Exigen la vuelta del friso de fidias

Grecia continúa su lucha por el regreso de las esculturas del Partenón

los helenos se niegan a olvidar: quieren las esculturas del Partenón, expuestas el Museo Británico de Londres, de vuelta en Atenas

Foto: Vista de la acrópolis en un día nublado
Vista de la acrópolis en un día nublado

“Opaco es el ojo que no llore al ver los muros desfigurados, eliminados los desmoronados sagrarios por manos inglesas”. La cita es del poeta británico Lord Byron y describe el Partenón de Atenas a principios del siglo XIX. Fue una dura crítica a su compatriota Lord Elgin, una figura defenestrada en Grecia por haber sido el promotor del desmantelamiento del friso del edificio y su posterior traslado al Reino Unido.

La obra de Fidias, esculpida hace unos 2.450 años, fue separada en dos por el noble inglés durante la ocupación otomana del actual territorio griego. Han pasado más de dos siglos desde entonces, pero los helenos se niegan a olvidar: quieren las esculturas del Partenón, expuestas el Museo Británico de Londres, de vuelta en Atenas. No parecen dispuestos a cejar en su empeño por conseguirlo.

“Esas obras son muy importantes para nosotros. Son parte de nuestra cultura, de nuestra identidad como griegos. No se trata sólo de estatuas. Hay helenos que nunca tendrán la oportunidad de verlas porque no van a viajar a Inglaterra”, explica a El Confidencial la soprano Sonia Theodoridou, activista por la vuelta de los mármoles de Elgin a Grecia.

El Museo Británico y su gobierno, sin embargo, se muestran reacios a dejar escapar las preciadas reliquias.

Varias organizaciones griegas e internacionales han sido fundadas en los últimos años para presionar por la vuelta de las esculturas. Theodoridou las apoya.

El pasado 10 de junio irrumpió en el British Museum ataviada con un vestido al estilo de la Grecia clásica. Le acompañaban seis jóvenes igualmente disfrazadas. Habían ido a visitar la estatua Cariátide expuesta en el museo y a pedir su vuelta a Grecia, donde se encuentran cinco figuras idénticas. Sustentaban, en forma de pilastras, el Erecteión de la Acrópolis capitalina: “las otras cariátides están esperando a su hermana, sola en el British Museum”, comenta.

Grupo de activistas a favor del regreso
Grupo de activistas a favor del regreso

El coraje de los griegos en la defensa del monumento no es nuevo. Los helenos ya se encontraron ante el dilema de proteger el monumento cuando los otomanos se atrincheraron en la Acrópolis durante la guerra de independencia. Los asediados intentaron fundir el plomo de las columnas para construir balas. El bando griego decidió ofrecerles munición de su propio arsenal si aceptaban no dañar el Partenón.

“El templo a Atenea ha sido reconocido, miles de años después de su construcción, como un símbolo de la democracia. La reunificación de las esculturas de su friso es de gran importancia no sólo para los griegos sino para todo el mundo”, expone María Koutsikou mánager de la campaña Marbles Reunited, una de las organizaciones nacidas en los últimos años para reclamar la vuelta de los mármoles.

Al movimiento se han unido nombres tan conocidos como el de George Clooney. El actor norteamericano causó controversia el pasado febrero al pedir la vuelta de los mármoles durante la presentación de su película Monuments Men: “Quizá no sería algo malo si fuesen devueltas. Creo que sería una buena idea. Sería algo muy justo y agradable. Creo que es lo correcto”, dijo, levantando no pocas críticas.

Dos siglos dividido

La historia de la polémica tiene su origen en 1801. Lord Elgin era entonces el embajador británico en el Imperio Otomano. Se sirvió de un polémico permiso estatal para llevarse parte del friso del Partenón y otras esculturas a su país.

Muchos expertos han criticado la validez de esa licencia. Sólo ha llegado hasta nuestros días una traducción al italiano del original, fechada en 1801. El documento primario habría sido entregado a funcionarios otomanos ese mismo año, según Elgin y sus hombres, pero los investigadores no han sido capaces de hallarlo a pesar de la supervivencia de muchos documentos de la época.

No es posible tomar lo que quieras de un sitio que estás ocupando

La licencia carece además de la firma y sello del Sultán, argumento utilizado por quienes están a favor de la vuelta de las esculturas para refutar su legitimidad. Creen también que Elgin se excedió en su interpretación y que el documento no le daba permiso para llevarse las esculturas.

