a la caza del tesorero del pp

Ibáñez: "La gente se ríe más con los políticos que con Mortadelo"

El dibujante Francisco Ibáñez presenta el álbum número 200 de sus personajes más populares: una sátira sobre las erráticas finanzas de Bárcenas y el "Partido Papilar"

Foto: Francisco Ibáñez en la presentación de su nuevo cómic (EFE)
Francisco Ibáñez en la presentación de su nuevo cómic (EFE)
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Atención, pregunta: ¿está usted pensando en votar a uno de los nuevos partidos en las elecciones de mayo? ¿Duda entre Podemos y Ciudadanos? Pues bien: quizá es que usted no conoce al Partido Papilar y a su enloquecido tesorero.

En efecto, tenía que pasar: la conversión de Luis Bárcenas en icono pop de la mano de nuestro dibujante de referencia: Francisco Ibáñez (Barcelona, 1936), que esta mañana ha presentado el nuevo álbum de Mortadelo y Filemón, El tesorero, protagonizado por un hombre  sospechosamente parecido al extesorero del Partido Popular (perdón: el Partido Papilar). Tirada, 50.000 ejemplares. "No es una crítica social o política, sino una excusa para meter gags de Mortadelo y Filemón. No intento decirle al público si este tipo se ha portado mal o no, sino lograr que el lector se ría", explica el dibujante.

Eso sí: los políticos podrían acabar con su carrera si siguen así. "La gente se ríe más con los políticos que con Mortadelo. Hay mucha competencia... ¡qué le vamos a hacer!", cuenta Ibáñez con retranca.

Francisco Ibáñez (Barcelona, 1936) se curtió en la factoría Bruguera; es decir, en la meca del tebeo español de la posguerra; meca también del trabajo a destajo. El dibujante lleva toda su vida produciendo a ritmo de cadena de montaje. El tesorero es el álbum número 200 de Mortadelo y Filemón. No obstante, todo apunta a que las tramas están lejos de agotarse: la realidad celtibérica genera tramas disparatadas a cada paso. En efecto, desde que Ibáñez recuperó el control de sus personajes a principios de los años noventa,  Mortadelo y Filemón han intentado arreglar (a su absurda manera, eso sí) lo que los poderosos, los políticos y la economía iban estropeando cada dos por tres.

En ese sentido, El tesorero no sería otra cosa que la lógica continuación/culminación de un trayecto iniciado en los tiempos de otro Luis con plaza en el panteón de la picaresca española: Roldán.  En Corrupción a mogollón (1994) los erráticos agentes de la T.I.A intentaban detener al director de la Guardia Viril, Rulfián, dado a la fuga con un dinero ajeno en pleno desparrame sociata. 

'El Tesorero' de Ibáñez

Ladrillos para todos

Luego llegaron los títulos monográficos sobre el boom del ladrillo y la institucionalización de la especulación inmobiliaria… y de la corrupción millonaria. 

El UVA (Ultraloca Velocidad Automotora), publicado en 2003, era un repaso inmisericorde a la fiebre del AVE: del sobrecoste a la chapuza pasando por el pelotazo y el frenesí inaugurador.

El señor de los ladrillos (2004) era una parodia del gilismo en el que Mortadelo y Filemón investigan las turbias prácticas urbanísticas de un álter ego de Jesús Gil con uno de esos nombres imposibles típicos del ibañismo: Ladrillez Peñón. O la España de la recalificación urbanística, los maletines de dinero negro y el blanqueo. 

Ibáñez retomó el astracán urbanístico en Marrullería en la alcaldía (2011), en el que un alcalde dejaba tiritando las cuentas públicas a golpe de obra descabellada. ¿Por ejemplo? Una instalación deportiva que consistía en… un tablero de parchís y una sillas (bautizado, eso sí, como Pabellón de Deportes).  Por no hablar de una aeropuerto en cuesta construido en la ladera de una montaña… O la corrupción urbanística reducida al absurdo.

El dibujante también ha retratado la otra pata de la actual desafección ciudadana: el desguace del Estado del bienestar. En ¡Por Isis, llegó la crisis! (2009) el paro y los recortes llegaban a la mismísima oficina de la T.I.A.

O ese álbum cuyo título reflejó las políticas de austeridad: Jubilación a los noventa (2011), en el que el Profesor Bacterio ideaba una fórmula para alargar hasta la vida útil de los trabajadores españoles (con el nefasto resultado que se pueden imaginar).

El año pasado publicó El tijeretazo, que parodiaba una España que se caía a cachos. Ejemplo: hospitales que tenían que recurrir a sangre de mascota para hacer transfusiones.

La fiesta culmina ahora con el mismísimo Luis Bárcenas enseñando el dedo índice a toda España. ¿Quién da más? Show must go on. "Las tramas las saco de la prensa. La situación actual es maravillosa", zanja irónico el dibujante.

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