festival de teatro clásico de mérida

Alejandro Magno, el conquistador devorado por las dudas

Por primera vez, y de la mano de Luis Luque, el mayor estratega político de todos los tiempos se planta en el Teatro Romano para contar quién fue el hombre que vivió tras el mito

Foto: El elenco de 'Alejandro Magno', dirigida por Luis Luque (Festival de Mérida / Enrique Cidoncha)
El elenco de 'Alejandro Magno', dirigida por Luis Luque (Festival de Mérida / Enrique Cidoncha)

"Escribirán grandes historias sobre mis batallas, pero ¿sabrán realmente quién fue Alejandro?" Por primera vez resonará el eco de la voz del héroe, del mito y del hombre en las centenarias piedras del Teatro Romano emeritense. Alejandro Magno. El Grande. El guerrero, pero también el hombre aristotélico y devorado por las dudas, el ansioso conquistador y el mejor estratega de la historia. Todos ellos conformaban al poliédrico hombre que se escondía tras el título del rey de Macedonia. Tras un dios demasiado humano como el que presenta Luis Luque en 'Alejandro Magno', a partir del miércoles en el Festival de Teatro Clásico de Mérida.

¿Sé acaso yo quién soy?, se pregunta Alejandro, o Félix Gómez, días antes del estreno en la sala de ensayos Miguel Narros. Luque da los últimos retoques a una obra de teatro que, solo con el ensayo, tiene pinta de ser de lo mejor que pase este año por Mérida. Basada en el texto de Jean Racine y adaptada por Luque y Eduardo Galán, este montaje plagado de rostros televisivos (Amparo Pamplona, Armando del Río, Aitor Luna, Unax Ugalde, Diana Palazón y Marina San José)  pretende indagar en el hombre que hay detrás del personaje y en las fuerzas que luchan en la soledad de quienes escriben las páginas de la historia. 

Sin rastro de su carácter

"El mito ya está construido y siempre es inaccesible. Es una figura, un símbolo, un tópico. No me interesaba abordar el mito y lo que hizo, que ya lo sabemos, sino indagar en quién estaba detrás de esas acciones. Quién está detrás del mito. De todo lo que he estudiado sobre su figura encuentro, sobre todo, sus acciones pero no quién es. Decidimos imaginar a partir de lo que hizo este hombre porque no nos queda rastro de su carácter y personalidad", explica a este periódico Luis Luque.

Alejandro Magno © Festival de Mérida/ Enrique Cidoncha
Alejandro Magno © Festival de Mérida/ Enrique Cidoncha

La obra arranca con el funeral de la madre de Alejandro, Olimpia, la instigadora de la glorias de Alejandro. "He visto cómo te has convertido en el dueño del mundo", le dice. "A veces hubiese querido seguir los pasos de Aristóteles, mirar los astros y comprender- ¿Por qué no cesa el ansia?". Este es uno de los diálogos que concentran la existencialidad que aborda 'Alejandro Magno'. La eterna dicotonomía entre lo que todos esperan de uno y lo que uno desea, entre el héroe conquistador que va dejando, y lo que es peor es consciente y le tortura, un reguero de sangre y destrucción a su paso y entre el hombre justo, pacífico y enamorado.

'Alejandro Magno' nos lleva a la India, a la batalla del Hidaspes, la última que libró Alejandro Magno tras ocho años y más de 5.000 leguas de campaña. Con una puesta en escena que promete ser espectacular, con caballo (Bucéfalo sobre el escenario por supuesto), agua para dar vida a los ríos Hidaspes e Indo, y percusión , y el bello y colorido vestuario de Paco Delgado, Alejandro no solo debe enfrentarse a sí mismo sino al amor y a sus contrarios, los reyes Poros y Taxilos, que encarnan la reacción de los pueblos a los que se enfrentaba el rey macedonio. El primero, luchador ante el verdugo conquistador y el segundo, el que antepone la paz para salvar a su pueblo de la guerra. Porque en el fondo, interpela la obra, ¿rendirse es no derramar la sangre de su pueblo o vivir bajo el yugo del conquistador?

'Alejandro Magno' nos lleva a la India, a la batalla del Hidaspes, la última que libró, y con una puesta en escena que promete ser espectacular

Alejandro Magno © Festival de Mérida/ Enrique Cidoncha
Alejandro Magno © Festival de Mérida/ Enrique Cidoncha

"Alejandro entra en crisis planteándose si merece la pena, cómo le va a recordar la gente: como asesino, rey u hombre. Es en ese planteamiento, a través del amor, cuando descubre que los ríos de sangre a lo mejor no merecen la pena para tener una vida feliz. Se pregunta hasta dónde podemos llegar para conseguir lo que queremos y ahí es donde entra en juego la moral y la ética", analiza el director, que debuta (y a lo grande) en Mérida.

"Tengo las piedras en la garganta", confiesa Luque entre risas. "Tengo claro que voy a hacer teatro, en una dimensión grande sí, pero voy a hacer teatro y quiero que la gente se emocione igual en Mérida que en la Casa de la Portera. Otra cosa es la persona y lo emocionado, contento y agradecido que estoy de poder desarrollar mi arte en un lugar mítico como Mérida y encima hablando de un hombre mítico como Alejandro". Aunque, añade, en el fondo todo se reduce a algo básico: "tenemos que darle al público la mejor calidad. Es la única forma de salvar al teatro".

"Nos fascinan los mitos que mueren jóvenes, Cobain o Alejandro"

Guerra, paz, cultura, orgullo, amor y convenciones se funden en esta segunda obra del festival emeritense que rinde un justo tributo a una de las mayores figuras de la historia que hoy nos suena radicalmente contemporánea en su discurso. "Es un personaje que me encantaba, pero conforme he ido estudiando su figura, me ha atrapado. Primero, porque hay algo muy moderno en él. Su bisexualidad o el hecho de que fuera tan joven cuando murió, que es algo que también nos fascina. Nos fascinan los mitos que mueren jóvenes ya sea Kurt Cobain, James Dean, Marilyn o Alejandro Magno. Esto hace que el mito se dispare", analiza Luis Luque.

Alejandro Magno defiende en sus conquistas el respeto a la autonomía de los pueblos conquistados

Pero no solo en esto radica su modernidad. Alejandro Magno defiende en sus conquistas el respeto a los pueblos conquistados. Así se demuestra en este montaje en el que el rey ofrece autonomía y respeto a sus costumbres a los pueblos que se le declaren amigos. Prefiere la justicia a la vengaza "Esto no es algo que sea contemporáneo, es que es del futuro visto lo visto", afirma el director. "Ahora o todos son de derechas o todos de izquierdas, o todos blancos o todos negros. Somos totalitarios en pequeñas dosis y tendríamos que vérnosolo, reconocérnoslo y enjaularlo", agrega.

Son solo tres apuntes del gran mito griego que conquista tanto en la historia como en esta obra que se puede ver desde hoy y hasta el domingo en Mérida porque, como apostilla Luque, "Alejandro lo tenía todo: era un sanguinario y era un poeta, era un rey y era un hombre sencillo. Y, después, está lo que consiguió. Sus grandes hazañas son las que labran las piedras de la inmortalidad".

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