Los años en los que el rock entraba de estraperlo en España
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Los años en los que el rock entraba de estraperlo en España

'Batería, guitarra y twist', de Julián Molero, recopila la historia de unos jóvenes que a finales de los cincuenta y principios de los sesenta inventaron el rock en un país gris y coplero

Foto: Los Teen Boys recogen de manos de Bobby Deglané el premio del concurso Vale Todo en Radio España (1961).
Los Teen Boys recogen de manos de Bobby Deglané el premio del concurso Vale Todo en Radio España (1961).

"En plena calle y a sólo 100 metros de Cibeles", titulaba el diario 'Pueblo' el 30 de diciembre de 1963 una crónica sobre la invasión de los "incansables del twist". "A un local situado en esta plaza [del Rey] acuden dominicalmente casi dos millares de jóvenes dispuestos a apasionarse por los ritmos más alocados y trepidantes de nuestro tiempo", comienza una narración que no se queda ahí porque la juventud está desbocada:

"Se canta en inglés y se toca la guitarra, la batería e incluso una simple olla de cocina; el caso es seguir el ritmo. Abundan las chaquetas de cuero, los pantalones vaqueros y melenas largas. Hay ambiente y se pasa bien. A la una y media o dos de la tarde los sonidos de la pista se callan. Los graderíos continúan. Se prolonga en la calle. No hace falta que llueva. Sobre el asfalto se baila el twist sin acompañamiento siquiera. Hay incluso un campeonato nacional de estos bailes, que en sucesivas eliminatorias consagrarán dos nuevos ídolos de estos jóvenes de hoy, a quienes nos gustaría comprender". ¡Estos jóvenes alocados!

Esta crónica fue una de las que contribuyó a que Los Matinales del Price pasaran a mejor vida con ni siquiera dos años de existencia. La prensa del régimen y la dictadura veía con muy malos ojos a esos melenudos rockeros a los que les "gustaría comprender" y se contorsionaban a ritmo de música en inglés. Toda una provocación para la España gris de la copla, el bolero y la bandurria. Era 1963 y el rock ya campaba por Madrid pero la historia comenzó unos años antes como cuenta 'Batería, guitarra y twist' (La Fonoteca), una radiografía de los pioneros del rock madrileño escrita por Julián Molero.

"Esta es la historia de unos muchachos que inventaron el rock en un país lleno de prohibiciones y carencias. Este libro es un homenaje a la generación de músicos madrileños que lograron cambiar la copla por el rock, las maracas por la batería y la bandurria de la tuna por la guitarra eléctrica”, asegura Molero. "Supusieron el inicio de algo. Evidentemente si hablados de calidades, y más con los estándares de la época, eran muy flojitos pero su valor fue ser los iniciadores de algo y, sobre todo, pasar de algo que no existía al rock o la música moderna en un espacio de tiempo muy breve. La revolución no fue de calidad ni cantidad sino por inventar para España algo que no existía y que no se parecía a nada de lo existente", analiza en conversación con El Confidencial.

Los aviones del rock and roll

El final de los cincuenta fueron los años de Estrellita Castro y Luis Mariano, de la tuna o Los Chimberos. Los años de la radio y sus concursos y actuaciones en directo. Tímidamente se colaba en la programación alguna canción en otro idioma de Elvis Presley o Cliff Richard, lo "que los locutores llamaban rock and roll". Molero recuerda que 'Boite', de Ernesto Lacalle, fue el programa que trajo el rock a España en Radio Intercontinental. En 1959 actuaban en esa emisora Los Estudiantes y, un mes después, Alberto Domper bautizaba allí a un grupo sin nombre como Los Pekenikes en la que fue su primera visita a una radio. Estas cadenas junto a los colegios los domingos por las mañanas y las llamadas 'revistas habladas' fueron el escenario donde unos jóvenes inexpertos aporrearon por primera vez sus guitarras artesanales intentando imitar esa música que escuchaban de vez en cuando.

