría dejado en nuestras sociedades? Un hueco que el humanismo laico, como también defiende el pensador Charles Taylor en 'La era secular' (Gedisa), habría sido incapaz de cubrir.

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