Louise Bourgeois huele a lejía en el Museo Picasso de Málaga
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inauguración de la retrospectiva de la autora

Louise Bourgeois huele a lejía en el Museo Picasso de Málaga

Las obras del autor, una de las grandes referencias del arte posterior a la Segunda Guerra Mundial ha sido higienizado en el montaje de la exposición

Foto: La obra 'Juntos' de la autora en el museo Picasso de Málaga (Reuters)
La obra 'Juntos' de la autora en el museo Picasso de Málaga (Reuters)

Por primera vez Louise Bourgeois huele a limpio, es higiénica, no mancha, no toca, no ensucia, no retuerce, no dramatiza, no sufre ni hace sufrir, no angustia, por primera vez es difícil reconocer a Louise Bourgeois. El tono confesional de una de las grandes referencias del arte posterior a la Segunda Guerra Mundial ha sido higienizado, con litros y litros de lejía y asepsia, en el montaje de la retrospectiva -con algo más de un centenar de piezas- que le dedica el Museo Picasso de Málaga. "No hace falta añadir más trauma a una obra traumática", ha contestado Iris Müller-Westermann, comisaria de la muestra llamada a dar la campanada esta temporada.

"Tal vez la tensión inicial fuera la expresión del miedo. A mí me da miedo la capacidad depredadora de las personas; tengo miedo de que vengan a devorarme", asegura la artista en entrevista con Christiane Meyer-Thoss, incluida en el catálogo, a mediados de los noventa. "Tengo miedo de dar miedo a los demás, y cuando veo que alguien me tiene miedo, o veo un miedo en mí misma, me echo la culpa, me cargo con la responsabilidad".

'Tal vez la tensión inicial fuera la expresión del miedo. A mí me da miedo la capacidad depredadora de las personas; tengo miedo de que vengan a devorarme'

La personalidad en conflicto hace de su trabajo un conflicto para el espectador, un "infierno". "He estado en el infierno y he vuelto. Y permíteme decirte, fue maravilloso", cosió en un paño, en 1996. La comisaria ha tomado la primera parte de la frase para titular la muestra, dibujando un infierno sin sombras, ni oscuridad... ni infierno. Un infierno sin conflicto. Al eliminar la segunda parte de la frase del título se hace desaparecer la visión "maravillosa", que es la que prima. Una visión que podría definirse como síndrome del galerista: suelos brillantes, paredes impolutas.

No te pongas intenso

Borrar lo barroco, borrar el dolor, taimar su resistencia y su rebeldía, iluminarla. La muestra ha sido dividida en nueve unidades temáticas, al margen de la cronología, dado que casi la mitad de la obra seleccionada procede de los últimos nueve años de su carrera. De ahí que sea tan extraño que la comisaria escriba que "lo primordial para su creación es más la emoción que el concepto" y, a pesar de ello, mande la idea por encima de la víscera, en las impolutas salas.

Bourgeois fue una artista en constante alteración que viajó de la autodestrucción a la autoconstrucción sin escalas, que acabó con las fronteras entre lo público y lo privado. "Soy una mujer sin secretos", decía de sí misma. Su castigo fue su supervivencia: luchaba contra la depresión con el arte. Si paraba, se destruía. "Hacer arte es despertar en un estado de ansia, ansia de descargar resentimiento, ira. Y hacer arte tiene un efecto curativo. Una tensión que sufres desaparece, espectacularmente", decía.

Porque entendía el arte como terapia. "Mi spicoanálisis está en la obra". Un trabajo tan autobiográfico e impudoroso, tan arriesgado como sólo puede serlo todo aquello que no es arte. Su tema es la crudeza de las emociones. El catálogo de las ansiedades vitales a las que se enfrenta con materiales orgánicos (la madera, el hilo, el papel) e industriales reciclados (el cristal, el caucho, bronce), pasa por las relaciones humanas, la maternidad, el sexo, la represión o el cuerpo.

Sin arte

La exposición del centro malagueño ha museizado (y devorado) una actividad que ocurría al margen del gesto artístico. "La historia del arte no es necesaria para un artista, decididamente no es necesaria para mí". La salvación, las pasiones y el efecto devastador de la crudeza de esas emociones, simplemente, ha desaparecido. A salvo ha quedado la elocuencia verbal de la escultora, apuntada en sus dibujos.

No es la primera vez que a la dirección del museo le sucede algo parecido, pudimos ver cómoGiacomettiera igualmente abrillantado hasta dejarlo en decoración de salón. SóloLa Casa Encendida, con la exposición que le dedicó en el décimo aniversario de vida de la institución,se atrevió a correr con el peligro del rechazodel público al oscurecer y dramatizar la obra de Bourgeois, oscura y dramática.

'La historia del arte no es necesaria para un artista, decididamente no es necesaria para mí'

No es buena idea hacer de su infierno particular, un paraíso maravilloso. Como ella misma dejó dicho, si no eres sincero, te muerden. Es así. "La sinceridad es una estrategia de supervivencia. Si intentas expresarte, engañar está de más. Si no consigues expresarte, te deprimes. Si tu arte se refiere a exorcizar los miedos y la autoexpresión, si tú te convences serás convincente para los demás. Yo no tengo que convencer a nadie de cómo me siento". Uno no es capaz de distinguir siquiera el famoso humor negro de Bourgeois.

Las joyas de la corona

Más de un tercio de la obra reunida no había sido mostrado nunca antes en público. La intervención de Jerry Gorovoy, presidente de la Fundación Louise Bourgeois ha sido deceisiva para rescatar esas piezas. Anuncia que la Fundación se pondrá en marcha el próximo septiembre, después de haber adquirido el edificio adyacente a la casa de la escultora. Los investigadores tendrán a su disposición cartas y cuadernos, además de un jardín de esculturas.

Tras pasar por Estocolmo, la mejor puesta en escena de las dos plantas es la segunda sala, en la que se enfrentan esculturas con cincuenta años de distancia. Impecable. La Araña (1996), en el patio del museo, es espectacular, a pesar de los mármoles. Otras piezas inquietantes, que tratan de sobrevivir entre tanta luz: El desafío IV (1994), un sobrecogedor armario repleto de frascos de cristal, todos vacíos salvo uno, ocupado por huesos. Junto a éste, un gouache extraordinario: The birth (2007).

La pequeña y sutil Femme (2005), una mujer de bronce que cuelga de un cable, y su proyecta su sombra sobre el suelo. En el apartado llamado Equilibrio, con el que se cierra el recorrido, concita parte de las obras más potentes, como la Celda XXVII (2004) y The eternal thread is you (2003), donde presenta una dimensión del dolor ilimitada, a pesar de la nueva Louise Bourgeois que se han empeñado en construir.

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