'Los Estudiantes' cantando 'Ready Teddy'

'Caravana musical', que nació en abril de 1960, y su versión diaria 'Vuelo 605', fueron los programas "más influyentes en el desarrollo del rock madrileño", subraya Molero. Estaban dirigidos por Ángel Álvarez, un radiotelegrafista de Iberia que cubría la ruta entre Madrid y Nueva York y que en cada viaje traía su maleta cargada de discos de country, rock and roll o rock instrumental que en España eran totalmente desconocidos. En esos aviones llegaron a España Bob Dylan, The Beach Boy u Otis Redding.

Pero no se queda aquí la importancia de la aviación en el rock y la música española. La base americana de Torrejón de Ardoz fue otro de los revulsivos: los jóvenes soldados pedían el rock que escuchaban en sus países, en su economato se encontraban discos 'made in USA' libres de impuestos e instrumentos que en España ni existían y el Airemen's Club, regentado en la base por el sargento King, fue otro de los escenarios en el que comenzaron los rockeros españoles. Sólo se les exigía hablar un inglés más o menos comprensible y allá que se fueron Los Estudiantes, Los Tonys con Micky a la cabeza, y nació Joe & The Jaguars, liderado por un Joe Bennett que ya había formado un grupo rockabilly de EE UU.

Aunque no iba a ser tan fácil, recuerda Molero, porque el franquismo quería frenar todo lo que venía de fuera. Y el detonante fue el twist. Tanto que, además de la persecución de los medios oficiales como hemos visto, la vicesecretaría de Educación Popular envió una nota a las emisoras de radio para que dejaran de jalear a la juventud. La nota decía lo siguiente, como recoge 'Batería, guitarra y twist'.

Nota sobre la procedencia de no declarar 'radiables' los discos de música 'twist':

1. El ritmo denominado 'twist' ha suscitado, por las caracteristicas de su ejecución bailable, una general repulsa entre las personas de buen sentido.

2. Diferentes países extranjeros han condenado este baile. Últimamente, el Ministerio de Información del Irán, lo ha prohibido por inmoral.

3. Recientemente se han publicado opiniones médicas condenatorias, por considerarlo también peligroso para la salud física.

4. 'El correo de la radio', revista española, ha realizado una encuesta sobre este baile y sus resultados son asimismo condenatorios. Son diversos los artículos y reportajes reprobándolo.

5. El 'twist', según los consejos e ilustraciones gráficas que sobre la manera de bailarlo figuran en algunas de las fundas de los discos, se ejecuta con los pies quietos y moviendo únicamente la cadera y el pecho.

6. Personas nada timoratas han formulado quejas ante el Servicio de Censura, relativas a la improcedencia de autorizar este baile que a su juicio implica concesiones perniciosas para la juventud y para el español sentido del decoro.

Examen y al Price

Pero el 'peligroso' twist ya había entrado en España y no había marcha atrás por mucho que quisieran Franco y sus censores. En 1960 Los Estudiantes publicaron su primer disco con temas como 'La Bamba' o 'Ready Teddy'. Las salas empiezan a demandar a estos jóvenes grupos españoles y en 1961, relata Molero, "el movimiento rocker madrileño empieza a tomar fuerza". Es el año que llega el primer disco de Los Pekenikes, tres de Los Sónor y cuatro de Kurt Savoy, que fue el primer español en grabar 'El rock de la cárcel' o 'La plaga'.

Kurt Savoy

En todo este meollo, Miguel Ángel Nieto, hasta entonces presentador de revistas habladas y programas musicales en La Voz de Madrid, crea Los Matinales del Price. La plaga ya no iba a tener freno. El Price estaba entonces en la plaza del Rey y durante 15 sesiones se convirtió en la mayor escuela de rockers y público que pudo tener España. "Fue el pistoletazo de salida. Era sentirse moderno. Se leían las crónicas de los festivales del Olympia de París y queríamos imitarlo. ¿Por qué tuvo tanta importancia? Porque metías a 10.000 personas y era ser un poco como los extranjeros. Ya no era copiarles sino que éramos iguales y pasamos de espectadores a protagonistas. Se considera que Los Matinales del Price fueron el despertar de la música rock en Madrid y en España", señala Molero.

