'ebiblio' arranca con retraso y dudas

El préstamo digital que inaugura Cultura abastecerá a menos del 7% de lecturas

Las bibliotecas públicas españolas entran en el futuro digital con muchas dudas y con retraso. El proyecto no termina de convencer a los especialistas

Foto: Un usuario lee un libro electrónico en el metro. (Reuters)
Un usuario lee un libro electrónico en el metro. (Reuters)

Las bibliotecas públicas españolas inauguran el futuro a medio gas y con retraso. La Secretaría de Estado de Cultura, a través de la empresa de editores Libranda, ha presentado eBiblio, un servicio de préstamo online de libros electrónicos para los centros de todas las comunidades autónomas (menos País Vasco), en el que se ha invertido inicialmente 1.604.700 euros. Sin embargo, tal y como informaba hace más de un año Alejandro Carrión, jefe de área de planificación de bibliotecas del Ministerio de Cultura, la actividad de la iniciativa debería estar en funcionamiento desde hace ocho meses. La Secretaría informa a El Confidencial que el precio medio del uso por cada licencia (préstamo) es de 0,27 euros.   

Según informó el secretario de Estado de Cultura, José María Lassalle, y la subdirectora general de Cooperación Bibliotecaria, Concha Vilariño, se han comprado 200.000 licencias de 1.500 títulos. Cada una permite una media de 28 préstamos únicos. Según las cuentas del organismo, esto posibilitará 5,6 millones de lecturas. Este impacto apenas supone un 6,7% de las lecturas que se harán en todo un año, 83.130.000, según las últimas cifras del INE de préstamos en las bibliotecas españolas (el 83% de ellas públicas). 

No hay títulos en otras lenguas oficiales: se contrata sólo por un año y su futuro queda pendiente de la demanda de este

Es un servicio libre y gratuito para todo aquel que cuente con carné de usuario de biblioteca pública. Cada usuario dispone de una cuenta desde la que realiza la petición de préstamo. En la web encontrará el catálogo de libros disponibles en su comunidad autónoma, que podrá descargarse para leer en ordenador, tableta, smartphone o e-reader. Es la biblioteca la que determina el plazo del préstamo. De esta manera, será un servicio accesible las 24 horas del día, 7 días a la semana y 365 días al año, siempre y cuando el usuario tenga conexión a internet. En ese caso, entrará en la reserva de lecturas del título pedido.  

Éxitos recientes

Este periódico ha podido consultar una pequeña muestra de la compra, que ha seleccionado un comité de expertos para todas las bibliotecas. La mayoría de títulos son novedades de éxito recientes, como La verdad sobre el caso Harry Quebert (Joël Dicker, Alfaguara), En la orilla (Rafael Chirbes, Anagrama), La buena reputación (Ignacio Martínez de Pisón, Seix Barral), Días de nevada (Bernardo Atxaga, Alfaguara), Las tres bodas de Manolita (Almudena Grandes, Tusquets) o La caza de los intelectuales (César Antonio Molina, Destino).

Precisamente, este es uno de los puntos más críticos de todos. Libranda –la empresa de las editoriales, con la mayor oferta de novedades, casi 14.000 títulos– fue la adjudicataria del concurso, que excluía por decreto a otras grandes multinacionales como Amazon. Desde Cultura se insistía en que era “un proceso neutral e internacional” y, al tiempo, se confirmaba que sólo era posible para sistemas con acceso a archivos PDF y EPUB, lo que deja fuera al Kindle, el dispositivo más vendido en el mundo. De hecho, ha liquidado a toda su competencia (Sony). 

El Kindle de Amazon ha quedado fuera de la jugada.
El Kindle de Amazon ha quedado fuera de la jugada.

“Con eBiblio se pretende llegar, mediante sistemas abiertos, al mayor número de usuarios. El sistema de Amazon determina mucho el precio de las licencias al tratarse de un sistema de licencias del que es propietario exclusivo”, contestan desde la Secretaría de Estado de Cultura a este periódico sobre la posibilidad de un acuerdo con la multinacional.

