Spotlight

'Spotlight', película ganadora del Oscar 2016: batalla por la verdad desde una redacción

'Spotlight' es una película que hay que ver, pero en ella hay más bien poco que contemplar.

Foto: 'Spootlight'
'Spootlight'

Hace solo unos meses Tom McCarthy, en el pasado director de reputadas muestras de humanismo indie como 'Vías cruzadas' (2003) o  'The Visitor' (2007), estrenó una película llamada 'Con la magia en los zapatos'. Protagonizada por Adam Sandler y una máquina de coser mágica, aquello era tan infame, tan agresiva e incomprensiblemente errónea, que solo mencionarla le hace a uno sentirse impotente. Que ahora hablemos de McCarthy a propósito de 'Spotlight' representa para él, de entrada, un rotundo progreso.

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La nueva película recrea la investigación periodística llevada a cabo en 2001 por un grupo de reporteros del Boston Globe que destapó un escándalo de abusos sexuales a niños por parte de miembros de la Iglesia Católica, y sostiene la misma tesis que los artículos resultantes de esas pesquisas: que las décadas de violaciones y estupros no eran solo cosa de unas manzanas podridas sino problemas endémicos en el seno de la institución que iban incluso más allá de la cúpula de la Archidiócesis.

'Spotlight', película ganadora del Oscar 2016: batalla por la verdad desde una redacción

En todo caso, más que de curitas pillados con la sotana subida y los gayumbos bajados, Spotlight habla de periodismo. Por un lado, recuerda un tiempo no muy lejano en el que el oficio era más que buscar en Google: sus protagonistas visitan bibliotecas que huelen a rata muerta, reciben portazos en las narices y, en general, dedican a su trabajo tiempo, paciencia y medios; tres cosas de las que la mayoría de informadores online carecen. Por otro, retrata un grupo de gente que en su búsqueda obstinada de la verdad supera obstáculos impensables. McCarthy –que también es actor y en la quinta temporada de 'The Wire' interpretó a un periodista sin escrúpulos– nos recuerda en todo momento que el asunto es una batalla entre David y Goliat, en la que cuatro personas marginadas en los sótanos de la redacción de un diario cuyos suscriptores son católicos en su mayoría, se atreven a ir a por la Iglesia.

Reporteros cruzados

El riesgo de las películas sobre reporteros cruzados es que acaben sugiriendo que son ellos y no las víctimas –en este caso, los niños– lo que realmente importa de la historia. Pero, a diferencia de la reciente 'La verdad' –el más flaco favor que el cine le ha hecho al periodismo en mucho tiempo–, en 'Spotlight' los actores no se pasean por la pantalla esperando el momento idóneo para hacer encendidas soflamas. A pesar de algún discurso didáctico sobre códigos deontológicos –y de alguna frase de diálogo del tipo: “¡Ellos lo controlan todo!”–, McCarthy no se centra en lo heroico que es el periodismo sino en el metódico proceso que informar requiere.

Y, para ello, maneja exclusivamente los ingredientes típicos del subgénero procedural –encuentros clandestinos, estoicos profesionales que se enfrentan a la burocracia, tediosos buceos entre archivos, horas y horas de discusiones– sin aportar grandes novedades. Como sus protagonistas, que tienen menos aspecto de personas de carne y hueso que de personificaciones de diferentes formas de entender la profesión, la película demuestra ir sobrada de profesionalismo y eficiencia pero algo escasa de personalidad.

Como sus protagonistas, la película demuestra ir sobrada de profesionalismo y eficiencia pero algo escasa de personalidad

Eso queda instantáneamente claro al compararla con 'Todos los hombres del presidente' (1976), su más obvio referente. 'Spotlight' carece por completo de la capacidad de aquel modelo para construir una atosigante atmósfera de amenaza. McCarthy parece no tener en cuenta que, cuando se trata de recrear casos bien documentados y ampliamente conocidos, el drama no puede recaer en lo que pasa sino en cómo pasa. Eso es algo que, por ejemplo, sí entendió la magnífica 'Zodiac' (2007). 

Asimismo, tanto la película de Alan J. Pakula como la de David Fincher equilibraban con maestría el fondo y la forma: el constante suministro de información con la riqueza  y la textura de las imágenes. 'Spotlight', aqueja una falta de gusto estético similar a la de sus protagonistas, gente tan ocupada por buscar la verdad que no tienen tiempo ni de mirarse al espejo –casi todos visten como si les hubieran perdido la maleta en el aeropuerto–. Pasa tanto tiempo encadenando diálogos que se olvida de dotarlos de un contexto visual, al margen de unas pocas imágenes de amenazantes iglesias que acechan en segundo plano. Sin duda 'Spotlight' es una película que hay que ver, pero en ella hay más bien poco que contemplar.

Por último, en su empeño por evitar los detalles más escabrosos de la investigación del Boston Globe la película observa la religión solo como organización, y la consecuencia no deseada de ese enfoque es que las complejísimas dinámicas psicológicas que subyacen en el escándalo son ignoradas. Eso, además de hacer que el trabajo de los reporteros quede trazado a la manera de una batalla entre el bien y el mal –y que los sacerdotes sean reducidos a la condición de hombres del saco–, delata cierto reparo a mancharse las manos. 'Spotlight' está envuelta de un tacto y un pudor que sin duda le dieron puntos a la hora de conseguir sus seis nominaciones a los Oscar, pero su negativa a tomar riesgo alguno limita el impacto de su homenaje a un grupo de personas que tomaron muchos.

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