Para un músico, relata en el libro, tocar en el Price era la máxima aspiración. Hubo 15 sesiones entre el 18 de noviembre de 1962 y el 17 de abril de 1964 y terminaron por crónicas como la que encabeza este reportaje y con una nota del régimen que aseguraba que atentaban "contra la moral y las buenas costumbres". "Pensé que el Price había vivido 40 o 50 sesiones cuando en realidad solo habían sido 15. Fue tan intenso que nuestra imaginación multiplicó el número", asegura Eduardo Bartrina, entonces batería de Los Rangers, en el libro.

Ontiveros; Dick y Los Relámpagos o 'los electrónicos del ritmo' al estilo de las presentaciones circenses; Eddy Guzmán, 'el aplaudido cantor filipino'; Los Tonys; Los Pekenikes, o 'los aristócratas del twist', y The Diamond Boys (en sustitución de Los Estudiantes), un grupo gibraltareño con Albert Hammond -el de 'It never rains in Sothern California' y padre de uno de los fundadores de los Strokes- a la cabeza y culpable de instaurar como himno de los matinales el 'What'd I say', de Ray Charles, fueron los encargados de tocar en el primer concierto. Se vendieron casi 2.000 localidades a un precio que oscilaba entre 10 y 20 pesetas. El resto de sesiones, relata Molero, se llenaron.

Aunque antes de poder subirse a este o cualquier otro escenario, todos los músicos tenían que hacer un examen interpretando dos canciones -una con micrófono y otra no- para conseguir el carnet de profesional de teatro, circo y variedades, imprescindible para poder firmar un contrato. Kurt Savoy y Gino Capella fueron de los primeros en obtenerlo en 1960 ante un jurado compuesto, entre otros, por Antonio Molina. Mike (Miguel) Ríos se examinó cuando tenía dos discos en la calle. Se presentó en junio de 1962 pero fue sin pianista y el que le puso el Sindicato de Espectáculos tenía "una mano izquierda que no había tocado jamás el ritmo sincopado del twist". Conclusión: suspenso con un 4,75. En octubre volvió a suspender y ya al mes siguiente fue con su propio pianista, el relámpago Pablo Herrera, y por fin aprobó.

Los Brincos

Asegura Molero que lo que pasó en los primeros años de los sesenta es que faltó un ídolo. Un grupo, solista o dúo que personificara la revolución que se estaba viviendo -no sólo musical- en Madrid y España. Podían haberlo sido Mike Ríos, Mimo (una de las pocas rockeras de la época), Kurt Savoy o Los Pekenikes pero faltaba una estrella indiscutible como las había a nivel internacional.

Todo cambió en 1964 cuando llegaron Los Brincos, y con ellos el rodillo de la industria musical y el márketing. "Casi todos los músicos están de acuerdo en que Los Brincos ya no eran unos colegas tocando sino que era una cosa montada por una casa discográfica como alternativa española a los Beatles y eligiendo a los músicos. Simbolizaron la profesionalización y, sobre todo, el negocio. Se iba a buscar dinero. Con su llegada se empieza a hablar de productores, managers en exclusiva o cachés de 100.000 pesetas", analiza Molero.

"Lo que hicimos los músicos a finales de los cincuenta en España me sigue pareciendo una epopeya ciclópea, sobre todo si la comparamos con otras que han dado en llamarse "movidas". Lo nuestro, sin duda, fue 'la gran movida", dice Bartrina en 'Batería, guitarra y twist' a modo de conclusión. "Nadie se fijó en que aquello tenía importancia, que éramos los padres de un movimiento que cambiaría radicalmente nuestro país, ni que estábamos haciendo historia y creando unas bases sobre las que sustentaría toda una industria que movería muchísimo capital al cabo de muy pocos años. Simplemente estábamos tocando la guitarra, o la batería en mi caso, porque así era más fácil tener chicas alrededor, sin pensar si quiera en que ese incipiente juego que tanto nos divertía podía llegar a convertirse en un modo de vida digno y provechoso".

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