Editores indemnizados

Los editores son compensados con la inversión del préstamo digital (dado que desde hace cuatro años las ayudas a compra de libros de bibliotecas están congeladas) y reforzados en su competencia con Amazon. Este periódico ha podido saber por fuentes de la Secretaría que la posibilidad de compra online –desde el servicio de préstamo– no se ha contemplado en esta fase, pero está prevista para el futuro.

En las bibliotecas no habrá un servicio de asesoramiento y quien quiera alfabetizarse digitalmente tendrá que hacerlo desde su casa

Ese futuro tampoco ha quedado despejado en la presentación de la “pionera” iniciativa. ¿Está prevista la renovación de las licencias y la compra de nuevas? “Esta oferta de licencias nuevas y renovadas se establecerá en función de la experiencia piloto de este año”, se ha limitado a asegurar el organismo. Sin embargo, el representante de las bibliotecas en el Ministerio sembraba las dudas en el camino hace meses al explicar que “dependiendo de las posibilidades económicas y de los resultados se seguirá invirtiendo en el proyecto”. El futuro dependerá de la demanda.   

Para Julio Alonso Arévalo, bibliotecario de Traducción y Documentación de la Universidad de Salamanca, y experto en préstamo digital con uno de los blogs más completos sobre el asunto, la experiencia es positiva porque “lo importante es empezar”. Destaca las 200.000 licencias como buena colección para arrancar. “Lo mejor es que detrás están todos los editores importantes, aunque en el proceso técnico es muy mejorable”, dice.

Frankfurt book fair
Frankfurt book fair

Por el momento, el desarrollo en redes sociales ha quedado aparcado, todavía no se puede recomendar un libro, ni comentarlo. Otra pega técnica a tener en cuenta es que, a pesar de que la aplicación para tabletas y móviles es una descarga sencilla, para los e-readers “es muy difícil y a una persona con pocos conocimientos digitales le va a ser muy complicado instalarlo, va a necesitar una labor de asesoramiento en las bibliotecas”, asegura el autor del libro Plataformas de préstamos de libros digitales en bibliotecas públicas.  

Analfabetos digitales

Sin embargo, esta posibilidad no ha sido planteada, tal y como informa Cultura a El Confidencial. “Una de las funciones de las bibliotecas públicas es la de contribuir a la alfabetización digital de los ciudadanos. El objetivo de este proyecto de acercar la lectura en nuevos soportes y formatos a los ciudadanos forma parte de esa función de alfabetización”, explican.

¿Cómo lo harán? “Además del menú de ayuda que ofrece la plataforma” –recordemos que hablamos de “alfabetización digital”- “se contempla la posibilidad de desarrollar tutoriales de ayuda para los usuarios”. Es decir, en las bibliotecas no habrá un servicio de asesoramiento y quien quiera alfabetizarse digitalmente tendrá que hacerlo desde su casa, con su conexión a internet si la tiene y desde una plataforma digital. 

Las 200.000 licencias se han pagado por títulos que no se sabe si se van a leer, en vez de negociar con las editoriales un precio por préstamo

Otros especialistas en préstamo digital ven varios problemas en la puesta en marcha de eBiblio: en primer lugar, se ha prescindido por completo en la selección de títulos en las otras lenguas oficiales. Grave error político. Dos, el espinoso acuerdo con Libranda, que deja fuera la incorporación de todas las editoriales que no estén dentro de la empresa. Y la compra de licencias: únicamente válidas por un año, es decir, la biblioteca ya no es un espacio humanista reservado al fondo editorial. Todo lo contrario, eBiblio funcionará como un almacén sólo con novedades muy demandadas.

“Si un editor no quiere vender, no puedes comprar”, explica Julio Alonso. “Piensan que el préstamo digital canibalizará su negocio, porque creen que las bibliotecas van a prestar más. Incluso es un modelo que atenúa, aunque los editores no lo vean, la piratería, siempre y cuando se acceda de manera fácil a los contenidos”, añade.

El editor Bernat Ruiz Domènech, autor del blog Scfriptaverba duda del método seguido: demasiadas licencias para tan pocos títulos. “Es mejor, en el arranque de la experiencia, ofrecer muchos títulos con pocas licencias. Ahora corremos el riesgo de quedarnos con muchas licencias muertas de risa”. Es decir, se paga por algo que no se sabe si se va a usar o no, en vez de negociar un precio por préstamo de licencia. 

Cultura
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