tenía 60 años

Muere Carrie Fisher, la princesa Leia que llenó la galaxia de drogas y risas

La princesa Leia de 'Star Wars' fue un juguete roto de Hollywood, hasta que se redimió con un monólogo humorístico en el que no dejó títere con cabeza

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Carrie Fisher
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Españoles: Carrie Fisher/la princesa Leia ha muerto. Hija de del cantante Eddie Fisher y la actriz Debbie Reynolds, Carrie Fisher fue una niña mimada de Hollywood y de Beverly Hills. Para bien y para mal. Por un lado, se convirtió en una superestrella del cine a los 21 años tras encarnar a la Princesa Leia en 'La guerra de las galaxias' (George Lucas, 1977), a la que siguieron 'El imperio contraataca' (1980) y 'El retorno del Jedi' (1983); inolvidable trilogía galáctica sobre la que es difícil añadir algo que no se haya dicho.

Muere Carrie Fisher, la princesa Leia que llenó la galaxia de drogas y risas

Por el otro, crecer envuelta entre la farándula y las extravagancias de la meca del cine le sentaría como un tiro. En efecto, a Fisher le empezó a patinar la cabeza al poco de triunfar en Hollywood, y ella era bien consciente, como le explicó una vez a su hija Bille: "Mira cariño, si quieres ser cómica, tienes que ser buena escritora. Y no te preocupes, porque tienes material en abundancia. Tu madre es maniaco-depresiva, tu padre es gay, tu abuela baila claqué y tu abuelo se inyectaba anfetaminas". Su hija se partió de risa al oír a su galáctica madre decir esto. "Cariño, que esto te parezca gracioso te ha de salvar la vida", añadió mamá Fisher. Lo contó la actriz en su desternillante biografía, ‘Mi vida en esta galaxia’, donde narró en clave tragicómica su conversión en juguete roto de Hollywood.

Era incluso una chica de calendario, una fantasía con la que se masturban con frecuencia los obsesos quinceañeros empollones de medio mundo

Fisher tuvo la grandeza de resucitar/redimirse la pasada década de la manera más punk: con un monólogo por teatros -'Wishful Drinking- en el que hacía leña del árbol caído (ella misma). Una obra, que luego ampliaría en sus memorias, donde no dejaba títere hollywoodiense con cabeza. “No poseo lo que podríamos llamar un sentido convencional de la realidad. Mi realidad deriva de la versión de Hollywood de la realidad.. Tenía cosas que no tienen la mayoría de las casas normales. Teníamos ocho pequeñas neveras de color rosa (ya sabéis, por si acaso llegaban de visita Blancanieves y los siete enanitos) y un patio, y cuartos para lavar y planchar. Ah... y tres piscinas, por si acaso se estropeaban dos de ellas", escribió.

Fisher dedicó gran parte de sus memorias a destripar sus vicios y sus inseguridades: "Pensaba que tenía que gustarme todo lo que hacía. Y para eso tenía que tomar un montón de drogas. Si esperas ser feliz y sentirte cómoda toda la vida puedes convertirte en drogadicto o alcohólico. Que es obviamente en lo que me convertí".

'Mi vida en esta galaxia'
'Mi vida en esta galaxia'

Ahora sumen a las drogas un trastorno bipolar y entenderán el cuadro clínico de Fisher en todo su doloroso esplendor, lo que no fue óbice para que la actriz lo contara en sus libros con doble ración de humor punk: "Cuando me enteré pensé en instaurar el Día del Orgullo Bipolar. En las carrozas irían los depresivos, que no tendrían ni que levantarse de la cama, y podrían seguir con la mirada perdida en la distancia. Los maniacos irían en la banda de música, hablando, riéndose, yéndose de compras, follando y tomando decisiones equivocadas".

También tuvo tiempo para parodiar la ingente capacidad recaudatoria de George Lucas, jefe de la orquesta galáctica: "No sólo soy esta criatura llamada princesa Leia sino también unas muñecas de varios tamaños, camisetas y pósteres diversos, productos de limpieza y un montón de artículos más de merchandising. Resulta que era incluso una chica de calendario, una fantasía con la que se masturban con frecuencia los obsesos quinceañeros empollones de medio mundo", explicó en el libro.

"En los últimos años me siento muy cuerda en relación a lo loca que estoy", dejo dicho Fisher. En dos palabras: sombreros fuera.

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