Otros, como la soprano Theodoridou, ponen en tela de juicio la autoridad otomana para decidir sobre el Partenón: “No es posible tomar lo que quieras de un sitio que estás ocupando. Estuvimos bajo el yugo otomano durante 400 años pero eso no les daba autoridad para llevárselo todo”, critica, a pesar de que el estado nacional griego no existía en aquella época.

La colección fue adquirida por el gobierno británico en 1816 tras unas polémicas sesiones en el parlamento: “Lord Elgin actuó con total conocimiento y permiso de las autoridades de aquellos días y recibió una licencia que cubrió su trabajo. El comité parlamentario investigó profundamente las acciones de Elgin y las declaró totalmente legales”, explica un portavoz del Museo Británico a este medio.

El precio de la adquisición fue de 35.000 libras. La colección incluye unos 75 metros de los 160 originales del friso de Fidias, 17 esculturas de los pedimentos este y oeste, así como 15 paneles de las metopas. Supone más de la mitad de la decoración original del Partenón que ha sobrevivido hasta nuestros días. El resto se encuentra, en su mayor parte, en el Museo de la Acrópolis, en Atenas, aunque hay piezas en otros centros como el Louvre parisino.

El repertorio del British incluye también objetos de otros edificios de la Acrópolis, como la Cariátide del Erecteión. El gobierno heleno sólo reclama oficialmente las esculturas del Partenón, al no ser una pieza única sino parte de un monumento dividido y además tener relevancia global. Otras organizaciones reclaman la vuelta de todas las piezas.

“No se puede dividir una obra de arte. Es como matar a alguien”, critica a este portal Dimitrios Pandermalis, presidente del Museo de la Acrópolis y activista por la vuelta de las esculturas. “Partir por la mitad un monumento es muy distinto a llevarse una pieza completa”, añade.

La unidad del friso es la tesis más defendida por quienes defienden la vuelta de las piezas a Grecia. Las esculturas cuentan una historia, probablemente la procesión de las Grandes Panateneas,  celebrada cada cuatro años para honrar a la diosa Atenea. Su elemento narrativo se rompe, según los expertos helenos, si el friso es separado. Algunos han llegado a comparar su división la exhibición imaginaria de trozos de un cuadro de Picasso en varios museos.

Devolver las esculturas a su entorno

Abogan también por la vuelta de los mármoles a su entorno natural para comprender el monumento en su totalidad. La apertura de la nueva sede del Museo de la Acrópolis, en Atenas, hizo posible esa aspiración: “tenemos expuesto el friso del Partenón tal y como estaba dispuesto originalmente en el edificio. Nos faltan, sin embargo, las piezas que están fuera de Grecia”, explica Pandermalis mientras camina alrededor del espacio rectangular erigido en el último piso del edificio para albergar el friso y el frontón del Partenón.

La sala está completamente acristalada, mostrando una espectacular vista de toda la Acrópolis. Un piso más abajo se encuentra la exposición de las Cariátides del Erecteión. También allí hay un hueco vacío, el de la estatua expuesta en el British Museum.

“Las esculturas deben volver a unirse en la tierra en la que fueron creadas para que se relacionen directamente con el monumento al que pertenecen”, explica Manuela Pavlidou, secretaria general de la fundación Melina Mercouri, promotora junto a la fundación Marianna Vardinoyanni de la campaña ‘Return, REstore and Restart’ inaugurada a finales de junio.

Dimitrios Pandermalis en el Museo de la Acrópolis
Dimitrios Pandermalis en el Museo de la Acrópolis

Tanto el museo londinense como el gobierno de las islas son reacios a devolver las esculturas a Grecia en propiedad. Ni siquiera les convence el argumento de la división de las piezas del friso: “sería imposible reunirlas. Alrededor del 50% de las esculturas ya no existen. Del 50% que sobrevive alrededor de la mitad están en Atenas y pueden contar la importante historia de Atenas y la Grecia antigua mientras que la otra mitad está en Londres donde pueden ser vistas en el contexto de las culturas del mundo”, apuntan desde el museo.

“Nuestros consejeros están convencidos de que la división actual permite que sean contadas historias diferentes y complementarias sobre las esculturas supervivientes. El Museo Británico existe para contar la historia de los logros culturales del mundo y es un recurso único para el planeta. Todos los objetos de nuestra colección forman parte vital de ese recurso de la humanidad y es por tanto esencial que la colección permanezca íntegra”, añade el portavoz del British Museum.

Quienes están a favor de la vuelta de las esculturas critican el punto de vista isleño: “No es ético quedarse con algo que has robado de alguien. No tenían nuestro permiso”, aduce la soprano Theodoridou.

“El Museo de la Acrópolis no pretende ser un museo universal. Se centra en proveer una narración holística y amplia de la Acrópolis y sus monumentos asociados. El rol de los mármoles del Partenón en esa narrativa no es opcional sino integral y esencial. Eso da al Museo de la Acrópolis una mayor legitimidad sobre el Museo Británico para exponer las esculturas”, señala Eddie O’Hara, presidente del Comité Británico para la Reunificación de los Mármoles del Partenon.

el retorno de esas esculturas sentaría un precedente, llevando a una inundación de reclamaciones similares

También recuerda el miedo del British Museum a ver sus estanterías vacías si atiende a las reclamaciones helenas: “continúa resonando públicamente la teoría de las ‘compuertas’, es decir, que el retorno de esas esculturas sentaría un precedente, llevando a una inundación de reclamaciones similares que supondría, si son atendidas, desnudar las galerías de los grandes museos”, detalla.

“Ese argumento está próximo a admitir que mucha de la propiedad cultural de los grandes museos es de proveniencia cuestionable. También es exagerado. Los grandes museos sólo exhiben permanentemente una pequeña fracción de sus colecciones, quizá el 20%, y no todas las demandas tienen el mismo merecimiento”, señala.

“La teoría de las ‘compuertas’ no se aplica a las esculturas del Partenón. Son una parte integral de un monumento declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y dividido en museos situados a miles de kilómetros de distancia. Su reunificación no sentaría precedente”, añade O`Hara.

Prevenir daños

Otro de los argumentos esgrimidos desde el Reino Unido para justificar la adquisición de los mármoles es su protección. La situación política en Atenas era complicada a inicios del siglo XIX. No tardó en estallar la Guerra de Independencia Griega (1821-1832) y los combates terminaron dañando a la Acrópolis. Pandermalis también critica ese punto de vista: “una operación de limpieza británica ejecutada en los años 30 dañó mucho a las esculturas, así que no se puede decir que estén más protegidas en Londres”, asevera.

Su museo explica detalladamente, a través de un vídeo, cómo los británicos dañaron las obrascon una técnica rudimentaria de extracción utilizada para separar el friso del edificio: “es importante recordar que las esculturas del Partenón no fueron transportadas por Lord Elgin a Gran Bretaña como un acto de salvación de cara a la educación pública. Los motivos oficiales fueron menos benevolentes. Su intención original era utilizar las obras para decorar su finca. Cuando, años después, Elgin se encontró en dificultades financieras, fue forzado a aproximarse al gobierno británico para vender las esculturas”, argumenta Koutsikou, de Marbles Reunited.

los mármoles del Partenón no pertenecen a nadie, son patrimonio universal

El Museo Británico ha mostrado su disposición a prestar las obras para su exposición en Atenas con la condición de que Grecia acepte la propiedad británica de las piezas. No se ha encontrado con una respuesta positiva: “los mármoles del Partenón no pertenecen a nadie, son patrimonio universal”, piensa Pandermalis. Otros expertos rechazan la idea de trasladar las esculturas de un museo a otro y abogan por su restitución en el Partenón, algo difícil en el corto y medio plazo.

La vuelta a Grecia de algunas de las piezas de la Acrópolis diseminadas en otros países ha suscitado interés mundial y, según algunos expertos, legitima el movimiento de retorno de las esculturas. El Vaticano devolvió una pequeña pieza en 2008. Una ciudadana sueca y una universidad alemana ya habían devuelto piezas de la Acrópolis dos años antes.

Atenas se ha movido en el mundo diplomático para exigir la vuelta de los mármoles. Persigue ese objetivo a través del proceso de mediación de la Unesco: “el asunto ha estado en la agenda del Comité Intergubernamental para la Promoción del retorno de Propiedad Cultural desde 1987”, lamenta O`Hara. Otros expertos opinan que cualquier posibilidad de reclamación habría prescrito.

“La vuelta de las esculturas es un asunto que concierne visceralmente a los griegos. Algunas veces se tergiversa y se critica como nacionalismo, un concepto político de dudoso pedigrí. Lo cierto es que es más bien un concepto de etnicidad: el estado griego y su gente ve al Partenón como un icono de su identidad étnica. Eso es un concepto cultural”, subraya el experto.

Él es británico y apoya la vuelta de los mármoles del Partenón a Atenas. No es el único. El 73% de isleños encuestados están a favor de la reunificación según una encuesta de 2012. Lord Byron ya había criticado su traslado al Reino Unido dos siglos antes.

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